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viernes, 15 de julio de 2022

Reflexiones: EL ERRÁTICO CAMINO DEL MCU

Llevamos ya un año y medio desde que dio comienzo oficialmente (tras los retrasos impuestos por la pandemia) la Fase Cuatro del MCU tras la brillante conclusión de la llamada Saga del Infinito y lo cierto es que aún no sabemos cuál es el tema central de esta nueva colección de películas.

Cierto es que no todos los títulos de las Fases Uno, Dos y Tres estaban vinculadas a Thanos y su obsesión por las gemas, o al menos no lo sabíamos por aquel entonces (como en el caso, por ejemplo, de Thor: El mundo Oscuro), pero sí se iban viendo pequeñas miguitas que invitaban a pensar en un tapiz que terminaría por ofrecernos una espectacular panorámica.

Algo que, por cierto, se fue incrementando en las últimas películas, cuando ya el Universo Cinematográfico Marvel estaba asentado y Kevi Feige y sus chicos decidieron pisar el acelerador hacia la épica conclusión.

No hay ni rastro de esa sensación en las nuevas películas tras el epílogo que supuso Spider-man: No way home. Muchas escenas postcréditos, muchos caminos abiertos, muchos personajes nuevos pero nada que nos indique que hay un plan definido tras todo ello. Sí, ya sé que a priori un año y medio puede parecer poco tiempo, pero si tenemos en cuenta que en ese año y medio se han estrenado  ya seis películas y otras tantas series (dejando de lado What if?), la cosa cambia. El otro día aluciné con el dato aportado por Espinof revelando que lo que llevamos de Fase Cuatro se puede traducir en 49,5 horas (aquí sí está incluida la serie de animación), que equivalen casi a las cincuenta que suman las tres fases anteriores en total.

El caso es que las escenas postcréditos nos habían acostumbrado a que servían (chistes tontacos aparte), para ponernos los dientes largos de cara al futuro, pero en esta fase son tantas las puertas que se están abriendo que me resulta imposible adivinar por donde van a ir los tiros. O eso parece, ya que según Feige se han dado las suficientes pistas para conocer el plan de ruta trazado, aunque en breve sabremos más cosas al respecto (en la inminente ComicCon de San Diego o, más probablemente, en la D23). Yo no soy capaz de vislumbrar ese teórico camino (más allá de los rumores –o deseo de los fans, que no es lo mismo- sobre unas Secret Wars que, si se parecen en algo a las de Hickman, poco me interesan), pero por si vosotros sois más espabilados, voy a hacer un ligero repaso a lo que sabemos hasta ahora.

Si empezamos en como terminó todo, hay que recordar que en las escenas postcréditos de Spider-man: Far from home se revelaba que los Nick Fury y Maria Hill que estaban en la Tierra no eran los reales y que el verdadero Fury estaba liderando una base espacial, sin duda una puerta de entrada a la Invasión Secreta que adaptará la saga en la que los Skrulls (villanos en los comics) han suplantado a varios héroes desde hace años. Esto podría enlazar con las pistas que nos daban al final de Bruja Escarlata y Visión, donde Monica Rambou era requerida por los Skrull para reunirse con… ¿Fury? ¿Capitana Marvel? Sea cual sea de los dos, esto podría resolverse tanto en The Marvels (película) como en Invasión Secreta (serie), aunque tocará esperar hasta final de año. Al menos, esta línea argumental tiene otra pista, la que se nos presenta en la última escena de Ms. Marvel.

Otra línea argumental es la que se dice podría derivan en los Thunderbolts, una de las mejores series de comics de los noventa cuya adaptación no tendría nada de fiel y debería conformarse con copiar el concepto en la que derivó (villanos redimidos haciendo de héroes). Este rumor proviene del papel de nexo común (tal y como en la Fase Uno hacía Fury) que parece desempeñar la Baronesa Allegra de Fontaine. Ya la hemos visto reclutar al U.S.Agente en Falcon y el Soldado de Invierno y a Yelena Belova, en Viuda Negra, a la que ya encamina a un enfrentamiento con Ojo de Halcón visto en su propia serie.

Por último, la tercera gran línea argumental parece estar ligada al Multiverso, aunque las tres claras manifestaciones del mismo (en Spider-man: No way home, Dr. Stranger y el Multiverso de la locura y Loki) no han aclarado la conexión entre los mismos. Vayamos por partes: en la película del arácnido, la obertura de portales dimensionales no parece tener más consecuencias que el intercambio de personajes con el fin de enriquecer el Universo Cinematográfico propio de Sony, amén de dejar un resto del simbionte de Venom en el MCU. En la serie de Loki sí se presenta al que podría ser el gran villano de esta etapa, Kang. Aunque al que hemos conocido hasta ahora no es más que una versión bastante más amistosa que el apodado «El conquistador», su muerte parecía desencadenar un punto de ruptura en todo el multiverso que, sin duda, debería tener graves consecuencias. Sin embargo, en la secuela de Strange dirigida por Raimi, los saltos entre Universos son propiciados por el personaje de América Chávez, y aunque no se menciona para nada a Kang, sí se menciona el tema de las incursiones, asegurando Gea en el último suspiro del film que hay una gran amenaza que Strange debe ayudar a evitar. Imagino que de alguna manera se podrá unir ambos conceptos, pero no se ha revelado aún cómo.

Así pues, tenemos a los Skrulls, a los Thunderbolts y a Kang y las fisuras del multiverso. Tres líneas argumentales que podrían untarse o no y que sin duda forman parte de ese plan de Feige de cara al futuro inmediato del MCU.

Pero la cosa es que hay más, pistas y revelaciones aparentemente ajenas a todo esto que podrían ser simples semillas para posibles secuelas o presentación de personajes para unirlos al circo que se está formando. En cuanto a lo menos relevante, está la importancia que pueda tener en el MCU el hecho de que Xu Xialing esté reflotando a Los Diez Anillos, que Sharon Carter siga por ahí en equilibrio entre el bien y el mal, que se haya revelado una tercera personalidad de Caballero Luna, que Kingpin y Daredevil se hayan dejado ver por aquí, oficializando dentro del canon a las series de Netflix, que Dr. Strange meta en el canon también la existencia de los Inhumanos (aunque, de momento, en otro universo) o que Kamala Khan sea, en realidad, una mutante.

Pero, en términos más importantes, tenemos también a Hércules con la misión de matara todos los superhéroes que pueda, a los Eternos viajando en el Domo en busca de sus compañeros y recibiendo la visita de Eros, hermano de Thanos, a Carol Danvers, Wong y Bruce Banner avisando de las implicaciones que tiene la existencia de los Diez anillos del poder, a Dane Whitman a punto de abrazar su destino junto a la Espada de Ébano pese a las advertencias del cazavampiros Blade,…

Y todo esto, sin que se hayan aclarado algunas dudas como la confirmación de las muertes de Misterio en Far from Home o de Wanda en Dr. Strange en el multiverso de la locura, el destino del Capi anciano, lo que pueda pasar con la Visión blanca, lo que suceda con la Gamora del pasado, la posibilidad de un Jóvenes Vengadores (recordad la presencia de una nueva Ojo de Halcón)…

Como veis muchas preguntas que no son fáciles de encajar en una línea temporal más o menos cronológica. Algunas de estas cosas puede que queden en nada, como el resto del simbionte, la nueva organización de Los Diez Anillos, etc. pero muchas otras (con actores de prestigio ya contratados), deberán resolverse tarde o temprano. Y eso por no pensar en que en breve llegará Wakanda forever en la que se nos presentará a un nuevo Black Panther y donde conoceremos a más personajes nuevos como Riri Williams (que tendrá su propia serie en Ironheard) y, parece ser, que a Namor y Doctor Muerte, aparte que la película de Los Cuatro Fantásticos está más que confirmada.

