La
noche americana es una técnica cinematográfica que consiste en emplear una
serie de filtros de color para poder rodar una escena a plena luz del día y
que, sin embargo, parezca que transcurre de noche. Es así como se filma la
escena más importante de la película ficticia Je Vous Présente Paméla, y es por ello que da título a la película
de François Truffaut donde describe el accidentado rodaje de la misma.

La
noche americana cuenta, pues, la vicisitudes del rodaje de una ambiciosa
película francesa, un drama romántico ambientado en Niza pero en la que
participan actores afincados en Hollywood y con capital británico de por medio.
Esto le confiere casi un aspecto de producción internacional con los
consecuentes problemas que ello acarrea: tensiones con el seguro, ajustes de
presupuesto, prisas en el rodaje. Para el joven director del film, un Ferrand
interpretado por el propio Truffaut, es una oportunidad de oro para lanzar su
carrera, pero también supone una gran presión, obsesionado como está por los
grandes clásicos del cine y temeroso de no estar a su altura.
El
rodaje de la película, que trata sobre una joven que, en plena crisis de su
matrimonio, decide fugarse con el padre de su esposo, está plagado de mil y un
problemas, la mayoría relacionados con los actores: tenemos una actriz veterana
con problemas con el alcohol, un joven actor impetuosamente movido por sus
sentimientos (y que es abandonado por su novia en mitad del rodaje), la actriz
joven, emocionalmente inestable, algún embarazo no anunciado…
Todos
estos conflictos reales se van intercalando con las circunstancias del guion
del rodaje, consiguiendo así Truffant un impecable ejercicio narrativo en el
que se muestran las interioridades del mundo del cine, destripando parte de la
magia de los rodajes y mostrándonos la cara más real y menos glamurosa del
mundo del cine.

Quizá
ese es el principal acierto de Truffant, ofrecernos una película
suficientemente compleja como para no presentarnos la historia ya mascada,
haciéndonos entrar en ella con la sensación de que la pillamos ya empezada
y con una serie de personajes a los que nos puede costar ubicar. Consigue así que seamos un miembro más del equipo y que debamos ponernos las pilas para no
quedarnos atrás en la historia –tal y como les sucede a ellos mismos, cuyos
días de rodaje se van acortando por exigencias externas- para, finalmente,
acabar considerándonos como parte de la familia del cine.
Podría
no ser la mejor película de Truffant, pero sí un ejercicio altamente
recomendable, y mucho más para aquellos que, como yo, amamos el cine y sabemos
entender que se trata de algo más que, simplemente, una serie de imágenes
reflejadas sobre una pantalla de tela.
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