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domingo, 20 de mayo de 2018

DEADPOOL 2


Hace apenas dos años Deadpool fue una de las mayores sorpresas de la temporada. Convencidos por el director Tim Miller y el actor Ryan Reynols, los directivos de la Fox, en vista de que sus licencias Marvel empezaban a flojear de la mano de los mutantes de Singer (del batacazo de Los cuatro Fantásticos mejor ni hablar), se arriesgaron a autorizar la realización de una película no apta para menores, muy gamberra, malhablada, políticamente incorrecta y con bastantes toques de sexo, escatología y gore. 
Pero, sobre todo, con un humor muy bestia y tremendamente ácido. El resultado fue un éxito abrumador, rompiendo récords y descubriendo al personaje (ya había aparecido brevemente en X-Men Orígenes: Lobezno, pero de eso mejor tampoco hablar) al gran público.
Era evidente que el Mercenario Bocazas debía volver más pronto que tarde, y en medio de la tormenta mediática que supone la inminente (aunque eterna) compra de la Fox por parte de Disney, Deadpool 2 se estrena con las expectativas por las nubes y un relevo en la silla del director.
Estos dos factores son los que más determinan el destino de este Deadpool 2. Por un lado, el factor sorpresa que tan bien jugó a su favor en el 2016 ya ha desaparecido, y todo el mundo espera esta secuela con ganas, quizá demasiadas, lo que sin duda es más fácil que provoque decepciones que aplausos.
Deadpool 2 es, en realidad, más de lo mismo, de manera que quien no disfrutara con el humor cafre de Wade Wilson y su alter ego Masacre (tal y como es conocido en España en el mundo del cómic), no debería ni acercarse a esta continuación. Por otro lado, en la Fox han puesto toda la carne en el asador y, aun sin contar con un presupuesto a la altura de colegas superheróicos como los liderados por Iron Man o el Capi, en Deadpool 2 hay muchos más personajes, más acción y una trama que, sin la lacra que supone hacer la presentación de un personaje, puede ir directa a la acción. Así que sí, tal y como dice la campaña publicitaria, Deadpool 2 es más larga y más dura, lo cual no quiere decir necesariamente que mejor.
El segundo aspecto a tener en cuenta, decía, era el cambio de director. Tim Miller debutó con Deadpool en el mundo de la realización de largometrajes, aunque ya había trabajado como director de segunda unidad en otros títulos Marvel, estando especializado en la confección de inolvidables títulos de crédito como los de Thor, el Mundo Oscuro o Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres, por lo que el aspecto visual era lo primordial del film. El director de la secuela, David Leitch, también surge de la parte más técnica de la industria (en su caso era especialista de escenas de acción) y ya había codirigido la primera parte de John Wick y, ya en solitario, Atómica. Con semejante currículo, las diferencias entre ambos realizadores parecían evidentes y, ciertamente, el estilo de cada uno es lo que define y diferencia las dos películas. Deadpool 2 no ha perdido su cachondeo y salvajismo, pero la espectacularidad proviene más de los momentos de acción ante las cámaras que de los virtuosismos tras ellas. Y es por ello que durante gran parte del metraje hay un aroma dramático muy heredero de la mencionada John Wick que rechina en algún momento.
Con todo, Deadpool 2 sigue siendo un estupendo divertimento, lo suficientemente diferente a la primera como para no resultar una simple copia, pero sin la frescura y originalidad de aquella, que sabe aprovechar el dúo que el protagonista forma con Cable, el personaje de Josh Brolin pero que tiene en la Domino de Zazie Beetz una de sus mejores bazas. La escena intercréditos, por cierto (y aprovecho para avisar que no hay escena al final de los mismos), es de lo mejor del film, tan hilarante que por sí misma ya merece el precio de la entrada, aunque quizá muchos no terminarán de pillar las referencias. Y lo mismo podría decirse de los cameos, tan hilarantes como fugaces, que hay que buscar casi con lupa.
Deslenguada, incorrecta y muy sangrienta (aunque, por contra, mucho menos sensual/sexual), Deadpool 2 es una buena secuela, que seguramente no supere a la original pero que tampoco la desluce.

Valoración: Siete sobre diez.

viernes, 26 de febrero de 2016

DEADPOOL: una jo**da gamberrada francamente divertida.

