Tras
cinco años alejada de la silla de directora, desde la curiosa El Castor, y tampoco mucho más activa
como actriz (solo su aparición en Elysium),
Jodie Foster vuelve al primer plano de la actualidad con Money Monster, un intenso thriller con tintes de denuncia que tiene
la crisis económica como telón de fondo y a dos estrellas como George Clooney y
Julia Roberts de gran reclamo.

A
partir de aquí comienza un juego de poder en el que, para salvar su vida, el
propio Gates deberá descubrir, desde el propio plató, qué se esconde tras el
crac financiero, producido, aparentemente, por un error informático.
Puede
entenderse esta película de dos maneras: como un simple entretenimiento con
intriga y alguna sorpresa oculta o como una película de denuncia tanto contra
la frivolidad televisiva como contra las grandes corporaciones que anteponen el
ansia de ganar dinero por encima de todo. Es evidente que Foster apuesta por
esta segunda opción, y aunque consigue su objetivo en pequeñas pinceladas la
sensación global es que no consigue implicar al espectador lo suficiente como
para salir de la sala indignado contra nada ni contra nadie. No es, al fin, una
película crítica que invite a la reflexión y he ahí el fracaso de la misma.

En el apartado interpretativo el nivel de las estrellas cumple con lo esperado, aunque quizá sea la Roberts quien tiene un personaje más plano. Clooney está magnífico, como siempre, evolucionando ligeramente desde el presentador altivo y algo cínico del inicio (volviendo a demostrar que pocos galanes son capaces de reírse de sí mismos como él) hasta el hombre comprometido y defensor de la verdad en el que deriva. Habría sido interesante ver cómo hubiese avanzado la historia si se hubiera mantenido su personalidad ácida y egoísta, pero eso ya es buscar un camino diferente al que ha querido recorrer Foster. O'Connell, quien ya fuese lo mejor del Invencible de Angelina Jolie, está magnífico como hombre atribulado y superado por sus propios errores, optando por el camino fácil de culpar a los demás de sus desgracias (y no sin cierta razón, desde luego).
Entretenidísima película donde el secreto para disfrutarla está entre saber distinguir entre lo que vemos o lo que querríamos ver. Hablando de fútbol, se suele decir que todo español tiene un seleccionador dentro. Evidentemente, todo espectador tiene también un guionista dentro. Pero, por una vez, dejémonos llevar por los que cobran por ello, ¿no?
Valoración:
Siete sobre diez.
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