Desde
siempre, la música ha sido un componente básico en el mundo del cine, antes
incluso de que los actores tuviesen voz.

En
Baby driver, su última película, las
canciones son parte fundamental de la trama, integradas en el argumento con más
habilidad aún que en Los Guardianes de la Galaxia y su secuela y con un gusto bastante menos irregular que el del creador
de Pulp Fiction. Baby driver no es un musical, desde luego, pero poco le falta.
Escenas como la del protagonista tecleando un piano invisible mientras le
cuentan el plan de un atraco o el plano secuencia que lo sigue por la calle
cuando va a por café son dos claros ejemplos de las intenciones de Wright de
conseguir una comunión perfecta entre el personaje y sus referentes melómanos,
convirtiendo las canciones en algo tan básico para él como el comer.


Aunque
algo alejado del humor absurdo y frenético de la llamada “trilogía del
cornetto”, están en Baby Driver
algunas de las señas de identidad de Wright, mucho más comedido en el aspecto
surrealista que en el caso de Scott
Pilgrim, pero sin perder (quizá incluso incrementando) su potencia visual.
Esta podría ser la mejor muestra del talento narrativo de Wright, que consigue
exprimir al máximo a sus actores (sorprendente Ansel Elgort, capaz de alternar
momentos de desquiciante pasividad con excesos interpretativos al ritmo de su
música), y hasta Jimmy Foxx, muy desaprovechado en alguna de sus últimas
películas, como Amazing Spider-man 2
o Noche de Venganza, está estupendo.
Puestos
a ponerse puntillosos, quizá se podría criticar algo del recurso fácil empleado
para confeccionar la escena final, pero es pecatta
minuta para un film repleto de buen humor, acción desenfrenada y
espectaculares escenas de persecuciones callejeras. Wright, tras el desengaño
con Marvel que le llevó a abandonar Ant-man,
ha tenido plena libertad para hacer “su” película, y el director ha sabido
recompensar esa confianza pariendo una gran obra, un relato violento y oscuro
que se disfruta con una sonrisa e invita al optimismo.
Quizá
sea injusto juzgar a una película por su banda sonora (al final, no es tan
complicado hacer una buena selección musical). El mérito real está en saber
vincularla tan magníficamente en la acción. Y en ese aspecto, Wright ha
demostrado ser un maestro.
Valoración:
Ocho sobre diez.
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