viernes, 22 de julio de 2022

Visto en Netflix: PERSUASIÓN

Por más que pasen los años y las modas, Jane Austen siempre será una autora representativa de un estilo y unas tramas imperecederas, que obliga que sus novelas sean revisitadas una y otra vez. Cada poco tiempo hay una nueva película de Orgullo y prejuicio (incluso con zombis de por medio), Emma, Mansfield Park o, la que nos ocupa, Persuasión, que resultó ya una obra póstuma.

Lo malo es cuando se piensa que ese romanticismo victoriano ha quedado desfasado y se pretende revitalizar el género modernizándolo. En ocasiones sale más o menos bien, como el discurso feminista que Greta Gerwig subrayó en su versión de las Mujercitas de Louisa May Alcott, pero que en otras ocasiones, como es esta película de Carrie Cracknell, rechina, dejando un regusto agridulce.

Dakota Johnson, todavía tratando de limpiarse de los estigmas de Cincuenta sombras de Grey, es la encargada de llevar todo el peso de la película y, sin mucho esfuerzo, se convierte en lo mejor de la misma. Sus sonrisas y miradas invitan al espectador a ser cómplice de su historia aunque el juego de romper la cuarta pared no es lo que más casa con una obra de Austen y uno termina por cansarse de las continuas conversaciones de Anne con la cámara, llegando a convertir alguna secuencia en un chiste involuntario.

Por supuesto, a poco dedicada que sea Cracknell, la historia detrás del guion tiene la suficiente fuerza como para que la película llegue a funcionar en su propuesta dramática, pero todo lo que pretende ser novedoso (como el casting inclusivo) se vuelve en su contra, impidiendo además que uno distinga otros valores en la película que pudieran hacerla volar más alto.

Al final, nos tenemos que conformar con «otro drama romántico de época» más que, aparte del buen trabajo de la Johnson, poco aporta a la historia, quedando muy por debajo de la versión televisiva que protagonizara en 2007 Sally Hawkins y donde el resto del reparto, en el que se encuentra alguna que otra cara reconocible, apenas pueda brillar.

 

Valoración: Cinco sobre diez.

viernes, 15 de julio de 2022

Reflexiones: EL ERRÁTICO CAMINO DEL MCU

Llevamos ya un año y medio desde que dio comienzo oficialmente (tras los retrasos impuestos por la pandemia) la Fase Cuatro del MCU tras la brillante conclusión de la llamada Saga del Infinito y lo cierto es que aún no sabemos cuál es el tema central de esta nueva colección de películas.

Cierto es que no todos los títulos de las Fases Uno, Dos y Tres estaban vinculadas a Thanos y su obsesión por las gemas, o al menos no lo sabíamos por aquel entonces (como en el caso, por ejemplo, de Thor: El mundo Oscuro), pero sí se iban viendo pequeñas miguitas que invitaban a pensar en un tapiz que terminaría por ofrecernos una espectacular panorámica.

Algo que, por cierto, se fue incrementando en las últimas películas, cuando ya el Universo Cinematográfico Marvel estaba asentado y Kevi Feige y sus chicos decidieron pisar el acelerador hacia la épica conclusión.

No hay ni rastro de esa sensación en las nuevas películas tras el epílogo que supuso Spider-man: No way home. Muchas escenas postcréditos, muchos caminos abiertos, muchos personajes nuevos pero nada que nos indique que hay un plan definido tras todo ello. Sí, ya sé que a priori un año y medio puede parecer poco tiempo, pero si tenemos en cuenta que en ese año y medio se han estrenado  ya seis películas y otras tantas series (dejando de lado What if?), la cosa cambia. El otro día aluciné con el dato aportado por Espinof revelando que lo que llevamos de Fase Cuatro se puede traducir en 49,5 horas (aquí sí está incluida la serie de animación), que equivalen casi a las cincuenta que suman las tres fases anteriores en total.

El caso es que las escenas postcréditos nos habían acostumbrado a que servían (chistes tontacos aparte), para ponernos los dientes largos de cara al futuro, pero en esta fase son tantas las puertas que se están abriendo que me resulta imposible adivinar por donde van a ir los tiros. O eso parece, ya que según Feige se han dado las suficientes pistas para conocer el plan de ruta trazado, aunque en breve sabremos más cosas al respecto (en la inminente ComicCon de San Diego o, más probablemente, en la D23). Yo no soy capaz de vislumbrar ese teórico camino (más allá de los rumores –o deseo de los fans, que no es lo mismo- sobre unas Secret Wars que, si se parecen en algo a las de Hickman, poco me interesan), pero por si vosotros sois más espabilados, voy a hacer un ligero repaso a lo que sabemos hasta ahora.

