lunes, 10 de junio de 2019

Análisis: LAS (POSIBLES) NUEVAS LÍNEAS TEMPORALES DEL MCU.

Como muchos de los que me conocen ya sabrán, el tema de los viajes en el tiempo siempre me ha traído especialmente, llegando incluso a escribir sobre ello. En cine, es un tema recurrente, y hay grandes clásicos de la ciencia ficción alrededor de ese tema, ya sea de manera más sesuda (Interstellar), aventurera (La máquina del tiempo), adrenalítica (Terminator), cómica ( Jacuzzi al pasado) o palomitera (Regreso al Futuro).
El ejemplo más reciente lo tenemos en el cine de superhéroes, y ya desde el año pasado, en que se estrenó Vengadores:Infinity war, era un secreto a voces que ese iba a ser el truco utilizado para solventar la papeleta y arrear a Thanos en Vengadores: Endgame. Lo que no teníamos tan claro es la puerta que se estaba abriendo al multiverso (tal y como se veía hace poco en Spiderman: un nuevo Universo) y que el tráiler final de Spiderman: lejos de casa ha terminado por confirmar.
Son muchos los que tienen granes dudas sobre esto de las líneas temporales y los futuros alternativos tan utilizados en los propios comics, por lo que voy a intentar hacer un pequeño resumen de como ha quedado el panorama en el MCU después de Endgame, a falta de que lo que se diga en Spiderman: lejos de casa confirme o contradiga. Evidentemente, si aún no habéis visto Endgame, os aviso de que a continuación vienen muchos spoilers.
Antes de empezar, sin embargo, me gustaría hacer un pequeño resumen de las diferentes teorías sobre viajes en el tiempo para que todo quede más claro:
Siendo muy simplistas, que esto es para hablar de cine, no de ciencia, uno de los problemas de los viajes en el tiempo es la llamada Paradoja del Abuelo. Es esa en la que un viajero del tiempo va al pasado y mata a su propio abuelo, impidiendo el nacimiento de su padre y, por ende, su propia concepción, con lo que imposibilitaría también el viaje que le permite el primer asesinato. Esto hace que se entre en un bucle imposible, como sucede en las películas de Terminator. Es una teoría rechazada en Endgame, por lo que la propuesta de ir a matar al “bebé Thanos”, aparte de ser horrible, es imposible.
Además, está el debate sobre si la línea temporal es rígida o no. En caso de ser rígida, nada que se hiciera en el pasado afectaría al futuro, bien porque el tiempo tiende a corregirse solo o porque, al final, lo que el viajero hace en ese pasado ya estaba destinado a hacerlo inevitablemente. Sin embargo, en el caso de que la línea temporal fuese flexible, sí podría darse pie a cambiar el destino, por llamarlo de alguna manera, ya con mucho esfuerzo, como en la miniserie que adapta la novela de Stephen King 22/11/63, o con relativa facilidad, dando pie al conocido como Efecto mariposa. En tal caso, cualquier cambio, por mínimo o insignificante que parezca, afectaría inevitablemente al futuro.
Para evitar estos conflictos, existe otra teoría que, a día de hoy (dentro de las discrepancias entre los físicos sobre si existe realmente la posibilidad de viajar en el tiempo) la más aceptada, de que cualquier cambio en el pasado lo que provocaría es la creación de una nueva línea temporal, sin que ese cambio afectara a la nuestra propia. Esto es lo que utilizan los guionistas para Endgame y que tan bien explicado está por La Anciana en su reunión con Banner/Hulk.
Simplificando: que si los Vengadores van al pasado y matan a Thanos con ello no evitarían el chasquido de Infinity War, simplemente habrían creado una nueva línea temporal donde Thanos no habría conseguido reunir nunca las seis gemas.
Aclarado esto, vamos a ver cómo ha quedado el multiverso del MCU tras los viajes de Endgame.
Suponiendo, y no hay motivos para creer lo contrario, que el Capi haya cumplido con su misión de devolver cada gema al momento exacto en que las recolectaron, la del Tiempo, que es la que más preocupaba a La Anciana, está de nuevo en su poder, así que por este lado no hay problema alguno. Lo mismo sucede con la de la Realidad, que debe retornar a Asgard junto con el martillo de Thor (o de lo contrario crearía una realidad en la que Thor pierde su preciada arma antes incluso de la aparición de Hela. La gema de la Mente, que él mismo consigue en Nueva York, es otro trabajo fácil y tampoco tendría por qué haber ninguna complicación con la gema del Alma, aunque desconozcamos si es tan sencillo devolverla a Vormir y cuál fue la reacción del Capi al encontrarse con Cráneo Rojo.
Con las dos restantes es donde comienzan los acertijos:
Respecto a la gema del Espacio, es el equipo del propio Rogers, junto a Iron man y Ant Man, quienes deben obtenerla del Nueva York de 2012, pero no solo fracasan, sino que Loki, justo después de la batalla vista en Los Vengadores, logra huir con ella. Más tarde, el Capi y Stark logran retroceder hasta 1970 y hacerse allí con la gema (que por aquel entonces estaba oculta bajo la forma del Teseractor), pero como se supone que al final de la película la devuelve a su sitio, manteniendo esa línea temporal intacta, eso implica que el robo de Loki no se llegue a evitar. Así, mientras en la línea temporal en la que transcurre Endgame Loki está muerto (a manos de Thanos, visto en Infinity War), se crea una línea temporal nueva en la que sigue vivo. Y no solo eso, sino que lo hace siendo aún malvado (mucho le queda por recorrer para conseguir -si lo hace redimirse) y con una gema del Infinito en su poder. ¿Posible hilo argumental para su propia serie? Veremos…
La última gema es la del Poder. Técnicamente, habría dado igual que el Capi la devolviese o se la quedase, ya que hiciera lo que hiciera la creación de una nueva línea temporal era inevitable. Ello es debido a que es en Morag donde en Thanos de 2014 descubre a los viajeros del tiempo y decide viajar al futuro para evitar que Los Vengadores deshagan el chasquido. Esta línea argumental es la que demuestra que la teoría de las realidades paralelas es cierta, ya que nada impide que la Nébula del pasado se encuentre con la del futuro. Es más, tras el encuentro, es la del pasado la que fallece, de manera que, si ambas pertenecieran a una misma línea temporal, la del futuro debería haber desaparecido (tal y como sucede en regreso al Futuro), ya que todo lo que se ha visto de ella en Guardianes de la Galaxia Vol. 1 y Vol. 2 y Vengadores: Infinity War no habría llegado a suceder.
Así, tras el chasquido llevado a cabo por Iron Man arreglando las cosas y eliminando a Thanos y sus hordas asesinas, es que se ha creado una línea temporal donde Thanos no ha llegado a conseguir nunca reunir sus preciadas gemas para completar su maníaca misión.
En resumen, que todas las acciones cometidas por Los Vengadores consiguen devolver a los desaparecidos por el chasquido, creando al menos dos líneas temporales con ello. Pero no han cambiado su propia línea temporal, como alguna gente ha creído entender, pensando que al matar al Thanos de 2014 impedían la existencia del Thanos de 2018. No, con los viajes en el tiempo han arreglado las cosas, pero lo sucedido en Infinity War sigue vigente, y con ello la destrucción de Xandar, la masacre de la nave de los refugiados de Asgard (Loki y Heimball incluidos) y la muerte de Gamora y Visión.
Esto referente a los grandes cambios que se producen (o no) a raíz de la desaparición y posterior reposición de las gemas, pues ya he dicho que la mera presencia de los héroes en el pasado debería provocar inevitablemente cambios en el futuro (el mero conocimiento de La Anciana de que el Stephen Strange va a entregar voluntariamente la gema del Tiempo a Thanos ya debería variar lo visto en Doctor Strange), pero eso vamos a obviarlo para no complica (más todavía) las cosas.
Así las cosas, queda aún una duda por despejar. ¿Qué sucede con Steve Rogers cuando decide quedarse a vivir en el pasado con su amada Peggy Carter? Siguiendo estas teorías, su permanencia en el pasado abre una nueva línea temporal (y así lo han confirmado los propios Russo), de manera que hay en algún lugar un universo donde han coexistido dos Steve Rogers, uno anciano y otro joven, aunque solo el segundo ha mantenido la lucha como Capitán América. O no… ¿Ha sido Steve el Capitán América en esa línea temporal hasta que, ya anciano, ha cedido el manto al Steve Rogers joven que ha permanecido casi setenta años en el hielo? Por oro lado, en la línea temporal oficial, sabemos que Peggy Carter murió de Alzheimer después de casarse con un exsoldado aliado y tener dos hijos con ellos. Se ha insinuado que, tras este final feliz de Peggy con Steve, es el Capi el padre de estos dos niños, con lo que tendríamos disponibles en el MCU a dos personajes con el suero del supersoldado corriendo por sus venas. Pero, si el Steve joven va a otro Universo, ¿cómo sería eso posible? ¿Y como ha conseguido la manera de regresar a nuestro propio Universo para entregar el escudo (un escudo diferente a los vistos hasta ahora, por cierto) a Falcon para que herede el nombre?
Estas son algunas preguntas sin respuesta (de momento, al menos). Sin embargo, a tenor de lo visto en el tráiler de Spiderman: Lejos de casa, es posible saltar con facilidad de una línea temporal a otra, ya que, de alguna manera, tal y como explica Nick Furia, el chasquido de Thanos lo hizo posible. De hecho, el Misterio de esta próxima película del trepamuros, viene de otro universo, aunque también hay que tomarlo todo con pinzas… Al fin y al cabo, ese personaje es conocido como el rey del engaño.
¿Ha quedado todo claro? ¿O quizá más confuso todavía? Es lo que tienen los viajes en el tiempo, que lo único que se sabe a ciencia cierta sobre ellos son los quebraderos de cabeza que suelen provocar.
¿Estáis de acuerdo con mi explicación o habéis interpretado las fracturas espaciotemporales (a ver si viene de una vez Reed Richards a explicarlo mejor) de manera diferente? Pues ya sabéis, comentarios por los canales habituales.

