Nuevamente
estamos ante otra película interesante y con actores de cierto renombre (el
héroe de Perdidos Matthew Fox muy
bien secundado por el gran Tommy Lee Jones) y un director de prestigio, Peter
Webber, que brilló con la joven de la perla aunque quizá decepcionó demasiado
con Hannibal, el origen del mal, y
que se ha estrenado (como no) de tapadillo en nuestro país y con “sólo” dos
años de retraso.

Retrato
histórico con subtrama romántica que analiza un proceso de reconstrucción y
permite ver por una vez a los vencidos de una de las guerras más crueles de la
historia. Webber sabe combinar bien ambos relatos y ofrecernos un paisaje desolado
y lleno de dolor sin cebarse en la agonía, permitiendo que el honor del país del
sol naciente permanezca indemne pese a los terribles actos de crueldad que
cometieron.
Y
es que, ¿acaso todos los actos que rodean una guerra no son crueles por definición?
Fox,
por su parte, algo desaparecido desde la finalización de la serie, demuestra
que puede mantener el tipo en un papel protagonista en un film que invita a la
reflexión y a la hermandad entre países.
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