martes, 20 de octubre de 2020

Visto en Netflix: EL HALLOWEEN DE HUBIE

Aunque no sea ni mucho menos una saga como tal, una de las franquicias más rentables para Netflix es su colaboración con Adam Sandler, con quien desde hace años tiene contrato en exclusiva. De hecho, a día de hoy, Criminales en el mar sigue siendo el título más visto de la plataforma.

El Halloween de Hubie es la última ocurrencia de Sandler, después de que coqueteara con el cine «serio» en Diamantes en bruto. Tras esa película, aclamada por la crítica y ganadora de algún que otro premio independiente, el propio Sandler reclamó que si no lo nominaban al Oscar se vengaría haciendo la peor película de su carrera.

Es posible que El Halloween de Hubie no sea ni de largo su peor título, pero tampoco se le aleja mucho. Reconozco que sé de ciertas páginas que han alabado la protesta y que han sabido ver en ella una divertida parodia de ciertas pelis de terror, pero a mi entender, todo se reduce a un batiburrillo de gags de baratillo, guiños sin denegada inspiración y, sobre todo, una infinita variedad de gritos de Adam Sandler asustándose de cualquier tontería.

Con un argumento de esos que son más una sucesión de situaciones que una historia realmente bien hilvanada, la única gracia del film, algo para nada novedoso, es la de recibir a los clásicos amiguetes del actor que van pululando por ahí, a cuál más disfrazado.

Y es una lástima, pues tenía mimbres para ser algo bastante divertido, como la presencia de Steve Buscemi en plan hombre lobo o el abanico de referencias populares al género, pero todo es censurado insulso y carente de chispa como para poder destacar ninguna virtud real. Ni siquiera la presencia de Julie Bowen (posiblemente la pareja con menos química con la que Sandler ha compartido pantalla) sirve para animar el cotarro.

En fin, película del montón, justita hasta con la meta pretensión de pasar el rato, con un Sandler grotesco que puede habérselo pagado de miedo rodando esto, pero que no da miedo, ni risa. Una tontada monumental que es mejor olvidar cuanto antes. Tanto es así que el menor protagonista de la función (de lejos lo más divertido) es algo tan absurdo como un termo multiusos. Así lo dejo.

Sí lo que queréis es ir calentando Halloween, mejor dejaros pasar por ese Bronx cargado de especuladores inmobiliarios con colmillos de vampiro…

 

Valoración: Cuatro sobre diez.

Reflexiones: SI ÉL NO SOY YO, ¿YO TAMPOCO ES ÉL?

La falta de tiempo y los continuos cambios en mi vida personal me impiden dar más vidilla al blog, al que me gustaría regar con reflexiones variadas más allá de las opiniones de cine y series a las que os tengo acostumbrados.

Algo de lo que nunca he hablado por aquí hasta ahora es de música, pero me temo que mis gustos musicales dejan mucho que desear. Si bien me agrada el cine de todos los tiempos y no pongo fecha de caducidad a las novelas ni los cómics, en el terreno melódico quede bastante anclado en los gloriosos ochenta, esa década tan mágica que llegó a durar casi veinte años.

El caso es que escucho poca música actual (soy muy de radio, pero más de tertulias políticas y deportivas que de ruiseñores varios), pero de algo me entero, aunque, como diría el señor mayor en que me estoy convirtiendo, no entiendo esta música de los jóvenes de ahora.

Como sea, el otro día escuché una canción que después de investigar un poco sobre ella resulta tener ya un par de años. En vista de lo poco actual que era iba a dejar pasar el tema, pero por vaya usted a saber qué motivo, las radios la siguen pinchando con frecuencia. Tras la tortura que me supuso escucharla desde los altavoces de mi vecino mientras tendía la colada el otro día, decidí que debía dar rienda suelta a mi pataleta y hablar aquí sobre ella. Y es que me duelen tanto los oídos cada vez que la escucho y me enerva de tal manera la sangre que me niego a callar mi gran bocaza.

