Cuando
en 2007 Jason Reitman estrenó Juno
(aunque ya se había dado a conocer con Gracias
por fumar) todo el mundo intuía que se trataba de un nuevo gurú del cine
indie, cosa que pareció confirmarse con su siguiente título, la excelente Up in the air. Ahora, cuatro años
después del título protagonizado por George Clooney, su globo parece haberse
desinflado, y el retoño de Ivan Reitman
(el creador de tantas comedias geniales de los ochenta que ahora es injustamente
ninguneado por aquellos cabestros que aseguran que el bueno de la familia es el
niño Jason) se encuentra artísticamente estancado demostrando que todo lo que
tenía de buen director lo tiene de mal guionista y que sus pretensiones de
genio no hacen sino aumentar la tediosidad aburrida y casi insoportable de su
último trabajo.

Pero
lo peor de la película no es que resulte espantosamente aburrida y que carezca
del más mínimo sentido del ritmo (la historia del fugitivo no es más que un
pretexto para desarrollar una historia de amor pastelosa y totalmente falta de
pasión) y que nada tiene que ver con Sin escape, aquel thriller de Van Damme,
Rosanna Arquette y uno de los Culkin que partía de la misma base argumental que
esta). Tampoco lo es la absoluta falta de química de la pareja protagonista, un
Josh Brolin tan acartonado como de costumbre y una Kate Winslet demasiado
parecida a la de Revolucionary Road. Ni siquiera lo es que se desaproveche a
algunos actores interesantes como Clark Gregg o el siempre genial J.K.Simmons
(también se deja ver por ahí Tobey Maguire, pero corramos un tupido velo).

Ya
he comentado la metedura de pata del título en español, pero reincido en ello
porque cuando aparece en pantalla unos créditos que indican que comienza el
domingo (cuando la acción empieza en viernes) uno se hace esperanzas de que la
cosa esté a punto de terminar, por lo que al comprobar que tan solo estamos a
mitad del metraje la desesperación puede ser terrible.
Resulta
curioso que estemos echando de menos a esa actriz porno con pretensiones de
guionista llamada Diablo Cody, pero lo cierto es que de su mano las historias
de Reitman funcionan mucho mejor, con un desarrollo de personajes mínimamente
comprensibles a los que podemos llegar a comprender o con los que
identificarnos. No es el caso de Una vida en tres días, donde la forma de
actuar de los personajes (ni aun aceptando la depresión de ella o lo que se
revela en los flashbacks totalmente superficiales y mal filmados) carece de
toda lógica, por lo que la empatía que desprenden es nula.
Una
colección de bostezos y poco más.
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