Nos seguimos leyendo en el futuro… ¿O es en el pasado, pero aún no lo hemos descubierto?

sábado, 8 de junio de 2019

EL SÓTANO DE MA

Dentro del maltratado género de terror actual, caracterizado por producciones de bajísimos presupuestos con el propósito de recuperar fácilmente las in versiones, se puede diferenciar entre el cine más independiente o el amparado por grandes productoras (pura contradicción), siendo este último subgrupo el encabezado por las películas amparadas por James Wan o las producidas por Jason Blum (y en algún caso, como es la saga Insidius, ambos productores se entremezclas). En el caso de Wan, salvo las ocasiones en las que él mismo se ha puesto tras las cámaras, sus películas suelen ser una sucesión de tópicos y sustos tontos dentro del denominado Warrenverso, cansino hasta la muerte (viva el humor negro), mientras que en el caso de la Blumhouse sus películas se suelen caracterizar por dar mayor libertad creativa a sus autores, consiguiendo unos productos más frescos y originales, como los casos de Déjame salirFeliz día de tu muerte o incluso el Múltiple de Shyamalan.
Esta teoría, sin embargo, se rompe con El sótano de ma, un espanto de película se mire por donde se mire, con un guion ridículo hasta decir basta y donde solo sobresale una Octavia Spencer que no se sabe qué habrá podido encontrar de interesante en esta historia (también consta como productora) que para nada está a la altura de la protagonista de Figuras ocultas.
Hace un par de días, aprovechando la Fiesta del Cine, tuve oportunidad de ver una película mucho más minoritaria como La Viuda, que sin duda pasará desapercibida por la cartelera. Ya en mi opinión de la misma dije lo plana y tópica que me parecía, pero viendo ahora El sótano de ma, que hasta el (previsible) primer giro parte de la misma base: la relación nada saludable entre una mujer solitaria y unos jóvenes, la propuesta de Neil Jordan se me antoja casi una obra maestra.
No es solo ya que la intriga de El sótano de ma sea casi inexistente (una cosa es que el tráiler te revele todo el argumento, pero aquí es que el propio póster descubre la supuesta sorpresa final), sino que la película está mal contada, con un montaje aparatoso y un montón de detalles que quedan en el aire sin resolver. Y es que esta película no es, en realidad, una historia, sino más bien un concepto (bastante burdo, por cierto), que parece haber sido desarrollado de manera improvisada.
Suelo ser muy crítico con las películas del amigo Wan, como La monja o La llorona, porque me aburren soberanamente, aunque reconozco que vana un público objetivo que puede llegar a disfrutarlas con un nivel de conformismo bajo, pero en el caso de El sótano de ma el resultado me parece casi un insulto a la inteligencia del espectador.
Lo que me parece más in creíble es que detrás de todo esto esté Tate Taylor, que, aunque su último trabajo, La chica del tren, no fuese nada del oro mundo, si tiene un gran título en su haber: Criadas y señoras. Claro que, con aquel reparto, la película casi se podía hacer sola.

Valoración: Tres sobre diez.

LA VIUDA

Siempre es una buena noticia saber de un estreno de Neil Jordan, aunque parece claro que los mejores años de este director pasaron hace ya mucho tiempo. Después de unos inicios interesantes con En compañía de lobos y, sobre todo, Juego de lágrimas, y dar el salto al cine más mainstream con Entrevista con el vampiro y Michael Collins, sus últimos trabajos son películas menores, casi alimenticias, alternándose con coqueteos televisivos. De hecho, su último estreno data del 2012 con  la, esta sí, notable Byzantium.
Pero la celebración de tenerlo de nuevo ante un film del que además es coescritor se diluye ante la pobre propuesta del mismo, un thriller rutinario que evoca mucho a aquellas películas tan tópicas de los noventa y que se sustenta, ante todo, por su interesante reparto, con una Isabelle Huppert que, aun trabajando un poco con el piloto automático, está excelente, como siempre, bien secundada por las jóvenes Chloë Grace Moretz y Maika Monroe.
La viuda cuenta la relación entre una joven afectada por el reciente fallecimiento de su madre y una mujer madura acosada por la soledad que no tardará demasiado en tornarse algo enfermiza. Algo positivo del film es que no es nada tramposo y pone las cartas enseguida sobre la mesa, apostando más por la construcción de personajes que por la propia intriga, permitiendo así que se le perdonen los agujeros de guion que tiene. Así, como reflexión sobre la soledad y la necesidad de estar arropados por los seres queridos (ya sean reales o impuestos) es el verdadero motor de una película que tiene un buen pulso narrativo y con la que Jordan consigue mantenernos interesados durante toda la proyección, hasta que una vez finalizada, con el objetivo de entretenimiento cumplido, descubrir que no hemos visto nada nuevo ni especialmente talentoso.
En fin, película pasable, intrigante y obsesiva, pero totalmente desfasada hoy en día.


Valoración: Cinco sobre diez.

