Dirigida
por Terry George, que ya demostró en Hotel
Rwanda que se movía bien en dramas históricos, La Promesa es la historia de un triángulo amoroso con el exterminio
de armenios acontecido por el gobierno turco durante la Primera Guerra Mundial.

Tiene
la película dos líneas diferentes a seguir. Sobre la romántica ya he dejado
claro que no funciona para nada y que ninguno de sus integrantes sale bien
parado de un análisis un poco pormenorizado. En el caso de la histórica, sirve
la película al menos para recordar y adoctrinar sobre un exterminio que podría haber
sido la fuente de inspiración del holocausto nazi y que a día de hoy continua
sin ser admitido por el gobierno turco, aunque cierto es también que la
película peca de partidista y (habiendo un rico empresario armenio como productor)
criminaliza a los turcos convirtiéndolos en los malos absolutos pero sin
explicar en ningún momento sus motivaciones o el motivo del odio hacia el
pueblo armenio (eso sí, hay un turco bueno para compensar un poco). Tiene,
pues, un valor didáctico interesante aunque algo descafeinado (George parece
creer que planos de cadáveres son suficientes para sensibilizar al espectador)
en un film demasiado largo que, sin embargo, necesitaría más tiempo para
relatar el asedio final, provocando que el climax sea insatisfactorio. O quizá
es que el verdadero climax no sea saber quién sobrevive a las matanzas, sino
saber por quiénse decide al final la muchacha entre sus dos pretendientes.
Con
Jean Reno y Angela Sarafyan (de moda gracias a su papel de prostituta en WestWorld) terminando de dar lustro al
film, La promesa es una película que
ha provocado odios y desprecios entre algunos y alabanzas desmesuradas por otro
lado. Personalmente, no creo que sea para tanto, ni en un extremo ni en el
otro, y la resumo como un folletín interesante durante su visionado cuya
historia merece ser olvidada tras su consumo pero cuya realidad histórica
invita, cuanto menos, a reflexionar sobre cómo la humanidad tiende a repetir
una vez y otra los mismos errores en lugar de aprender del pasado (la escena de
los armenios caminando por el desierto es una referencia nada casual a los
refugiados de Siria actuales).
Y
es que, por mucho que pueda sorprender, la fórmula “amar en tiempos de guerra”
no siempre funciona y quizá la realidad merecía haber sido contada por sí sola,
sin salsa rosa estorbando por en medio.
Valoración:
Cinco sobre diez.
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