lunes, 25 de julio de 2016

ICE AGE: EL GRAN CATACLISMO: Caída libre hacia la mediocridad.

Tradicionalmente el cine de animación se dividía en dos vertientes: las historias sencillas y simplonas para entretener a los niños o las tramas elaboradas con referencias ocultas en as que poder distraer también a los sufridos padres. No era un terreno propio de secuelas a no ser las mediocridades oportunistas que se destinaban directamente al mercado doméstico. Pero los tiempos han cambiado y ahora la obsesión por hacer una franquicia de cualquier cosa ha propiciado que se establezca la norma del “todo vale por la pasta”.
La propia “jefa” de todo esto ya ha demostrado las carencias de títulos como Monstruos University o Cars 2 (algunos metería en el saco a Buscando a Dory), mientras que la decadencia se ha hecho mucho más evidente en títulos como Kung Fu Panda, Shrek o la que toca ahora, Ice Age.
No es que la Ice Age: La edad del hielo fuese una maravilla, pero entretenía bastante y presentaba a unos personajes con carisma suficiente para dar bastante juego. Pero no para llegar a la que es ya la quinta entrega de una saga que ha ido en claro bajón de calidad. Como en el caso de Shrek (solo la primera era verdaderamente interesante), el invento no da para tanto, y el verdadero cataclismo al que elude el título de esta nueva película de Manny, Sid y compañía es el propio argumento, una tontería plagada de violencia y trompazos como si no se pudiese aspirar a otra cosa que al humor fácil de Scrat golpeando y golpeándose con todo y la total falta de inteligencia en la construcción de situaciones o diálogos.
Nunca se ha caracterizado esta saga por su realismo (ya en su primera parte hacen coincidir humanos con mamuts), pero los despropósitos han ido a más hasta llegar al absurdo más absoluto (aquí te explican que la creación del universo, el big bang, fue culpa de Scrat pero… ¿de dónde sale Scrat? ¿y la nave extraterrestre? ¿y…?).
En fin, un cúmulo de tonterías una tras otra, con muchos colorines para no aburrir a los más pequeños (otra cosa es que lo consiga) pero totalmente prescindible para los mayores. Ni siquiera merece la pena como excusa para huir del calor veraniego que nos machaca. A no ser que lo que queramos es un lugar fresco donde echarnos una buena siesta, claro está.

Valoración: Tres sobre diez.

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