Si empezamos en como terminó todo, hay que recordar que en las escenas postcréditos de Spider-man: Far from home se revelaba que los Nick Fury y Maria Hill que estaban en la Tierra no eran los reales y que el verdadero Fury estaba liderando una base espacial, sin duda una puerta de entrada a la Invasión Secreta que adaptará la saga en la que los Skrulls (villanos en los comics) han suplantado a varios héroes desde hace años. Esto podría enlazar con las pistas que nos daban al final de Bruja Escarlata y Visión, donde Monica Rambou era requerida por los Skrull para reunirse con… ¿Fury? ¿Capitana Marvel? Sea cual sea de los dos, esto podría resolverse tanto en The Marvels (película) como en Invasión Secreta (serie), aunque tocará esperar hasta final de año. Al menos, esta línea argumental tiene otra pista, la que se nos presenta en la última escena de Ms. Marvel.

Otra línea argumental es la que se dice podría derivan en los Thunderbolts, una de las mejores series de comics de los noventa cuya adaptación no tendría nada de fiel y debería conformarse con copiar el concepto en la que derivó (villanos redimidos haciendo de héroes). Este rumor proviene del papel de nexo común (tal y como en la Fase Uno hacía Fury) que parece desempeñar la Baronesa Allegra de Fontaine. Ya la hemos visto reclutar al U.S.Agente en Falcon y el Soldado de Invierno y a Yelena Belova, en Viuda Negra, a la que ya encamina a un enfrentamiento con Ojo de Halcón visto en su propia serie.

Por último, la tercera gran línea argumental parece estar ligada al Multiverso, aunque las tres claras manifestaciones del mismo (en Spider-man: No way home, Dr. Stranger y el Multiverso de la locura y Loki) no han aclarado la conexión entre los mismos. Vayamos por partes: en la película del arácnido, la obertura de portales dimensionales no parece tener más consecuencias que el intercambio de personajes con el fin de enriquecer el Universo Cinematográfico propio de Sony, amén de dejar un resto del simbionte de Venom en el MCU. En la serie de Loki sí se presenta al que podría ser el gran villano de esta etapa, Kang. Aunque al que hemos conocido hasta ahora no es más que una versión bastante más amistosa que el apodado «El conquistador», su muerte parecía desencadenar un punto de ruptura en todo el multiverso que, sin duda, debería tener graves consecuencias. Sin embargo, en la secuela de Strange dirigida por Raimi, los saltos entre Universos son propiciados por el personaje de América Chávez, y aunque no se menciona para nada a Kang, sí se menciona el tema de las incursiones, asegurando Gea en el último suspiro del film que hay una gran amenaza que Strange debe ayudar a evitar. Imagino que de alguna manera se podrá unir ambos conceptos, pero no se ha revelado aún cómo.

Así pues, tenemos a los Skrulls, a los Thunderbolts y a Kang y las fisuras del multiverso. Tres líneas argumentales que podrían untarse o no y que sin duda forman parte de ese plan de Feige de cara al futuro inmediato del MCU.

Pero la cosa es que hay más, pistas y revelaciones aparentemente ajenas a todo esto que podrían ser simples semillas para posibles secuelas o presentación de personajes para unirlos al circo que se está formando. En cuanto a lo menos relevante, está la importancia que pueda tener en el MCU el hecho de que Xu Xialing esté reflotando a Los Diez Anillos, que Sharon Carter siga por ahí en equilibrio entre el bien y el mal, que se haya revelado una tercera personalidad de Caballero Luna, que Kingpin y Daredevil se hayan dejado ver por aquí, oficializando dentro del canon a las series de Netflix, que Dr. Strange meta en el canon también la existencia de los Inhumanos (aunque, de momento, en otro universo) o que Kamala Khan sea, en realidad, una mutante.

