sábado, 26 de marzo de 2022

Cine: MALNAZIDOS

Impulsada por la poderosa maquinaria de Mediaset (e ignorando en la campaña publicitaria que Netflix también está por medio, no sea que a alguien se le ocurra esperar a que se estrene en la plataforma), Malnazidos se ha convertido en el último gran éxito del cine español, pese a llevar dos años esperando turno para ser estrenada por culpa de la pandemia.

Aunque los detractores más rancios de nuestro cine podrían quejarse ante «otra película española sobre la guerra civil», la potente campaña publicitaria la ha convertido en una película para todo tipo de público, que la describen como sorprendente y original. Nada más lejos de la realidad. Malnazidos es un festival friki que, adaptando la novela de Manuel Martín Ferreras, Noche de difuntos del 38, propone una mezcla loca y desmadrada de cine bélico, acción, comedia y terror, juntando zombis con nazis y homenajeando directamente a Romero (frases textuales incluidas) y Carpenter (de quien incluso toma prestado un tema musical.

No es, por tanto, una película demasiado novedosa, y el recuerdo de Overlord está ahí, de manera que sigue a pies juntillas todos los tropos propios del género Z. ¿Estoy, por ello, criticando a la película? Ni mucho menos. Solo pretendo hacer un aviso para navegantes y constatar que, se diga lo que se diga, esta es una película de zombis pura y dura y va a gustar, principalmente, a los amantes de las películas de zombis.

Dejando claro esto, hay que reconocerle sus valores, que son muchos, algo ya no tan habitual en el género. Dirigida a cuatro manos por Alberto del Toro y Javier Ruíz Caldera (que se saca así la espinita de la fallida SuperLópez), Malnazidos tiene un ritmo intachable, alternando con mucha naturalidad el humor con la acción y dejando varias secuencias para el recuerdo. Puede que el argumento en sí no sea nada del otro mundo, así como su resolución, pero eso es lo de menos pues apoyándose también en un gran elenco de actores, entre los que destaca un gran Miki Esparbé a los que le sigue muy de cerca Aura Garrido y Luis Calleja, la película resulta ser un entretenimiento con mayúsculas, un divertimento muy macabro que, además, acierta en ser todo lo truculenta que debe ser sin abusar por ello del gore, resultando así más accesible de lo habitual pero sin caer en la ñoñería de Guerra Mundial Z, por ejemplo (muy acertado el recurso de las salpicaduras de sangre en los tiroteos).

En resumen, que estamos ante una película de zombis de manual, sí, pero una película muy bien hecha, a la que se le ha puesto mucho cariño y suficiente libertad para ser una obra con identidad propia a la altura de Rec Génesis, la última gran obra Z de nuestro país, jugueteando además con la posibilidad de hacer un discurso leve pero nada maniqueo de lo absurdo de la guerra y lo doloroso, a la par que ridículo, de enfrentarse entre hermanos, algo que no nos cansamos de repetir a lo largo de la historia, tal y como el señor Putin nos acaba de recordar.

 

Valoración: Ocho sobre diez.

Visto en Netflix: GOLPE DE SUERTE

Posiblemente la presencia del guionista de Seven, Andrew Kevin Walker, sea el principal reclamo de la película Golpe de suerte (que escribe en equipo con Justin Lader a partir de una historia en la que también participan el actor Jason Segel y el director Charlie McDowell), aunque es de justicia advertir que tampoco es que el hombre haya tenido ningún gran éxito después del brillante libreto para David Finsher (y es que como ya comenté a raíz de The Batman, la sombra de Fincher es alargada).

Golpe de suerte es una película que argumentalmente se podría clasificar como de home invasión, ya que la trama versa sobre un atracador algo patán que entra en una residencia algo aislada y, al ser sorprendido por los dueños, los retiene en contra de su voluntad. Sin embargo, su principal mérito es que logra esquivar todos los tópicos de este tipo de films, resultando en ese aspecto novedosa y harto curiosa. McDowell sustituye el suspense y el terror por un humor negro bastante insano y cínico y confía abiertamente en el talento de los tres protagonistas principales (y casi únicos) de la función: Lily Collins, Jesse Plemons y el mencionado Segel.

El problema radica en que si bien saber manejar ese nuevo enfoque, no es igual de preciso con el ritmo, haciendo que la película sufra bastantes baches que la tornan pesada y difícil de digerir. Es cierto que en caso de aguantar hasta el final, el desenlace puede resultar recompensa suficiente, pero no estoy seguro de que vaya a ser tarea sencilla llegar hasta el mismo.