martes, 4 de junio de 2019

ROCKETMAN

Ya desde su concepción, Rocketman se enfrenta a una dificultad esencial: su proximidad en el tiempo con Bohemian Rhapsody. Las comparaciones entre la película que adapta la vida de Elton John con la dedicada a Freddie Mercury y Queen son inevitables e, independientemente que el film que nos ocupa pueda resultar superior o inferior, la batalla en taquilla la tiene casi perdida, ya sea por la fecha del estreno (la Oscarizada película de Bryan Singer fue la más vista en las Navidades), por estrenarse la segunda (con lo que puede parecer, aún sin serlo, como un ejercicio de puro oportunismo) y porque, aun siendo Elton John un gran artista con muchos éxitos inolvidables, la leyenda de Freddie Mercury, su carisma y su incomparable voz son alicientes suficientes para que, independientemente de que uno sea más aficionado a uno u otro artista, sea más apetecible ver el éxito del año pasado que esta Rocketman.
Sea como sea, Rocketman bien podría entenderse como un complemento a Bohemian Rhapsody, compartiendo incluso a algún personaje, como es el caso de John Reid (curiosamente interpretado, en ambos casos, por actores que saltaron a la fama gracias a Juego de Tronos). Un personaje, por cierto, esencial en ambas historias (aunque la realidad se ha visto bastante deformada en Bohemian Rhapsody) y que casi invita a hacer un biopic sobre él mismo.
Desde el punto de vista cinematográfico, habría que declarar que Rocketman es ligeramente superior. Su principal acierto es jugar a romper esquemas y huir (al menos en parte) del biopic más convencional. De hecho, en muchos momentos, la película toma formato de musical, lo cual permite incorporar las canciones de Elton John en su propia historia, aprovechando el gran trabajo interpretativo de Taron Egerton para que él mismo cante con su propia voz los diversos temas, y darle un toque más fantasioso que casa muy bien con la parte más centrada en los devaneos con las drogas del cantante. Por otro lado, es más valiente que Bohemian Rhapsody al mostrar escenas algo más explicitas tanto al respecto de las relaciones sexuales del protagonista como consumiendo drogas, aunque tampoco es que sea nada tan escandaloso como para pensar que se está haciendo historia dentro del cine. Al fin y al cabo, se limita a mostrar algo más de lo que en Bohemian Rhapsody se insinuaba.
Ya he dicho que el trabajo de Egerton es excelente (y si no es reconocido con el Oscar del año que viene será porque en la última edición lo ganó Remi Malek), y el hecho de tener un solo director al que han dejado trabajar sin las dificultades provocadas por Singer hacen que el resultado final sea brillante y mucho más coherente. Seguimos con las comparaciones inevitables: Dexter Fletcher, el director, que ya había demostrado su buena mano para los musicales con la encantadora Amanece en Edimburgo, fue el primer director pensado para Bohemian Rhapsody y quien finalmente terminó la película tras la marcha/despido de Bryan Singer. La película cuenta con el propio Elton John como productor, lo cual se supone que garantiza un mayor realismo (lo cual no es necesariamente cierto, Bryan May era productor en Bohemian Rhapsody), pero seguramente el verdadero valedor de la película es el trabajo de producción de Matthew Vaughn. No en vano él es un especialista en desafiar a los grandes estudios para hacer las películas que él desea hacer, aunque sea con cierta incorrección política, fue el descubridor de Egerton (él es el gran protagonista de Kingsman su secuela) y ya unió al actor y al director en la estimable Eddie, el Águila.
Aceptando que todas las biografías realizadas sobre personajes vivos tienen un punto de parcialidad, la historia es mucho más fiel a la realidad de lo que sucedía con Bohemian Rhapsody (de hecho, allí se optó más por una fidelidad conceptual que literal, lo cual tampoco es necesariamente malo), aunque esa originalidad narrativa a la que aludía al principio implica también que la historia esté contada de manera algo desdibujada, sin que quede demasiado claro a qué momento concreto pertenece cada canción y centrándose más en el personaje que en el cantante. Un personaje que, por cierto, también guarda ciertas similitudes con Freddie Mercury. Ambos eran artistas británicos de influencias rockeras, dados a los excesos (tanto en cuestiones de vestuario como de adicciones), mezcla entre genialidad y pantomima, inseguros en el fondo y con una serie de complejos que solo esa fachada excéntrica al subirse a los escenarios podían disimular. Y uno terminó falleciendo a causa del SIDA y el otro creando una importante fundación en ayuda a las víctimas del SIDA. Dos vidas paralelas reflejadas en dos películas paralelas.
Todo esto son argumentos para entender que, posiblemente, Rocketman sea mejor película que Bohemian Rhapsody. Sin embargo, ya sea por la propia historia de los protagonistas, porque la personalidad de Mercury fuese más arrebatadora que la de Elton John, porque las canciones sean más icónicas o por el trasfondo trágico que terminó con la vida del cantante de We are the Champions. Puede que a alguien le gusten más las canciones de uno o del otro, pues ambos son grandes, forman parte de la historia y tiene éxitos imperecederos, pero dudo que en Rocketman se quede mucha gente hasta el final de los títulos de crédito solo para escuchar las canciones que no han tenido cabida en la banda sonora de la película, que se estrene un singe alone para que se puedan cantar las canciones de Elton John durante el visionado del film o que la gente, por mucho que puedan disfrutar con la película, la vaya a ver a los cines una segunda o tercera vez como me consta que mucha gente hizo con Bohemian Rhapsody.
Así que sí, Rocketman es mejor película que Bohemian Rhapsody. Pero a mí, y seguramente a la mayoría de la gente, me gustó más la otra.

Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 1 de junio de 2019

INFILTRADO EN MIAMI

Que una distribuidora decida traducir Le flic de Belleville (El poli de Belleville) por Infiltrado en Miami, cuando la película va de todo lo contrario, un policía (de la localidad francesa de Belleville, evidentemente) que va a Miami a hacer de policía y parece empeñarse en que todo Florida se entere de que es policía, solo demuestra la poca confianza que tienen en el tirón comercial de la película, por más que sea francesa y parece que últimamente todo lo francés tenga que gustas, más si es en clave de comedia. Una jugada parecida hicieron con Infiltrados en Miami (y es que tiene guasa, la cosa), traducción igual de absurda de Ride Along 2, con el único propósito de que alguien resulte engañado y se piense que va a ver otra secuela de Infiltrados en clase. Vamos, digo yo.
Y está bien que el jueguecito del título sirva para desviarnos del tema principal, porque hablar de la película es casi perder el tiempo tanto como lo es verla. Estamos ante otra comedieta de acción del montón, ese género que tan buenos momentos nos hizo pasar en los ochenta (en una década donde parece como si todo el cine fuese capaz de hacernos pasar buenos momentos) pero que tan difícil de hacer bien resulta hoy en día.
En este caso concreto, es Rachid Bouchareb quien aborda el intento fracasando a la hora de combinar ambos géneros: la comedia es demasiado tonta y queda casi relegada al olvido cuando se acerca al tramo final, donde la acción es lo que impera. Y es que encima el film parece tener unas desmesuraras ambiciones, saltando de Francia a Miami para terminar en un país ficticio de África. Para ello, Bouchareb parece haberse empapado de tanto cine americano como presume el propio protagonista, recorriendo todos los lugares comunes del mismo, pero sin el menor atisbo de originalidad. Todo empieza con el protagonista, Sebastian 'Baaba' Bouchard, siendo testigo del asesinato de su mejor amigo y decidiendo que ha de vengarlo, aunque ello le cueste el puesto y su relación sentimental. Luego, la película pasa a convertirse en una buddy movie de manual y termina con una de esas situaciones en las que se crea un equipo bastante improbable capaz de enfrentarse a todo un ejército.
Hace apenas unos días, en Cannes, Sylvester Stallone confesaba que se arrepentía de haber hecho películas tan malas como Alto o mi madre dispara. Quién sabe si en unos años Omar Sy se refiera en términos parecidos a Infiltrado en Miami. Esta no llega a esos grados de ridiculez, pero también hay madre insoportable por en medio, avisados están.
No voy a decir que la película sea un espanto, y estoy convencido de que tendrá sus defensores, pero peca de un guion absurdo hasta decir basta y de creerse mucho más graciosa de lo que es. Al final, todo queda en manos de Omar Sy, un actor muy limitado interpretativamente pero de innegable carisma, imitando sin reparos al añorado Eddie Murphy. Y solo los admiradores del protagonista de Intocable (posiblemente su única película como protagonista digna de ser recordada, otra cosa son sus cameos en superproducciones americanas) vana encontrar algo con lo que disfrutar de este film tan flojo e inconsistente como la absurda idea de hacer un equipo entre Sy y Luis Guzmán, otro al que nadie habría imaginado nunca haciendo de protagonista.


Valoración: Cuatro sobre diez.

LA PERFECCIÓN

Aunque no sea una producción Netflix, el hecho de que se haya estrenado en España a través de dicha plataforma ha propiciado que todo el mundo esté hablando de La Perfección y elevándola como una de las mejores películas de la compañía.
Lo primero que conviene saber de La Perfección es que conviene no saber nada. No estamos ante una gran película, ni siquiera ante una gran dirección o un reparto maravilloso (aunque cumplidor, eso sí), pero sí se trata de una de las historias más imprevisibles y con giros más sorprendentes de los últimos tiempos. Y ese es su secreto.
A medio camino entre el terror malrollero (aquí me viene en mente Suspiria) y la rivalidad entre artistas (algo de Cisne Negro también tiene), La Perfección trata sobre la relación entre dos violonchelistas, una que forma ya parte del pasado y la otra con un brillante futuro por delante, unidas por haberse formado en la misma academia. Y, como decían en aquel concurso, hasta aquí puedo leer.
Lo que sucede a continuación es imprevisible, en ocasiones hasta el punto de rallar lo absurdo. Hay toques de comedia negro, de terror y de drama, pero sobre todo hay una capacidad de jugar con el elemento sorpresa que permite que se le perdonen todos sus defectos, que tampoco son pocos.
Ridícula es, eso sí, la polémica que ha suscitado entre el aficionado por algunas escenas de supuesto mal gusto, lo que demuestra la diferencia entre el público de Netflix y el espectador de cine medio. Sí, hay momentos desagradables, pero nada que no se vea en cualquier película de terror al uso. Eso sí, filmado con una eficacia innegable por Richard Shepard, autor que después de destacar con la también extravagante Matador se ha recluido en el mundo de la televisión, y con una Allison Williams que demuestra que si ya era de lo mejorcito de Déjame salir no fue por casualidad.
La Perfección es, pues, un gran entretenimiento, capaz de sacudir algún que otro estómago y dejar gotitas de reflexión, que puede rozar la estupidez en algún momento pero que, concluido su visionado, deja con muy buen sabor de boca.

Valoración: Siete sobre diez.

