
Dirigida
por Allen Hughes (que recientemente firmó El
libro de Eli), la película desprende realismo en su retrato sobre la
corrupción política y policial que puede recordarnos a títulos como Los amos del Brooklyn o Cuestión de honor. Con la sana intención
de reflejar la desconfianza actual que hay hacia la clase política actual, la
historia navega entra la intriga y el drama con acierto, apoyándose sobre todo
en sus intérpretes y en especial en el duelo entre Wahlberg (que parece haberle
tomado el pulso a este tipo de personajes) y Crowe.
Tiene
la película un punto de aroma clásico que si bien es interesante resulta a la
vez relativamente peligroso, pues quizá en caso de compararla con las obras de
los ochenta de Scorsese o Coppola sea cuando se muestren sus carencias. Sin
embargo, si nos olvidamos de comparaciones
nos dejamos seducir por un argumento por desgracia demasiado actual nos
podremos dejar atrapar por la basura que rezuman los ayuntamientos y el
descenso a los infiernos del protagonista, un hombre que lucha por ser honrado
pese a tenerlo todo en contra.
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