Lo dicho, un caos de ramificaciones, personajes nuevos y posibles historias que parece muy difícil unificar en un gran evento final (incluso en dos  o tres eventos) y que hacen que estemos ansiosos por ver las aclaraciones que Kevin Feige dice que va a dar. Y espero que sean muy convincentes porque me temo que si no, viendo sobretodo el nivel medio de las series de Disney+, el MCU puede empezar a cansar.

viernes, 22 de abril de 2022

Reflexiones: DESCIFRANDO EL SONY-VERSO

Todavía sigo con pesadillas y algo trastornado desde que soporté vi en cines Morbius, la última pieza hasta ahora de ese complicado (o eso consiguen ellos que sea) universo compartido que se está gestando desde Sony. Como dicen que es bueno enfrentarse a tus terrores, he decidido hacer un ligero repaso a lo que algunos llaman el Sony-verso, que no deja de ser más que una manera menos confusa de llamar a lo que en realidad es el Spider-verso sin Spider-Man.

Para los no iniciados, empezaré por el principio. Hace muchos años ya (décadas incluso, lo cual me recuerda lo mayor que soy), Marvel pasaba por una profunda crisis económica, que solo logró capear a costa de vender los derechos de sus principales activos a diversas compañías cinematográficas. Era mucho antes de que tuviesen su propia división de cine, cuando Marvel Studios existía solo para hacer productos de animación o figurar como coproductoras en las películas que en realidad hacían otros. Era la época que propició bodrios como The Punisher: El Vengador (1989), Capitán América (1990), The Punisher (2004), Elektra y Man Thing  (ambas de 2005) o El Motorista Fantasma (2007) de cuya secuela he decidido olvidarme; productos de medio pelo como Blade (1998), Daredevil (2003) o Los Cuatro Fantásticos (2005) y su secuela (2007) –Los Cuatro Fantásticos de Corman y la conocida como Los Cuatro Tranktásticos merecen un artículo aparte- o, al fin, películas de bastante más nivel como la saga de X-Men iniciada en el 2000, la del Spider-Man de Sam Raimi que nació en el 2002, el Hulk de Ang Lee (2003) y The Amazing Spider-Man, que vio la luz en 2012, ya con el MCU batiendo récords y mostrando el camino a seguir.

De todo ello, repartido en ciento y la madre de productoras, en Sony se quedaron con los derechos de Spider-Man tras un complicado laberinto que incluye la bancarrota de la Cannon y la adaptación jamás realizada por James Cameron.

Viendo como en casa del vecino la cosa funcionaba más o menos bien, con el descomunal éxito del Superman de Donner del 78 y la batmanía que desencadenó el Batman de Tim Burton en 1989 (aunque parece que en Warner se querían especializar en iniciar estupendas sagas que terminarían en el ridículo más espantoso), y que Blade y X-Men (que estaba en preproducción cuando se empezó a hablar de Spider-Man) y que en los despachos amenazaban con poner de moda a los tipos en pijama (es un decir, por aquella época se tenía bastante miedo a representar a los superhéroes con los coloridos looks de los comics), en Sony dieron luz verde al proyecto de Sam Raimi pesado para convertirse en trilogía.

Spider-Man, Spider-Man 2 (considerada una de las mejores películas de superhéroes por muchos aficionados) y Spider-Man 3 funcionaron de maravilla, sobre todo la tercera, que demostró que debía haber arácnido para rato aunque la crítica no fue muy compasiva con ella. Ciertamente, hubo muchos problemas en ese rodaje, principalmente debido a las discrepancias entre el director y la productora, que quiso influir demasiado en el argumento, lo que propició que el proyecto de Spider-Man 4 cayera en saco roto. Por un lado, porque Raimi no conseguía la libertad creativa que ansiaba. Por otro, porque mientras se trabajaba en el proyecto ya se estaban en negociaciones con otro actor y otro director para hacer un reboot de la saga.

Así pues, sin Raimi en el carro, Tobey Maguire dijo adiós al personaje de manera definitiva (o eso se creía en aquel momento) para dar paso a una versión más juvenil y refrescante. Andrew Garfield sería el encargado de ponerse el traje azulgrana mientras que la contratación de Mark Webb, un director que había triunfado gracias a una comedia romántica, dejaba muy claras las intenciones de Sony en cuanto al tono del film.

Como era de prever, la cosa funcionó muy bien en el aspecto personal, consiguiéndose una muy buena química entre Maguire y Emma Stone, pero cuando el primero se ponía el uniforme de faena (horrible, por cierto), la cosa se venía abajo. No fue un gran éxito, pero sí lo suficiente para que su secuela viera la luz. Y aunque esta vez el uniforme y el tono del protagonista rozaban la perfección, un mal villano y demasiada paja destinada a encaminar  a convertir esto (maldita manía) en trilogía, maltrató el resultado final, consiguiendo que fuese una de las películas menos valoradas del trepamuros y condenándolo a la cancelación con muchas tramas por resolver, entre ellas la de la hipotética creación del grupo de villanos llamados Los Seis Siniestros con la idea de que tuviesen película propia.

Es buen momento para abrir un pequeño paréntesis para anotar que junto a los derechos del personaje el contrato incluía también a sus secundarios, provocando un montón de dolores de cabeza y abogados mirando con lupa para decidir a qué héroe iba ligado cada secundario. Para poner un ejemplo, Peter Parker (Spider-Man) trabajaba en el Daily Bugle junto a Ben Urich, periodista muy ligado en los comics a la historia del duende Verde. Sin embargo, en el celuloide Urich fue considerado secundario de Daredevil, apareciendo en la película protagonizada por Ben Affleck (de New Regency en asociación con la Fox) así como en la serie de Netflix. Sin embargo, en la primera trabaja para el New York Post y en la segunda para el New York Bullet, ya que el Daily Bugle sí había quedado en manos de Sony. Algo similar al conflicto surgido entre Wanda/Bruja Escarlata y Pietro/Mercurio (ambos mutantes y Vengadores) entre Fox y Marvel que, en este caso, se solucionó con un acuerdo que satisfizo a ambas productoras.

Sigamos. El caso es que en Sony sabían que tenían a la gallina de los huevos de oro en su poder, pero no tenían ni idea de cómo utilizarlo. Veían ojipláticos como en Marvel, con personajes en aquel momento considerados de segunda fila como Iron man, Capitán América o Thor, estaban creando un gran imperio.

La gran diferencia entre ambos tenía un nombre: Kevin Feige. El gran gurú de Marvel Studios había estado metido en casi todas las producciones basadas en comics Marvel de otras productoras, pero no fue hasta que naciera el MCU que le dieran plena libertad para hacer lo que quisiera, demostrando que incluso en Hollywood conviene a veces confiar en el que más sabe, y no solo en los que mejor analizan los datos y las calculadoras. Amy Pascal, su igual en Sony, quería su perspicacia y en Marvel querían a Spider-Man, así que lo imposible se hizo realidad y llegaron al acuerdo de compartir al personaje. Y así fue como un nuevo Spider-Man, interpretado por Tom Holland, llegó a desembarcar en el MCU para hacer una breve pero aplaudida intervención en El Capitán América: Civil War antes de tener su propia película en solitario, Spider-Man: Homecoming (2017), de Jon Watts, que sería producida por Sony pero con el desarrollo artístico en manos de Marvel.