Pero, en términos más importantes, tenemos también a Hércules con la misión de matara todos los superhéroes que pueda, a los Eternos viajando en el Domo en busca de sus compañeros y recibiendo la visita de Eros, hermano de Thanos, a Carol Danvers, Wong y Bruce Banner avisando de las implicaciones que tiene la existencia de los Diez anillos del poder, a Dane Whitman a punto de abrazar su destino junto a la Espada de Ébano pese a las advertencias del cazavampiros Blade,…

Y todo esto, sin que se hayan aclarado algunas dudas como la confirmación de las muertes de Misterio en Far from Home o de Wanda en Dr. Strange en el multiverso de la locura, el destino del Capi anciano, lo que pueda pasar con la Visión blanca, lo que suceda con la Gamora del pasado, la posibilidad de un Jóvenes Vengadores (recordad la presencia de una nueva Ojo de Halcón)…

Como veis muchas preguntas que no son fáciles de encajar en una línea temporal más o menos cronológica. Algunas de estas cosas puede que queden en nada, como el resto del simbionte, la nueva organización de Los Diez Anillos, etc. pero muchas otras (con actores de prestigio ya contratados), deberán resolverse tarde o temprano. Y eso por no pensar en que en breve llegará Wakanda forever en la que se nos presentará a un nuevo Black Panther y donde conoceremos a más personajes nuevos como Riri Williams (que tendrá su propia serie en Ironheard) y, parece ser, que a Namor y Doctor Muerte, aparte que la película de Los Cuatro Fantásticos está más que confirmada.

Lo dicho, un caos de ramificaciones, personajes nuevos y posibles historias que parece muy difícil unificar en un gran evento final (incluso en dos  o tres eventos) y que hacen que estemos ansiosos por ver las aclaraciones que Kevin Feige dice que va a dar. Y espero que sean muy convincentes porque me temo que si no, viendo sobretodo el nivel medio de las series de Disney+, el MCU puede empezar a cansar.

Visto en Netflix: EL IDIOTA PREFERIDO DE DIOS

El idiota preferido de Dios es la nueva creación de Ben Falcone, para la que se reserva el papel de protagonista junto a su esposa, la habitualmente eficaz Melissa McCarthy.

Dividida en ocho episodios de apenas media hora de duración, la trama versa alrededor de un tipo corriente de gran corazón que es elegido por Dios para ser su portavoz en la Tierra mientras en el cielo se libra una batalla entre el bien y el mal. Un argumento no demasiado original pero del que se podría sacar algo de gracia con un guion más inspirado del que nos vamos a encontrar aquí.

Y es que la comedia (por llamarla de algún modo) destaca por la ausencia de humor (de humor gracioso, me refiero) y no pasa de la calificación de simpática, un logro alcanzado, en gran medida, por sus personajes, mucho mejor desarrollados que las acciones. Así, mientras la cotidianidad de los compañeros oficinistas del «elegido» pueden tener algo de interés, no sucede lo mismo con la trama apocalíptica, que es la que se supone debería engancharnos a la serie y cuyo desenlace es un sencillo cliffhanger en espera de una aún no anunciada renovación.

No voy a decir que El idiota preferido de Dios sea una completa pérdida de tiempo (al fin y al cabo no llega a las cuatro horas en total), pues tiene posibilidades de remontar en esa hipotética segunda temporada como sucediera con otra serie en principio tan descafeinada como esta, Space Force, y cuyo principal (y a la postre único) reclamo era el nombre de sus intérpretes. Y es que en comedia (y más desde que las temporadas de las series rondan los ocho episodios en lugar de los casi extintos veintipico), es muy importante establecer una conexión emocional con los protagonistas que no tenemos tiempo de satisfacer en este caso. Me pasó algo parecido en otra comedia pseudo-religiosa como es The good place (aunque en menor medida) y luego terminé lamentando su final tras cuatro temporadas en claro ascenso.

En fin, que si regresa este variopinto grupo de mensajeros divinos quizá le de otra oportunidad, pero avisados estáis de que si andáis tras una comedia desternillante, esta ni se le acerca.

Visto en Disney+: MS. MARVEL

Casi sin tiempo para reaccionar a Thor: Love and Thunder, nos encontramos ya con otro producto Marvel finalizado. Se trata de Ms. Marvel, unan nueva pequeña decepción que demuestra que la gloria a la que La Casa de las Ideas nos tiene acostumbrados (más o menos) en cine no se traduce, de momento, al mundo de las series.

Y es una pena, porque en su arranque, pese a esa sensación de serie adolescente que no gustaba a algunos, la cosa era muy prometedora. Ciertamente, tras la solemnidad de Caballero Luna, apetecía un producto adolescente, con un tono claramente desenfadado y una puesta en escena loca y divertida, muy inspirada en la brillante Spiderman: Un nuevo Universo.

