jueves, 24 de diciembre de 2015

El comentario del mes: LA GENTE SÍ QUIERE IR AL CINE.

Se ha demostrado. Esa es, a mi modo de ver, la principal conclusión de este año extraordinario que está a punto de concluir. No todo han sido éxitos, desde luego, y algunas películas se han pegado un batacazo considerable (de eso hablaremos en unos días, cuando hagamos el balance del 2016), pero está claro que ha habido suficientes pelotazos como para demostrar que el sector no está en crisis y que eso de que la gente no va al cine porque es muy caro es una milonga. Otra cosa es que no siempre la oferta sea la mejor y que algunos (exhibidores y distribuidoras) no ayuden demasiado.
Recuerdo, por ejemplo, que cuando se estrenó 50 sombras de Grey parecía que iba a batir records difíciles de superar. Pero a los cuatro días nos encontramos con la primera sorpresa del año: Fast & Furious 7 y todo el mundo lo flipó. No fue tan sorprendente el éxito de Vengadores: la era de Ultrón pero algo sí que nos cogió a pie cambiado las ganas de volver a ver dinosaurios en pantalla grande que demostró la taquilla de Jurassic World. No ha ido mal la cosa con Spectre y 8 apellidos catalanes lo ha vuelto a petar. Y no hay tiempo ni espacio suficiente apra repasar todos los records a nivel mundial que está pulverizando Star Wars: El despertar de la Fuerza. Ni siquiera la denostada Regresión ha hecho un mal papel.
Además, la fiesta del cine ha vuelto a ser un éxito monumental. La gente tiene ganas de cine y está dispuesta a pagarlo, está claro. Pero eso no significa que se pueda permitir que se abuse de ello.
Ya he hablado anteriormente de las prácticas casi mafiosas de la distribuidora Warner, que boicotea todas las promociones que los cines han propuestos en los últimos años para conseguir precios más reducidos, pero es que ahora resulta que tenemos el enemigo en casa y la propia cadena Cinesa se ha apuntado al callo de las tomaduras de pelo y en una práctica insólita (y casi diría que amoral, porque ilegal, por lo visto, o lo es) se ha inventado el concepto de Películas Premium. ¿De qué va esto? De coger las películas más esperadas del momento (todo empezó con Regresión, creo recordad), ponerles la etiqueta de película Premium y, por el morro, cobrar un euro más cara la entrada durante las dos primeras semanas de exhibición.  Así, sin más. En las mismas salas y en las mismas condiciones. ¿Qué tiene eso de Premium, aparte de por el sableo descarado?
Ver para creer.
Otras cadenas, aprovechando el buen momento, han subido ligeramente el precio del día del espectador (de cuatro euros a cuatro con noventa, en algunos casos), pero al menos a cambio han aumentado los días con descuento, llegando en algunos casos a ser desde el lunes hasta el jueves, festivos excluidos.
Hay que tener cuidado con estas cosas, si no queremos que los buenos tiempos pasen con una fugacidad extrema. Al fin y al cabo, ya avisábamos a finales del año pasado que este 2016 era un año cargado de blockbusters, y eso no se va a repetir tan fácilmente.
Encima, noticias como los fraudes de algunos sectores del cine español que manipulaban datos para cobrar subvenciones por películas infumables y que no interesaban a nadie no ayuda demasiado a despejar el panorama.
Espero que, al menos, estos resultados temporales ayuden a demostrar que hay no todo es piratería en este país (y lo bien que ha aterrizado Netflix en España es buena prueba de ello) y que lo único que se necesita es un poco de buena voluntad por ambas partes para lograr un buen funcionamiento.
Al fin y al cabo, el cine es espectáculo. Y todo el mundo sabe dónde debe disfrutarse el verdadero espectáculo. ¿Por qué creen que ya no se televisan, como antaño, funciones de teatro o espectáculos de circo?
En fin, que por unos días vamos a intentar dejarnos de polémicas y disfrutar de unas fiestas de cine. Feliz Navidad a todos y felices películas.


lunes, 21 de diciembre de 2015

STAR WARS: EL DESPERTAR DE LA FUERZA (9d10)