Al fin en Sony veían la luz con su niño mimado, aunque no les gustaba eso de compartir beneficios (y mucho menos méritos), por lo que empezaron a buscar alternativas. Como ya he explicado, la adquisición de los derechos de Spider-Man incluía a sus secundarios, de manera que decidieron de desarrollar un universo propio a imagen y semejanza del MCU o del DCEU de Warner, pero con dichos secundarios, que para eso les seguían perteneciendo. Y así fue como llegó a los cines Venom (2018), un anti-héroe que comenzó como villano de Spider-Man en los tebeos y con una historia inevitablemente vinculada al mismo. Es su película, sin embargo, no había mención alguna al alter ego de Peter Parker, por lo que la gran pregunta era si ese nuevo universo y el del MCU eran el mismo. Había indicios de que no, como el que en Venom los neoyorquinos se sorprendieran al descubrir que hay seres alienígenas, como si la batalla de Nueva York de Los Vengadores de Joss Whedon (2012) nunca hubiese existido.

Venom no gustó nada a los aficionados a los comics, pero por lo visto sí al resto del mundo, pues fue un gran éxito de taquilla. Eso propició que en Sony se envalentonasen y hubo una agria disputa en los despachos para decidir qué iba a pasar con el futuro de Spider-Man tras el estreno de su secuela: Lejos de casa (2019). Durante mucho tiempo las negociaciones estuvieron rotas y el Spidey de Tom Holland quedó oficialmente desligado del MCU, teniendo que mediar el propio actor para buscar una manera de conseguir un entendimiento entre Amy Pascal y Kevin Feige. Al final, tras provocar no pocos infartos entre los Marvel-zombies, el acuerdo fructificó y Marvel, con Feige a la cabeza, volvió a colaborar en una tercera película que cerrase la trilogía en solitario del héroe, amén de sus apariciones en Vengadores: Infinity War (2018) y Vengadores: End Game (2019).

Mientras las aguas volvían a su cauce, Sony se superó a sí misma con la secuela de Venom, titulada Habrá matanza (2021). De nuevo una película espantosa (peor incluso que la primera) y de nuevo éxito en taquilla. En Sony lo tenían claro: tenían su propio filón de oro. Pero seguía sin estar claro si estaba unido al MCU o no. La escena postcréditos parecía dejar una pista cuando el Venom de Tom Hardy desaparece del lugar en el que se encuentra para aparecer en un hotel de aspecto caribeño y ver en un informativo una referencia directa al final de Spider-man: Lejos de casa.

Y llegó el evento del año. ¡Qué digo del año…! ¡Del siglo! Tras una pandemia que había dinamitado los cimientos del cine, tras dos años de salas vacías y películas rogando a Netflix que se hiciera con sus derechos, tras tres películas haciendo presagiar que el MCU empezaba a mostrar signo de debilidad… Llegó Spider-Man: No way home (2021), la película que lo cambió todo.

Si hablamos de Universos propios, en la tercera aventura del Spider-Man de Holland se liaron la manta a la cabeza y, con la torpe ayuda del Doctor Strange, lo pusieron todo patas arriba. Un truco de ilusionismo (por arte de birlibirloque, vamos) abrió portales entre varios universos, trayendo al MCU elementos extraños, tales como villanos (y posteriormente a los propios héroes) de las sagas de Raimi y Webb. Ver juntos a Holland, Maguire y Garfield era mucho más que un sueño hecho realidad y la película cumplió con las expectativas y mucho más. Si el guion arreglaba muchos de los defectos de las películas anteriores y se convertía en una gran fiesta de celebración de veinte años del Hombre Araña cinematográfico, la taquilla se volvió loca, elevando la película hasta el sexto puesto de la película más taquillera de la historia, algo imposible de imaginar hace apenas unos años por cualquier directivo de la Sony, Pascal incluida. Todo era alegría y felicidad, con una unión de villanos portentosa y muy efectiva pero… ¡un momento! A todo esto, ¿dónde está Venom? Pues había que esperar hasta la escena postcréditos para descubrir que el bueno de Tom Hardy se había pasado toda la película medio borracho en el bar del hotel al que fue a parar al final de Venom: Habrá matanza escuchando de boca del camarero la invasión de Thanos y los fatídicos efectos del chasquido cuando, de repente, es transportado de nuevo a su propio universo, dejando, eso sí, un pequeño resto de simbionte sobre la barra. Más allá de la gracia del chiste o de la decepción de algunos fans, esto significaba claramente dos cosas:

1.- Que Venom no pertenece al mismo universo que el MCU y que, por lo tanto, no va a verse nunca las caras con el Spider-Man de Holland a no ser que vuelvan a recurrir al truco de los saltos entre Universos. Y…

2.- Que Holland se queda definitivamente en el MCU, desligándose del supuesto Sony-verso y con las semillas plantadas por si algún día quieren hacerle su propio Venom.

Y, para bien o para mal, todo parecía más o menos claro. Pero resulta que la maquinaria de Sony no paraba y ya tenían a punto de caramelo su siguiente película con un secundario del lanzarredes. En este caso, era el turno de Morbius (2022) y su tráiler avanzaba cosas interesantes y a la vez confusas, como que pertenece al mismo universo que algún Spider-Man, que también comparte el espacio-tiempo con Venom y que iba a interactuar con el Buitre que Michael Keaton interpretó en Spider-Man: Homecoming. ¿Confundidos? El resto del mundillo friki también.

Vayamos por partes, como diría Jack, el Destripador. Por un lado, la película. De nuevo un bodrio. Un despropósito cuya taquilla ha sido razonablemente más coherente que con Venom. De entrada, unos números increíbles que hacían presagiar un nuevo triunfo para Sony, pero la caída de la recaudación en el segundo fin de semana fue de órdago. El boca a oreja la ha puesto a caer de un burro y los datos finales no van a ser nada halagüeños. Y eso con Kraven, el Cazador ya en la línea de salida y proyectos bastante avanzados como Madame Web. Veremos en que termina esto. Por otro lado, las explicaciones. Nadie ha dicho nada demasiado concreto, pero por lo poco que se le ha podido sacar al director y las diferencias entre el tráiler y el metraje final podemos sacar unas cuantas conclusiones.

De entrada, que la esperanza de muchos fans de que el universo de Venom y Morbius fuese el mismo que el de algunos de los Spider-Men anteriores de momento no es más que eso, la esperanza de los fans. Se había hablado de que Andrew Garfield iba a aparecer en Morbius, aunque solo fuese un cameo, rumor acrecentado por los reshoots de última hora del film, pero al final nada de nada. Y la escena del tráiler en la que se veía un grafiti de un Spider-Man que recordaba mucho al de Maguire, eliminada de la versión de cines. Dice el director que él en realidad no la llegó a filmar, y que fue un injerto gestado desde la propia dirección de Fox, lo que nos da pistas de lo que ha pasado: Hasta la llegada de No way home, el Sony-verso sí aspiraba a ser el mismo del MCU. De ahí la vinculación con Spider-Man y la aparición del Buitre de Keaton. Tras la realización de la tercera película del Spidey de Marvel, las cosas han cambiado, cada uno va por su rumbo y borrón y cuenta nueva. Esto  no significa que aún nos puedan contar que ya hay un Spider-man en el universo de Venom y Morbius (el de Maguire, el de Garfield o uno nuevo), pero de ser así tendremos que esperar a alguna película futura que nos lo confirme.