Por tanto, película oscura y algo gamberra, cuyo morbo por descubrir hacia donde se encamina todo puede no llegar a justificar su visionado.

 

Valoración: Cinco sobre diez.

viernes, 25 de marzo de 2022

Visto en Movistar: NASDROVIA

Una cosa es opinar sobre una película o una serie y otra muy diferente recomendar. Lo segundo es mucho más complicado, ya que no solo cuenta el gusto del que escribe sino que debe tratar de identificar el gusto de aquel al que va dirigida la recomendación.

En ocasiones, sin embargo, es muy sencillo. Tal es el caso de Nasdrovia, una serie a la que me acerqué por sus actores y que, sin atraparme demasiado, terminé viendo casi de una sentada en su primera temporada. Recientemente, en Movistar se han dedicado a anunciar a bombo y platillo el estreno de la segunda, a la que ellos mismos califican como de «temporada final» y, antes de entrar a valorar sus virtudes y defectos, ya os anticipo una cosa: o vale la pena verla. Y no vale la pena verla porque, aunque ellos hablen de final, la realidad es que se trata de una cancelación en toda regla, y sin entrar en el spoiler ya os anticipo que el último episodio concluye con un cliffhanger enorme, tanto que aquí no cuela eso de «lo importante es el camino». Un final tan abrupto que me hace lamentar el tiempo que he dedicado a estas dos temporadas que ahora sé que no tienen sentido alguno.

Pero por si acaso alguien quiere atreverse aún a ver la serie, os informo de que se trata de una dramedia sobre dos abogados, expareja, que cansados de defender a corruptos se asocian con un cocinero para poner en marcha un restaurante ruso, sin saber que morirían de éxito y terminarían dando cobijo a un clan de la propia mafia rusa.

Tras una `primera temporada algo irregular, con Hugo Silva no demasiado metido en el papel y una Leonor Watling que se hace un poco cansina con el juego de romper la cuarta pared constantemente, en la segunda se sube la apuesta, ampliando escenarios y viajando hasta Rusia para profundizar más en la red mafiosa, pero noto como que les sigue faltando un punto para coger el tono adecuado. Hay momentos en que se ponen demasiado serios y reiterativos en sus discursos, haciéndole falta un poco más de locura y mala leche. Quizá el tono salvaje aunque inverosímil de, por ejemplo, Sky rojo, le habría sentado mejor.

En fin, que como propuesta no está mal del todo, teniendo sus puntos y aceptando las trampas que propone, pero todo eso cae en saco roto cuando el desenlace final está planteado para mostrarlo en una tercera temporada que nunca va a llegar.

Visto en Netflix: HASTA QUE NOS VOLVAMOS A ENCONTRAR

Dirigida por Bruno Ascenzo, esta coproducción hispano-peruana resume todos los males endémicos del género de la comedia romántica. Si hace poco hablaba, a raíz de Quiero que vuelvas, de la necesidad que tiene el género en renovarse, con Hasta que nos volvamos a encontrar se demuestra claramente los motivos.

Hasta que nos volvamos a encontrar es, sobre el papel, una simpática historia sobre un emprendedor español que, acosado por el peso del legado familiar, viaja hasta Cusco con la pretensión de edificar allí un mega hotel de siete estrellas, donde conoce a una lugareña que le va a enseñar a ver el mundo de otra manera y que, por descontado, no va a simpatizar nada con la idea de construir semejante monstruo arquitectónico en ese paraíso natural.

No hay nada novedoso en el planteamiento de la historia, de hecho recuerda mucho a la mucho más amable A  1.000 kilómetros de la Navidad, pero lo verdaderamente sangrante es la puesta en escena. Con un insulso Maxi Iglesias como ombligo del mundo y Stephanie Cayo como mochilera objeto del deseo, la película está totalmente construida alrededor de ellos, dejando a los paisajes (a los que les habría venido de perlas un director de fotografía algo más laborioso) como tercer protagonista. Más allá de estos tres elementos y la endeble moralina de enfrentar a los constructores con los espacios naturales, no hay apenas nada que rascar en una película tan insultantemente previsible como plana, en la que ni hay un verdadero conflicto ni se le espera.

Al final, lo que tenemos es una sucesión de cosas, sin que las motivaciones de los personajes justifiquen realmente sus progresos ni que nos creamos sus personalidades en ningún momento. No hay una verdadera construcción de personajes, y la acción avanza porque sí, por capricho del guion, sin que nada de lo que sucede avance de manera fluida y natural.