Mientras todo el mundo pensaba que lo más llamativo de este año (cinematográficamente hablando) iba a ser el doble duelo entre Batman y Superman por un lado y el Capitán américa e Iron Man por otro, hete aquí que ha aparecido casi de la nada Deadpool y lo ha revolucionado todo.
Estrenada en los USA en el fin de semana largo de San Valentín (un fin de semana reservado a películas románticas para ver en pareja), la película ha batido records de manera alucinante. Algunos ejemplos: Fue el mejor estreno de la 20th Century Fox con 135 millones sobre un presupuesto de 58, ha batido el record de recaudación en el mes de febrero que ostentaba Cincuenta sombras de Grey y ha supuesto el mejor estreno de todos los tiempos de una película de clasificación R (sólo para adultos). En la actualidad ha superado los quinientos millones en todo el mundo, siendo la película más exitosa de la franquicia de X-men, y ya ha confirmado su secuela.
¿Y de dónde viene todo este éxito? Quizá de la necesidad del público por ver algo diferente dentro de un género tan en boga como el superheróico. Aunque en Marvel parecen esforzarse por acariciar diferentes subgéneros en sus producciones (películas de robos, thrillers políticos, fantasía, comedia…) todo parecía cortado por el mismo patrón, y Deadpool (pese a que no acabo de soportar que en España no la hayan llamado Masacre, como en el comic) ofrece un soplo de aire fresco con ese tono tan gamberro y políticamente incorrecto que supera los excesos de películas relativamente similares como Kick-Ass o Kingman.
Sin embargo, casi tan interesante como la propia película es la historia de cómo llegó a existir. Quizá muchos no recordéis (lo cual es bueno para vuestra salud mental) que Masacre Deadpool ya había debutado en cine. Fue en ese compendio de despropósitos llamado X-men Origenes: Lobezno donde el Mercenario Bocazas aparecía gran parte de la película ¡¡¡con la boca cosida!!! Ver para creer. Lo curioso del caso es que ya fue interpretado por Ryan Reynols, y no sé bien si fue preparándose para el papel o si la cosa venía de antes pero el caso es que el ex de la Johansson se enamoró del personaje y se empeñó en hacer su propia película, por más que la Fox parecía negarse en rotundo. Incluso había posible director, un Tim Miller que incluso rodó una espectacular escena (utilizada en el metraje definitivo) para convencer al estudio. Pero no fue hasta que las imágenes se filtraron en internet y los fans se alzaron pidiendo la película que la Fox no decidió dar luz verde al proyecto. Y al fin Reynols ha conseguido triunfar como personaje de comic tras el denostado paso por Lobezno, su olvidada participación en Blade: Trinity y su desastrosa Green Lantern.
Pero realmente, ¿tan buena es esta Deadpool? Pues para ser sinceros, no. Bajo un prisma cinematográfico el guion no es especialmente inteligente, las interpretaciones no son memorables y a Tim Miller se le nota la falta de experiencia (es su debut como realizador, aunque tiene algún corto digital impresionante y ha trabajado en escenas aisladas y de créditos en varias películas Marvel). Sin embargo, una muy inteligente campaña publicitaria, la extraña pero perfectamente ajustada unión del humor de cacaculopedopis con la épica superheróica y el corazón que todos sus responsables han puesto en la película han conseguido que el producto final sea, por lo menos, una estupenda gamberrada plagada de chistes y referencias imposibles de localizar todas en un primer visionado que resulta gratamente divertida.
Por una vez, y esta ha sido la clave del éxito, la premisa de la película era ser completamente fiel al espíritu de comic, en especial a la etapa guionizada por Joe Kelly, aquella que dio forma a la personalidad de Wade Wilson (el hombre bajo la máscara de Deadpool), incluyendo la violencia extrema que ha obligado a la Fox a aceptar eso tan “poco comercial” de otorgar a una película la clasificación R.
Ryan Reynols está que se sale (mejorando, por descontado, en su versión original), hay un villano suficientemente interesante para que, sin ser lo más importante del film, no rechine, hay cameos mutantes (con un Coloso bastante impresionante) e incluso una historia de amor que no sólo no molesta sino que provoca una larga escena tan erótica como divertida que parece burlarse directamente de títulos blandengues y mojigatos como Cincuenta sombras de Grey.
Deadpool dispara con bala no solo a sus enemigos, sino a todo bicho viviente que pase por ahí, no dejando títere con cabeza. Son burlas de todo tipo, pero las que mejor funcionan son las autoreferenciales, las que se mofan del propio universo Marvel o las que señalan directamente hacia aquel bodrio que fue el Green Lantern de DC. Deadpool es salvaje, grosero, malhablado, irritante, ofensivo, apasionado y macarra y consigue formar parte del mundo de los X-men sin perder su identidad como solitario.
Al concluir, puede que un leve toque de convencionalidad amenace con afectar a la película (al final hay que entregarse a la lógica y recordar que el rollo de los superhéroes va de buenos luchando –y venciendo- con los malos), pero incluso en su momento final Deadpool logra mantener su esencia y salir airoso de un clímax de destrucción cerrando la aventura con una escena postcréditos que se atreve a homenajear al recientemente fallecido John Hughes.
Deadpool no es más que eso, una gamberrada, una película muy macarra llena de insultos, violencia gratuita, algo de gore e incluso desnudos. Quien busque la excelencia se equivocará, pero quien pretenda disfrutar de un buen rato y (nunca mejor dicho) partirse el culo, esta es su película.

Valoración: siete sobre diez.

viernes, 7 de septiembre de 2018

TEENS TITANS GO!

Hace algunos años existía una gran diferencia entre el cine de superhéroes de personajes de DC y de los de Marvel. Eran los tiempos de Nolan y, tras el fracaso de Green lantern, parecía que todo lo relacionado con DC tuviese que tener un halo de oscuridad y transcendentalismo vital, mientras que en Marvel todo era jiji y jaja. No era algo exacto, por supuesto, pero los tópicos suelen cimentarse sobre realidades y la confrontación entre ambos universos cinematográficos terminaron por definirse por esos estigmas.
En la actualidad, Marvel ha ido apostando por la seriedad de sus propuestas, principalmente de la mano de los hermanos Russo, mientras que en DC se han ido decantando por la comedia, aunque el fracaso de Liga de la Justicia les ha hecho volver a dudar del camino a seguir.
En medio de esa guerra, Deadpool, un personaje Marvel pero en manos de Fox, lo revolucionó todo, con un humor mucho más descarado que el de ningún otro personaje de comic, gamberro, deslenguado y solo para adultos. ¿Sería quizá un nuevo camino a seguir?
Tras el éxito de taquilla y crítica de La Legopelícula, siendo el personaje de Batman el más aplaudido, se podría pensar que en DC iban a apostar por la autoparodia y muchos teníamos grandes esperanzas puestas en la versión en solitario del Batman de Lego, pero no dejó de ser una nueva decepción. En Warner no terminaban de atreverse a arriesgar lo suficiente y parecían condenados a mirar a su competencia siempre por encima del hombro, con cierto complejo.
Teen Titans go! es la película que ha venido a cambiarlo todo. Heredera de la serie de televisión de Cartoon Network, estamos ante la puesta de largo de un grupo de superhéroes adolescente que, muy al estilo Deadpool, viene a reírse de todo el que se cruce en su camino. Aplaudo, por ello, la valentía que esta vez han tenido en DC de olvidarse de viejos traumas y atreverse a mirar a sus vecinos a los ojos y hacer referencias directas, desde el inevitable cameo de Stan Lee hasta las múltiples referencias y comparaciones entre el mencionado Deadpool y Slade (Deathstroke), el villano de la función.
Además, los Teen Titans, con Robin a la cabeza, desean que Hollywood se fije en ellos para una película, y esto permite a los guionistas, Michael Jelenic y Aaron Horvath, tirar piedras contra su propio tejado y burlarse sin compasión del fracaso de Green Lantern, de la escena más parodiada de Batman V. Superman o del abuso que en cine se hace de la figura del murciélago, prácticamente el único icono rentable (aparte de Wonder Woman) de la compañía en los últimos tiempos.
Teen Titans go! con un estilo muy próximo al anime, es una película desenfrenada y muy loca, dirigida al público infantil pero con suficiente mala baba como para provocar las carcajadas de todos, aunque su público objetivo es claramente el fandom del mundo del cómic.
Momentos musicales, de ligera ternura y acción desenfrenada son los ingredientes que acompañan a una aventura que apuesta sobretodo por el humor más loco y desenfrenado y que supone un rayo de luz en el sombrío panorama de Warner/DC. Teen Titans go! es, a todas luces, la película que necesitaban para demostrar que pueden hacer algo diferente y arriesgado. Y el resultado ha sido casi inmejorable, siendo la mejor película de superhéroes de DC en mucho tiempo.