Al fin llegó el día. Llevábamos unos cuantos años esperándolo, desde que Disney comunicó que había comprado los derechos de LucasFilm y anunció el proyecto de realizar una nueva trilogía (luego se hablaría de los spin-off, las series, los comics…). Aunque, en realidad, llevábamos mucho tiempo más reprimiendo ese deseo de volver al Universo que creo George Lucas en 1977 y que nos amagó en 1999 con La amenaza fantasma, un despropósito digital donde Lucas traicionaba sus propios ideales y demostraba que era mucho mejor creador que director.
No entendía, sin embargo, esa fiebre galáctica que invadía a toda la humanidad, hablando de la película más esperada de la historia y de records de taquilla, algo que imagino que ya se habló con la nueva trilogía y que quedó en una profunda depresión para el aficionado. 
Yo, por mi parte, sí esperaba la película con ganas, pero no por el factor Galáctico que no tenía claro si iba a ser capaz de remontar el vuelo por sí solo, sino por mi profunda admiración y fe ciega en J.J.Abrams, padre espiritual de la magistral Lost (Perdidos) y cuyas películas (todas sin excepción) hasta la fecha me han agradado notablemente. Su filmografía, por sí sola, ya habla de lo que el realizador neoyorquino iba a ser capaz de ser. No en vano había resucitado dos sagas en peligro de extinción (Misión Imposible estaba muy tocada tras la película de John Woo y Star Trek literalmente muerta) y había demostrado su respeto por el cine de fantasía que Lucas, Spielberg y compañía representaban a finales de los setenta y principios de los ochenta con Super8. Visto esto, ¿quién mejor que él para conseguir aunar en una película dos cosas tan antagónicas como era orientar una saga hacia nuevos horizontes pero recurriendo para ello a sus orígenes más clásicos?
Por ello, en lo único que se le puede criticar a su Star Wars (escrito  a medias con Michael Arndt –otro con currículo pequeño pero brillante- y retocado por el gran Lawrence Kasdan, quien ya se hiciera cargo de escribir los episodios seis y siete, los mejores de las seis conocidas hasta ahora) es la sencillez del guion. Abrams no ha venido para inventar nada, como hiciera Lucas en los episodios uno a tres, y por eso no hay nada de riesgo en una historia que recuerda mucho (quizá demasiado) a la trama original. Protagonista de padres desconocidos en un planeta desértico, robotito con planos ocultos en su interior, villano enmascarado de voz metálica y una nueva Estrella de la Muerte. Por eso, El despertar de la fuerza es una continuación tanto como un respetuoso lavado de cara a los conceptos preconcebidos, algo que (con mayor o menor acierto) es la tercera vez que vemos en las pantallas en lo que va de año, tras Terminator Genesis y Jurasic World.
A partir de ahí, todo es magia pura. Abrams, quien asegura que ha tenido total libertad por parte de Disney para ofrecer su propio punto de vista de la saga, se saca de la manga a un puñado de actores jóvenes que enamoran al público desde su primera aparición en pantalla, especialmente la pareja que lleva el mayor peso de la película, unos hasta ahora desconocidos Daisy Ridley y John Boyega que consiguen en segundos tener más carisma que el denostado Hayden Christensen en las dos películas que protagonizó (es un decir), consiguiendo sin duda que sus personajes entren por la puerta grande en el imaginario popular de la franquicia por delante, incluso, de interpretaciones de actores consagrados como fueron en su momento Ewan McGregor, Natalie Portman o Liam Neeson (¿alguien se acuerda de que forman parte de esta saga?). Junto a ellos, destacan también rostros algo más conocidos, como Oscar Isaac y Domhnall Gleeson, mientras que el caso de Adam Driver debe ser considerado aparte, ya que su personaje (que no voy a mencionar aquí) es el que queda más pendiente de evolucionar en futuras películas.
Hago aquí un inciso para disculparme si soy algo parco en explicaciones argumentales, pese a que en el momento en que se publique este comentario medio mundo habrá visto ya la película, pero visto el magnífico trabajo que ha hecho Disney por mantener al público hambriento de spoilers (y eso que han inundado el medio audiovisual con carteles, merchandising y trailers) y sin saber nada de la trama (algo que, por cierto, se le da muy bien a Abrams: recordad el interés que logró despertar con una película presupuestariamente pequeña como fue Monstruoso) no voy a ser yo quien desvele nada que no deba saberse antes de ver la película en pantalla grande.
Decía que la película logra reunir a un interesante elenco de jóvenes promesas que para nada chirrían. Todo el primer acto forma parte de un reinicio en toda regla y uno se identifica enseguida con los nuevos héroes, en especial la potente presencia de esa muchacha, frágil y guerrera a la vez, que es Rey, mientras que el nuevo juguete llamado BB-8 consigue derrochar simpatía y ternura como no se había visto desde los tiempos de WALL.E.
Pero el tráiler ya había adelantado que no se iba a tratar de una aventura en el espacio más. Hay cabida para la nostalgia y toda la sala se estremece al reconocer un maltratado Halcón Milenario, al ver aparecer por primera vez, pistola en mano, a Han Solo y Chewbacca, o al reencontrarnos con la versión madura de ese mito de peinados imposibles que era Leia Organa. Y así, mientras la aventura prosigue por nuevos derroteros, los guiños a lo clásico se reproducen sin cesar, demostrando que por más que la película vaya a entusiasmar a los chavales de nueva cuña que ya lo fliparon hace un año con Guardianes de la Galaxia esto es, en realidad, un homenaje a una generación que ya baila entre la cuarentena y el lustro y que sufrieron viendo como un CGI que ha envejecido francamente mal se apoderaba de los esperados episodios uno a tres y violaba, de paso, la esencia de la saga original.
Y tanto es el tributo que Abrams ofrece a la historia que incluso las pantallas verdes han sido reducidas al mínimo concepto en este rodaje, regresando a las maquetas, animatronics, maquillajes y localizaciones en escenarios naturales que tan bien lucen en pantalla. Hay digitalización, desde luego (que se lo digan a los irreconocibles Andy Serkis, Lupita Nyong’o o Simon Pegg) pero en ningún momento el ordenador predomina sobre la historia ni se cae en el delirio visual que alcanzó cuotas de videojuego en algunos momentos de El ataque de los Clones.
El despertar de la fuerza no es una película perfecta, y le falta la independencia argumental necesaria para alejarse de los clichés preconcebidos, pero es una primera piedra necesaria para expandir el universo y dar forma a una nueva trilogía que, sin duda, tomará su propio camino a partir del episodio ocho. En cierto modo, necesitábamos volver a sentirnos en casa para poder partir de cero y empezar a andar de nuevo hacia horizontes desconocidos. Y el equipo formado por Rey, Finn, Poe Dameron y BB-8 enfrentados a Kylo Ren, el nuevo villano de la saga, ha demostrado que es capaz de luchar por su propio destino con total independencia.
Quizá si algo me rechinó ligeramente (y perdonen los que consideren esto casi una blasfemia) es la banda sonora. Creo firmemente que un director debe trabajar siempre con el compositor con quien mejor se entienda, y si muchos echaban en falta la labor de John Williams en la magnífica El puente de los espías de Steven Spielberg yo habría preferido que Abrams hubiese podido contar con su músico de cabecera, el compositor Michael Giacchino. Ya en Súper8 demostró que se le daba bien recrear el estilo de Williams y con Misión Imposible y Jurassic World se especializó en crear nuevas composiciones partiendo de registros icónicos.
Como sea, Abrams ha demostrado que, además de ser un magnífico director, es un cachondo. Solo a nivel anecdótico os diré que Giacchino sí está en la película, pero como actor. Igual que Daniel Craig. Hasta aparecen Yoda y Obi Wan Kenobi. ¿No me creéis? Quizá en un tiempo, cuando se pueda hablar sin temor a los spoilers, os resuelva el misterio. Mientras, contentaos con la aparición de viejos colegas del director, como Greg Grunberg, o con la recuperación de Anthony Daniels y Peter Mayhew, el ilustre cameo de Max von Sydow y la presencia de la “jugadora de tronos” Gwendoline Christie.
Y sí, también sale Mark Hammil. Pero no diré nada más sobre el tema.
En fin, una película para disfrutar de principio a fin, en la que buscar deslices argumentales es renunciar a la magia del espectáculo, donde se recupera toda la épica que la lucha entre el imperio y la República merecen y donde la Fuerza es de nuevo un poder espiritual más que un concepto científico (¿alguien entendió alguna vez eso de los midiclorianos?).
No sé si será la mejor entrega de la saga (El Imperio Contraataca rozaba la perfección y puso el listón muy alto), pero se le acerca. Yo, probablemente, sea con la que más he disfrutado. Y, aunque confieso que era el primer escéptico tras el final de El ataque de los clones, la historia que comenzó en una galaxia muy, muy lejana debe continuar.
Que la Fuerza nos acompañe.