Sí, es cierto que el tono era muy ligero, pero eso es justo lo que necesita un personaje como el de Kamala Khan, al que acompaña una actriz debutante pero totalmente rompedora como es Iman Vellani y un recorrido cultural interesante sin parecer forzado.

Así, en un par o tres de capítulos se recogía la esencia del personaje paquistaní siendo muy fieles a su contrapartida en comic, aunque el origen de sus poderes, así como la manifestación física de los mismos, si han sufrido variaciones.  En el momento de su creación, se comparó a Kamala con la versión adolescente de Peter Parker, y por ello es muy apropiado que parte de la trama de la serie se centre en sus problemas en la escuela, con sus padres o con los chicos. Pero eso se empieza a diluir a partir de cierto momento en que pretenden ponerse serios y alejan a la joven de las calles de Jersey para profundizar (de manera algo cargante) en sus raíces, dándonos lecciones de historia que quizá no venían a cuento y presentando a los teóricos villanos de la serie, una versión de los Clandestinos que, esta vez sí, difieren mucho de los Clandestinos originales. A partir de aquí, un batiburrillo de peleas de bajo interés, muertes poco dramáticas y un peligroso coqueteo con el tedio hasta llegar al capítulo final, donde de nuevo en Jersey se recupera a los secundarios que nunca debieron perder importancia en la trama y las aguas se reconducen.

Es un final emocionante y muy revelador, que conecta directamente con la película The Marvels (la supuesta secuela de Capitana Marvel donde Iman Vellani será coprotagonista) y da el pistoletazo de salida a la presencia de mutantes en el MCU (otro cambio significativo: en los comics Kamala es inhumana), pero que no puede evitar que el conjunto total de la serie se vea como irregular. De hecho, tal y como pasaba en cierto modo con Obi-Wan Kenobi, ese buen final ensombrece aún más al producto, ya que demuestra que si no está todo lo bien que el personaje merecía no es por falta de talento, sino por otra cosa (¿desidia? ¿decisiones de los despachos?), lo que deja una sensación agridulce.

Al menos, podemos quedarnos con el gran descubrimiento que ha sido Vellani y las ganas que tenemos de reencontrarnos con ella en The Marvels, para la que aún nos queda una buena espera.

Por el camino, lo próximo será Hulka, que se anuncia directamente como una comedia. ¿Será la serie que engrandecerá definitivamente el MCU televisivo? Personalmente, lo dudo mucho. Que de seis propuestas la más innovadora e interesante (y más a raíz de las consecuencias que tuvo en Dr. Strange y el multiverso de la locura) sea Bruja Escarlata y Visión, precisamente la primera de ellas, es algo preocupante.

Visto en Amazon Prime: LA LISTA FINAL

Mientras realiza una breve pero interesante aparición en Thor: love and thunder, con Jurassic World: Dominion aún en el recuerdo  y a la espera del estreno de la esperadísima Guardianes de la Galaxia, vol. 3 que ya ha finalizado su rodaje, y entre polémicas y meteduras de pata en las redes, Chris Pratt aún ha tenido tiempo de convertirse en el actor mejor pagado por una serie de televisión y ser el reclamo principal de la apuesta más fuerte de Amazon Prime (mientras llegue el turno de su Señor de los Anillos) para esta temporada.

La lista final es la historia de un comando de Navy Seals que es emboscado en una misión en Siria donde sólo sobre vive James Reece, el personaje interpretado por Pratt. A su regreso a los Estados Unidos, una serie de discordancias entre sus recuerdos y los informes oficiales invitan a pensar que la mente puede estar jugándole una mala pasada y cuando su familia es violentamente asesinada él parecerá el principal sospechoso.

Llegados a este punto, la serie parecía ser un complicado juego de esquizofrenia y falsas verdades, arrastrando al espectador entre la realidad y la ficción y teniendo en Reece a un narrador poco fiable, pero enseguida rechazan la carta del suspense para mostrar las verdaderas intenciones de la propuesta, que no son otras que la de conformar una historia de venganza que pretende aunar, sin demasiado éxito, los laberintos burocráticos del sistema americano, con intrigas que parecen sacadas de una novela de Tom Clacy, con el cine de Charles Bronson que queda ya algo anejo. Así, Pratt, sin el menor rastro del sentido del humor que lo acompaña en sus personajes habituales, se convierte en una especie de Rambo con unas dotes detectivescas nada sutiles, que irá dejando un reguero de sangre en su camino a descubrir la verdad que se oculta tras sus problemas de memoria y la muerte de sus seres queridos mientras tacha, como si de la Uma Thurman de Kill Bill se tratase, objetivos de su lista negra.