No es una película horrenda, y seguro que hará las delicias de aquellos que solo esperen una dosis de romance con dos chicos guapos al abrigo de un paraje espectacular, pero hay que exigirle mucho más a una película que parece conformarse con ofrecerlo mínimo confiando en llegar a un sector del público entregado a este tipo de propuestas y despreciando al resto.

Una verdadera lástima, ya que solo por ver las vistas peruanas ya merecería verse la película. Pero la balanza, esta vez, dice no…

 

Valoración: Cuatro sobre diez.

Visto en Disney+: EN LA TORMENTA

En la tormenta es una de esas películas en las que no conviene pensar demasiado. Un grupo de desconocidos atrapados en una casa, una tormenta de nieve y un misterio que señala que uno de ellos es un peligro potencial. Una trama clásica de las novelas de Agatha Christie y que desemboca en un guion lleno de giros y trampas que atrapa desde el primer momento gracias a que el director Damien Power no se anda por las ramas y va siempre directo al grano, consiguiendo que en apenas una hora y media la sensación de claustrofobia no decaiga en ningún momento.

Es una película interesante, muy intensa y angustiante, donde los actores ayudan a hacer creíble la trama y con un insano trasfondo aterrador, sin apenas cabida para el humor. Una película puzle donde todos pareen sospechosos y se juega con el espectador al gato y al ratón, buscando desorientarlo constantemente.

Esto conlleva un claro problema, y es que es difícil mantener siempre la verosimilitud. Por eso he empezado el análisis señalando que es una película para no pensarla demasiado, para dejarse llevar por ella y disfrutar durante el visionado, quizá con unas palomitas, tratando de averiguar quién es el culpable y hacia dónde va todo. Porque si se analiza tras una ligera reflexión, todo cae al vacío y nos podemos sentir como si nos hubiesen estado tomando el pelo. Pero no, no nos lo están tomando. Simplemente Power pretende ofrecer un divertimento sin pretensiones mareándonos un poco e invitando a que, tras los créditos finales, nos podamos dedicar a otra cosa.

Quizá no todo el mundo sea capaz de entrar en la historia con facilidad, pero si lo consigue y se deja engañar por esta absurda ratonera nevada, sin duda podrá pasar un buen rato jugando a los detectives con mucha menos mala leche de la que tenían Los Odiosos ocho de Tarantino.

 

Valoración: Seis sobre diez.

Visto en Netflix: CANGREJO NEGRO

Dentro de los muchos géneros cinematográficos que existen, hay un puñado concreto a los que Netflix ha mimado especialmente, como las comedias románticas, las películas navideñas, el género zombi… y, desde el brutal éxito de A ciegas, la aventura post apocalíptica, como demuestran títulos como Cargo, Love & monsters, El final de todo o series como Snowpiercer.

En Cangrejo negro, la situación apocalíptica viene dada por un conflicto bélico, lo cual le da un carácter más aterrador si cabe por la situación real que estamos viviendo actualmente entre Ucrania y Rusia. No se molesta la película de Adam Berg en dar muchos detalles alrededor del conflicto, ni tampoco es demasiado necesario. Al fin y al cabo, los huecos en la historia que se nos presentan son los mismos que termina por tener el ciudadano de a pie cuando algo así llega a suceder. No deja de ser significativo que al bando contrario se le denomine, escuetamente, «el enemigo», invitando a reflexionar sobre quienes pueden ser, en el fondo, los malos de la película.

En esas se encuentra Caroline, una soldado forzosa cuya desaparición de su hija motiva sus acciones. Cuando ella y otros cuatro soldados más son enviados a una misión casi suicida pero que puede suponer el final de la guerra, la esperanza de reunirse con la niña (que parece ser se encuentra en un campo de refugiados en el lugar de destino de la misión) es lo que va a hacerle sacar fuerzas de la nada para tratar de acometer la orden.

Con una fría fotografía y un buen ritmo narrativo, Berg nos sumerge en la acción desde su impactante prólogo, consiguiendo que la tensión no decaiga en sus casi dos horas de metraje y consiguiendo que, pese a la intención evidente de carne de cañón que tienen sus compañeros de viaje, los personajes secundarios interesen y ayuden a componer el drama que rodea a las escenas de acción.