Valoración: Ocho sobre diez.

domingo, 20 de marzo de 2016

Análisis: LA GUERRA DE LOS SUPERHÉROES

Son tiempos de guerra, de eso no hay la menor duda. Las dos principales editoriales de comics, Marvel y DC, enfrentadas en los escaparates de las librerías especializadas desde hace décadas por conseguir las mejores historias y las mayores ventas, se baten también en duelo en las taquillas de los cines, amparadas bajo los sellos de Fox y Disney una y bajo Warner la otra.
Pero no contentos con eso, los propios superhéroes se lían a tortas entre ellos mismos dentro de sus propias películas. Son tiempos oscuros para la justicia: Batman pretende pararle los pies a Superman mientras en el escaparate de enfrente se cuece una Guerra Civil entre el Capi e Iron Man en la que todos los héroes deberán elegir bando.
No tardaremos mucho en saber quién ganará los combates ficticios: Batman versus Superman se estrena este mismo miércoles y Capitán América: CivilWar en apenas un mes, pero ¿qué pasara con la guerra auténtica, la que enfrenta a los grandes titanes de la industria?
Aunque hace años el dominio en cine de Warner/DC era total, sobre todo con el Superman de Richard Donner y el Batman de Tim Burton que fueron derivando en secuelas cada vez más mediocres (en el olvido quedan cosas como Supergirl, Steel o Catwoman), desde Marvel tenían que conformarse con mirar desde la barrera y que tras fracasos como Howard, un nuevo héroe su máxima representación cinematográfica estuviese en los videoclubs con películas como El Vengador (título inexplicable para Punisher), El Capitán América o la conversión en tres películas de la serie de Spiderman. Por fuerza se tenía que notar que  DC perteneciera a un gigante empresarial como Warner. Pero cuando llegó el momento de repartir los derechos de las estrellas Marvelitas las cosas empezaron a cambiar. Blade sentó un precedente pese a rozar la serie B, X-Men demostró que se podían contar grandes historias con tipos disfrazados y poderes raros y Spider-Man de Sam Raimi… ¿Qué vamos a decir del Spider-Man de Sam Raimi? 
Y mientras, Marvel empezó a comerse el mundo cinematográfico (incluso sus películas más fallidas como Daredevil, Los Cuatro Fantásticos o Punisher -esta vez sí- no llegaban a ser verdaderos fracasos), diversificando su imagen. Ahora eran los otros los que miraban desde la barrera, con SupermanReturns decepcionando, Green Lantern haciendo el ridículo y solo la trilogía de Nolan sobre Batman (sobrevalorada a mi entender y con una culminación ciertamente pobre) mantenían el nivel. Y en eso que Marvel empezó a hacer sus propias películas con los pocos personajes de los que conservaban los derechos. Y lo hizo a lo grande, tal y como sucedía en los comics, haciendo algo que en DC nunca se habían atrevido a hacer: crear un universo propio. Cierto es que sin el inesperado taquillazo de Iron Man quién sabe hasta donde habrían llegado esos ambiciosos planes que culminaron con Los Vengadores de Joss Whedon, pero solo por intentarlo ya merecían lo mejor. En Warner se seguía viviendo a base de dos únicos personajes.
No todo había sido un camino de rosas para Marvel (Man thing, Motorista Fantasma, Elektra…) pero al fin habían logrado crear un universo compartido y cohesionado que rompía taquillas y atravesaba las fronteras del medio, expandiéndose además a la televisión. Pero 2016 puede ser el año que lo cambie todo. 2016 puede ser el año en que DC tome la delantera e inaugure una época de gloria. ¿O no?
Pues posiblemente durante las navidades eso debían pensar sus directivos, que sin duda brindaron por el estrepitoso fracaso de Cuatro Fantásticos, el fallido reboot por parte de la Fox de la Primera Familia. También aquellos que auguraban que la gran burbuja de los superhéroes estaba a punto de explotar comenzaron a flotarse las manos con el aroma del cadáver. La película (por llamarlo de alguna manera) de Josh Trank era una de las peores películas del año, motivo de escarnio público y ruina económica para la Fox, que se apresuraba a cancelar el prematuro anuncio de su propio Universo compartido por el cuarteto y los X-Men que iba a supervisar Mark Millar (el nombre detrás de los pocos comics –junto a Hellboy y algún puñado más- que triunfaban fuera de esas dos megacorporaciones). Y aunque El hombre deAcero no había contentado a todos, su secuela (reconvertida después en Superman versus Batman, luego en Batman versus Superman y finalmente Batman versus Superman: el amanecer de la justicia, con hueco para Wonder Woman, Aquaman y vaya usted a saber quién más). El momento parecía propicio para dar una estocada mortal a Marvel, que tras la cancelación de la también fallida trilogía del nuevo The amazing Spider-Man (al final quedó en un par de películas con trama inconclusa) sólo podían confiar en sus propios proyectos para aguantar el tirón.
Parecía…                                           
Y en esto que una película que nadie esperaba lo cambió todo. De nuevo en la Fox, la que había insultado a los fans con esos Cuatro Fantásticos que poco o nada tenían que ver con los del comic, haciendo justo lo contrario: versionando un comic de manera más o menos fiel, dejando el proyecto en manos de gente que sí sabían lo que el personaje significaba y dándoles manga ancha para lo que les viniese en gana, llegando incluso a permitir una clasificación R (para mayores de dieciocho años) teóricamente mortal para conseguir una taquilla que se precie. Todo ello a cambio de hacer una producción barata. 
Y la jugada salió redonda. Deadpoolse ha convertido en el primer gran éxito del año y su recaudación ha batido todos los records imaginables (lleva ya setecientos catorce millones en todo el mundo, no está mal para na producción de cincuenta y ocho). 
Tanto es así que hasta podría sentar cátedra y convertirse en un ejemplo a seguir. Y si el ejemplo consiste en respetar más a los personajes en que se basan las películas, me parece bien. Si lo que se va a pretender ahora es que estas películas contengan así porque sí más violencia, tacos y sexo, eso no tiene porqué ser necesariamente bueno. De momento en la Fox misma han anunciado que la tercera (y última) película de Lobezno en solitario también será R, lo cual le puede venir bien al personaje, dicho sea de paso, aunque se han apresurado a aclarar que la decisión estaba tomada antes del estreno de Deadpool (cuya secuela ya está en marcha, por cierto). Además, la película de Gambito que se iba a estrenar a finales de año se ha aplazado para el 2017, imagino que con la idea de adaptar el guion a un estilo más cercano a este sleeper (taquillazo sorpresa). En DC no han llegado a tanto pero casi, pues antes incluso del estreno de Batman versus Superman ya se ha anunciado una versión para adultos en la edición doméstica de más de tres horas de duración.
En la casa de las ideas, mientras tanto, la cosa parece que no vaya con ellos. Pese a que la entrada de los hermanos Russo como cabezas pensantes dota a las historias de un tono más serio sus películas siguen siendo desenfadadas y divertidas, lo que se ha venido a denominar el estilo Marvel, en contraposición del denominado “nolanismo” que desde el estreno de El Caballero Oscuro parece embargar a DC (sólo un chiste pude contar en El hombre de acero y, la verdad, se lo podían haber ahorrado).
En fin, que tras ver lo sucedido en Deadpool quizá los de Warner ya no lo tienen tan claro. Su esperado estreno ya  no se intuye tan infalible, más cuando han obligado a Snyder a recortar bastantes minutos de metraje (y ya vimos en Los Vengadores: la era de Ultron lo malo que eso es para el resultado final del producto) y tras los gastos de promoción se estima que será necesario llegar a los mil millones de recaudación para hablar de beneficios, cifra alcanzable pero no garantizada. Además, que los pases de prensa sean sólo un día antes el estreno oficial no demuestra mucha confianza.
Para colmo, cuando ya está todo preparado para el inminente estreno y se inunda la prensa con carteles y nuevos trailers de esos que explican casi toda la película (y que yo he conseguido evitar ver) llegan los de enfrente y se sacan de la manga un nuevo tráiler de Civil War que eclipsa totalmente al murciélago y el kriptoniano. A una semana del estreno, todo el mundo habla (para bien o para mal) del nuevo traje de Spider-Man y de su rol en la guerra superheróica.
Para terminar de tocar las narices, se acaba de estrenar la segunda temporada de la magnífica serie de Daredevil y ha aparecido también un nuevo tráiler de X-Men:Apocalipsis que destilla épica y emoción a raudales (con mucha mejor pinta que todo lo que se había visto hasta ahora de la nueva obra de Singer). Y no olvidemos que este mismo año llegará también Doctor Extraño, película con la que Marvel expandirá más su Universo entrando en el mundo de la magia.
La guerra está servida. En unos días, el primer asalto (que la verdad es que me apetece bien poco) y el mes que viene, el segundo round. Y en verano veremos que nos ofrece la otra apuesta de Warner/DC para este año, la prometedora Suicide Squad que pinta muy bien pero su tono algo más gamberro y colorista le puede acarrear comparaciones con Deadpool que no se esperaban. A esa, la verdad, sí le tengo ganas.
Este es el panorama bélico con el que nos encontramos este año. Como decían en la promoción de los comics de Civil War: Y tú, ¿de qué lado estás?