SUFRAGISTAS (5d10)

Sufragistas cuentan un episodio de nuestra historia relativamente actual que no ha sido muy frecuentado en el cine: la lucha de la Unión Nacional de Sociedades de Sufragio Femenino (NUWSS) por defender los derechos de las mujeres en la Gran Bretaña de principios del siglo XX, siendo el derecho al voto una de sus principales reivindicaciones. Solo por ello, la historia ya merece un cierto interés.
Fue Emmeline Pankhurst una de las principales cabezas visibles de las Sufragistas, principalmente como fuente inspiradora de las mujeres de clase obrera que se rebelaron contra la sociedad mediante actos cada vez más agresivos, aunque en la película, interpretada por Meryl Streep, apenas aparece en escena unos pocos minutos (y empiezo a cansarme ya de esas aportaciones de la Streep convertidas en simples cameos que el cartel promocional convierte en protagonista). Otra mujer clave en la resolución final (no creo que nadie me acuse de hacer un spoiler si digo que actualmente las mujeres pueden votar en Gran Bretaña) fue Emily Wilding Davison, a la que da vida Natalie Press, un personaje de gran relevancia en el tercer acto de la misma pero que permanecía como aparente secundario en gran parte del metraje. Y es que la directora Sarah Gavron y la guionista Abi Morgan han preferido inventarse a unos personajes (principalmente Maud Watts y Edith Ellyn, que si bien están ligeramente inspirados en personajes auténticos no son más que dramatizaciones imaginadas) para dar forma de drama a uno de los muchos grupos de lucha en favor a la igualdad que se produjeron en esa época. Y ese es el principal error de la película.
Con una narración anodina y carente de ritmo, con más semejanzas al melodrama televisivo que a la historia de pasión y superación cinematográfica a la que aspira, Sufragistas es un relato terriblemente plano, incapaz de emocionar pese a  que tiene multitud de secuencias que invitan a ello ni donde sus dos protagonistas femeninas (Carey Mulligan y Helena  Bonham Carter) consiguen transmitir lo necesario para creer en su lucha ni ideales.
Al menos el gran Brendan Gleeson (cuyo hijo está arrasando en taquilla –también como secundario, eso sí- con Star Wars, película que va a hacer que esta Sufragistas caigan en el olvido en cuestión de días) cumple con sus silencios cargados de significado y miradas turbadoras, mientras que cierra el casting un  Ben Whishaw que por más que desde El perfume no ha logrado un papel de relevancia por lo menos es capaz de colarse en todo tipo de producción, consiguiendo en la actualidad (gracias a Spectre y En el corazón del mar) tener tres películas en cartel.
Por cierto, y solo a modo anecdótico: el título original es Suffragette, ya que en la historia de la lucha por los derechos de la mujer hubo dos grupos ligeramente diferenciados por su manera de enfocar las cosas: las sufragistas, bastante más moderadas,  y las sufragetes, claramente contundentes y bastante más activas. Está claro que quien tradujo el título al español no conocía este dato.
Por consiguiente, película decepcionante y muy aburrida, para nada a la altura de la importancia de lo que relata, que probablemente no merecería siquiera el aprobado de no ser por la necesidad de conocer la realidad de esas mujeres consideradas inferiores a los hombres y el primer paso que dieron hacia la igualdad, por más que sea una realidad maquillada.