Se trata de un tema de un tal Blas Cantó que cuenta nada más y nada menos que con cuatro compositores, según la wikipedia. Los he anotado porque no me quiero dejar a ninguno: Antonio Rayo, Leroy Sánchez, Manuel Herrero Chalud y Rafael Vergara.

No voy a entrar a valorar ni la voz del chaval este ni la calidad de la música; ni me atrevería siquiera, sabiendo mis propias dotes musicales. Pero la letra ya es harina de otro costal.

Con un tono ligeramente llorón, el protagonista de la canción se queja de que la mujer de sus sueños no caiga rendida a sus pies, temerosa por el recuerdo de una mala experiencia en el pasado, por lo que él trata de destacar las diferencias entre ambos contendientes. El estribillo, que se repite insistentemente, es así: 

Te llevaré conmigo aquí a sitios donde él no quiso ir

No temas al amor, entiéndelo

Él no soy yo

Dibujaré sin dudar la paz en tu mirada frágil como el cristal

Él sólo fue dolor, entiéndelo

Él no soy yo

Él no soy yo

 

Y si, lo habéis adivinado. La canción se titula «Él no soy yo».

Vamos a ver, señor Cantó y compañía. «Él» es un pronombre personal, concretamente la tercera persona del singular. Hace referencia a ese amante del pasado que, en la estructura de la frase, hace las veces de sujeto.

«No soy yo», por tanto, es el predicado. Y la acción de ser o no ser viene dada, por lógica, por el sujeto. Y, sin embargo, se utiliza la primera persona del singular del verbo «ser».

Así pues, él no soy yo, por supuesto. Porque es literalmente imposible que él sea primera persona.

De manera que hay dos formas posibles de encarar la frase correctamente sin traicionar a la intención deseada. O bien «Él no es yo» o mejor «Yo no soy él», pero nunca la elegida.

Que cuatro compositores y un cantante (más toda la troupe de productores, asesores y demás) hayan visto está letra y no se hayan percatado de la patada a la gramática española (o peor aún, les haya dado igual), es una muestra del nivel cultural de nuestra sociedad.

No pretendo que se utilice la música para educar, no es su trabajo, pero sí pido que, como mínimo, no se use para deseducar. Que es muy fácil condenar las letras machistas y despreciables de muchos éxitos de reguetón, pero esto tampoco es moco de pavo.

No es la peor canción de la historia, ni mucho menos. Incluso es bastante pegadiza. Pero me duele cada vez que la oigo. Y es sólo el botón que sirve como muestra de lo que tenemos por aquí.

Así vamos...

Visto en Amazon Prime: COUNTDOWN: LA HORA DE TU MUERTE

Countdown: la hora de tu muerte es una de esas películas cuyo estreno se vio afectado por el cierre de los cines dudo a la pandemia y que encontró distribución gracia a la plataforma de streaming de Prime Video pese a no ser una producción de Amazon.

Con un argumento y estilo visual que podría recordar a una película de la Blumhouse, el film escrito y dirigido por Justin Dec, la película es un cúmulo de tontadas y clichés del terror adolescente más banal que no conduce a ningún sitio.

La historia parte de la resistencia de una app capaz de predecir el día en que va a fallecer el usuario en cuestión, siendo imposible use ese conocimiento para tratar de esquivar a la parca. Esa inevitabilidad puede recordar a priori a títulos como Destino final, aunque el festival de muertes visto en aquella saga no puede ni compararse a los sustos de baratillo que ofrece Dec. Tampoco el tema de espíritus lanzó la tecnología para causar terror es nuevo. De eso se administraba la ya clásica The ring, aunque a mí me venía a la mente la más reciente (y muy superior) Cam.

Se podría esperar que Dec aprovechará la penita para hacer algo de crítica al abuso de las aplicaciones para móviles (o a la afición a la tecnología en general) o que el tema del acoso laboral tuviese algo más de presencia, pero al final todo es agua de borrajas en una película muy ramplona y aburrida, de trucos cutres para sobresaltar al personal y algunos personajes directamente ridículos.