¿Qué sucede, entonces, con el Buitre? Eso queda explicado en las escenas postcréditos de Morbius, unas escenas absurdas y torpemente representadas pero que cumplen su cometido de poner los puntos sobre las íes (hasta que a alguien de Sony se le ocurra un nuevo cambio de rumbo). Adrian Toomes, el Buitre, en los tráileres estaba en prisión y tenía una conversación con Morbius animándole a aceptar su don, dejando patente que comparten espacio. En la versión que ha llegado en cines, todo esto se ha eliminado para mostrarnos a Toomes en la cárcel del MCU (es decir, donde fue a parar tras los hechos acontecidos en Homecoming) para ser transportado (la razón ni se dice ni merece que la esperemos) por uno de los portales multiversales que abre Dr. Strange en Far from home para ir a parar al universo de Venom y Morbius, propiciando un encuentro con este último (tampoco es que nos den ninguna explicación de cómo tiene el traje volador del Buitre en este universo, ¿para qué la coherencia?) que da pie a conjeturar que el proyecto de una película de Los Seis Siniestros sigue en pie.

Hasta aquí, los hechos. Ahora solo quedan las conjeturas. Insisto una vez más en que el Spider-Man de Holland sigue perteneciendo a Sony, pero ya no se podrá cruzar en el camino de Venom o Morbius (o cualquiera otra de las peliculillas que estén por llegar) a no ser que nos repitan la jugada del multiverso (que en Sony son capaces de todo). Ahora parece que lo primordial es crear al grupo de Los Seis Siniestros, que no tienen por qué coincidir con los miembros presentados en los comics. Así, podríamos tener al Buitre, Mobius y Venom haciendo equipo (la coherencia de esto también está fuera de toda lógica, pero bueno), pero siguen faltando tres miembros más (supongo que uno de ellos sería Kraven, el Cazador), aparte de necesitar a alguien contra quien enfrentarse. Como descarto el regreso de Willem Dafoe y Alfred Molina, cuyos arcos como Duende Verde y Dr. Octopus quedaron muy bien cerrados en Far from home, y el público ha enloquecido viendo a Garfield retomando el traje del arácnido, la solución más fácil sería la de hacer realidad un Amazing Spider-Man 3 e incorporar aquella saga al Sony-verso. Así, tendríamos ya al Spider-Man de Sony y tanto el Lagarto como Electro podrían unirse al grupo de villanos, algo que, de hecho, ya pretendía hacer el Duende Verde interpretado por Dane DeHaan en la malograda saga de Webb.

En fin, que no sé si este resumen ha servido para aclarar un poco el panorama superheróico de Sony o para complicarlo aún más, pero por lo menos yo me he quedado a gusto. Lo que es innegable es que aquellos que se empeñan en despreciar lo conseguido por Marvel con el MCU y se niegan a ver sus méritos, que se den una vuelta por el DCEU y su jaleo de líneas temporales, el despropósito que termino siendo el Universo X de Fox o lo que le está sucediendo a Sony. Eso pasa cuando no hay un plan a seguir ni alguien con la cabeza bien amueblada encargado de poner la casa en orden (y no miro a Lucasfilm por no irme por las ramas). Personalmente, creo que la única esperanza de arreglar el desaguisado de Sony es que realmente se traigan a Garfield de vuelta (también se ha especulado con un Spider-Man 4 que Raimi estaría encantado de hacer, pero veo a Maguire un poco lejos del personaje) y que el Sony-Verso sea, como siempre debió ser, el Spider-verso. Y mientras, el Spidey de Holland a hacer sus cositas con sus colegas vengadores. Podría ser algo confuso tener a dos Spider-Men diferentes a la vez, pero si nos hemos comido a dos Batman y tres Jokers (sin contar con los productos televisivos), tampoco es que nos vayamos a rasgar las vestiduras porque entre Marvel y Sony jueguen a lo mismo, ¿no?

viernes, 8 de abril de 2022

Cine: MORBIUS

En el cine, como en la vida en general, resulta difícil satisfacer a todo el mundo. Si películas exitosas como las de Marvel o Star Wars cuenta con feroces detractores que apuntan a una simpleza argumental, películas de mala calidad como Morbius invitan ya al desprecio más absoluto. Porque Morbius es mala, sí. Muy mala, incluso, aunque tal y como los que defienden el cine de superhéroes hacemos matices para señalar las diferencias creativas del «buen cine», el malo también merece de estas distinciones.

Y es que lo mejor que se puede decir de Morbius es que, a diferencias de otras películas superheróicas destrozadas por la crítica como Elektra, Cuatro Fantásticos o Venom (especialmente su secuela), esta no llega a ofender. Quizá la cosa es que es tan plana y simple que no le alcanza ni para eso, no lo sé, pero es un alivio encontrarse con una película que simplemente no tiene los baremos de calidad necesarios (de nuevo el guion es el punto más sangrante, aunque habría que hacer un poco de hincapié en sus bochornosos efectos especiales o su confuso montaje), sin ser por ello insultante. En películas como las recientes propuestas de Sony alrededor de Venom, daba la sensación de que no lo habían hecho mejor porque no les había dado la gana, menos preciando al espectador con una desidia total. En Morbius, sin embargo, el balance es más indicativo de que sus responsables, simplemente, no daban para más, empezando por un Daniel Espinosa terriblemente torpe en los momentos de filmar la acción (y eso que su Life me gustó bastante) y unos Matt Sazam y Burk Sharpless que parecen haberse enfrentado al guion sin conocer para nada al personaje, no teniendo el espectador nunca claro cuáles son los poderes de Morbius ni sus motivaciones. Realmente, se nota que a nadie (ni siquiera a los aficionados al comic) les importa demasiado este personaje secundario de las colecciones arácnidas que si tiene película propia es porque Sony no tiene mucho más donde rascar a la hora de crear ese insulso universo que pretenden hacer a consta de los despojos de Spider-man (a falta de que algún día nos confirmen si en este universo existe ya algún Peter Parker –ya sea con el rostro de Andrew Garfield o el de Tobey Maguire- o no).

Morbius sigue a rajatabla los esquemas de una película de orígenes que ya en los noventa había pasado de moda, con todos sus defectos: media película anodina para que conozcamos al personaje, un villano que no deja de ser una fotocopia oscura del héroe y una resolución que, en el caso que nos ocupa, es más precipitada y torpe que nunca. Sin entrar en spoilers, solo diré que el héroe (por llamarlo de alguna manera) descubre una manera de derrotar al villano, se enfrenta y lo derrota. Así, sin más. No hay ni un ápice de épica en ese anticlímax que define la confrontación final y en la que, incluso, se le niega la mínima dosis de drama que podría haber gracias a repetir literalmente la jugada que ya hiciera Sony en Venom: Habrá matanza.

Setenta y cinco millones no es un presupuesto tan desdeñable como para que la película tenga un acabado visual tan mediocre, aunque posiblemente un buen pellizco se haya desviado hacia el reparto, lo único salvable de la película. No acabo de entender muy bien qué copia del guion entregaron a Matt Smith o Jared Leto (que se está convirtiendo, tras su Joker, en un especialista en las peores encarnaciones de personajes de comic sin que sea culpa suya), pero mucho me temo que la definitiva no. Claro que también es cierto que esta no es la película que se pretendía hacer en un principio, y que el éxito de Spiderman: No way home cambiaron muchas cosas (de la que hablaré en un futuro artículo), pero eso no es excusa para un caos narrativo, plano e insulso, que ha provocado que la gran mayoría de los comentarios de la gente sean referentes a las escenas postcréditos. Y encima, para mal.