Al final, tenemos un solvente cruce entre cine de supervivencia y bélico, esquivando el humor para apostar por el drama más desgarrador, dejando que la tensión sustituya a la sorpresa y logrando una tensión muy eficaz durante la mayoría de la película, decayendo un poco, quizá, en un tramo final que no está a la altura de lo visto hasta el momento. Y es que cuando se llega a la base de destino la película muta ligeramente, haciendo que se eche en falta la aridez helada que acompañaba al film hasta entonces.

Con todo, esta propuesta sueca que sirve como lucimiento para Noomi Rapace es intensa y emotiva, un buen ejercicio angustiante y con un dilema moral que invita a reflexionar sobre la dualidad de la guerra y el «todo vale» para conseguir la victoria.

 

Valoración: Seis sobre diez.

Visto en Apple TV: LA TRAGEDIA DE MACBETH

Debo confesar que, salvo honrosas excepciones, no soy muy fan de los «ataques de director» que provoca que muchos realizadores inventen (o eso pretendan) a la hora de jugar con las narrativas. Aunque en ocasiones el resultado es interesante (me viene a la mente El hijo de Saúl, por ejemplo), en muchos casos el uso de la pantalla cuadrada (se trata del llamado formato académico, filmado en 35 mm con un ratio de 1.37 : 1) me resulta más un ejercicio de pedantería que otra cosa.

Joel Coen abraza este formato en su primera película alejado de su hermano Ethan sumándole, además, un intenso blanco y negro que, sin terminar de ser santo de mi devoción, es compensado con las muchas virtudes de la película.

La tragedia de Macbeth es una nueva versión del clásico de Shakespeare, quizá la obra más popular del dramaturgo tras Hamlet y Romeo y Julieta, y con tantos precedentes (me vienen a la mente los nombres de directores como Orson Welles o Roman Polanski y actores como Michael Fassbender y Marion Cotillard) entiendo la necesidad de Coen de buscar un distanciamiento estético de estos.

La película protagonizada por Denzel Washington, Frances McDormand o Brendan Gleeson entre otros se mueve a medio caballo entre el cine y el teatro, consiguiendo una mezcla extraña pero efectiva. Se podría decir que tanto las interpretaciones como las intenciones de la cámara apuntan hacia el cine (no hablamos de un abuso de la teatralidad, como sucedía con Fences, también con Washington como protagonista), mientras que la austeridad de decorados remiten más al teatro (de hecho, toda la película, salvo la escena final, está filmada en interiores, más concretamente en decorados montados en un estudio de sonido).

Destacando por el derroche d talento de sus actores y por una labor impagable del director de fotografía Bruno Delbonnel, la película es un drama con tintes de terror y angustia psicológica cuya única pega, una vez más, es la de verse relegada a las pantallas de un televisor. No es, por su tema y concepción, una película para todo tipo de público, eso es evidente, pero aun así habría merecido poder ser disfrutada en pantalla grande.

 

Valoración: Siete sobre diez.

miércoles, 23 de marzo de 2022

Visto en Netflix: EL PROYECTO ADAM

Los que me conocéis ya sabéis que soy un fanático de las películas de viajes en el tiempo. El tema, por más que pueda carecer de rigor científico, es de lo más apasionante, y El Proyecto Adam presenta una nueva vuelta de tuerca al género.

Concebida para repetir el éxito que Ryan Reynols (actor) y Shawn Levy (director) tuvieron con Free Guy, la película gira en torno a Adam, un viajero del futuro que debe pedirse ayuda  a sí mismo en su versión de doce años para, precisamente, evitar que los viajes en el tiempo existan.

No esperéis aquí ningún debate filosófico ni existencialista alrededor del concepto del viaje en el tiempo, ni queráis profundizar demasiado en sus ramificaciones científicas (siempre bajo el prisma teórico de la física cuántica). Esto no es La llegada ni, afortunadamente, Tenet. Aquí no hay que plantearse si estamos ante una propuesta determinista, si apostamos por la simultaneidad o existen los universos paralelos. No hay cabida para teorías rebuscadas, pues Levy apuesta directamente por la acción y la diversión y, cuando quiere ponerse serio, lo hace desde la emoción, dejando la ciencia totalmente de lado.

Por eso, más allá de paradojas temporales, esto va, en el fondo, sobre el dolor de un niño/adulto por la prematura muerte del padre y la posibilidad del perdón/comprensión al encontrarse milagrosamente ante él. Esa es la maravilla del viaje en el tiempo que propone El Proyecto Adam y ahí está el plato fuerte del film.

Como espectáculo, la película funciona con corrección, aunque no es que las escenas más espectaculares sean su plato fuerte, no por causas presupuestarias sino, posiblemente, por las prisas en los acabados, uno de os argumentos en contra del streaming y a favor del cine de pantalla grande.

