Aunque
estemos ante una película de terror más de las muchas que van apareciendo por
la cartelera cada poco tiempo, el hecho de que no esté la productora Blumhouse
tras ella y que haya un nombre más o menos conocido en su reparto (Natalie
Dormer es una habitual en Juego de Tronos
y aparece también en las dos últimas entregas de Los Juegos del Hambre) invitaba a pensar que habría algo más de
calidad en esta película que en los pastiches infumables rodados con cuatro
perras habituales.

Al
final, como suele suceder en este tipo de producciones con un realizador
mediocre (aunque esta es su primera película, habrá que darle otra
oportunidad), la historia navega entre dos aguas sin terminar de dar miedo
nunca (salvo esos sustos contados) ni conseguir perturbar lo suficiente por el
lado psicológico, al cual se le ve el plumero demasiado pronto.
La
Dormer, por su parte, no lo hace mal, aunque le falta nivel para aguantar ella
sola toda la película.
No
es la basura habitual, pero una vez más resulta una decepción que, con un
poquito de esfuerzo más, habría podido resultar interesante.
Por
cierto, que Gus Van Sant ya hizo una película basada en el mismo bosque que
esta, The sea of trees, pero tampoco
es que sea una buena alternativa.
Valoración:
cuatro sobre diez.
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