lunes, 14 de diciembre de 2015

¿QUÉ CAMBIARÍAIS DEL BLOG?

Bueno, pues casi sin darnos cuenta nos hemos plantado ya en el mes de diciembre. Un mes tradicionalmente de cambios, de renovación y de nuevos objetivos. Un mes que cierra un año cargado de buen cine y blockbusters espectaculares.
No es momento todavía de hacer balance (aún nos queda el plato fuerte galáctico por llegar) pero sí conviene ir pensando ya en lo que queremos y esperamos del año próximo, hablando sólo desde el punto de vista del blog.
Han sido muchas las reseñas de este año, a las que han acompañado como siempre las reflexiones sobre las galas de premios de los Goya y de los Oscars y donde una vez más se ha hecho un seguimiento lo más profundo posible (dentro de mis propias limitaciones horarias) del Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Sitges. Pero este año ha habido, además, dos novedades: las reseñas de películas atemporales propuestas por los propios lectores y los comentarios, a modo de reflexión editorial, sobre algún aspecto de la actualidad cinematográfica.
Mi deseo de ofreceros el máximo número posible de reseñas y las diversas complicaciones laborales que se me han acumulado en mi vida personal ha provocado que en ocasiones hayan pasado días sin que el blog se actualice y que alguna opinión se haya publicado una o incluso dos semanas después del estreno de la película en cuestión, algunas incluso habiéndolas podido ver en su fecha correcta, y esto es algo que quiero tratar de evitar el año próximo. Por ello me estoy planteando, una vez satisfechas las primeras peticiones de “Recomendaciones”, eliminar esa sección y la de “El comentario del mes” de cara al 2016.
¿Significa eso que el blog va a volver a limitarse a opiniones de estreno y poco más? No necesariamente. Hay otras posibilidades que estoy contemplando y que alguno de vosotros me habéis comentado a nivel personal como incluir opinión sobre series de televisión o hacer un mayor seguimiento a cortometrajes y documentales. También he pensado que podría ser interesante dedicar un tiempo a esas películas que no llegan a estrenarse en cines (o que se estrenan tan mal que son prácticamente invisibles) y recuperarlas en una sección dedicada al “videoclub”.
Son posibilidades que dan vuelta por mi cabeza para tratar también de revitalizar el blog y animarlo un poco. Y el motivo de esta entrada es, precisamente, para invitaros a que me deis vuestra opinión al respecto. ¿Qué os gustaría encontraros en El Panda Cinéfilo el año próximo? ¿Qué novedades incorporaríais y que cosas eliminaríais de lo que hay ahora? ¿Qué es lo que os gusta más y lo que os gusta menos? Como esto, aparte de satisfacer mi necesidad de aporrear mi teclado con cierta frecuencia, está destinado a vosotros, a compartir mis opiniones y, si os apetece, a crear un debate sobre cine, me gustaría que participarais al máximo en la organización del blog, así que os animo a dejar vuestros comentarios o sugerencias, ya sea en la zona de comentarios del propio blog o por las diversas formas de contacto de las redes sociales. Recordad que tenemos un punto de encuentro en Facebook en el grupo de El Panda Cinéfilo o podéis hacérmelas llegar de un modo más personal, si lo preferís, por twitter (@medinabotija) o mail (medinabotija@gmail.com).

En enero descubriremos juntos los cambios. Si los hay…   

domingo, 13 de diciembre de 2015

KRAMPUS, MALDITA NAVIDAD (7d10)