Es preciso reseñar la buena química entre Reynols y su yo joven, interpretado por un desconocido Walker Scobell. Con un Reynols más comedido de lo habitual, sus interacciones con Scobell son brillantes, convirtiendo ese desdoblamiento en una especie de relación fraternal, más allá de la simple dinámica mentor/alumno. Ello provoca que sean el centro de la función constante, llegando a eclipsar al resto de estrellas que participan en la función (Mark Ruffalo, Jennifer Garner, Zoe Saldana o Catherine Keener), alejándose por momentos de la ciencia ficción más pura para adentrarse en el terreno de la aventura juvenil con ecos al cine de los ochenta.

Es, en resumen, una muy entretenida apuesta de acción y emotividad ideal para toda la familia, con la dosis justa de humor y solo carente de algo más de espectacularidad en su puesta en escena.

 

Valoración: Siete sobre diez.

Cine: THE BATMAN

Una vez más (y parece que no aprendemos) nos encontramos ante un estreno de los considerados importantes que han suscitado más odio y opiniones encontradas que otra cosa. The Batman, la nueva versión de la historia del hombre murciélago propuesta por Matt Reeves, es de esas películas que parece que solo puedes odiar o amar y de nuevo me siento un bicho raro al encontrarme en medio del radicalismo que parece envolver a la película. Reconozco que me siento mucho más cerca de una postura positiva que negativa hacia la película, pero aunque el buen crítico debe limitase a valorar lo que se ve en pantalla si dejarse influenciar por elementos externos, confieso que escuchar hablar tanto de obra maestra me hace pensar más en lo negativo que en lo positivo.

Porque sí, The Batman es una muy buena película, con personajes interesantes, actuaciones muy buenas y una fotografía impecable. Pero dista mucho de ser una obra maestra. Y eso se debe, ante todo, a su guion, un guion que nos han repetido hasta la saciedad que nos iba a mostrar al Batman más detectivesco y que luego no ha sido para tanto. Estamos ante una película más propia del cine negro que del de capas y mallas, desde luego, pero sigo sin ver en el protagonista al «mejor detective el mundo», tal y como nos prometieron. Si acaso, vemos un atisbo de lo que puede llegar a ser, pero estando en un año dos desde su creación comete errores de novato que no terminan de casarme con el personaje.

Es evidente que Matt Reeves ha querido distanciarse de los tópicos del género superheróico (otra cosa es si ha llegado a conseguirlo) sin caer tampoco en la racionalización extrema del cine de Nolan, pero el problema es que para hacerlo se ha fijado en unos referentes a los que más que homenajear ha estado a punto de copiar. Como ya sucediera en la española Orígenes Secretos (para que veáis que Reeves tampoco ha inventado nada), The Batman bebe mucho (demasiado) del Seven de David Fincher, teniendo también muchos reflejos de Zodiac y de la serie de Mindhunter. Los paralelismos son inevitables, pero Fincher es mucho Fincher para querer jugar a imitarlo, y ahí Reeves sale perdiendo en la comparativa.

The Batman es oscura, demasiado, y huye conscientemente del humor, algo que en el personaje puede ser más o menos aceptable (más aceptable, al menos, que en tipos como Superman, por más que en El hombre de acero nos lo quisieran hacer creer), pero su falta de originalidad es preocupante. Como esa moda de dar un giro a la izquierda que parece que sea obligatorio ensuciar el nombre de todos aquellos relacionados con el poder y el dinero (ya ensuciaron la figura de Thomas Wayne en Joker y aquí van por el mismo camino) o convertir a los villanos en revolucionarios con seguidores fieles que lo consideran un héroe antisistema. Cosas empleadas en títulos como V de Vendetta o en la misma serie de La casa de papel pero que sin salirnos del propio Batman ya hemos visto con los admiradores del Joker en el film de Todd Phillips o con Bane en la catastrófica conclusión de la trilogía del Caballero Oscuro de Nolan. De nuevo se juega a lo mismo con un Acertijo que en nada se parece al que interpretara Jim Carrey en la temible Batman Forever y que juega, por momentos (por seguir con las referencias) a ser Jigsaw.

No puedo perdonarle tampoco (y poco se ha hablado de esto) de una burda decisión de guion alrededor que afecta directamente al personaje de Alfred (y de la que no voy a dar más detalles por no caer en el spoiler) y que me parece una de las decisiones más tramposas (y por ende, indignantes) del film.