En resumen, otra torpeza de Sony que demuestra que sin el amparo de Marvel en general y Kevin Feige en particular no son capaces de dar la talla, a la vez que una respuesta en taquilla que evidencia, por otro lado, que el logotipo de Marvel vende entradas por sí solo y que púbico y crítica no siempre suelen ir de la mano, aunque me da la sensación de que estamos en uno de esos casos en los que pese a los excelentes números de su semana de estreno, el boca-oreja va a perjudicar mucho al rendimiento económico del film.

Casi parece que Sony esté pidiendo a gritos que Marvel les pague una pasta por recuperar a sus personajes, pero mientras eso no ocurra y la teta siga dando leche, los despropósitos fílmicos seguirán. Tras esto, ¿alguien duda que Kraven, Madame Web o Silver Sable van a ser iguales de desastrosas? La cuestión es saber en qué momento van a dejar de dar dinero. Espero, por el bien del cine y de los personajes, que sea pronto. Ho es que vaya a echar mucho de menos a cualquiera de estos personajes dentro del UCM, pero un poco de penica de ver lo que está pasando con Venom o saber que nunca vamos a tener una adaptación como se merece de La última cacería de Kraven de DeMatteis sí que me da.

 

Valoración: Cuatro sobre diez.

sábado, 19 de febrero de 2022

Cine: UNCHARTED

Cuando Ruben Fleischer (responsable de las divertidas películas de Zombieland pero también de la decepcionante Venom) se hizo cargo de la dirección de Uncharted, adaptación del videojuego de Sony, pocos esperaban gran cosa del proyecto. Y es que pese a poder sacarse algo interesante de alguna Resident Evil o de las diversas encarnaciones de Lara Croft, el mundo de los videojuegos sigue siendo terreno minado para el mundo del cine. Sin embargo, lo primero que aclaró es que no pensaba hacer una adaptación al uso, sino una película de aventuras más inspirada en esquemas propios de Indiana Jones que en la propia mecánica del juego.

Esa es quizá la principal baza de una película de la que podemos obviar su referente digital si queremos y que funciona estupendamente bien como película de acción con mucho humor y una gran química entre sus dos protagonistas, Tom Holland y mark Wahlberg.

Puestos a buscar referentes, la película se acerca más a la fórmula de La Búsqueda que a Indiana Jones, por aquello de tener que resolver acertijos al más puro estilo Dan Brown, sin que eso sea precisamente malo. No es una película de constante acción, un tiovivo de adrenalina, pero las set pieces que contiene son brillantes y muy bien dirigidas, permitiendo que todo fluya con mucha más naturalidad que, por ejemplo, la reciente Agentes 355, atropellada y temblorosa.

Ello no implica que no haya las suficientes referencias y guiños (cameos incluidos) para agradar a los fans del juego, siendo Wahlberg un perfecto Victor Sullivan y funcionando Holland perfectamente como un Nathan Drake novato al que le queda mucho recorrido por delante (la escena postcrédito deja clara las intenciones de franquicia), pudiendo ser este Drake un digno sucesor (a la espera de lo que ocurra en Indiana Jones 5, a la que tengo verdadero pavor) del famoso arqueólogo.

Además, desde el punto de vista personal, me emociona especialmente el hecho de que gran parte de la acción transcurra en mi ciudad, demostrando como Barcelona (y otras muchas ciudades de España) pueden ser hermosos e interesantes escenarios fílmicos y que no estamos acostumbrados a ver (no con tanta corrección, al menos).

En resumen, divertida y emocionante, con momentos tronchantes (aunque hay que reconocer que el tipo de humor que practica Holland está muy cerca del de su propio Spiderman) y que consigue dejarte con ganas de que sea un gran éxito y podamos ver más aventuras de Nathan Drake en la gran pantalla.

 

Valoración: Ocho sobre diez.

sábado, 8 de enero de 2022

Reflexiones: EL DÍA EN QUE UNA ARAÑA SALVÓ AL CINE (Parte uno)

Obligaciones varias me han impedido dedicarme al blog tanto como me gustaría, y aunque ya hace un par de años que dejé de elaborar las típicas listas sobre lo mejor y lo peor del año, me gusta de vez en cuando escribir alguna reflexión alejada de lo que son reseñas de películas o series propiamente dichas. Ese fue, de hecho, la razón del cambio de nombre de hace ya un tiempo, cuando El panda cinéfilo se convirtió en Las cosas del Panda y esto debía convertirse casi en el blog de un escritor más que en un foro de cine. Como veis, al final el cambio no ha sido tanto.

El caso es que una de las reflexiones que quería haber escrito a mediados de noviembre y que, como muchas otras han quedado en el tintero, era sobre mi previsión de que el cine, que había quedado muy tocado durante la pandemia (de eso sí que llegué a hablar en su momento), solo tenía una posibilidad de sobrevivir al miedo de los espectadores y al asentamiento de las plataformas digitales. Y eso sin contar con la inestimable participación de las propias productoras, que tienen ocurrencias tan poco comprensibles como estrenar sus películas en cines y plataformas a la vez, propiciando fracasos como los de Viuda Negra o Dune. Por no hablar de títulos que directamente han sido ignorados por el gran público, como Chaos Walking, El Escuadrón Suicida, El último duelo, Última noche en el Soho, Wonder Woman 84… Y no es solo una cuestión de calidad, pues otros títulos de dudosa enjundia como Fast&Furious 9 o Venom: Habrá matanza han conseguido, al menos, salvar los papeles.

Por ello, parecía claro que el mundo del cine necesitaba un bombazo que funcionara como puñetazo encima de la mesa, un éxito que invitara al público a volver a las salas y que empecemos a dejar atrás considerar recaudaciones medianas de alrededor de cuatrocientos millones de dólares como grandes éxitos. Y esa película que debería salvar al cine no es otra que Spiderman: No way home, no solo porque Marvel es (casi) siempre una garantía de éxito sino porque las diversas filtraciones (no todas ellas reales) dejaban las expectativas por las nubes. Por ello, cualquier cosa que no fuese una taquilla superior a los mil millones de dólares podría suponer el último clavo en el ataúd de los cines. En el momento de escribir estas líneas, la película de Jon Watts roza los 1.400 millones y aún no se ha estrenado en países como China.

Consagrada ya como el éxito del año y, de seguir así, codearse con los títulos del top ten (sin pandemias ni gaitas), es hora de repasar si al final, la película que nos ha devuelto al cine es merecedora de su logro o no. Y, casi un mes después de su estreno, ya es momento de poder hablar de ella sin cortarse un pelo.

Por ello, os aviso de que vais a encontrareis spoilers de Spiderman: No way home de aquí en adelante. Si por lo que sea no la habéis visto aún, os remito a mi reseña sin spoilers.

Lo primero que llama la atención, más allá de la extraña, caótica pero efectiva campaña publicitaria, es su guion, firmado por Chris McKenna y Erik Sommers, responsables de toda la saga del Spider-man de Holland, aparte de Ant-Man y la Avispa. Si por un lado la narrativa es totalmente absurda y, por momentos ridícula, con decisiones tomadas por los protagonistas difíciles de entender, villanos que cambian de parecer de un momento a otro y situaciones marcadas más por la necesidad que por la lógica, por otro lado contiene el mejor tratamiento de personajes visto en una película palomitera en mucho tiempo. Las interacciones entre los tres Peters (sí, aquí tenéis el primer spoiler) es impecable a la par que desternillante, y logra elevar el concepto de fan service a cotas inimaginables.