La serie tiene no pocas virtudes, como una buena dirección (siguiendo el camino marcado por Antoine Fuqua en el primer episodio) y una reunión de actores bastante reconocibles, como Taylor Kitsch, Constance Wu, Riley Keough, Jeanne Tipplehorm o Jai Courtney o una acción in crescendo, pero también muchos peros, entre los que se encuentra un alargamiento excesivo de su trama, quizá más válida para una película que para una serie de ocho capítulos. Así, el cambio de tono del primer tercio de la serie respecto al final hace que se plantee como algo aburrido y el resultado final se intuye demasiado alargado.

Parece como si, tras el buen funcionamiento de propuestas como Jack Ryan o Jack Reacher, en Amazon Prime quieran especializarse en adaptar novelas de acción con trasfondo militar (estamos ante la adaptación de la primera novela de una pentalogía escrita por Jack Carr). Lo malo es que en este caso, y sin querer entrar en polémicas políticas, la cosa tiene un ligero tufillo republicano, cosa que no debería ser mala en absoluto (allá cada uno con sus ideales) si no fuese por el peligro de que la serie pueda ensalzar el uso de las armas y la política del ojo por ojo.

Quizá el mayor valor de la serie sea la posibilidad de entablar un buen debate acerca de las decisiones morales tomadas por el protagonista y analizar si estamos ante una historia de héroes o villanos o si, de alguna manera, todos tienen algo de villanos. 

martes, 12 de julio de 2022

Visto en Disney+: BAYMAX

Los spin-off de películas o series de éxito suelen ser un recurso fácil para estirar el chicle de un éxito que rara vez sale bien. Y si hablamos de la animación de Disney, ya ni digamos. Los derivados de sus grandes clásicos solían ser subproductos de medio pelo destinados a la venta directa en DVD o, ahora, a rellenar el cajón de las producciones de Disney+.

Sin embargo, Baymax, la tardía serie que da continuidad a la brillante Big Hero Six, es la excepción que confirma la regla. Mediante seis breves episodios (todos ya disponibles, en un cambio de táctica de Disney+ muy apropiada para este producto en cuestión), vemos como el simpático robot de Hiro recorre la ciudad de San Fransokyo en busca de gente a la que poder ayudar, causando tantos problemas como soluciones.

El gran acierto de Baymax es que, pese a la simpática animación y al acertado diseño del personaje, entrañable y achuchable, los guiones son lo suficientemente elaborados como para atraer a los más adultos de la casa, abordando temas tan insospechados como la soledad en la tercera edad, la salud laboral o la primera menstruación. Pinceladas que, sin renunciar a un sentido del humor loco y muy efectivo, consiguen hacer de Baymax una estupenda serie para todos los públicos que se devora en un suspiro y te deja con ganas de más.

Sin duda, Baymax es uno de os grandes aciertos de la temporada, aunque me temo que su aspecto e producto infantil lo van a condenar al ostracismo.

Visto en Netflix: EL HOMBRE CONTRA LA ABEJA

Tras un tiempo fuera del candelero, Rowan Atkinson parece dispuesto a resurgir de las cenizas encadenando una serie de proyectos a priori interesantes, como su participación (entre un montón de nombres ilustres) en la nueva adaptación de Willy Wonka o su retorno al que a la larga ha sido el personaje que le ha dado la fama, Mr. Bean. Pero para empezar, Atkinson debuta en Netflix en una nueva serie creada por él mismo y que, a priori, es muy bebedora de sus roles habituales, ya sea Bean o Johnny English; es decir, un personaje torpe y desastroso que va provocando el caos a su alrededor.

La diferencia estriba en que mientras aquellos eran simples torpes de buen corazón y las mejores de las intenciones, la nueva creación de Atkinson se presenta como un imbécil redomado, alguien de quien incluso podríamos intuir algún tipo de problema mental. Y eso ya o hace tanta gracia.

La premisa es terriblemente sencilla. Un hombre separado con un historial de problemas a sus espaldas es contratado para cuidar una lujosa y moderna casa durante las vacaciones de sus dueños. Un trabajo que, ya de primeras, no parece demasiado sencillo, en vista de la compleja tecnología inteligente que utiliza la casa y a la que hay que añadir el cuidado de un perro delicado de estómago, pero de las que Trevor, el protagonista, podría haber salido adelante si no fuese por la intromisión de una abeja que va a ser capaz de desquiciarlo hasta puntos insospechados.