sábado, 8 de febrero de 2020

Cine: AVES DE PRESA (Y LA FABULOSA EMANCIPACIÓN DE HARLEY QUINN)

Acuciados por el éxito de Marvel, en Warner nunca han sabido muy bien qué hacer con las infinitas posibilidades que les ofrece el universo DC, lejos ya los tiempos de Christopher Nolan y su Batman. Eso les ha obligado a ir a salto de mata y depender más de los ecos que producían sus películas que de un plan específico. Por eso, tras la apuesta por Superman con El hombre de acero, cuando intuyeron que en Batman v. Superman a la gente le molaba más el Batman de Affleck que el Super de Cavill, el último hombre de Krypton cayó en desgracia y había planes para meter al murciélago por todas partes, película en solitario y estrella invitada en Escuadrón Suicida incluido. Luego fue el propio Affleck quien fue condenado y borrado del mapa y, viendo que lo poco que parecía molar de la mencionada Escuadrón Suicida era el personaje de Harley Quinn, era cuestión de meter a Margot Robbie hasta en la sopa.
Mientras esperamos con incertidumbre qué nuevo cambio de planes pueda originar el inesperado (y desproporcionado) éxito de Joker, llega la primera de esas muchas películas anunciadas centrada en la figura de Quinn (el año que viene será turno de Escuadrón suicida 2 y ya veremos qué pasa con los proyectos de Gotham sirens y la supuesta película específica de Harley Quinn y Joker): Aves de presa (y la fabulosa emancipación de Harley Quinn).
El título no puede ser más evocador. Como el Joker de Jared Leto tampoco gustó nada, plumazo y a otra cosa, mariposa, así que su obsesiva enamorada no tiene más remedio que buscarse las castañas por su cuenta, aunque no tardará en coincidir con un grupito de inadaptadas con las que formará la alianza femenina del título.
Viendo las primeras imágenes del film y con el conocimiento de que iba a ser una película de clasificación R, las expectativas eran bastante halagüeñas, pero una vez más en Warner han pecado de cobardía y han ofrecido bastante menos de lo que se esperaba.
Con Margot Robbie como indiscutible estrella de la función, la película no deja de ser una pobre imitación del Deadpool de la Fox, sin atreverse a llegar a los límites de aquella. Con un argumento bastante lineal que desaprovecha terriblemente las posibilidades el villano de la función, un Máscara Negra al que da vida un Ewan McGregor que se esfuerza por estar todo lo desatado que el film parece merecer, y cuyo nivel de gamberrismo termina siendo lo suficientemente light como para no escandalizar a nadie.
Cathy Yan, prácticamente una desconocida, hace lo que puede para conseguir una película dinámica y que no aburra, limitada a un presupuesto mucho más ajustado que el de otras películas del DCEU (o comoquiera que se llame esto ahora), con peleas bastante dinámicas y tratando de ofrecer un sentido del humor algo cafre, pero sin llegar a conseguirlo del todo. Quizá uno de los problemas radique en la pobre definición de personajes, demasiado lastrados por la necesidad de dedicar el máximo de tiempo posible a una Harley Quinn que en Escuadrón Suicida molaba y que aquí se le nota demasiado el esfuerzo artificial que hace por molar. Ese desdibujamiento del resto de protagonistas y la narrativa desordenada hacen que la función no se pueda disfrutar como se debería, forzando a que la diversión vaya de más a menos. Al principio, parece que el nivel de locura va a funcionar bastante bien, pero ya a mediados del metraje el chiste se empieza a repetir y el nivel de “molanidad” va hacia abajo.
Con todo, Aves de presa no es una película aburrida, y mejora un poco el nivel de otras películas “menores” de DC, pudiendo ser comparable a Shazam, otra que apuntaba maneras (y cuya campaña promocional estaba también inspirada descaradamente en Deadpool) y que terminaba viéndose condenada por la obligación de ser demasiado infantil. En Aves de presa el problema no son los niños (hay palabrotas, muertes y mutilaciones) pero flojea en demasiados aspectos y, si Margot Robbie nos enamoraba en Escuadrón Suicida, aquí termina por agotar, mientras que a personajes como el Canario Negro de Jurnee Smollett-Bell o la Cazadora de Mary Elizabeth Winstead saben a poco.