Es mérito del guion el conseguir que la participación del Spiderman de Andrew Garfield y el de Tobey Maguire sean funcionales, consiguiendo rememorar sus antiguos roles sin que el paso del tiempo chirríe demasiado, convirtiendo la película en una especie de reencuentro del espectador con unos viejos amigos a los que tenía ya perdidos en el tiempo (veinte años han pasado desde que Maguire se pusiera por primera vez el traje azulgrana).

Con la mente maestra de Kevin Feige detrás de todo, la película parece tener dos objetivos claros: por un lado, finalizar la evolución del Peter Paker de Holland, con lo que estamos, sobre todo a partir del segundo tercio del film, en la película más oscura y dramática de la trilogía. Si bien he comentado en el pasado que este es mi Spider-man favorito, continúa ligeramente alejado del Spidey de los comics, por lo menos en su versión más canónica. Su pertenencia al MCU y su relación con Los Vengadores, en concreto con Tony Stark, suponía una losa que, hasta ahora parecía insalvable para acercar más al héroe a su versión de los tebeos. Sin embargo, alejado ya del legado de Iron Man, Peter asume al fin la responsabilidad por sus errores y toma las decisiones correctas, incluso a base de enfrentarse a otro vengador, uno tan poderoso como el Dr. Strange. Además, estaba pendiente el tema de saber cómo murió su tío Ben. Ya saben, esa especie de mentor que le otorgó esa lección de vida resumida en la frase de: «todo gran poder conlleva una gran responsabilidad», al que conocemos de los comics y de los Spidermen de Sam Raimi y Marc Webb. Y la respuesta era la más obvia y la que teníamos delante de las narices durante todo el tiempo: puede que este Peter tuviese un tío Ben que muriese asesinado, pero quien ha ejercido como mentora y quien le ha regalado la famosa frase no es más que la tía May de Marisa Tomei, una tía May que provoca el giro de guion que desemboca en la madurez de Peter gracias a que la película hace algo que ni siquiera en los comics se han atrevido a hacer: matándola (nota friki: en realidad, la tía May sí murió en los comics, pero poco tiempo después decidieron «deshacer» esa muerte y decir que quien murió fue otra persona).

El segundo propósito que Marvel parece tener con respecto a esta película es deshacer los muchos problemas que tenían las películas del arácnido hechas por Sony en solitario. Detalles como la escena en la que Willem Dafoe destroza la horrorosa máscara del Duende Verde, la eliminación de la pigmentación azul enel rostro de Electro o las burlas hacia el Rinho mecanizado son solo algunos ejemplos de ello. La película de Jon Watters se mete en muchos jardines, y de todos ellos sale victorioso.

Quizá no sea la película más emocionante de Marvel (en lo que acción se refiere), pese a contar con una escena final brutal, casi demasiado oscura como para ser admisible en una película supuestamente infantil (y es que compite a niveles de violencia con la pelea final entre Stark y Steve Rogers en Civil War), pero sí de las más emotivas, teniendo en la caída de MJ al vacío un momento tan estremecedor como la propia muerte de tía May. Esto sirve, además, para continuar la historia del Spidey de Amazing Spiderman 2 y cerrar las heridas provocadas por la muerte de Gwen.

Hay pequeñas correcciones, guiños e incluso metalenguaje (como los chistes hacia el dolor de espalda del Spidey de Maguire, las conversaciones sobre los lanzaredes orgánicos de este  o la presentación visual del meme más famoso de la serie de animación).

Y todo ello para conseguir completar el viaje del héroe hacia su maduración, en un desenlace totalmente desligado al resto del MCU y que propicia que, por primera vez, utilice un uniforme calcado al de los comics, en una situación muy similar al Peter cafre y fatalista que concibieron Stan Lee y Steve Ditko, aunque todo hace pensar que lo están encaminando hacia los años universitarios (¿alguien más está pensando en Gwen Stacy y Harry Osborn?) de la etapa de John Romita. Cierto es que el hechizo que lo rompe todo es algo forzado (aquí volvemos a darle vueltas a los problemas de guion), pero por una vez, el fin justifica los medios. Me viene a la mente el caso de Venom, tanto en su película de origen como en su penosa secuela. En ambos, el guion presentaba situaciones casi tan torpes como las de No way home, pero además iban acompañadas de unos personajes horriblemente mal construidos, diálogos espantosos y villanos incomprensibles. En este caso, los errores e guion son simples excusas para alcanzar un objetivo sublime. Es como si estuviésemos ante una película pensada para niños de diez o doce años, con la salvedad de que tiene el mérito de conseguir que cualquier espectador, ya sea treintañero, cuarentón o incluso de los que ya pintan canas (o calvas) se convierta, por un par de horas, en un niño de diez o doce años.

Falta por ver qué nos encontraremos en el futuro del trepamuros (aunque me cuesta creer que Zendaya vaya a desaparecer de la ecuación), aunque lo que parece claro es que va a quedarse en el MCU durante mucho tiempo. De hecho, las dos escenas postcrédito son toda una declaración de intenciones: la primera, por dejar bien claro que el Venom de Tom Hardy pertenece a un universo diferente al del Spider-man de Tom Holland, por lo que es improbable que vayan a cruzar nunca sus pasos (si acaso sí con el de Garfield, si nos creemos los rumores de que va a aparecer en la inminente Morbius). La segunda, porque es en realidad un tráiler de la siguiente película del MCU, Dr. Strange en el Multiverso de la locura, algo muy llamativo si tenemos en cuenta que quien manda aquí, a nivel publicitario, es Sony. Así que el hecho de que ahora ya nadie conozca a Peter Parker y ni siquiera el resto de los Vengadores sepan ya la identidad secreta de Spider-man no debería ser impedimento alguno (de hecho, hay confirmada al menos una aparición de Spidey en otra película ajena a su saga). Y, por cierto, por el contrario de lo que se está diciendo por ahí (y esto que viene a continuación quizá no le interese a aquellos alejados del mundo de los comics, pero no puede evitar soltarlo), esto no es una adaptación del famoso Mefistazo.

Me explico: en los comics, en cierto momento, se dio una situación similar a la que vive Spidey en el MCU: Peter se había desenmascarado y su vida se vuelve bastante complicada. La puntilla la dio un disparo mortal a tía May, por lo que, en una de las decisiones más rocambolescas (y polémicas) de la editorial, Peter decide hacer un pacto con el diablo (que en el Universo Marvel está representado por Mefisto): salvar la vida de tía May a cambio de que su matrimonio con MJ (sí, por aquel entonces estaban casados) cayese en el olvido. Esto supuso el fin de una etapa y en el siguiente episodio nadie conocía la identidad secreta de Peter, amén de la resurrección (también incomprensible) de algún personaje fallecido tiempo atrás. Sin embargo, con el paso del tiempo se buscó una justificación apra todo ello, de manera que la única conexión con Mefisto fue la inicialmente planteada (una vida a cambio de un matrimonio), de manera que la recuperación del secreto de Peter se debió en realidad… ¿lo adivináis? de un hechizo del Dr. Extraño (Strange en la spelículas). Es decir, que por mucho que muchos se pregunten porqué Marvel ha decidido recuperar en cine una de las aventuras más odiadas por los fans, la respuesta es que esto no es, al final, ningún Mefistazo, lo mismo que la decisión de Peter es, aquí, un ejemplo de nobleza y responsabilidad, todo lo contrario que en el comic. Una vez más, la película ha logrado superar al comic.

