domingo, 23 de enero de 2022

Visto en Netflix: SIN PUDOR

Es bien sabido que entre el cúmulo de estrenos de la plataforma de Netflix, entre películas carísimas como 6 en la sombra o Alerta roja y cine de autor, como Roma o El poder del perro, hay bastante purria que en otros tiempos no pasaría del soporífero telefilm de sobremesa en Antena 3.

En ocasiones, estas películas de medio pelo pueden tener su gracia, como la reciente Tratamiento real, pero la mayoría invitan a no acercarse a ellas ni con un palo. Me engañaron con Mudanza mortal y me la han vuelto a colar con Sin pudor (aunque algo de culpa tendré, digo yo).

El caso es que la película se ha colocado entre lo más visto durante la semana pasada, aparte de haber causado mucho revuelo en Internet ante los insultos y amenazas que ha recibido su protagonista, Alyssa Milano, simplemente por sus ideas políticas. Y de rebote, a Nora Roberts, autora de la novela en la que se basa esta peliculilla de Monika Mitchell. Naturalmente, condeno sin piedad estos comportamientos, pero la injusticia hacia la escritora y la actriz no deben servir como excusa para simpatizar con esta película ni verla con mejores ojos.

Sin pudor trata sobre una escritora de éxito (ahí has estado fina, Nora Roberts) cuya hermana es asesinada. Como no podía ser de otra manera, la escritora se va a ligar al vecino macizorro de la difunta hermana, que casualmente es inspector de policía y juntos se encargarán de tratar de resolver un caso donde hay una subtrama desaprovechada al descubrirse que la víctima trabajaba en secreto como cam girl.

La película, que ya adelanto que es dolorosamente aburrida, tiene muchos problemas, desde unos diálogos pobres, una dirección plana y una falta total de ambiciones. No hay nada que rascar en ella, ni siquiera un análisis al mundo turbio de las cam girls, mucho mejor mostrada en aquella películita de terror de la Blummhouse titulada, precisamente, Cam.  Pero el peor pecado que tiene, más allá de saberse los pasos de la trama como si nos hubieran adelantado el esquema del guion, es que se puede adivinar la identidad del asesino (supuesto interés principal del argumento) apenas aparece. Tan previsible y torpe es todo esto.

Desconozco si el espanto argumental es culpa de la novela o hay que culpar también a unos guionistas torpes, a una directora que nunca ha pasado del género televisivo (y por lo visto sigue sin hacerlo) o a una actriz, la Milano, que hubo una época en la que parecía que iba a ser la chica de moda en Hollywood y cuya realidad ha sido que, más allá de Embrujadas, su mejor trabajo en casi treinta años de carrera, sigue siendo como hija de Schwarzenegger en su debut en Commando.

Una completa pérdida de tiempo.

 

Valoración: Tres sobre diez.

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