miércoles, 29 de mayo de 2019

ALADDIN

Una vez más, desde la casa madre de Walt Disney company están demostrando que, al alejarse de dos franquicias más exitosas, como la división animada (y aquí sumo a Pixar), a Marvel o a Star Wars, que sin grandes alardes al menos apuestan por una línea propia con más o menos riesgo, en lo que se refiere a productos 100% Disney Studios el factor riesgo es cero.
Hace ya unos años, aprovechando con esa moda de adaptar cuentos infantiles que hubo con Blancanieves y la leyenda del CazadorMirrow, mirrowHansel y Gretel, cazadores de brujas o Jack el caza gigantes, ninguna de ellas bajo el amparo de la casa del ratón, ellos, que eran pioneros en el asunto, decidieron subirse al carro de la manera más fácil y efectiva: adaptando sus propias películas.
Más concretamente, lo que hicieron es fotocopiar plano por plano y chiste a chiste los clásicos animados y transformarlos a cine en acción real. Esta fórmula es efectiva en algunos casos, como La Bella y la Bestia, por aquello de dar vida a cosas tan inanimadas que parecía magia, o la que nos ocupa, ya que el colorido de la cultura árabe y sus paisajes siempre lucirán mejor en imagen real que en dibujos, pero aún así se refleja un cansancio hacia ese trabajo en piloto automático que convierte el remake en una fotocopia tan plana y falta de personalidad que la magia apenas logra aparecer, si no es mediante la nostalgia y el recuerdo.
Lo más lamentable es que para ello han recurrido a directores de gran renombre, verdaderos autores con sello propio que se han visto sepultados por las necesidades de hacer un producto con la marca Disney donde no cabe ni un solo atisbo de su propia locura. Solo en La Cenicienta se puede intuir algo del talento de Kenneth Brannagh, mientras que Tim Burton parecía tan perdido en Dumbo como e sus últimas producciones como sin duda le pasó en esta ocasión a Guy Ritchie, antaño “enfant terrible” del cine reaccionario y aquí un corderito tan manso como el tigre que parece en pantalla.
Hay que reconocer, por eso, el éxito alimenticio de estos trabajos, ya que Aladdin está siendo todo un éxito y, tras los fiascos de Richie con la infravalorada Operación U.N.G.L.E. y la extraña Arturo, la leyenda de Excalibur, consigue al menos un pelotazo que animar su marchito currículo, aunque poco de ese éxito tiene que ver con sus méritos.
¿Qué nos encontramos, pues, en Aladdin? Pues ni más ni menos que lo mismo que había en la versión de 1992 pero con actores de escaso bagaje y a un Will Smith en sus horas más bajas intentando competir con el monete digital a ver quién hace más monerías.
Al final, la satisfacción que deje la película dependerá no ya de sus méritos (que no son muchos) como del tipo de espectador que se enfrente a ella. Quien desconozca la película original podrá disfrutar bastante con una historia de aventuras muy blanca, sin apenas giros argumentales y de inevitable final feliz. Los que, como yo, no hubiesen vuelto a ver el film original desde la fecha de su estreno, podremos disfrutar sin más, añorando, eso sí, el trabajo del gran Robin Williams (Smith ni se le acerca), mientras que los sufridos padres que hayan visto día sí día también el clásico animado poco tendrán a lo que agarrarse, a no ser de la química entre Mena Massoud y Naomi Scott y la arrebatadora (y perdonen si suena demasiado machista) belleza de la segunda. A Guy Ritchie, insisto, no lo busquen. No lo van a encontrar.
Estamos, en fin, ante un entretenimiento más, una fantasía amable y divertida, de nuevo con canciones maltratadas por el doblaje, donde se notan los esfuerzos (antinaturales en algunos casos) por evitar alejarse del original que hace que casi todas las escenas del genio Smith (sobre todo cuando está de color azul) sean tan grotescas como se presagiaba en los tráileres, pero que tampoco llega a ser el desastre anunciado que más o menos terminó siendo Dumbo, mientras que la magia de Alan Merkel sigue funcionando tan bien como el primer día.
No será Aladdin la que acabe con la racha de adaptaciones absurdas (sigo sin entender porqué no pueden acercarse a la historia de Aladino y la lámpara maravillosa, que al fin y al cabo es más antigua que Disney, sin tener que seguir el guion exacto de la predecesora), pero tarde o temprano veremos la caída de Disney.
Entretenimiento vacuo y buenas intenciones para niños sin pasado o adultos sin memoria. Pero poco más.

Valoración: Seis sobre diez.

martes, 28 de mayo de 2019

EL HIJO

En una época en la que los grandes estudios apenas arriesgan en sus producciones y cada estreno provoca miradas de pánico hacia los listados de recaudación en taquilla, hay dos géneros que parecen dominar por encima del resto: los superhéroes y el terror.
Los superhéroes porque pese a lo abultado de su presupuesto, la mayoría logran convertirse en grandes éxitos de taquilla, con el ejemplo de Endagame (aun luchando por conseguir ser la más taquillera de la historia, por encima de Avatar) bien reciente. El terror, justo por lo contrario, porque suelen ser producciones de presupuestos tan irrisorios que a poco que gusten (y como muestras están las producciones de Blum o Wan) logran cuadriplicar, como poco, su presupuesto, consiguiendo grandes ganancias con mínimo riesgo.
De la mano de James Gunn como productor y máximo promotor del invento, y de sus hermanos Bryan y Mark como guionistas (todo queda en casa, el director David Yarovesky también amigo de la familia), llega ahora una película que mezcla ambos mundos.
El hijo podría definirse como un reverso oscuro de Superman, una especie de “Whar if” (concepto acuñado por Marvel para definir a las historias alternativas de sus héroes) que parte de la premisa de “¿qué pasaría si Superman fuese malo?”. No es que la idea sea totalmente novedosa, ya Mark Millar jugueteó con el tema en Hijo Rojo, donde fantaseaba con lo que habría pasado si la nave kryptoniana hubiese caído en la Unión Soviética en lugar de en Estados Unidos, mientras que el video juego Injustice (con versión posterior en comic) juega ya con el concepto de un Superman capaz de cruzar ciertos límites. Sin embargo, esas historias tratan siempre sobre un Superman adulto, mientras que en El hijo tenemos a un chaval, un adolescente en plena revolución hormonal, como protagonista.
Como en la historia original, un matrimonio bien avenido, pero con dificultades para engendrar un hijo descubren a un bebé caído del cielo y deciden quedárselo como propio, ocultándole su verdadero origen. Pero llega el día en que se empiezan a manifestar poderes extraños y unas voces en su cabeza le anuncian su verdadera misión en la tierra.
Pero si a nivel argumental hay mucho de comic aquí, a nivel estético estamos ante una película de terror propiamente dicha, con sus clásicos jump scare y sus momentos ciertamente crueles, con muertes violentas y mucho mal rollo, haciendo que durante gran parte del metraje sea La profecía o cualquier película de niño engendrado por el demonio lo que en verdad nos venga a la memoria. Además, su ajustadísimo presupuesto (unos pírricos seis millones, más o menos lo que debe costar solamente el traje del verdadero Superman), permite una libertad que se traduce en algunos momentos bastante gore que van muy bien con el tono algo macarra (aunque no cómico) del film, capaz de aterrar al profano y deleitar con sus guiños al fanboy más exigente.
Sin embargo, es ese mismo presupuesto lo que limita una historia que nunca termina de desarrollarse del todo. Un funcionando muy bien lo que nos cuentan, se echa en falta el que den un paso más, que sigan arriesgando en una dirección más osada. Quizá por esa falta de presupuesto (lo que se traduce también en una escasa hora y media de duración) el clímax, si bien es mucho más resultón que, por ejemplo, la reciente Glass, se mueve demasiado por el terreno de lo previsible, haciendo que el elemento sorpresa desaparezca a mitad de la película.
Con todo, la impecable puesta en escena y el buen trabajo actoral hace que la película resulte un pequeño milagro en comparación con el dinero que ha costado, y se disfruta como la broma macabra y retorcida que es.