 

Valoración: Cuatro sobre diez.

jueves, 8 de octubre de 2020

Cine: LA HABITACIÓN

Vista sin demasiado entusiasmo por parte del público en el festival de Sitges del año pasado, La habitación es una pequeña protesta a medio camino entre el terror y la ciencia ficción que bebe de muchas fuentes conocidas para saber reinventarse según avanza la trama.

Todo comienza con un matrimonio mirándose a un caserón aislado donde, sin que ellos lo sepan, se ha convertido un terrible asesinato. Muy poco original, cierto.

Pronto, la cosa se desvía con el descubrimiento de una habitación secreta capaz de concederles cualquiera de sus deseos. Algo a priori maravilloso si no tenemos en cuenta de que nada en esta vida es gratuito y los regalos del diablo (es un decir) suelen salir caros.

Así, estamos ante una mezcla de películas de casas embrujadas con toques de magia que recuerdan a títulos como La caja o Siete deseos, pero que sabe sorprender con su desarrollo consiguiendo llevar la historia hasta buen puerto.

Con una producción sencilla pero efectiva (se trata de una producción a tres bandas entre Francia, Bélgica y Luxemburgo), la película de Christian Volckman se sostiene sin demasiados problemas sobre sus dos actores protagonistas, Kevin Janssens y, sobre todo, Olga Kurylenko, sabiendo engañar al espectador con inteligencia (y alguna trampa que le voy a perdonar) y evitando caer en el ridículo, lo cual, en determinados momentos, no es tan sencillo como parece.

En fin, interesante película que sin ser nada del otro mundo bien merece tenerla en cuenta por su intriga y buenas intenciones, sin que a mí personalmente me moleste para nada la ausencia de una explicación que, desde el punto de vista de los protagonistas (que es el que nos importa) no tiene una verdadera importancia.

 

Valoración: Seis sobre diez.

Visto en Disney+: EL CLUB SECRETO DE LOS NO HEREDEROS AL TRONO

Desde que Disney comprara Marvel se podría decir que su imperio se ha sostenido, sobre todo, en dos conceptos: princesas y superhéroes (luego está Star Wars, pero se podría debatir si la nueva saga encabezada por Rey no es, precisamente, la unión de ambos conceptos).

Fue con Frozen donde más se vio esa mezcla de estilos, manteniendo ese espíritu de princesas Disney de la que carecían producciones animadas como Los Increíbles o Big Hero 6, pero es con un título menor como El club secreto de los no herederos al trono que la fusión es más notoria y evidente.

El club secreto de los no herederos al trono es un estreno exclusivo de Disney+, que viene a ser lo que antes se llamaba lanzamiento directo a vídeo, lo cual se traduce en un presupuesto mínimo y rostros poco conocidos, saludos de la cantera de la casa del ratón. Sin embargo, y pese a las indiscutibles debilidades del film, no se aprecia nada terrible en su acabado final, lo cual no deja de ser bastante meritorio.

La premisa es tan sencilla como absurda. En Europa, todos los príncipes y princesas nacidos en segundo lugar (es decir, sin derecho al trono), obtienen unos poderes (diferentes en cada caso) que se les revela en la adolescencia. Así que entran a formar parte de un club secreto donde aprenderán a utilizarlos para velar por el bien. El problema viene cuando un peligroso terrorista escapa de la cárcel con la firme intención de acabar con la monarquía.

Con un extraño discurso político que no deja claro si va en contra de las monarquías o si prefiere criminalizar a los republicanos, la película es un simpático refrito de conceptos del cómic, desde la academia clon a la de Charles Xavier (sala de peligro incluida) hasta la característica de los poderes (el villano, de hecho, es una imitación de Magneto en toda regla).

Todo vale para un film simpático y sin pretensiones que va enfocado (no hay que olvidarlo) a un público infantil y que cumple como comedia tontorrona con la dosis justa de acción. Producto familiar de segura con un acabado efectivo.