Valoración: Seis sobre diez.

lunes, 30 de diciembre de 2019

6 EN LA SOMBRA

Ya defendí en su momento que una de las grandes ventajas de la producción fílmica de Netflix es la libertad creativa que esta da a sus autores. Buena cuenta de ello es la existencia de obras tan personales como RomaLa balada de Buster Scruggs o la reciente El irlandés. Otra cosa es que continuo sin tener claro como logran amortizar ciertos presupuestos desorbitados.
6 en la sombra es la producción más cara de la plataforma hasta la fecha (unos ciento cincuenta millones de presupuesto), todo para satisfacer al dios de las explosiones y los excesos.
Mezclar en una misma película los nombres de Michael Bay, Ryan Reynolds y los guionistas Paul Wernick y Rhett Reese (ZombielandDeadpool sus respectivas secuelas) es, como poco, sinónimo de grandes dosis de acción y diversión. Y, sin las manos atadas como les sucedería en cualquier productora tradicional.
6 en la sombra cuenta como un multimillonario se cansa de los abusos de poder y crea un grupo de mercenarios que, tras convertirse en «fantasmas», tratan de hacer del mundo un lugar mejor, empezando por liberar un país de un sádico dictador. Pero poco importa el argumento de una película donde no se deben encontrar profundos análisis de personajes ni diálogos especialmente inteligentes, más allá de los típicos golpes de gracia con aire de macarras ochenteros. Aquí lo que prima es la acción desenfrenada, la espectacularidad y el más difícil todavía.
Completamente desatado, Bay consigue su obra más gamberra y cafre, con todos los excesos propios de su filmografía resumidos en algo más de dos horas de completa locura. Absurda y a veces ridícula, sí, pero locura, al fin y al cabo.
Solo el larguísimo prólogo de la película basta para dejar en ridículo a toda la saga de Fast & Furious. A partir de ahí solo cabe esperar como superar el nivel de cafrería, con las explosiones más grandes y ruidosas, los desmembramientos más bestias y las muestras de testosterona (da igual que sea en manos de un hombre o una mujer) más ridículas.
6 en la sombra es una película para no tomarse en serio en ningún momento. Una colección de excesos, violenta y sádica, pero muy cachonda, que incluso supera en esos términos a la propia Deadpool, aunque con mucho mejor ritmo que las últimas de Transformers. Si se acepta como tal, podrá considerarse todo un descubrimiento del que solo cabe lamentar no poderla disfrutar en pantalla grande. Si se espera algo con un mínimo de inteligencia, esta no es vuestra película, desde luego.
6 en la sombra es puro rock’n’roll. Ni más ni menos. El cerebro mejor lo guardamos para otro momento.

Valoración: Siete sobre diez.

domingo, 5 de marzo de 2017

LOGAN: amarga despedida del verdadero Lobezno.

