Conectando
directamente con la entrada anterior, en la que apuntaba que el excesivo hype
de Carliots y Snoopy podría haberme
aguado un poco la fiesta, con Palmeras en
la nieve pasa justamente lo contrario: era tan malo todo lo que había
llegado a mis oídos que la película me sorprendió gratamente.

Basada
en la exitosa novela de Luz Gabás y dirigida por Fernando González Molina (que
repite por cuarta vez con Mario Casas), Palmeras
en la nieve explica, a golpe de flashbacks, dos historias paralelas
separadas sesenta años en el tiempo, centradas en el esfuerzo que Killiam debe
hacer para adaptarse a su nueva vida en la isla de Fernando Poo (en la Guinea
española) donde nació y en su posterior historia de amor prohibido con una
oriunda del lugar, Bisila, una historia que su sobrina, en el presente, irá
descubriendo a la vez que se descubre a sí misma.

El
reparto es interesante y funcional, correcto sin llegar a brillar. La historia
río funciona, quizá mejor en su parte de flashbacks que en el presente. Y la
apuesta, arriesgada en su concepto, por presentarnos una película ambientada en
las colonias españolas tiene por sí sola un valor documental que no es nada
despreciable.
No
es redonda. Quizá hasta le falte mucho para aspirar a serlo. Pero sí es una
película sumamente interesante y con más valores de los que muchos le han
querido ver. Un drama bien desarrollado y que, en algunos pasajes, llega a
emocionar.
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