Valoración: Siete sobre diez.

HELLBOY

Uno de los peligros de pecar de ambiciosos y construir una saga fílmica secuenciada, es decir, con películas de final abierto con un cliffhanger que invite a ver la siguiente, es que si esa continuación nunca llega a producirse el público puede llegar a sentirse estafado. Sucedió con el Spiderman de Mark Webb, con la saga de Divergentey, desde luego, pasó con la frustrada trilogía de Hellboy de Guillermo del Toro.
El Hellboy de Del toro era una versión muy personal del personaje de comic creado por Mike Mignola, una extraña mezcla entre la criatura de los tebeos y el mundo interno de este visionario director (parte del cual se llevó de la mano a su Oscarizada La forma del agua), y aunque eran películas francamente muy entretenidas, no terminaron de arrasar entre el público, más en una época donde parece que una película de superhéroes (si es que se le puede llamar eso a Hellboy) tenga la obligación de arrasar en taquilla.
Tras quedarse en dos películas sin un final satisfactorio, en Millenium decidieron hacer borrón y cuenta nueva y partir de nuevo con el personaje, con otro enfoque, otro director y, por supuesto, otro actor. De Ron Perlman se ha pasado a David Harbour (conocido por su papel de sheriff en Stranger things, aunque visto fugazmente también en Escuadrón suicida) y el puesto de Del Toro en la silla de director se lo ha quedado Neil Marshall, director que, pese a andar los últimos años perdido por el mundo e la televisión debutó con unas credenciales muy definidas, con títulos como Dog soldiers,  The descent o Doomsday: el día del juicio, películas que rozaba la Serie B a medio camino entre el terror truculento y la acción más desmedida. Es ese currículo el que le ha valido para ser contratado para Hellboy y para definir así, de entrada, las diferencias con los films anteriores.
El nuevo Hellboy es lo que uno podría esperar conociendo el comic: acción, violencia y demonios en una producción de presupuesto discreto, pero donde su imaginario debe suplir la falta de grandes efectos digitales. Pese al diseño de algún demonio concreto en el tramo final del film, el resto se distancia bastante de la imaginación visual de Del Toro para acercarse más a los conceptos originales de Mignola, teniendo el acierto, además, de resumir en una sola película lo que el mexicano intentó hacer en tres: anunciar al héroe como el causante del apocalipsis y verlo luchar contra su propio destino. Así, Hellboy puede ahorrarse el ser una película de presentación, aprovechándose de lo que ya se pueda sobreentender si se es conocedor de los films anteriores y resumiendo con cuatro pinceladas lo justo y necesario. Con Marshall a los mandos, lo lógico era ir directo a la acción, y así sucede, resultando la película un espectáculo bárbaro y bastante sangriento, muy macarra y para nada acorde con el clásico film de superhéroes del comic al uso.
Por desgracia, esto parece que no ha convencido demasiado al público americano que, quizá por la proximidad con las películas anteriores, no ha acudido en masa a los cines. Y aquí, la productora, luciéndose de gloria, ha optado por una acción a la inversa de lo que venía siendo habitual a la hora de censurar películas: hacer cortes y ofrecer en Europa una versión más light que la original, corrompiendo así parte de su esencia, con el fin de hacer pasar la película por un producto algo más infantil. Craso error: los que queríamos ver un espectáculo satánico nos hemos visto algo decepcionados mientras que la casquería y la violencia que queda sigue haciendo de Hellboy una película relativamente adulta.
Aún condenada al fracaso por lo comentado, la realidad es que Hellboy es un gran entretenimiento. Bajo las capas de maquillaje, Harbour convence en el rol de héroe pasado de rosca, alcohólico y atormentado, y sus compañeros de reparto son un buen complemento, la amenaza encarnada por Milla Jovovich funciona bien y las secuencias de acción son trepidantes y muy bien filmadas, dotando al film de un ritmo endemoniado a ritmo de rock duro. Todo en Hellboy, si la consideramos como lo que es: una gamberrada muy loca, funciona correctamente (quizá algún efecto digital canta un poco) y la combinación entre terror, acción y humor esta medida a la perfección.
Así, pues, Mignola puede al fin darse por satisfecho con una adaptación de su personaje (y estoy deseando que salga en DVD la versión sin cortes), aunque me temo que la acogida ha sido tan tibia que veo poco probable la secuela que la inevitable escena postcréditos invita a pensar que se pretendía hacer.
En fin, una variación fresca y salvaje del blockbuster comiquero estándar. Eso siempre mola.