Así, El hombre contra la abeja es una colección de estupideces reunidas en nueve episodios e apenas diez minutos cada uno (lo mejor que tiene es lo rápida que se ve) sin ninguna coherencia en sus cortes (casi parece como si fuese una película a trozos) en la que las torpezas iniciales, propiciadoras de alguna risa para los fans del actor, se vuelven tan demenciales que cuesta simpatizar con el personaje. A mí, por lo menos, la destrucción gratuita de la propiedad ajena no es que me haga especial gracia, la verdad.

Si ser, por tanto, nada del otro mundo, lo peor quizá sea el episodio final, en la que hay un giro inesperado (y totalmente absurdo y mal desarrollado) en busca de una redención totalmente innecesaria y poco creíble que no hace más que estropear una serie que en ningún momento ha conseguido brillar como pretendía.

sábado, 9 de julio de 2022

Cine: THOR: LOVE AND THUNDER

Habiendo podido disfrutar de Thor: love and thunder la misma tarde del estreno, la lógica me imponía publicar un comentario sobre la misma a lo largo del día. Sin embargo, es tal el nivel de desvergüenza mostrado por Taika Waititi en su segunda aproximación al Dios del Trueno, que me he visto tentado a esperar a un segundo visionado o a reposar mejor la película.

Pero, como dijo alguien: ¿Quién dijo miedo? Así que allá voy, a ver que me saco de la manga.

El caso es que, pese a un prólogo que remueve ya los estómagos e invita a la lagrimita y tras disfrutar de la fanfarria de Alan Silvestri que acompaña al logo de Marvel en versión guitarrera (anunciando que estamos ante una película muy «heavy» en todos los sentidos) el nivel de despiporre es tal que, en ocasiones, roza la vergüenza ajena. Pese a la división que suscito, Waititi es consciente de que su Thor Raknarok fue un soplo de aire fresco a la saga y ha multiplicado sus locuras por cinco, proponiéndonos desde el primer  minuto en que aparece en pantalla a un Thor ridículo, un cafre en todos los sentidos que, en comparación, hace parecer serio y formal a Star Lord en los momentos en que comparten pantalla. Cierto es que a medida que avanza la acción el absurdo se mitiga y crece la épica, pero para entonces posiblemente ya se habrá perdido a buena parte del público que pueda no conectar con cabras estridentes razas que parecen marionetas y estética psicodélica. También es cierto que, tras Raknarok, la gente ya debía venir sobre aviso, y quien se quiera quejar del humor de este Thor es que no sabía dónde se estaba metiendo.

Dicho esto, es sorprendente y muy meritorio la habilidad de Waititi para pasar del humor más loco al drama capaz de estremecer y emocionar. No es que sea algo nuevo en él, pues se le dio de maravilla en Jojo Rabbitt, pero el trasfondo trágico y humano de su Love and Thunder es algo de lo que carecía Raknarok y que le hace ganar muchos enteros.

Por lo explicado hasta ahora, no quiero que se entienda que no me ha gustado la película, ni mucho menos. Es solo que, por más preparado que estuviera, el nivel de delirio es tal que me ha pillado con la guardia baja en más de una ocasión. Por un lado, echo en falta al Thor más digno que nos presentó Kenneth Branagh y al que ya hizo enamorarse de Jane Foster. Por otro, la evolución es natural y coherente con lo visto a lo largo del MCU, End Game incluida.

Además, por mucho que esta sea una película 100% Waititi, no sería justo dejar de mencionar el genial trabajo de sus protagonistas. Chris Hemsworth demuestra que se mueve como pez en el agua en el terreno de la comedia, su química con una recuperada Natalie Portman es total y Christian Bale compone a un villano brillante. No es cuestión de analizar ahora si se desaprovecha o no la trama creada por Jason Aaron para los comics (la película bebe principalmente de dos de sus sagas más míticas: La poderosa Thor y El carnicero de Dioses), pero al menos no me quedo con la sensación de que me han arruinado la posibilidad de ver un Planet Hulk o de tomarse a guasa la destrucción de Asgard como sucediera en la anterior película.