Añadimos a todo esto unas interpretaciones de primera, cameos sorpresas como el de Matt Murdock (que conecta esta película con la serie de Ojo de Halcón y su recuperado Kingpin) y un ritmo trepidante que impide al espectador darle muchas vueltas a la coherencia del argumento, un uso inteligente (y no gratuito) del concepto del fan service y las gotas de nostalgia justas, y tenemos las respuestas a porqué una película de Spider-man está destinada a salvar al mundo del cine, además de romper por el camino unos cuantos records de taquilla.

viernes, 29 de octubre de 2021

Cine: VENOM: HABRÁ MATANZA

No siendo demasiado defensor de la primera película de Venom, incomprensible bombazo de taquilla, no iba con demasiadas expectativas a ver esta secuela, armándome de valor con aquello del «peor no será». Pero sí, se han superado. Y de nuevo salgo con bajona de una sala de cine.

Aceptando ya lo complejo que es aceptar a Venom sin tener a Spiderman cerca (en los comics fue su razón de ser), hay ya multitud de historias que podrían haberse adaptado (incluso con multitud de personajes diferentes unidos al simbionte alienígena), pero por alguna razón los de Sony han recurrido a Matanza (que me expliquen porque Carnage se llama aquí Matanza pero Venom no puede ser Veneno). A priori no sería una mala elección, siendo la némesis principal del antihéroe, pero cae en la soporífera rutina de repetir un esquema de película/enemigo que ya suena muy trillado. Me refiero a eso de tener un reverso oscuro, un espejo en el que mostrar lo que podría haber sido el héroe de haber tomado otro camino. Es volver a ver a Iron Man enfrentarse a Iron Monger, Hulk a Abominación, Ant Man a Chaqueta Amarilla, y así sucesivamente, con el precedente de que el propio Venom se había enfrentado ya a un simbionte malvado en su primera película, así que estamos ante una repetición de villano con color nuevo y unas motivaciones supuestamente más macabras.

He aquí donde cabe analizar la construcción del villano. Volviendo de nuevo a los comics, Venom nació como némesis de Spiderman, en un intento de crear nuevos villanos para el arácnido, muy anclados todos ellos en la era Ditko. Sin embargo, gustó tanto el personaje que pronto en la editorial decidieron ablandarlo, pasando de villano a anti-héroe (a la altura de Punisher o Lobezno en su etapa más cafre), algo muy de los noventa, para lo que convenía una nueva némesis más malvada y poderosa. De ahí que el simbionte tuviera un «hijo» que se fuese a unir a un asesino en serie psicópata y sin ningún tipo de código moral. Matanza Máxima sería el nombre de la saga más mítica, no tanto por su calidad (que tampoco era como para echar cohetes), sino por la gran cantidad de secundarios que se pasaban por ella y el salvajismo de su narrativa.

En su paso a la pantalla, por supuesto, Venom: Habrá matanza no ha podido contar con la presencia de Vengadores ilustres que se paseaban por el comic, y tampoco hacer gala de la violencia implícita en el mismo. Sin embargo, convertir cualquier historia de Matanza en una comedia de colegas como han hecho con esta película es ya obligar a dar un salto de fe demasiado grande.

Y es que sí, por más que el subtítulo de la secuela sea eso de «habrá matanza», la realidad es que no es para tanto. Incluso le han buscado un interés amoroso al villano (en el comic era una retorcida repica de supuesta familia que nada tenía de romántico) para darle un trasfondo más amable.

Pero no son las diferencias con respecto al comic lo más criticable de la película (esto es una adaptación, y hay que saber diferenciar entre ambos medios), sino el quiero y no puedo que es todo el rato y la gran diferencia entre las expectativas creadas y el resultado final. Compadezco al pobre Tom Hardy por los esfuerzos que hace para componer un personaje sin pies ni cabeza (aunque algo de culpa también tendrá, ya que participó en la escritura de la historia), mientras que Michelle Williams de nuevo se limita a pasar por ahí a cobrar el cheque, más o menos lo mismo que la desaprovechada Naomie Harris. Ni siquiera el normalmente solvente Woody Harrelson sabe muy bien qué hacer con su personaje, que podría haber sido un remiendo comiqueo de su mítico Asesinos natos y al final queda en agua de borrajas.

En resumen, una comedia de colegas con algún momento verdaderamente bochornoso (la «ruptura sentimental» entre Eddie y el simbionte o los intentos de Michelle Williams de seducirlo) con media película de tonterías sin mucho interés y otra media de acción desproporcionada digital que más parece un videojuego que otra cosa. Este Veneno sigue sin convencerme ni parecerse al que debería ser, pero la recreación de Matanza es ya para rogar a Andy Serkis que continúe interpretando a personajes digitales y deje la silla de dirección para otro.

 

Valoración: Tres sobre diez.

domingo, 5 de septiembre de 2021

Reflexiones: ¿LA PELÍCULA ADULTA DE SUPERHÉROES DEFINITIVA?

Llevaba tiempo con ganas de analizar un poco más a fondo la que se suponía iba a ser la película del verano (si me seguís, ya sabréis que yo me quedo con Free Guy), al menos según una parte de la crítica especializada, ya que si por lo que a taquilla respecta, nada parece hacerle sombra (hasta ver qué pasa con Shang-Chi y la leyenda de los Diez Anillos) a F9 (de la que tengo pendiente hablar). Estoy hablando, por descontado, de El Escuadrón Suicida, de James Gunn.

Mucho están machacando desde algunos medios de comunicación para hacernos creer que estamos ante la película de superhéroes definitiva, la demostración de que se podía hacer cine para adultos con material surgido de las viñetas y que en DC le estaban dando una bofetada en toda la cara a Marvel y su estilo de hacer cine carente de riesgos. Y aunque lo cierto es que la película me gustó bastante, críticas tan desproporcionadas han terminado por agotarme hasta el punto de tener que rebelarme en su contra, ya que desde luego no da para tanto la cosa. Y si bien no me alegro de su fracaso en taquilla, si me demuestra que a veces las cosas no ocurren por casualidad, por más que se puedan buscar excusas como el estreno simultaneo en HBO Max (para nada comparable a lo sucedido con Viuda Negra, pues ni HBO Max está tan extendido como Disney+ ni la película ha aparecido disponible en torrent hasta ahora), la pandemia (como si F9 no se hubiera estrenado en la misma época) y cosas así.

Se ha definido a El Escuadrón Suicida como una película adulta de superhéroes, como si las de Marvel no lo fueran. Para justificarlo, me gustaría preguntar a qué corresponde la definición de adulto. ¿Vamos a retroceder en el tiempo hasta esa época en la que el friki era el tipo de cuarenta años que vivía recluido en un sótano en casa de sus padres, viviendo de los videojuegos y las pizzas a domicilio y sin nada de vida social? Porque si hablamos de adultos de verdad, ¿quieren que les haga una lista e cuantos adultos conozco (y me refiero a adultos de verdad, con los cincuenta y los sesenta ya superados) que han disfrutado con todas y cada una de las películas de la saga Marvel y que, sin embargo, han abandonado El Escuadrón Suicida a media película? Porque no creo que a estas alturas definir algo como adulto se limite a poner en los diálogos chistes de penes y a reventar cabezas y tripas a cascoporro.

