En
alguna ocasión he hablado del problema de que un exceso de hype puede provocar que una película llega a decepcionar. Y aunque
no sea exactamente ese el caso de Carlitos
y Snoopy, se le acerca bastante.

Quizá
el problema radique en que nunca haya sido un gran seguidor de la tira cómica,
sintiéndome mucho más atraído a la figura de Mafalda o a la de Calvin &
Hobbes. Snoopy es para mí, más que un personaje, un icono, y el no conocer de
antemano a los personajes de la película (sobre todo a los secundarios) provoca
un cierto distanciamiento con los mismos.

Sin
un guion demasiado complejo pero muy autoreferencial (Steve Martino, el
director, aprovecha la mínima excusa para plasmar una imagen en blanco y negro
que evoca directamente a la tira de prensa), Carlitos y Snoopy es una disfrutable
cinta infantil que funciona perfectamente como comedia para todos los públicos,
sin ahondar quizá en la intelectualidad que buscaba Schulz en sus tiras pero
con un poderío visual muy destacable.
Surrealista
y desmadrada a partes iguales, Carlitos y Snoopy lo tiene todo para ser la
película familiar de estas Navidades, aunque cuenta con el lastre de que en
España el personaje no pegó tan fuerte como en el resto del mundo y quizá a
muchos les suceda como a mí, que identifiquen a este simpático Beagle más como
una pegatina o personaje de camiseta que como a una figura cinematográfica.
No
encuentro que sea la obra de arte que me prometieron, pero sí un pasatiempo muy
recomendable y una buena inversión para pasar una bonita tarde con los más
pequeños. Al fin de cuentas, tiene la suficiente magia como para invitarnos a
soñar, lo que no es poco…
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