Por
algún motivo que no alcanzo a comprender, la promoción de El otro guardaespaldas hace hincapié en definir la película como
una especie de parodia de El
guardaespaldas, aquella peliculilla simpática sin más pero que recaudó
dinero a raudales que dirigió Mick Jackson en 1992 para mayor gloria de Kevin
Costner y Whitney Houston: el título en español (tipografía incluida), el
poster promocional (ridículo, por cierto) y hasta la incursión del tema
principal de aquella en el tráiler de esta.

Al
final, estamos ante un entretenimiento funcional pero muy convencional que basa
casi todas sus armas en la química entre los dos protagonistas, enemigos
condenados a entenderse, que tampoco tienen demasiada base como para hacer
interpretaciones demasiado esforzadas. Jack Reynols recupera el rol cómico de Deadpool, mucho mejor que cuando se
quiere poner serio, y Samuel L. Jackson se limita a hacer de Samuel L. Jackson,
que para eso es lo que mejor se le da.

La
película sirve, además, como guía turística, sobretodo de Londres y Ámsterdam,
recreándose Hugles durante las interminables persecuciones y tiroteos en
mostrar lo más destacado de ambas ciudades.
El otro guardaespaldas no engaña, y es lo que aspira a ser, una comedia con
mucha acción, explosiones, disparos y muertes a gogo, exagerada e inverosímil,
que no se toma en serio a sí misma casi nunca (quizá solo en el flashback sobre
el personaje de Samuel L. Jackson) y que como tal puede funcionar, abrazando el
absurdo y alternando la espectacularidad (y con esa moda de hoy en día de
incluir varias peleas en un plano secuencia, algunas efectivas pero ni de lejos
a la altura de cosas más serias y trabajadas como Atómica) con el ridículo.
El otro guardaespaldas es eso y poco más. Diversión y chascarrillos
repetitivos que pueden refrescar el final de las vacaciones, pero que no ayudan
a elevar el nivel de un verano relativamente flojo en lo que a producciones
cinematográficas se refiere.
Valoración:
Seis sobre diez.
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