Recientemente he tenido la oportunidad de ver la película por segunda vez, con la esperanza de que un segundo visionado me hiciera ver las maravillas que otros han sabido descubrir en ella, pero las sensaciones han sido exactamente las mismas. Un poco de jajaja, otro tanto de jijiji y acción más o menos buena. Sí le reconozco el desconcierto que produce el no saber (más o menos) quién va a morir y quien no, sobre todo a raíz de ese arranque con un primer escuadrón (recordad que esto va ya con spoilers) que es prácticamente una masacre, incluyendo a alguno de los protagonistas de la primera entrega. Porque sí, por mucho que le han estado dando vueltas y revirtiendo títulos, esto es claramente una secuela, nada de reboot  o reinvención. Pongo en duda, eso sí, el detalle del factor sorpresa porque ya desde el principio me habría extrañado mucho que el personaje de Idris Elba hubiese muerto, ya que es el que más mola (pese a ser un clon del de Will Smith en la primera entrega, con motivación infantil incluida), lo del Pacificador ya se sabía porque hay una serie ya confirmada sobre él y que Harley Quinn no moría lo sabían hasta los más desconocedores del género. Así que al final, teniendo en cuenta que el propio director había prometido muchas muertes, pues sorpresas las justas. Eso sí, cada una de las muertes resulta impactante, y ese es un mérito que no le puedo negar al señor Gunn.

Pero estaba meditando sobre lo adulta que es la película, y por ahí sí que sigo sin pasar. Teniendo en cuenta que estamos hablando de ficción superheróica (es decir, de tipos que vuelan y van con pijamas y capas combatiendo al crimen), considero que El Soldado de Invierno sí podría ser considerada una película adulta. Quizá también Civil War, ambas por las subtramas políticas que contienen y los toques de thriller alejados del simple espectáculo pirotécnico habitual. También lo sería Logan, por su tono crepuscular y desangelado. Y podría incluir en esta lista también a Joker, si no fuera porque no la considero una película de superhéroes. De hecho, ni siquiera la considero una película sobre el Joker, pero de eso ya hablé en su momento.

Pero El Escuadrón Suicida no tiene nada de adulta. Su público objetivo es aquel que va justo en la línea de su clasificación R, pero no por su trasfondo ni profundidad, sino por las salvajadas que se muestran en pantalla (curioso como a día de hoy seguimos pudiendo ver desmembramientos y amputaciones, pero ni el transgresor de Gunn se atreve con el sexo). Es una película descerebrada enfocada principalmente a un público descerebrado que va a aplaudir cada vez que revienta una cabeza o destripan a alguien, algo más propio de las producciones B que se pueden ver en el Festival de Sitges que de una superproducción de Hollywood que, ¿de verdad ha extrañado a alguien su batacazo en taquilla? Y ¡ojo! No me estoy metiendo con la película, que lo de ser descerebrada, si es de manera consciente, no tiene nada de malo, y ya he dicho por adelantado que yo disfruté mucho con ella. Mi crítica es más bien hacia aquellos que se empeñan en ensalzarla como obra maestra, queriendo ver en ella algo que no existe.

De hecho, hay muy poco de original en la propuesta, pues Gunn no hace más que copiarse a sí mismo y repetir la fórmula de Los Guardianes de la Galaxia pasándolos por un tono de incorrección política que se asemeja bastante al de Deadpool, aunque en mi opinión sin la misma gracia.

¿Y por qué ha pasado esto? A mi modo de ver, por venganza. Simple y llanamente. Y por querer demostrar el director que a él no le tose nadie y la tiene más larga que los demás. Y es que para entender la existencia de una película tan poco comercial pero con un presupuesto tan exagerado hay que fijarse en dos factores determinantes en su creación: Primero, la condena y posterior expulsión de James Gunn de Disney (conviene diferenciar siempre, tal y como muy sabiamente ha hecho Scarlett Johansson en su demanda, entre Marvel y Disney) por unos tweets del pasado que lo dejaron sin poder hacer Los Guardianes de la Galaxia, Volumen 3 (más tarde la situación se recondujo, pero eso ya es otra historia). Segundo, la sucesión de fracasos que iba encadenando el Universo Compartido de DC, con sus dos pilares básicos, Batman y Superman, defenestrados, sus actores principales repudiados y el rumbo a seguir totalmente incierto. Era un momento en que ni siquiera la niña bonita de la compañía, Harley Quinn, funcionaba en taquilla (lo cual no ha sido impedimento para que fuese el único personaje impuesto a Gunn para esta película), con Wonder Woman y Aquaman como pequeñas balsas en pleno océano a las que aferrarse. Me estoy refiriendo a una época en la que el futuro pasaba por cosillas como Shazam mientras en la acera de enfrente hacían EndGame. Así que era el momento idóneo para que la compañía diera un manotazo sobre la mesa, presumiera de robarle a Disney uno de sus autores estrella y le diera carta blanca para hacer lo que le viniera en gana.

Así, James Gunn ha sabido aprovecharse de estos dos factores, vengándose de Disney haciendo una revisión de sus Guardianes de la Galaxia (hay que recordar que, visto el pobre bagaje en comics que los personajes tenían en aquel momento, Gunn prácticamente los construyó de la nada) pero poniendo todas las salvajadas que habría sido imposible que le dejaran poner en Disney. Ha sido como lanzar un mensaje, diciendo: «mirad, mojigatos, aquí tengo la libertad que nunca habría tenido con vosotros». Esto ha propiciado momentos muy divertidos, pero también otros pasados de vueltas que son fruto más del simple deseo de provocar por provocar que de una serie de decisiones artísticas correctas. En resumen, que James Gunn no ha hecho esta película porque ha querido, sino porque ha podido. Y en Warner, mientras tanto, posiblemente nadie se ha atrevido a pasarse ni un solo día por el set de rodaje, no sea que se fuesen a asustar, que bastante tienen ya con las versiones recortadas y redirigidas de las películas de Zack Snyder y David Ayer como para tropezar por tercera vez en la misma piedra.

En resumen, que cada vez que alguien me pregunta qué tal la película (y es que os prometo que no tengo a nadie en mi entorno que se haya decidido a pagar por verla), no tengo claro qué contestar. A mí me ha gustado, ya lo dejé claro en mi reseña, pero entiendo que no es apta para todos los estómagos. Y, como ya dije en su momento, ni tengo claro que sea la mejor película del Universo DC ni es tampoco la mejor de James Gunn. Yo, de momento, me quedo con sus Guardianes, si no es que son estos mismos con un disfraz diferente tras una mala noche de borrachera. Al fin y al cabo, supe ver cosas de Groot y Drax en la personalidad de Nanaue, mientras que apenas reconocí en su Harley Quinn a la del primer Escuadrón Suicida o Aves de Presa, sobre todo en lo que escenas de acción se refiere.

Por cierto, que estoy analizando si esto es realmente la película de superhéroes adulta definitiva y eso me lleva a otra reflexión. ¿Es siquiera una película de superhéroes? Y no ya solo porque los protagonistas sean antihéroes, lo que les da el mismo derecho a entrar en la categoría que podría tener Venom, Punisher o Blade, sino al hecho de que el cine de superhéroes (el «adulto» sobretodo) se debe a una cierta época regida, forzosamente, a un punto de realismo. Y el despiporre del villano final, esa estrella de mar gigante, puede que funcione en las viñetas, pero en una película es de un ridículo superlativo. ¿Conocen la historia de los calamares extraterrestres gigantes que aparecen al final del comic de Watchmen y que Zack Snyder eliminó en su versión fílmica? Pues sigo creyendo que fue un gran acierto, y esta película me lo demuestra. No todo vale, y el propio Gunn parecía entenderlo cuando humanizo a Ego, el planeta viviente, para Los Guardianes de la Galaxia, Volumen 2, dándole el rostro de Kurt Russell y limitándose la referencia comiquera a un breve pero glorioso plano del planeta muy aislado. Pero claro, como ahora vale todo, ¿para qué cortarse?