Cuando
uno va al cine a ver una peli de Jason Statham cuenta con una clara ventaja.
Sabe perfectamente lo que va a ver. Quizá en sus comienzos el actor, cuando no
era una estrella del cine de acción, sus pelis eran más dispares (Snatch, cerdos y diamantes, Fantasmas de Marte, The Italian Job), pero una vez alcanzado el status de duro oficial
de Hollywood parece haberse acomodado en películas de acción simples pero
siempre correctas y entretenidas. Mientras su referentes ochenteros como
Schwarzenegger y Stallone coquetea de tanto en tanto con la ciencia ficción o
la comedia, él ha preferido seguir un camino seguro con títulos como Transporter, Crank, The mechanic, Safe…
películas todas ellas marcadas por el mismo patrón. Y si la cosa funciona, ¿por
qué cambiar?, se preguntará el tipo. Y no le falta razón, desde luego. Sin
embargo, en esta ocasión su último estreno tiene una peculiaridad, pequeña pero
significativa, como es la presencia de una coestrella tan importante o más que
él mismo. Se trata de Jennifer López, la latina del Bronx más centrada
últimamente en su faceta como cantante (solo ha hecho dos comedias tontas desde
el 2006) y, a la postre, resulta siendo un lastre para el argumento de la
película.

Pese
a todo, la acción está asegurada, y aunque no funcione como otros títulos del
actor londinense, la publicidad que garantiza la presencia de la cantante sin
duda habrá ayudado mucho a la carrera comercial de este film dirigido por
Taylor Hackford (realizador, entre
otras, de Ray o Pactar con el diablo) y basada en una novela de Donald E. Westlake
(escritor también de Two Much y Payback).
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