El caso es que, entre cachondeo y chistes apelotonados, Thor: Love and Thunder contiene algunas set-pieces espectaculares, puro delirio comiquero, tiene una acción bien calibrada y funciona cuando tiene que poner el dedo en la llaga de la emotividad. Y si dejamos los prejuicios a un lado (y a estas alturas ya deberíamos tener claro que cuando se trata de Waititi no debemos esperar una fidelidad enfermiza a los comics), lo cierto es que estamos ante un espectáculo divertidísimo, adrenalítico y muy emotivo.

Ante el debate de cuál de las dos películas de Waititi sobre el personaje es mejor, lo dejo en tablas, pues si bien es cierto que la carga dramática mejora esta propuesta, los excesos humorísticos (me llegó a cansar el chiste recurrente de la aparente relación sentimental entre Thor y sus armas) pueden llegar a molestar. Lo que sí que no molesta es la medida aportación de Los Guardianes de la Galaxia (incluso me supieron a poco) así como alguna que otra recuperación que me alegraron la tarde.

En resumen, que estamos ante la película más diferente y loca de la Fase Cuatro del MCU, algo que quizá necesitábamos aunque pueda doler ver la gloria asgardiana reducida a esto (y del panteón de dioses, Zeus incluido, mejor ni hablo). Un tiovivo de emociones con un villano bien justificado y un Helsworth demostrando que su Thor tiene cuerda para rato. Creo (insisto, debo volver a verla) que no me va a hacer volar la cabeza, pero tiene momentos de verdadero deleite. Y además, al ritmo de Guns’n’roses todo pinta mejor.

 

Valoración: Siete sobre diez.

viernes, 8 de julio de 2022

Visto en Netflix: AMOR Y HELADO

Siempre se ha dicho que dentro del vasto catálogo de Netflix hay un espacio infinito reservado para las comedias románticas, la mayoría de ellas pastelosas y que, en una época anterior a la era del streaming, no habrían pasado de meros telefilms. Sin embargo, de vez en cuando se topa uno por sorpresas agradables y bastante simpáticas, como la película que nos ocupa ahora.

Amor y helado (que para ser más coherentes debería haberse traducido como Amor y gelatto) no es una obra maestra ni nos rememora a los tiempos de Nora Ephon, así como tampoco aspira a retomar el espíritu de Richard Curtis, pero si somos capaces de contentarnos simplemente con una historia bien contada, de personajes simpáticos y unas gotas de nostalgia, Amor y helado logra convencer sin caer en el empalague ni la ñoñería.

Como puede imaginarse por el título (y más con el poster, con la inevitable presencia de una Vespa), la película es un tributo a la ciudad de Roma, que para Hollywood no es la ciudad del amor, como sí lo es París, pero poco le falta. Allí nos encontramos a Lina, que en tributo a su madre recientemente fallecida pasa allí unas vacaciones con la idea de reencontrarse con un pasado que no sabía que existía y abriendo las puertas, cuando menos se lo esperaba, al amor, en forma del clásico triángulo en el que deberá elegir (o no) entre dos pretendientes: un niño de papá atiborrado de pasta o un aspirante a cocinero.

No voy a decir que los giros de guion sean sorprendentes y ni siguiera las decisiones tomadas por los protagonistas varía mucho de lo que uno podía imaginarse apenas empezar el film, pero es que tampoco la película de Brandon Camp pretende jugar a eso, conformándose con ser un retrato de una ciudad y un cuento romántico sobre el amor, la familia y el duelo bastante bien hilvanado y que consigue emocionar por momentos.

 

Valoración: Seis sobre diez.

jueves, 7 de julio de 2022

Visto en Disney+: LA PRINCESA

Puede crear algo de confusión el estreno de La Princesa en Disney+, dando lugar a pensar que estamos ante una producción de la Casa del Ratón y que nos vamos a encontrar con alguna versión en live-action de cualquiera de sus princesas más populares. Sin embargo, esto es en realidad una película 20th Century Studios (la antigua Fox) que Disney+ añade, en realidad, a su catálogo de Star (en origen fue estrenada directamente en Hulu).