 

Valoración: Cinco sobre diez.

domingo, 4 de octubre de 2020

Cine: EXPLOTA EXPLOTA

Generalmente, es relativamente sencillo valorar una película, ya sea para bien o para mal. En algunos casos, sin embargo, se hace realmente difícil encontrar un punto de equilibrio con el que medir la obra. Explota explota es uno de esos casos.

Por un lado, debo reconocer que me lo pasé estupendamente bien con la película. Está repleta de temas muy reconocibles de Rafaella Carrá y tiene unos puntos de humor muy divertidos que hace que se vea con mucho agrado. Sin embargo, son tantos los problemas que tengo con ella que no puedo obviarlos, por más que me gustaría.

Voy a empezar por estos, empezando por unos personajes que me parecen bastante antipáticos. La historia va, desde mi punto de vista, sobre una chica que quiere luchar por sus sueños de bailar pero que se pasa todo el rato huyendo de los problemas que se enamora de un chico tan guapo como cobarde y mentiroso. Ni siquiera estoy seguro de que Ingrid García Jonsson y Fernando Guallar estén a la altura. Es el padre de él, magnifico Pedro Casablanc, un censor muy chapado a la antigua quien, por más que sus ideas sean arcaicas y reprochables, es el único íntegro de la historia, pues al menos es fiel a sí mismo. Es cierto que la película trata de hablar sobre la libertad y la tolerancia (y es curioso como defiende el empoderamiento femenino desde la sexualidad y el culto a la belleza), pero para aceptar la premisa es necesario verlo desde la perspectiva de la época, no con ojos actuales. El propio protagonista hace una defensa sobre que lo que en una época era malo en otra no lo es, y más allá de lo a favor o en contra que uno pueda estar sobre la censura la realidad del momento (está fechada en 1973) es que las acciones de la supuesta heroína deberían ser vistas, a ojos de la sociedad, como reprochables y ganarse el odio popular. Al fin y al cabo, aún faltaban casi quince años para la nochevieja más mítica de la historia de TVE y ni siquiera por aquel entonces lo que sucedió con cierta cantante italiana fue visto con buenos ojos por gran parte de los españoles.

Es Amparo, con la piel de Veróniga Echegui, inevitable amiga de la protagonista, quien también se salva de la quema con un personaje extremadamente blanco y cargado de clichés, pero a la vez (casi incomprensiblemente) quien en muchos momentos parece llevar el peso de la acción, incluso en el apartado musical.

Con una exquisita ambientación de la Madrid de los setenta que, sin embargo, falla al no saber transmitir el espíritu navideño que se les supone a las fechas, el verdadero problema que tengo con este musical, del que uno no puede evitar salir tarareando las canciones, son, precisamente, los números musicales. ¿Están mal diseñados? Pues no. ¿Rompen la continuidad de la acción? Pues tampoco. ¿Los actores no están a la altura? Puede ser, pero tampoco es que Emma Stone tenga una gran voz y La la land sigue siendo una delicia. ¿Qué es lo que sucede entonces? Pues no sabría decirlo con precisión, pero tengo claro que, como amante de los grandes musicales, algo me falla cada vez que los personajes se ponen a cantar. Es como una sensación de artificio, como si el director Nacho Álvarez no consiguiese insuflar el toque de magia que un producto así necesita para que funcione. Incluso se denota una falta de naturalidad por parte de los actores, como cuando un cantante mediocre se enfrenta a un playback y no sabe disimularlo.

Y, sin embargo, como he dicho al principio, la película se puede ver con mucho agrado. ¿es mediocre? Sí. ¿Me ha gustado? También. Me recuerda al debate sobre Bohemian Rhapsody, que algunos la tachan de nefasta pero el la que el poderío de Queen se impone sobre todo. Es algo similar, pero a menor escala.

Tiene muchos defectos, pero incluso a pesar de ellos, funciona, más como comedia romántica ligera que como musical, pero funciona. Y muchas veces, las sensaciones que una película provoca deben sobreponerse a la técnica o al talento. A mí, en este caso concreto, me basta con eso.

