domingo, 16 de enero de 2022

Visto en Amazon Prime: INSTINTOS OCULTOS

Pese a lo llamativo de su cartel y a la premisa que se nos presenta, Instintos ocultos, de Neil Burger, es mucho menos provocadora de lo que presume. Teníamos un poco perdido a este director tras haber arrancado la malograda franquicia de Divergente, pero su regreso como autor completo (suyo es también el guion) no es que sea para lanzar cohetes, en vista de la escasa originalidad de la propuesta.

Instintos ocultos es, en su planteamiento, una amalgama de un buen puñado de historias contadas ya con anterioridad, a las que el aspecto visual no engrandece y del que solo cabe rescatar el manido trasfondo social.

La historia nos presenta un futuro en el que la Tierra se acerca a su extinción y se decide enviar una nave a un recién descubierto planeta apto para la vida humana.  El problema es que el viaje durará tres generaciones, por lo que los jóvenes tripulantes saben que seguramente no podrán ver el final de la misión. Para evitar distracciones y problemas, se les administra una droga que suprime sus instintos primarios, tales como el placer y el deseo, pero, claro, llegará el momento en que lo descubran y no les haga demasiada gracia.

Con un reparto muy joven capitaneado por Tye Sheridan (Ready player one), Fion Whitehead (Dunkerque) y Lily-Rose Depp (esta última más conocida por ser hija de Johnny Depp y Vanesa Paradis que por su carreta cinematográfica), y con Colin Farrell como líder y mentor del grupo, la película muestra a una serie de personajes demasiado volubles e irresponsables como para creerse mucho la historia (no da nunca la sensación de que, por automatizado que esté todo, sean capaces por sí mismos de hacer llegar la nave a buen puerto), amén de las continuas decisiones que toman, la mayoría aleatorias y difíciles de comprender. Por eso, y dejando de lado el desenlace del conflicto (una truco que se utilizó ya en Infinity War a modo de chiste/homenaje y que aquí es una simple imitación de un clásico de la ciencia ficción), nos queda abrazar tan solo el mensaje nada sutil que nos quiere ofrecer el señor Burger: que sin un orden y una cadena de mando se deriva en el caos, condenando así la anarquía y, quizá, incluso la libertar de derechos o el librepensamiento. No es tan radical la propuesta (no alcanza para tanto), pero lo parece. Es, en fin, una revisión de baratillo de El señor de las moscas tocada por el estilismo de Los 100.

Entretenimiento justo mucho menos reflexivo de lo que pretende.

 

Valoración: Cinco sobre diez.

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