Hago esta aclaración porque quizá haya un público muy familiar que no cuenten con la orgía de violencia y muerte que ofrece esta película, que pese a partir como un cuento de hadas más (una princesa es encerrada en lo alto de un torreón por negarse a cumplir con su destino de casarse con un príncipe que garantizaría, en teoría, la prosperidad del reino, carente de un  heredero varón. Es evidente el discurso feminista de la propuesta, con una princesa independiente y una crítica al patriarcado de la época, pero poco más se puede sacar de una película que parece concebida a mayor gloria de Joey King (quien, al parecer, ha interpretado en persona la mayoría de escenas de lucha), quien mejor parada sale del invento. Entiendo los motivos de la joven para aparecer en este film (al fin y al cabo, pese a ser una cara muy reconocible gracias a sus trabajos en Expediente Warren, Asalto al poder, Independence Day: contraataque, Slender Man o, sobretodo, la saga de Mi primer beso, no siempre se tiene la oportunidad de ejercer como protagonista absoluta de una película supuestamente importante), pero me asombra más la presencia de actores tan desaprovechados como Dominic Cooper o Olga Kurylenko, que prácticamente pasaban por ahí y cobraron su cheque.

Y es que lo peor de la película es su guion. O, mejor dicho, la carencia del mismo. Como si de un remake para adolescentes de Redada Asesina se tratase, la película se limita a ofrecernos a la princesa de marras peleando con todo aquel que se cruza en su camino, como superando pantallas de un videojuego, sin que tampoco las coreografías sean nada del otro mundo. John Wick invita a pasarse horas y más horas viendo su desborde de violencia gratuita, pero no es este el caso.

Y es que si he empezado señalando que estamos ante una película demasiado sangrienta y violenta como para ser considerada familiar, también hay que destacar que es demasiado poco sangrienta y violenta como para contentar a los amantes de este estilo de cine, que se terminarán aburriendo ante la simple paliza a masillas sin que haya nada interesante, más allá del mencionado discurso feminista, que contar.

La pillé con ganas, pero me invitó a pegar más de una cabezada que, ¡oh, sorpresa!, no me impidieron seguir el argumento sin problemas.

 

Valoración: Cuatro sobre diez.

Visto en Netflix: ¡CAÑA AL EXTRATERRESTRE!

Con semejante título en español, ¡Caña al extraterrestre! es una película que no puede engañar a nadie. Con producción noruega e inspiración (eso dicen) en un fenómeno real, el nuevo estreno de Netflix se presenta como una de esas películas festivaleras que podrían provocar aplausos y carcajadas por igual (para lo bueno y lo malo) en lugares como Sitges pero que va a provocar estupor y asombro en los hogares de la mayoría de espectadores que se atrevan a tastarla.

La trama versa sobre una despedida de soltero en la que el protagonista invita a un inversor potencial de su empresa con la esperanza de mostrarle su lado más aventurero y salvaje y hacerse así con su confianza. El lugar elegido como destino es una población boscosa que se ha hecho popular por la aparición, hace unos años, de una serie de luces brillantes en el cielo, lo que invita a pensar que estamos ante una inminente invasión extraterrestre que pillará por sorpresa a nuestros protagonistas.

El enviar a una serie de compañeros de oficina (más algún añadido casual) a enfrentarse a una amenaza insospechada puede recordar, en clave más de terror, a Desmembrados (con la que comparte espíritu) o a la mucho menos cachonda Ejecutivos agresivos, pero que a la hora de la verdad (aparte de lo que pueda recordar el aspecto de los extraterrestres -en realidad, humanos «zombificados»- a La Invasión de los ladrones de cuerpos) a quien quiere parecerse es a Bienvenidos al fin del mundo, emulando muchos de los tics de la saga de la trilogía del Cornetto.

Así, entre pugnas contra los extraterrestres, confusiones policiales y algún que otro melodrama familiar, ¡Caña al extraterrestre! pretende ser una comedia sobre la amistad, reuniendo a dos amigos de la infancia cuyos caminos por la vida les ha distanciado y utilizando la invasión extraterrestre para hacerles conectar de nuevo. Muy en la línea del cine de Edgar Wright, al cual copian incluso el estilo de montaje en alguna que otra escena concreta.

Como cabe esperar de un producto así, no hay que ponerse muy exquisito ni buscarle los tres pies al gato. Estamos ante una comedia tontorrona y descerebrada que consigue, lo que no es poco, conformar a un grupo de protagonistas bien definido y a los que es fácil cogerles apego, con lo que la balanza, tras una trama absurda y unos efectos especiales más bien limitados, queda más o menos equilibrada.

No da para soltar la lagrimita, pero si logra cumplir con las buenas intenciones que se propone y logra sacar alguna que otra carcajada, lo que ya basta para satisfacer, por lo menos, a ese público al que va destinada.

 

Valoración: Seis sobre diez.