 

Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 3 de octubre de 2020

Cine: GREENLAND: EL ÚLTIMO REFUGIO

Existen dos tipos de personas: las buenas y las malas. Este parece ser el mensaje que Ric Roman Waugh, quien ya dirigiese a Gerard Butler en Objetivo: Washington DC, quiere dar en Greenland: el último refugio.

Lejano ya aquel 1998 en el que Armageddon y Deep Impact competían por llegar primero a las carteleras, de nuevo un meteorito amenaza con eliminar a toda la humanidad de la faz de la tierra. Tener a Butler de protagonista podría ser, a priori, algo para temblar, teniendo en la memoria la espantosa Geostorm en la que también nuestro futuro estaba en juego, pero por fortuna el libreto de Chris Sparling (cuyo guion más recordado sigue siendo el de Buried) va por otros derroteros. Sin dejar de lado la parte más fantástica y apocalíptica, y apoyándose en varios clichés del género, Greenland es, en el fondo, un drama sobre un matrimonio en crisis que debe enfrentarse a duras pruebas para conseguir seguir adelante, siempre con la seguridad de su hijo como principal objetivo. Para ello, deberán dejar varios muertos por el camino (figurada y literalmente), como abandonar a sus amigos y vecinos a su suerte, y verán como la situación escapa demasiado a menudo de su control, dependiendo, como he empezado esta crónica, de la generosidad o la villanía de los que se topen en su camino.

Recordando por momentos a la muy inferior El final de todo, Greenland se podría comparar en pretensiones a The walking dead (aunque en bueno), ya que usa una amenaza mundial como excusa para contar una historia que, en el fondo, es muy intimista y sencilla. Para que ello funcione, es fundamental que los personajes estén bien dibujados y que Gerard Butler y Morena Bacarrin se lo tomen en serio, y lo cierto es que la entrega de ambos en innegable.

Se puede echar en cara, en ciertos momentos, la puesta en escena de Waugh, muy oscura y por momentos confusa, pero tengo la sensación de que más que un defecto es un recurso que el propio director elige para transmitir la confusión y angustia de los propios protagonistas. Además, consciente de que pisa un terreno de sobras conocido por el público mayoritario, no pierde el tiempo explicando innecesariamente porqué suceden algunas cosas, limitándose a mostrarlas en pantalla sin más.

De aspiraciones mucho más humildes que la clásica propuesta de un Emmerich del montón (hay también en la historia ciertas reminiscencias a 2012), Greenland puede abusar de ciertos tópicos y obliga en algunos momentos a hacer verdaderos saltos de fe, pero es una agradable sorpresa que ofrece mucho más de lo que a priori parecía prometer, pudiendo decepcionar, eso sí, a los que busquen un simple film de escapismo y destrucción y recordando también a ciertos momentos de la alabada (y sobrevalorada) serie de El colapso.

 

Valoración: Siete sobre diez.

Visto en Filmin: YOU DON'T NOMI

En ocasiones hay películas tan espantosas que terminan por ser títulos de culto. A ellas se remite la clásica free de «es tan mala que es buena» y los dos referentes más clásicos, cada uno de una generación diferente, son Plan nueve del espacio exterior, de Ed Wood, y The room, de Tommy Wiseau. Curiosamente ambas han merecido sendas películas analizando la historia de su rodaje y surgiendo como base para conocer a sus, por decir algo, autores: Ed Wood, de Tim Burton, y The disaster artist, de James Franco.

No creo que Showgirls juegue en la misma liga, pies aburre no me gustó nada en el momento de su estreno, y más viniendo de la mano de Paul Verhoeven, que estaba arrasando las taquillas con títulos como RoboCop, Desafío total o Instinto básico, pero estaba claro que tras un guion estúpido e interpretaciones sobreactuadas se encontraba un director que sabía o que se hacía.

Las críticas, sin embargo, fueron espantosas y el público le dio la espalda sin contemplaciones, marcando el comienzo del declive del realizador, al menos en su etapa hollywoodiense.

Pero, curiosidades de la vida, con el paso del tiempo ha tenido una segunda vida como película de culto, en una época donde el cine trash se ha vuelto banal y superficial, como demuestran títulos como Sharknado. Precisamente de eso trata You don't Nomi, el documental de Jeffrey McHale que se ha estrenado recientemente el Filmin.