Todo el mundo sabe que, según la leyenda, cuando un niño se ha portado bien a lo largo del año en Navidad recibe la visita de Santa Claus (o Papá Noel, o San Nicolás, llámenlo como quieran) y este les recompensará con regalos. Pero existe otra leyenda oriunda de Los Alpes menos conocida que hacer referencia a un espíritu demoníaco que es el reverso tenebroso del simpático gordito al que todos conocemos y que en navidad se dedica a castigar a los niños que han sido malos, llegando incluso a llevarse con él a los niños más conflictivos.
Cuando con semejante premisa se anunció una película Made in Hollywood resultaba inevitable pensar en ese experimento excesivo y grotesco que fue El Grinch de Ron Howard sobre otro personaje navideño negativo, pero afortunadamente, las diferencias entre ambos son abismales. Cierto es que los americanos han adaptado ligeramente la tradición del Krampus para extrapolarlo a aquellos niños que han perdido su espíritu navideño (algo mucho más ambiguo y espiritual, propio de tierras yanquis), pero la esencia final de este Krampus es bastante fiel a las leyendas austríacas y que la iglesia trató de censurar.
Otro detalle que a priori puede desconcertar es el reparto: con Adam Scott y Toni Collete a la cabeza y David Koechner , Allison Tolman y Conchata Ferrer secundándolos, era fácil pensar que estábamos ante la típica comedia navideña de cada año, aunque los carteles y algunas imágenes previas invitaban a pensar en un film de terror. ¿Qué nos podemos encontrar, pues, en este Krampus americano?
Pues no lo voy a negar, el tema va de comedia. Pero una comedia muy muy negra, aterradora por momentos. Casi una gamberrada perpetrada por Michael Dougherty, director de Truco o trato y coguionista de varias películas de Superman y X-men, que se inspira directamente en el cine más ochentero ara ofrecernos una película para toda la familia pero con muy mala baba que puede recordar a títulos como Gremlins o Poltergeist.
Además, para rematar la faena, Dougherty evita el uso de efectos digitales, recurriendo a marionetas y animatronics de toda la vida, con lo que ofrece un tono intencionadamente cutre pero delicioso a la película, un delirio con galletas de jengibre asesinas, cajas sorpresa amenazantes o payasos aterradores (bueno, en el fondo todos los payasos son aterradores, ¿no?)
En definitiva, una broma macabra muy bien concebida que arranca como aparente (y tópica) denuncia al capitalismo navideño (esas peleas en las jugueterías remiten, por ejemplo, a Un padre en apuros) para derivar en un festival del terror muy cachondo y gamberro. Recomendable, pues, para todos los públicos excepto niños demasiado impresionables.
Y el final, lo que más miedo me daba mientras disfrutaba de la proyección, redondo.

EL PUENTE DE LOS ESPÍAS (9d10)

Siempre he pensado que existen dos Spielberg totalmente diferentes: el palomitero y el trascendental. No vamos a descubrir aquí a ninguno de los dos, pero sí diré que a mí personalmente siempre me ha convencido más el primero que el segundo. E.T., Tiburón, las sagas de Indiana Jones o Parque Jurásico… formarán para siempre parte de la historia del cine mientras que en su vertiente más seria y dramática solo La lista de Schiedler me convenció totalmente.
En los últimos años se podría decir que el antaño rey Midas de Hollywood estaba patinando en ambos campos. Tras el alud de críticas negativas que tuvo con Indiana Jones y la calavera de cristal el realizador de Cincinnati estuvo tres años para decidir su próximo proyecto. Fue Las aventuras de Tintín: el secreto del unicornio, inicio de una trilogía que de momento está en dique seco, a las que siguió la irregular War Horse y la soporífera Lincoln. Spielberg sabía rodar magníficamente bien, pero había perdido su magia.
Pero cuando estábamos todos a punto de tirar la toalla, el realizador se ha aliado con los hermanos Coen y Matt Charman para adaptar en pantalla grande un episodio de la historia de James Donovan, un abogado de seguros de origen irlandés al que la CIA encomienda el difícil caso de defender ante un jurado a un espía ruso en plena guerra fría. No se trataba de una labor humanitaria, desde luego, sino de aparentar que en los Estados Unidos se protegen los derechos básicos de cualquier persona, aunque el veredicto estaba ya asegurado antes del juicio. Pero Donovan, fiel a sus principios, hizo lo imposible por evitar que el soviético Rudolf Abel fuese condenado a muerte y… Bueno, y si queréis saber más tendréis que ir la peli aunque, como se suele decir, el resto es historia.
La primera gran baza del guion es no limitar la función a una película de juicios, sino ampliar sus horizontes para configurar un debate sobre el bien y el mal y como varía la objetividad de cada uno según el punto de vista en el que se encuentra. Así, la película reflexiona sobre si “el malo” de la película es malo por lo que hace o por para quién lo hace, de la misma manera que si un espía americano hiciese lo mismo en el bando contrario sería definido como el héroe.
Una interesante propuesta que los guionistas manejan con brillantez, aportando ligeras gotas de humor e ironía que ayuda a simpatizar con todos los personajes y a comprender un poquito mejor una etapa histórica muy confusa  donde las guerras se libraban en los despachos y salas de negociación.
Con semejante premisa Spielberg, ahora sí, ha podido dar rienda suelta a todo su conocimiento para elaborar una película fantástica, no sé si la mejor de su carrera pero desde luego la mejor en muchos años, en la que consigue crear el tono y el ritmo que la historia necesita con una elegancia y estilismo en cada uno de los planos que invitan al aplauso constante. Baste como ejemplo pensar en la magnífica caracterización del Berlín de la época, un Berlín rodado completamente en estudios.
Dejando por una vez (y me temo que debido a su avanzada edad no será la última) al compositor John Williams de la ecuación, el tercer gran acierto del film está en la elección de sus intérpretes, con un Tom Hanks inmenso a la par que contenido y un Mark Rylance que te atrapa desde la primera (y absolutamente definitoria) escena, transformado en un espía de sangre fría y corazón caliente, capaz de ganarse la simpatía de todo el público.
En conclusión, un coctel perfecto para una historia increíblemente real y que, conociendo la biografía del protagonista, invitaría incluso a una posible secuela por tierras cubanas. No creo que esto llegue a producirse, pero nos contentaremos con disfrutar de esta (ahora sí) obra maestra, una de las mejores películas de este año y cuyas casi dos horas y media pasan como un suspiro.
Así sí, Steve. Así sí.

