Era
muy esperada la última comedia de los Hermanos Coen, más después de que sus
últimas incursiones cinematográficas fuesen en un ámbito más serio como Valor de Ley, A propósito de Llewyn Davis o su guion para El puente de los espías.

La
película se anunciaba (y así o confirmaba su tráiler) como un homenaje al
Hollywood más clásico, aquel que vivió una época dorada en la que fue conocido
como “la fábrica de sueños”.
Pero parece que este homenaje no ha sido del gusto
de todos, estando recibiendo la película injustos palos por todas partes. Puede
que el problema no esté en la película en sí, sino en las expectativas que uso directores
como los Coen pueden generar (aunque sus mejores trabajos han estado siempre
alejados del humor puro, como en la magnífica Fargo, algo que pudo pasar
también con la interesante aunque no excelsa Regresión de Amenábar. Yo prefiero valorar una película por lo que
aporta, dejando las expectativas en la puerta y sin condenarla por lo que sus
autores podrían haber hecho en otros tiempos.

Si
pudiésemos valorar la película como una serie de escenas aisladas, como un
retrato de los diversos géneros a través de breves momentos de rodajes en cada
uno de los platós de un enorme estudio, quizá podríamos definir la película
como magistral. Es en su argumento general (el secuestro de una gran estrella
por parte de un grupo comunista) cuando la historia cojea un poco. Como si se
tratase de una mera excusa, una simple historieta sin demasiada chica, para
mostrarnos lo que sucede alrededor. Es, si me permiten ponerme metafórico, como
la propia creación de una película, donde los focos se centran en el rodaje
pero las verdaderas historias pueden estar sucediendo alrededor.


Así,
sin alcanzar ni mucho menos la perfección, los Coen logran plasmar en imágenes
la pasión que sienten por un mundo y una época como pocos sabrían hacer,
transmitiendo la misma emoción que lograba Scorsese con La invención de Hugo o Michel Hazanavicius en The Artist, pero con mucho más brillo y esplendor y, sobre todo,
sentido del humor.
En
resumen, un magnífico divertimento para todos los públicos pero que hará las
delicias especialmente a aquellos otros enamorados del cine que sepan conectar
con el lenguaje de los
Coen.
Yo
he sido uno de ellos.
Valoración:
8 sobre 10.
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