El gran valor del documental, más allá de desvelar algunos de los entresijos de la película (que insisto, para mí no merece la categoría de culto), es la de analizar cómo una mierda (así es descrita textualmente en el documental) puede llegar a convertirse en todo un fenómeno. Además, sirve como análisis de las carreras de Verhoeven y Elizabeth Berkley, la actriz que iba a ser catapultada a la cama gracias a este proyecto y que terminó esfumándose del panorama internacional.

Y sirve, de rebote, para hablar de cine. Para entender muchas cosas de este mundo de locos.

You don't Nomi no va a tratar de convencerte de si la película es mejor o peor, pero si te va a dar unas cuantas claves para entenderla y saber verla con ojos nuevos.

lunes, 28 de septiembre de 2020

Visto en Netflix: ENOLA HOLMES

Las aventuras de Enola Holmes es una saga literaria ideada por Nancy Springer de la que existen, hasta la fecha, seis entregas. En ella se presenta a una hermana menor del famoso detective Sherlock Holmes que parece destinada a seguir sus pasos y aunque el personaje sea inventado para la ocasión las novelas, muy orientadas a un público juvenil, toman prestados a muchos de los personajes de la obra de Sir Arthur Conan Doyle.

Parece ser que fue la propia Millie Bobby Brown quien, tras ser una fan declarada de las novelas, se empeñó en hacerse con el personaje, siendo la principal impulsora del proyecto hasta que, al cobijo de Legendary (para quien ya había trabajado en Godzilla: rey de los monstruos), el director Harry Bradbeer, responsable de bastantes episodios de las series Fleabag y Killing Eve, entró en escena y entre ambos sentaron las bases de la que sería la primera película basada en el personaje, incluyendo elementos como la voz en off o la ruptura de la cuarta pared.

Inspirada en la primera de las novelas, El caso del marqués desaparecido, Enora Holmes tiene el acierto de ser una historia de origen sin caer por ello en los convencionalismos y los errores característicos. -Esto se consigue, heredado ya de la historia literaria, con la mezcla de dos casos independientes: por un lado, la desaparición de la madre de Enola, que provoca que ella decida huir de sus hermanos en su búsqueda, y los intentos de asesinato de un joven al que la protagonista conoce en un tren.

Con todos los tics propios del cine de detectives, pero un enfoque fresco y divertido, algo surrealista en ocasiones (no solo con la ruptura de la cuarta pared, también con cartelones propios del cine en blanco y negro, recortables teatrales, etc.), la película funciona como entretenimiento juvenil, tanto como homenaje a los fans de Sherlock Holmes, dejándose ver por ahí viejos conocidos como Microsoft Holmes o el teniente Lestrade.

En el apartado interpretativo destacan Henry Cavill, Sam Claflin y Helena Bonham Carter, pero es Millie Bobby Brown quien debe soportar todo el peso de la película y lo hace a la perfección. Ella es quien se apodera de la pantalla desde el minuto uno y nos descubre a una talentosa actriz liberada de las limitaciones que su personaje en Stranger Things le imponían.

Finalmente, estrenada por todo lo alto en Netflix tras la cesión de Warner, asustados por la crisis del coronavirus (quizá el sitió que el destino le tenía reservado: no en vano está protagonizada por dos de las principales estrellas de la plataforma), la película es una deliciosa obra de aventuras, fresca y divertida, que pide a gritos una continuación, más si ello nos permite ver más tiempo juntos a Sherlock y Enora, poseedores de una química innegable.

 

Valoración: Siete sobre diez.

Visto en Netflix: EL PRACTICANTE

A la espera de que llegue su último estreno cinematográfico, No matarás, Mario Casas parece sentirse cómodo a las órdenes de Netflix, pues tras ser un secundario de lujo en Hogar ahora es la estrella absoluta del último gran estreno de la plataforma: El practicante.