Nos encontramos ante la (supuestamente) última película en la que Hugh Jackman va a interpretar a Lobezno, y eso merecía una despedida por todo lo alto. Y no me refiero a una despedida espectacular, a modo de blockbuster veraniego, con fuegos artificiales y bandas de música. 
En ese sentido, Logan apuesta en dirección contraria, siendo casi la película más pequeña de la franquicia X-men, más incluso que esa gamberrada que fue Deadpool. Logan no es, apenas, una película de superhéroes, con sus grandes explosiones y sus impactantes efectos digitales. Y eso es lo que hace que sea, paradójicamente, la mejor película de la franquicia.
Han pasado diecisiete años desde que un desconocido Jackman se metiese por primera vez en la piel del irascible mutante canadiense, y pese a los trucos de maquillaje o cgi es evidente que los años no pasan en balde, ni siquiera para el héroe inmortal. Ahora, todo ese cansancio, todas esas heridas de batallas acumuladas y el balance de muertes de uno y otro bando acumuladas en sus recuerdos han terminado por pasar factura. Logan, brillantemente dirigida por James Mangold, se remonta treinta años después del final de X-men: Apocalipsis, y mucho han cambiado las cosas desde entonces. Se pudo evitar la purga de 2024 presagiada en X-men: Días del futuro pasado, pero ello no es sinónimo de tiempos felices para los mutantes. El homo-superior al fin ha caído y han pasado años sin el nacimiento de ninguno de ellos. Y por lo que los propios protagonistas pudieran saber, Logan, Caliban (presentado, aunque con otro actor, en X-men: Apocalipsis) y un Charles Xavier senil y agonizante pueden ser los últimos de su especie. Hasta la aparición de una niña llamada Laura que aporta un poco de esperanza en este futuro tan desolador.
Logan no es una película de superhéroes al uso. Pese a sus secuencias de luchas salvajes y desenfrenadas, no es ni siquiera una película de acción. Estamos más bien ante una especie de western crepuscular, una película de perdedores acosados por su pasado que recuerda mucho al Sin Perdón de Clint Eastwood y que no oculta sus influencias homenajeando abiertamente al film Horizontes lejanos. El futuro imaginado por Mangold para Logan está más cercano de las tierras baldías y desérticas de Mad Max que de los diseños futuristas de títulos como Blade Runner, y eso se debe también a las in fluencias de la mini serie El viejo Logan, de Mark Millar y Steve  McNiven. Logan no puede, por más que le hubiese gustado, adaptar la mítica obra pues el futuro apocalíptico que en ella se describe es vital la interactuación (ya sea en acción o recuerdo) del resto del Universo Marvel, ausente en la franquicia de la Fox, pero sus influencias están siempre presentes. Logan es ahora un hombre derrotado, una sombra del héroe que fue, apenas un fantasma del pasado que debe luchar contra sus propios recuerdos y proteger a los pocos que le quedan a su lado ahora que el sueño de Xavier de un mundo en paz a perecido definitivamente.
Sin contener incoherencias con respecto al resto de películas de la franquicia (algo muy habitual en la propia saga, por cierto), Logan respeta sus orígenes sin regodearse en ellos. Rechaza tanto el ser una película autoreferencial que ni siquiera obsequia a sus seguidores con los populares “fan-eggs” o con una escena postcrédito que, a modo de chiste, dulcifique la historia. No hay aquí tipos con mallas de colores ni edificios volando, y ni siquiera hay una explicación detallada de lo que ha sucedido con el resto de los héroes, apenas unas pinceladas que deben bastar para entender dónde estamos y como henos llegado aquí.
Logan es una película de perdedores buscando su propio camino, una historia de redención y segundas oportunidades, amarga y deprimente, donde una niña violenta y asalvajada es la única luz de esperanza que queda. Se trata, sobre todo, de una película sobre padres e hijos, sobre la relación entre Charles y Logan, por un lado, y entre Logan y Laura por otro, una road movie de carreteras polvorientas sin destino definido que se asemeja también al Blood Father donde Mel Gibson buscaba su propio camino de redención siendo también su recién encontrada hija su único punto de contacto con la realidad.
Hay momentos divertidos en Logan, pero se trata de una diversión a cuentagotas, de chistes amargos y dolorosos. Marvel/Fox abre aquí una nueva vía para hacer cine de superhéroes, y demuestra que hay vida más allá del colorido amable y espectacular de la línea marcada por Los Vengadores y de la oscuridad depresiva con que Nolan tiñó el Universo DC. Deadpool, con sus chistes incesantes y desmedidos, abrió las puertas a un cine menos infantil, con violencia extrema y sangre a borbotones, y Logan ha seguido ese camino, rehuyendo del humor pero no de la violencia que identifica la película como “R”, algo que antaño se consideraba veneno para la taquilla. 
Así, gracias a poder ver desmembramientos, decapitaciones y destripamientos, nos encontramos con el Lobezno que siempre debió ser, ese antihéroe salvaje y desmedido con el que Fox no se había atrevido hasta la fecha.
Hemos tenido que esperar hasta su última aventura tras ocho apariciones anteriores en el universo cinematográfico de los X-men para verle el verdadero rostro al hombre anteriormente conocido como James Horwlett. Y, esta vez, sí es de verdad la última.
En los cómics, El viejo Logan no pertenecía al canon oficial, por aquello tan complicado de entender para los apócrifos de los Multiversos, pero en cine sí deberíamos dar esta película como el cierre definitivo de la historia de los X-men. Podemos seguir averiguando qué pasó por el camino, e incluso se podrían buscar argucias argumentales para recuperar a un rejuvenecido Logan sin alterar la corriente temporal, pero esta película es, y debe ser, su epitafio definitivo.
Logan es, sin duda, la mejor película de mutantes hasta la fecha. Y, muy posiblemente, está entre las mejores películas de superhéroes de todos los tiempos. Puede que porque ni siquiera es una película de superhéroes.
Ahora la pregunta que en Fox deben hacerse es… ¿vale la pena seguir expandiendo el malherido universo mutante o deberían seguir los pasos marcados por Mangold en Logan? Seguramente será lo primero (a la serie Legión hay que sumar la inminente X-men: Supernova), pero yo aplaudiría por la segunda vía. El futuro de los hombres X debería definirse bajo las indicaciones de X… 23. Aunque Logan no vaya a estar ahí para verlo.

Valoración: Ocho sobre diez.

sábado, 7 de agosto de 2021

Cine: EL ESCUADRÓN SUICIDA

En el mundo de los cómics es muy habitual que cuando una colección no funciona esta termine más o menos olvidada, dejándola en manos de guionistas considerados menores a los que se les da manga ancha para que hagan con ella lo que les venga en gana. Eso no siempre funciona, pero algunas veces ha dado sus frutos, consiguiéndose verdaderas joyas, como el Born again de Frank Miller o la Hulka de John Byrne, por poner solo un par de ejemplos.

Algo parecido ha sucedido con El Escuadrón Suicida, por más que algunos lo quieran vender como una jugada maestra de la Warner. Con el DCEU en caída libre, el desbarajuste con Zack Snyder y su futuro en la compañía y las críticas de David Ayer, director del primer Escuadrón Suicida, poco parecía ya cual fuese el siguiente paso de la compañía, por lo que aprovechando las aguas revueltas en la acera de enfrente para traerse a su bando a James Gunn y darle carta blanca para que reinvente la franquicia como le parezca.

No digo que la apuesta no sea buena. James Gunn es un excelente director y no cabe duda que en Guardianes de la Galaxia Vol.1 y Vol. 2 está mucho más comedido de lo que a él le gustaría, así que el lujo de poder hacer una película sin presiones ni condiciones (al parecer, lo único que le impusieron fue la presencia de Harley Quinn) era algo difícil de rechazar.