Como digo, el ensalzamiento dela película me hace recapacitar en todas sus carencias, en esa colección de defectos que me hacen escandalizarme contra los que hablan de obra maestra. Porque para reconocer que Robert Pattinson cumple como Batman (otra cosa es como Bruce Wayne, al que todavía se le está esperando), que esta nueva Catwoman ya sea erigido en la memoria como la mejor de las cuatro que hemos visto en pantalla grande, que el Batmovil (homenaje confeso al Christine de Stephen King) mola mil y aplaudir el tono oscuro, corrupto y deprimente de Gotham ya hay muchos medios.

En resumen, que aunque pueda no parecerlo, la película me gustó. Quizá le pese demasiado la duración y todo el clímax final es algo fallido, pero no deja de ser un buen entretenimiento y una nueva vuelta de tuerca al personaje, alejado de lo que el cine nos había mostrado hasta ahora. Una buena adaptación pero que, lo siento por quien piense lo contraria, sigue sin ser, ni mucho menos, el Batman definitivo del cine.

 

Valoración: Siete sobre diez.

martes, 22 de marzo de 2022

Visto en Netflix: SPACE FORCE, T2

Ya comenté a raíz del estreno de Space Force en Netflix que la comedia de Steve Carell no me terminaba de funcionar del todo. Tanto es así que la tenía completamente olvidada, hasta el punto que he decidido volver a verme la temporada entera para afrontar esta segunda tanda de episodios.

Como suele suceder en este tipo de productos, más cuando tienen tan pocos episodios por temporada, cuesta enamorarse rápidamente de los protagonistas, y es tras bastantes episodios (o con un segundo visionado) que uno empieza a sentir esa empatía tan necesaria para conectar con la serie.  Eso beneficia mucho a esta segunda temporada, donde las cartas están ya sobre la mesa y es posible disfrutar mucho más de la rivalidad amistosa de los personajes de Carell y John Malkovich, así como del elenco de segundarios, mucho más cuidados en esta continuación.

Creo que el problema principal de Space Force es que continúa sin ser lo suficientemente desmadrada (aunque tiene sus puntos) como para terminar de funcionar como comedia a la vez que carece de un tema propio que mantenga el interés toda la temporada. Sí, hay pequeñas ramas de guion que se continúan, pero no podemos hablar de una motivación clara que defina a toda esta temporada, por lo que al final quedan una colección de episodios, algunos más inspirados que otros, algo deslavazados e inconexos.

Me ha gustado, lo reconozco, volver a encontrarme con el general Mark Naird y su «familia», no lo voy a negar, y si Netflix decide apostar por una tercera temporada seguiré fiel a ella, pero no dejo de pensar que hay aún demasiadas carencias para que uno la pueda disfrutar tanto como me habría gustado.

Visto en Amazon Prime: QUIERO QUE VUELVAS

Hace poco leí un interesante artículo sobre porqué debían cambiar las comedias románticas, condenadas a reciclarse en sí mismas una y otra vez, repitiendo estereotipos y tropos hasta la saciedad.

Quiero que vuelvas puede ser un ejemplo perfecto de ello, cumpliendo a rajatabla uno de los pocos esquemas diferentes que hay para este género. En este caso se trata de los amigos que creen estar enamorados de terceros sin darse cuenta hasta el final que son ellos los que están hechos el uno para el otro.

En el caso que nos ocupa, Jason Orley no se molesta en ocultar mucho sus cartas, y pese a que el título invita a pensar que la cosa va de recuperar el amor perdido en realidad uno ya puede imaginar desde la primera escena dónde va a desembocar todo. Así pues, la gracia está en cómo se lo monte Orley para mostrarnos la historia, y en ese sentido hay que reconocerle que se las apaña muy bien para conseguir que el factor cómico predomine sobre el romántico, consiguiendo que la simpleza del argumento derive en gags bastante divertidos y que funcionen muy bien,

Con un elenco de actores reconocibles pero no muy habituados a ser protagonistas (caso de Charlie Day y Jenny Slate), la película funciona muy bien, logrando evitar la desidia que podría suponer el conocer de antemano su desenlace, recuperando ese aroma de las comedias románticas de los noventa. Una película ideal para ver en pareja y pasar un buen rato con bromas tontas pero bastante blancas y la dosis justa de emotividad al final.

Eso sí, deja una reflexión en el aire: «Scott Eastwood, ¿qué estás haciendo con tu carrera?».

 

Valoración: Seis sobre diez.