EN EL CORAZÓN DEL MAR (7d10)

Pocas cosas podrían causarme más interés que ver al director Ron Howard y al actor Chris Hemsworth trabajar juntos de nuevo tras la magnífica Rush, y más si es una historia de aventura y épica con ballenas gigantes de por medio. Sin embargo, sin ser una mala película, algo parece haber fallado en la concepción de esta obra que no logra desprender el aroma de leyenda que pretendía.
Dividida en dos partes muy diferenciadas (sin contar los interludios en los que el único superviviente de la historia cuenta su versión de los hechos en modo flasback), la película narra la historia real del Essex, un ballenero que naufragó en 1920 en el Pacífico sur debido al ataque de una enorme ballena albina. La historia de ese naufragio fue la semilla que inspiró la obra Moby Dick, de Herman Melville.
Como digo, la película tiene dos partes bien diferenciadas. En la primera, nos encontramos ante una aventura marina muy en la línea de Rebelión a bordo o La tormenta perfecta  donde parece que los puntos de vista contrapuestos entre el capitán George Pollard Jr. (Benjamin Walker) y el primer oficial Owen Chase (Hemsworth) van a ser el punto de interés principal. Es aquí conde la película se torna más espectacular con las escenas de caza de ballenas y el desafío de las terribles tormentas oceánicas. En la segunda parte, la película se convierte en un relato de supervivencia, con dejes de Viven o La vida de Pi donde se describe el periplo de los náufragos por sobrevivir. Algo parecido a lo que pasaba en la interesante Invencible de Angelina Jolie, pero al revés.
El problema radica en que Howard cuenta con un reparto muy coral con el que jugar, pero al que no es capaz de sacar todo su jugo. La lucha de egos entre Pollard y Chase prácticamente desaparece junto a los restos del ballenero y el resto de los tripulantes no tienen suficiente personalidad como para que nos llegue a emocionar sus destinos más allá (por eso de ser caras reconocibles) de los interpretados por Tom Holland y Cilliam Murphy.
Más allá de eso, que impide que esta sea la gran epopeya que Howard pretende, la película es un buen entretenimiento, una aventura con aroma clásico y que, en los momentos en los que interviene el cachalote, recuerdan a un film de terror. Se desaprovecha, quizás, el gran potencial que la monstruosa criatura podría llegar a tener (y más si contamos con que se ha estrenado en 3D), pero no tenemos más remedio que conformarnos con lo que Howard ha podido o sabido hacer.
Completan el reparto Brendan Gleeson y un omnipresente Ben Whishaw (con el estreno este mismo viernes de Sufragistas y la permanencia de Spectre tendrá tres títulos en cartelera), a los que hay que añadir una brevísima aparición de nuestro Jordi Mollá.
El resultado final puede saber a poco, sí, y no voy a sacar razones de donde no las hay para defenderla, pero tampoco es de recibo apedrearla como lo está haciendo en muchos altavoces cinéfilos. Está muy lejos de ser la gran película que se prometía, pero es una buena oportunidad para conocer una aterradora historia real que fue fuente de inspiración a una de las obras cumbres del siglo XX. Conformémonos con eso.

BARCELONA, NIT D'HIVERN (8d10)