Valoración: Siete sobre diez.

jueves, 23 de mayo de 2019

JULIET, DESNUDA

Nick Hornby es un escritor británico cuyas oras suelen tener una dulzura peculiar, habiéndose especializado en historias sobre hombres y mujeres atrapados en sus sueños de la infancia o en busca de su propia identidad. Hollywood tiene una eficaz historia de amor con Horby, habiendo adaptado varias de sus obras, como en Niño grandeMejor otro día o Amor en juego, o incluso permitiéndole escribir sus propios guiones, caso de An education o Brooklyn, aunque seguramente la película más representativa de su obra sea, precisamente, la que más puntos en común tiene con Juliet, desnuda. Me refiero, claro está a Alta fidelidad, de Stephen Frears.
Como en aquella, también Juliet, desnuda versa en torno al mundillo de la música, con un melómano empedernido como protagonista. La diferencia radica en que no es sobre este sobre quien recae el peso de la acción, sino que el personaje al que da vida con solvencia Chris O’Down es más bien el percutor de la misma.
Duncan y Annie son pareja en un tranquilo pueblo británico donde prácticamente no tienen nada mejor que hacer que ser pareja. Es decir, que están juntos casi por conformismo. Son felices a su manera, él alimentando su pasión por un cantante maldito desaparecido del mapa apena empezar su carrera, llamado Tucker Crowe y que, por vicisitudes de la vida, termina convirtiéndose en amigo de ella. Y ahora es cuando sabemos más sobre el artista, sobre sus problemas para asumir la paternidad y su huida del mundo musical.
Juliet es el nombre de su mayor éxito, y Juliet, desnuda, una maqueta sin pulir del mismo, precisamente la canción que originará que Annie y Tucker se lleguen a conocer, coincidiendo con las horas más bajas de la pareja. Y esto es, en el fondo, Juliet, desnuda, una canción a medio pulir, una maqueta de lo que podría ser una gran película (los actores son de lo mejor del film) pero que se queda a medio camino. Resultona y de estribillo agradable, capaz de hacer sonreír y conmover (es una de esas comedias románticas más lacrimógenas que divertida, nada que ver, por ejemplo, con Casi imposible, aunque se agradece, al menos, que no se edulcore en exceso su final), que con el paso del tiempo se puede llegar a recordar con agrado, como cuando se tararea una melodía pegadiza, pero de la que seremos incapaz de recordar su letra.
Efectiva y simpática, funciona con la suficiente corrección como para hacer pasar un buen rato, pero deja la sensación de que se desaprovecha a sus actores y que la cosa habría dado para mucho más. Quizá habrían tenido que pulir más la maqueta antes de lanzarla al mercado.

Valoración: Seis sobre diez.

BORDER

Quizá a bote pronto el nombre de John Ajvide Lindqvist puede que no nos diga nada, pero si lo relacionamos con su primera novela, Déjame entrar, ya la cosa cambia. Tras haberse encargado de escribir el guion de la adaptación sueca de su obra vampírica, ha vuelto a repetir como guionista en Border para adaptar a la pantalla grande su relato corto Gräns.
Es importante comenzar hablando del autor para entender lo enfermiza que puede llegar a ser esta película, un título que, por otro lado, parte de una premisa original y que para nada se prevé pueda llevar al espectador hasta donde lo lleva.
Tina es una mujer físicamente muy desagradable que trabaja en el departamento de policía gracias, sobre todo, a una curiosa habilidad: es capaz de reconocer los sentimientos de la gente a través de su olfato, lo que le es muy útil cuando se encuentra en el puerto fronterizo entre Suecia y Finlandia. Vive con un hombre en una cabaña aislada en medio del bosque, y aunque su apática vida parece sencilla, todo cambiará para ella cuando conozca a una persona bastante más parecido a ella de lo que podría imaginar.
Poco más se puede contar sobre esta película que va transformándose a medida que avanza la acción (lenta y angustiante), mutando de un género a otro y sorprendiendo (y desconcertando) con cada nuevo giro del guion. Es, eso queda patente desde el primer momento, una fábula sobre la soledad y el aislamiento, ya sea por causas físicas como morales, pero también sobre la degradación de la sociedad. Border es, en primera instancia, un canto por la libertad, pero con la advertencia de que esa libertad también tiene un precio.
Pese a estar catalogada dentro del género fantástico, casi con toques de terror, Border no es una película para todos los gustos. Su planteamiento, hipnótico por lo atrayente de su trama, es a la vez desagradable, haciendo gala de una fealdad incómoda (magnífico el maquillaje de los dos protagonistas) y camina hacia unos derroteros ciertamente sombríos.
La mejor baza de Border es que, tras el puñetazo en el estómago en que puede convertirse su visionado, deja un poso en el espectador que hace que la película permanezca con él, para bien o para mal, durante mucho tiempo. Y ello es un mérito del director, el desconocido Ali Abbasi, que arriesga lo suficiente como para componer una película desagradable y hermosa a la vez.


Valoración: Siete sobre diez.