Con un amplio abanico de personajes a su alcance y una ingente cantidad de dinero, Gunn ha reinventado la saga a su manera, con una película para adultos, con un humor grueso pero efectivo, golpes de efecto muy contundentes y más sangre que en la saga Saw. Si sus Guardianes de la Galaxia eran un punto macarras y Deadpool subía la apuesta, El Escuadrón Suicida está un peldaño más allá dentro del género de superhéroes, aunque otra cosa sería analizar si esto realmente es una película de superhéroes, lo cual dejo para otro día.

El resultado final es una película bestial, muy cachonda, con un ritmo frenético y bastante rompedora. Sin embargo, no estamos hablando tampoco de la panacea, y por eso me sorprenden mucho las críticas que se leen por ahí calificándola como obra maestra absoluta. ¿Es esta la mejor película del DCEU? Posiblemente, aunque tampoco lo tenía muy difícil. ¿Es la mejor película de superhéroes de la historia y la que va a romper moldes y cambiar la forma de entender el género? Para nada. Dudo mucho que ni en Warner se estén planteando hacer otra locura como esta. De hecho, y sin que esto sea un comentario negativo hacia El Escuadrón Suicida, ni siquiera creo que sea la mejor película del director. Puede que Guardianes de la Galaxia no se pudiese permitir esa mala baba que tiene El Escuadrón Suicida, pero ganaba en frescura al ser unos personajes que Gunn se sacó prácticamente de la manga. No es que El Escuadrón Suicida no pueda presumir de romper con la anterior película (sin llegar a renegar de ella), pero a fin de cuentas volvemos a contar con Harley Quinn como reina del espectáculo (aunque no me parece que actúe igual que la Harley Quinn ya conocida de la otra película y Aves de Presa) y su dinámica con Idris Elba es muy similar a la que ya tenía con Will Smith (por cierto, aquí se hace burla de las similitudes entre Bloodsport y el Pacificador, pero me gustaría que me explicasen las diferencias entre el primero y Deadshot), Viola Davis y Joel Kinnaman repiten sus roles sin salirse mucho de las directrices y entre las novedades, la más impactante que es la de Nanaue (el Rey Tiburón), que tiene rasgos de personalidad a medio camino entre la estupidez de Drax el Destructor y la ingenuidad de Baby Groot. Y, a fin de cuentas, el tono bestia y sangriento del film tampoco es tan diferente al de la estupenda serie de The Boys

El caso es que la película quiere ser tan divertida, tan loca y tan radicalmente opuesta a lo que en Disney considerarían lo «políticamente correcto» (parece como si Gunn se pasara todo el tiempo de escritura de guion buscando como vénganse de los que lo habían echado por la puerta de atrás) que eso se termina notando en la película. Es como si, sabiendo que mola, se gustase demasiado a sí mismo, consiguiendo que por momentos la molancia quede como algo impostado.

Con todo, la película es estupenda, divertida y salvaje. Y pese a uno de los villanos más ridículos de la historia del cine (que demuestra lo poco en serio que Gunn se toma a sí mismo), cumple con buena nota en su intento de ofrecer algo refrescante y distinto a lo habitual.

Que sea una película que rompe la norma o el nuevo camino a seguir, solo el tiempo lo dirá (aunque algo parecido comenté a raíz de Deadpool y luego ya vieron como siguió todo). Por lo pronto, Gunn vuelve a casa para Guardianes de la Galaxia, Vol. 3, y ahí la corrección deberá volver. Lo cual no es necesariamente malo.

 

Valoración: Seis sobre diez.

martes, 21 de junio de 2022

Visto en Netflix: SPIDERHEAD

El gran estreno de la semana de Netflix ha sido Spiderhead, una película que lo tenía todo para colarse entre los títulos más importantes del año. Un director de moda, unos guionistas de renombre y un cotizado casting. Sin embargo, algo no termina de funcionar en la ecuación, consiguiendo que el resultado sea una propuesta alargada de lo que podría haber sido un episodio de Black Mirrow (algo que ya sucedía con otras propuestas de ciencia ficción fallida como El círculo o Nerve).

Rhett Reese y Paul Wernick, guinistas de Deadpool, adaptan un relato corto de George Saunders que demuestra que la historia, precisamente, daba para algo corto, por más que Joseph Kosinski, aún de celebración por la taquilla cosechada por Top Gun: Maverick, demuestra su buen hacer tras las cámaras y hace un más que digno trabajo con un libreto bastante pobre y que va de más a menos, volviéndose demasiado previsible y descafeinado a medida que avanza el argumento.

Chris Hemsworth, que parece cómodo trabajando para la plataforma de streaming, es el que más parece disfrutar del invento, encarnando a un divertido (aunque oscuro) director de una prisión futurista que acoge a sus recursos con todo tipo de lujos a cambio de que acepten someterse a una serie de experimentos que, se supone, supondrán grandes avances médicos. Entre ellos se encuentran Miles Teller y Jurnee Smollett, componiendo una especie de triángulo actoral sobre los que versa toda la trama, esforzados ellos dos en dar el aporte dramático son llegar a conseguirlo nunca, todo por culpa, insisto, de las costuras que revela un guion algo perezoso.

Puede que el ´ñunico sentido de la existencia de Spiderhead es que sus características (pocos actores, espacios cerrados) inviten a pensar en un rodaje propicio en época postpandémica, pero ello no quita que se sienta como una oportunidad perdida ante lo que podría haber sido. No es nunca un desastre total, ya que Kosinki se empeña en imprimir una tensión con lo poco que le dan mientras que Hemsworth derrocha carisma casi sin querer, pero ello no impide que la trama llegue a un punto en que se torna repetitiva y se roce el aburrimiento.

En resumen, una película que se deja ver, menos punzante en su vertiente de denuncia social de lo que se presupone y que no da para mucho, manteniendo el interés por su interesante planteamiento inicial y, sobre todo, su interesante selección de canciones. Poco es, pero es lo que hay.

 

Valoración: Cinco sobre diez.

viernes, 15 de enero de 2021

Artículo: EL REGRESO DE MARVEL

Por fin es viernes, y aunque la cartelera de estrenos sea tan paupérrima o peor que en semanas anteriores, algo bueno hay que llevarnos a la boca. Y es que después de un año sin productos audiovisuales Marvel (en 2020 sólo tuvimos Los Nuevos Mutantes, pero son independientes del MCU), al fin se ha estrenado la Fase Cuatro que deba dar continuidad al universo superheroico después de todo lo acontecido con Thanos y las gemas del Infinito.