La primera consecuencia del inminente estreno de Star Wars: El poder de la fuerza es que todo el calendario de estrenos va a ser redefinido en función de la presumiblemente taquillera película de J.J.Abrams. Y ello provoca que algunos de los inevitables títulos con claras connotaciones navideñas se adelanten un poco.
La primera en llegar es la secuela de Barcelona, nit d´estiu (Barcelona, noche de verano), una película pequeñita y de muy bajo presupuesto que supuso el debut en el largometraje de Dani de la Orden y que con un planteamiento totalmente manido pero simpático llegó gozar de cierta popularidad. Ahora, con mucho más dinero y un reparto de más relumbrón llega su secuela, Barcelona, nit d´hivern (Barcelona, noche de invierno), que si no fuese por el juego con respecto a la primera parte (y que invita a pensar en dos posibles secuelas más) bien podría haberse llamado Barcelona, nit de Reis (Barcelona, noche de Reyes).
Efectivamente, toda la acción transcurre alrededor de la noche de Reyes, desde la cabalgata a última hora de la tarde al amanecer del día más esperado por los niños españoles. En este periodo de tiempo De la orden y sus guionistas crean una serie de historias románticas y emotivas que, de una manera u otra, terminarán entrecruzándose unas con otras tal y como ya sucedía en la primera película. Un estilo narrativo, este de las historias entrecruzadas, que bien podría recordarnos a clásicos como Vidas Cruzadas de Robert Altman o el Pulp Fiction de Tarantino, pero cuyo referente más vidente (por el tono de comedia romántica navideña) es Love Actually de Richard Curtis.
Y es que Barcelona, nit d´hivern es una gran oda a las comedias románticas, con mucho más humor que en la primera propuesta veraniega pero también con más emotividad, más sentimiento. Historias tan dispares como el “Rey Mago” que salta de su carroza para buscar a un antiguo amor entre la muchedumbre, la mujer que trata de conocer a un abuelo que ni siquiera sabía que tenía una hija, los dos amigos a los que les propinen participar en un trío, la anciana que aprovecha esa señalada noche para confesar a su familia que es lesbiana, los problemas sentimentales de un chico demasiado dado a enamorarse a primera vista o los problemas cotidianos de una pareja cualquiera ante la responsabilidad y el desafío que supone la paternidad. Argumentos muy tópicos en algunos casos y totalmente locos en otros que se contraponen a la perfección y permiten al espectador pasar de la lágrima a la carcajada como si de una montaña rusa emocional se tratase. Pueden apreciarse en el film influencias del humor británico de Mike Newell o el propio Curtis con gamberradas del estilo de los Farrelly e incluso la participación de un monologuísta como David Guapo puede entenderse como el deseo de De la Orden de emular el éxito (inalcanzable, por otro lado) de Dani Rovira en Ocho apellidos vascos/catalanes.
Es fácil (y de eso hablaré en unos días) que cuando se plantean varias historias dentro de una misma película alguna de ellas no termine de conectar con el espectador, haciendo que la película cojee por algún lado. Esto no ocurre, sin embargo, con Barcelona, nit d´hivern, en el que unas tramas podrán gustar más que otras, pero ninguna llega a molestar y forman un conjunto casi inseparable muy redondo.
Con un prólogo dibujado a modo de introducción igual que en Barcelona, nit d’estiu, la película cuenta con un reparto ciertamente notable, que aúna rostros jóvenes muy prometedores (Àlex Monner, Laura de la Isla, Vicky Luengo, Àlex Maruny, etc.) con estrellas ya consagradas (Montserrat Carulla, Asunción Balaguer, Abel Folk, Alberto San Juan, Miki Esparbé, Alexandra Jiménez…) y la presencia, cada vez más inevitable, del gran Berto Romero.
De la Orden compone su aventura fílmica como un gran periplo cíclico con un desenlace decididamente juguetón que sirve como metáfora del resultado final: una película redonda. Con una Barcelona como espectadora de lujo de todas estas historias de amor y desamor, algunas de ellas herederas directas de la primera película, la película logra calar en el espectador, emocionándolo cuando debe e invitándole a pasar un rato fenomenal y muy divertido. Y aunque no hay ningún mensaje político tras ella, el visionado en su versión original invita a reflexionar sobra la realidad que se vive hoy en día en Catalunya, con una dualidad lingüística mucho más en comunión de lo que muchos (los unos y los otros) quieren reconocer.
Habrá que seguir muy de cerca a Dani de la Orden. Sus dos películas (y esta más que nada) se lo merecen. Y eso que yo no soy muy de películas navideñas.

EL VIAJE DE ARLO (5d10)

Parecía que, después de los últimos tropiezos de Pixar  con títulos bastante mediocres como Cars 2 o Monstruoss university, simples intentos de conseguir dinero mediante la explotación de éxitos pasados (y eso que Cars tampoco es que fuese una gran obra, aunque vendió muchos juguetes, que es de lo que se trata en realidad), la compañía absorbida por Disney había vuelto por el buen camino con la sobresaliente Del revés, una de las propuestas de animación más inteligentes y emotivas de los últimos años (décadas, me atrevería a decir). Pero su nueva película demuestra una vez más aquello tan popular de poderoso caballero es Don Dinero…
El viaje de Arlo no supone la continuación de ninguna obra anterior, pero pretende aprovecharse sin disimulos del nuevo fervor jurásico que se ha desatado entre los niños (acérquense a cualquier juguetería si no me creen). Tras la secuela/reboot de la saga creada por Spielberg los dinosaurios vuelven a molar y esta película nace con la clara intención de subirse al carro y aprovecharse de la corriente provocada por otros.
No es que El viaje de Arlo sea una película espantosa, pero tiene un nivel simplemente medio, a la altura de cosas olvidables como Brave (indomable) con un guion completamente plano y unos acabados digitales magníficos en sus paisajes pero desastrosos en la concepción de personajes. Sí, ya sé que ese estilo cartoon que tiene Arlo es totalmente premeditado, pero ello no implica que me consiga sacar de la película cada vez que hay un primer plano. Un muñeco de plastilina ofrecería más realismo, y eso, en los tiempos que corren, es una lacra demasiado grande.
La historia es la de siempre. El bicho en cuestión es un cachorro de apatosaurus asustadizo que debe aprender a sobrevivir por su cuenta tras la violenta muerte del padre. Sí, el padre muere apenas empezar el film, ¿les suena de algo?
Pero mi verdadero problema con la película es la personalidad del propio personaje. Es Arlo un protagonista tan insoportablemente tonto y torpe que no consigue provocarme ninguna lástima en todo el metraje, haciendo que sus continuos tropezones y caídas por barrancos resulten agotadoras y que uno esté deseando que palme de una vez y sea otro el protagonista de la historia. No me cae nada bien, y ni siquiera el supuesto drama con el que arranca (tampoco es que el padre desborde simpatía) consigue enternecerme. Algo más logrado está Spot, un cachorro humano (sí, en esta película dinosaurios y humanos conviven, ya que el meteorito que –dicen- causó la extinción pasó de largo sin llegar a impactar en la Tierra), en un curioso intercambio de papeles en el que el humano es la mascota y el animal es el ser racional.
Cuentan que hubo muchos problemas de producción, cambio de director incluido, y que eso dificultó mucho el rodaje, pero no me basta como excusa para una película que, de ser de cualquier otra compañía, podría calificarse como simpática sin más pretensiones, pero que en manos de Pixar se convierte en una decepción, una producción totalmente fallida y cuyos aciertos humorísticos pueden contarse con los dedos de una mano.
Una lástima, pues por el contrario se puede apreciar el brillante esfuerzo de los animadores para conseguir unas localizaciones espectaculares con particular importancia del agua (dicen que uno de los elementos más difíciles de digitalizar y que aquí roza la perfección). ¡Cómo será la cosa que hasta sus propios creadores han sido tan autoconscientes como para realizar unos títulos de crédito finales en los que, en lugar de buscar situaciones divertidas que despida a los espectadores de la sala del cine con una sonrisa, han optado por mostrar diversos planos de paisajes que, como postales con movimiento, resulta casi imposible distinguir si son reales o dibujadas!
Justita, justita. Y las ansias de sus productores por llenar sus arcas (más todavía) solo consiguen empañar el buen sabor de boca que dejó Del Revés. Una verdadera lástima…

