Parece
ser que, además de tener un sano gusto por el dinero, el realizador Michael Bay
quiere sentirse director de vez en cuando, y es por eso que va intercalando sus
participaciones en la agotada a la par que interminable saga de Transformers con otras películas más
personales que sin duda no le van a reportar ni de lejos los mismos beneficios.
Ya en su momento elogié su labor en la disfrutable Dolor y dinero, pero no puedo decir lo mismo de 13 horas, una epopeya bélica
basada en hechos reales.

En
unas interminables dos horas y media, la acción prácticamente se limita a ver a
los seis protagonistas corriendo de un lado para otro en un caos de confusión
que al final provoca que nada importe ya al espectador. Cierto es que la
situación real así lo requiere, y que ellos mismos no tienen demasiado claro
nunca quienes son amigos y quienes enemigos, pero el señor Bay debería recordar
que esto es una película, no un documento bélico real, y se necesita algo más
de información para disfrutar una película que al final no deja de ser más que
asaltos, explosiones y destrucción. Lo único bueno que tiene es que con
semejante metraje se puede permitir uno echar una cabezadita durante la
proyección y no perderse detalle alguno del… ¿argumento?
Y
me sabe mal por el pobre John Krasinski, principal cara reconocible de la peli
y un tipo que me cae realmente bien desde que lo descubrí en The Office, pero la película no se
sostiene con suficiente solvencia y los momentos dramáticos, por más que la
cámara lenta y la música indiquen que lo debes hacer, nunca llegan a emocionar.
Pues
nada, habrá que esperar a ver si después de Transformers
5 Michael Bay está más inspirado.
Valoración:
cuatro sobre diez.
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