Ángel es un paramédico de ambulancias al que, desde el primer momento, se le intuye un halo de oscuridad. Vive con la francesa Vane, con quien comparte la frustración de no conseguir ser padres. Cuando un accidente lo condena a la silla de ruedas, todo empieza a ir a peor.

Con una psique retorcida que recuerda en ciertos momentos a la perturbación de Misery (hay algo del King más terrenal en El practicante), el director Carles Torras, acostumbrado a oscuras turbias, completa su descenso a los infiernos con esta historia de obsesión enfermiza en la que cada acción de Ángel se convierte en un camino sin retorno del que no podrá tener escapatoria.

Muchos son los que odian gratuitamente a Casas por su pasado de «forracarpetas», considerándolo poco más que una cara guapita, pero hace años que él se empeña en buscar papeles diferentes y arriesgados con los que romper esos estigmas, tal y como tuviera que hacer al otro lado del charco gente como DiCaprio, por ejemplo. Aunque seguramente nada de lo que haga le sirva para convencer a sus enemigos, lo cierto es que está consiguiendo completar una filmografía de lo más estimulante, y si Adiós fue uno de sus zénits interpretativos, en El practicante seguramente se enfrente a su papel más incómodo y desagradable. Y una vez más, sale airoso del intento.

El practicante es una película que se cuece a fuego lento, de narrativa tranquila y con más silencios que palabras, que se alimenta de las sombras y logra componer a dos personajes tan desesperados como angustiosos. A fin de cuentas, El practicante no deja de ser una historia de amor, por más que sea un amor enfermizo, mal comprendido. Son dos seres rotos, cada uno a su manera, que Casas y Déborah François componen a la perfección.

Al final, lo que tenemos es una película de intriga que coquetea con el terror, muy sórdida e incómoda, que supone, quizá, el mejor trabajo de Torras hasta la fecha y logra erigirse como uno de los títulos más interesantes de Netflix de los últimos meses. Su brutal puesta en escena, sin embargo, no puede ser del agrado de todos. Ese es el precio que, conscientemente, hace pagar Torras, buscando con saña el desagrado y la inquietud.

 

Valoración: Ocho sobre diez.

Visto en Netflix: COMO VENDER DROGAS ON-LINE (A TODA PASTILLA)

Cómo vender drogas on line (lo de «a toda pastilla» es un chiste del traductor para sustituir lo de «rápido») es el producto de Netflix más exitoso proveniente de Alemania, superando incluso a la ya mítica Dark, lo que ha propiciado que con la segunda temporada recién desterrada se haya anunciado ya una tercera.

En tono de comedia ligera, cuenta la historia de tres chavales que se meten, casi por casualidad, a trapichear con pastillas de éxtasis por Internet convirtiéndose, de la noche a la mañana, y casi por casualidad, en todo un imperio de la droga.

Tengo mis dudas sobre si se trata de un alegato a favor o en contra del consumo de drogas en adolescentes o si se limita a aprovecharse de una realidad para hacer burla de ello, pero el tono de perdedores de los protagonistas y las constantes malas devoluciones que toman fuerza que se les termine por tomar una simpatía que son el alma de la serie. Y eso que el aspecto del protagonista (y la dificultad de simpatizar con los estándares germánicos, acostumbrados al actor anglo sajón) puede provocar un cierto rechazo.

Vista la primera temporada, parecía que la cosa no tenía ya mucho recorrido, pero el nivel de absurdo se ha potenciado en esta segura, con la inclusión de nuevos personajes y mayores amenazas, invitando a pensar que podemos tener droga para rato.

No se trata de un humor descacharrante al estilo sitcom, pero sí se deja ver con gran simpatía, enterneciendo los personajes secundarios e intrigado con las tramas principales.

Al final, queda un producto bien facturado, tan adictivo como las sustancias que lo protagonizan, rápido de ver (son temporadas muy breves de alrededor de media hora por episodio) y con un protagonista al que puedes amar y odiar a la vez, ya que sus problemas son fruto de su mala suerte tanto como de su propia estupidez.

Para consumir con ligereza y un atisbo de sonrisa en el rostro.