COCHE POLICIAL * (6d10)

Película de corte independiente y bajo presupuesto que posiblemente no habría tenido ninguna repercusión (y tampoco es que haya tenido mucha) de nos ser por la presencia de un actor tan solvente como carismático: Kevin Bacon.
La película, una de las que agradaron en el pasado festival de Sitges, cuenta la historia de dos granujillas que se han escapado de casa para correr aventuras por el bosque y que encuentran, aparentemente abandonado, un coche de policía. Ni cortos ni perezosos, deciden quedarse con él, ante la desesperación del sheriff local, un policía que, estando interpretado por Bacon, no os sorprende que esconda un turbio secreto.
La película es totalmente sencilla, evidenciando sus pocos medios, pero con una elegante puesta en escena y un guion suficientemente hábil como para permitir que los niños protagonistas no lleguen a resultar cargantes y que sus acciones, por más que sean absurdas y ridículas, parezcan totalmente creíbles para su edad. Ayuda en ello, desde luego, el buen trabajo de los niños actores, los cuales ya empiezan a labrarse una prometedora carrera en Hollywood (si la maldición Culkin no los destruye por el camino).
Aunque comienza como un thiller simpático, la película rezuma un humor negro bastante insano que recuerda vagamente a las historias de la América profunda de los Coen. Sin demostrar demasiado cariño hacia sus personajes, el realizador y guionista Jon Watts (que sin apenas experiencia en largometrajes ya ha sido anunciado como director del nuevo reboot de Spiderman) presenta una road movie de paisajes áridos cargada de muy mala baba que se disfruta como un placer inconfesable y en el que, sin llegar a provocar verdadera angustia por los críos, el final se presagia incómodo y sangriento.
Una gamberrada por todo lo alto de fácil digestión.

GOLPE DE ESTADO * (6d10)

John Erick Dowdle es un guionista y realizador cimentado en el terreno del terror y lo sobrenatural. Tras películas como Quarentine (el remake americano de REC), La trampa del mal y Así en la tierra como en el infierno , Dowdle quiere cambiar totalmente de estilo con una fábula política con denuncia corporativa incluida en la que una familia recién aterrizada en un indeterminado país del sudeste asiático es sorprendido por un violento golpe de estado al que sigue una violencia callejera y una persecución implacable a los extranjeros en el que el protagonista deberá hacer lo impensable por proteger a su mujer e hijas.
Con un algo rechinante Owen Wilson como protagonista (no es la primera vez que el actor se aleja de la comedia, pero sigue costando verlo en un papel tan dramático), acompañado por Lake Bell (actriz también curtida a base de comedias) y con la participación de un Pierce Brosnan que sigue encarnando al héroe de acción seductor e inconformista como era su Bond o, más recientemente, su Devereaux (La conspiración de noviembre), la película es una correcta propuesta de acción, con tintes dramáticos, llega de persecuciones y tiroteos bastante bien filmados. Patina quizá en el punto crítico, donde la denuncia contra las mega corporaciones capitalistas que exprimen a los países pobres para robarles sus reservas naturales queda demasiado difuminada entre tanto fuego de artificio.
He comenzado resaltando, sin embargo, los orígenes “terroríficos” del director porque no podía evitar, viendo los momentos de la revuelta, pensar en una película sobre un apocalipsis zombie, con Wilson y su familia corriendo desesperados por los pasillos de su hotel mientras a su alrededor se producen violentas matanzas y tratando de llegar a la azotea como hicieran Brad Pitt y su propia familia en Guerra Mundial Z (de hecho, ambas películas comparten actriz infantil). Una curiosa sensación que me acompañó durante la primera mitad del film.
Finalmente, sin ser nada rompedor que vaya a sentar cátedra en la historia del cine, Golpe de estado resulta entretenida y frenética, sin alcanzar los desvaríos adrenalíticos tan propios del cine de acción actual pero cayendo en algún omento en ciertos excesos que obligan a saltos de fe por parte del espectador.
Cine de consumo disfrazado de intenciones más formales.