Después de algún cambio obligado por la crisis del Covid-19, al final ha sido la primera serie para Disney+ quien ha abierto el melón, concretamente La Bruja Escarlata y la Visión, la cual formará, además, parte de una supuesta trilogía sobre el multiuniverso que se expandida en la secuela de Dr. Strange y la tercera entrega de Spider-Man.

Cómo resulta que Disney+ tiene claro que su fórmula para estrenar series es mediante el formato de episodios semanales, tal y como hiciera ya con The Mandalorian, no tendréis mi opinión de la misma hasta bien entrado el mes que viene, pero para ir haciendo boca hoy es un día tan bueno como cualquiera para hacer un breve repaso de lo que se nos viene encima por parte de la casa de las ideas y que se anunció en la pasada convención del Inversors Day de Disney.

Por descontado, lo único mar o menos aseguro sin las series, ya que el panorama cinematográfico es realmente incierto, e incluso cosas aparentemente descartadas, como es un hipotético estreno en salas y streaming al unísono, en el caso de La Viuda Negra, ya no parece tan descabellado.

Sin más preámbulos, vamos a ello:

WandaVision: serie disponible a partir del 15 de enero en Disney+.

      The Falcon & the Winter Soldier: serie que llegará el 19 de marzo de 2021 también en Disney+

      Viuda Negra / Black Widow. Película varias veces pospuesta cuya última fecha de estreno conocida era el 7 de mayo de 2021, pero que tampoco parece muy seguro.

      Loki: Serie de Disney+ prevista para mayo. Ya hay segunda temporada confirmada.

    Shang-Chi and the Legend of the Ten Rings. De Nuevo la incertidumbre de los estrenos en cines. La fecha teórica es el 9 de julio de 2021. A destacar que en ella se va a recuperar al personaje de El Mandarín. El de verdad, no el de Iron Man 3.

      What if…? Serie de animación que veremos en Disney+ en algún momento del verano.

      Ms. Marvel. Presentación del personaje de Kamala Khan en televisión, anunciada para finales de año.

      Eternals. La película que debía ser la piedra de toque de la Fase 4 con Angelina Jolie al frente ha caído hasta el 5 de noviembre.

       Hawkeye. Ojo de halcón también tendrá serie propia para despedir en Disney+ el año.

       Spider-Man 3. Última traca y fin de fiesta. Se estrenará, si todo va bien, el 17 de diciembre de 2021.

 

Y ya que estamos, y porque me siento así de generoso, os recuerdo los proyectos que hay en marcha pasado este 2021. 

      Doctor Strange in the Multiverse of Madness – 25 de marzo de 2022

      Thor: Love and Thunder – 6 de mayo de 2022

      Black Panther 2 – 8 de julio de 2022

      Captain Marvel 2 – 11 de noviembre de 2022

      Guardians of the Galaxy Holiday Special (finales 2022) [Disney+]

 A todo esto hay que sumar, además, otros títulos anunciados pero sin fecha de estreno, tales como: Ant-Man 3, Los 4 Fantásticos, Guardianes de la Galaxia Volumen 3, Blade y Deadpool 3 en cines y las series de Moon Knight, She-Hulk, Ironheart, Armor Wars, Secret Invasion y I Am Groot.

 Eso a expensas de saber cómo queda lo de la llegada de los X-Men al MCU y los movimientos de Sony con sus propiedades, pues el film de Morbius también ha sufrido bailes de fechas y ahora mismo no se sabe bien cuando llegará a los cines.

sábado, 15 de septiembre de 2018

PREDATOR

No cabe ninguna duda de que estamos en una época en la que, ya sea por la nostalgia o por la falta de ideas, el mundo del cine y la televisión mira hacia el pasado más que nunca, ya sea en forma de productos ambientados en los ochenta o haciendo directamente secuelas o reboots de títulos emblemáticos. Así, recientemente, hemos tenido secuelas de Blade Runner o reinvenciones como la de Cazafantasmas y aún está por ver qué va a pasar con el retorno de James Cameron a la franquicia de Terminator tras la poco valorada Terminator: Génesis.
Aunque el caso de Predator no sea exactamente el mismo, ya que de alguna manera la saga siempre ha estado más o menos viva, la unanimidad en destacar que el film original de John McTiernan no ha sido superado hace que esta nueva aproximación a la figura del cazador interestelar sea vista casi como una secuela directa de aquella, aunque es evidente que el film de Stephen Hopkins está en continuidad.
Llegados a tal punto, hay dos maneras de enfrentarse a la recuperación de un personaje tan icónico como difícil de tratar. Se puede hacer dese la admiración por un film y una época que ha influido en muchos realizadores que vivieron esos añorados ochenta como espectadores, como podría ser el caso de la propuesta de Robert Rodriguez que acabó derivando en la divertida aunque irregular Predators, o se puede hacer desde el conocimiento del que ha mamado desde dentro esa época dorada del cine palomitero. Shane Black no solo fue uno de los protagonistas de la Depredador original (el primero en morir, concretamente), sino que por aquel entonces se convirtió en el guionista mejor pagado gracias a sus trabajos en films ahora de culto como Arma Letal, El último boy scout o El último gran héroe. Desaparecido del panorama (no sé si cuenta como intento de resurrección en 2005 su debut en la dirección con Kiss kiss bang bang) hasta que su amigo Robert Downey Jr. lo recuperó para la infravalorada Iron Man 3 y hace unos años escribió y dirigió la genial Dos buenos tipos.
Uno de los desafíos de volver a la saga de Depredador estaba en como enriquecer su Universo sin contradecir el canon establecido, un canon al que ya se sabía que no pertenecían los dos títulos de la subsaga de Alien versus Predator, ya que las alteraciones que introdujo en su momento Paul WS Anderson ya fueron obviados por Ridley Scott y su recuperación del Universo Alien. Black, guionista talentoso donde los haya, ha sabido avanzar en la historia entre depredadores y humanos sin caer en la repetición de esquemas ni abusar de los homenajes. Que los hay, y muchos (solo por recuperar el tema musical de Alan Silvestri ya merece todo mi respeto y admiración), pero son suficientemente sutiles como para eludir la etiqueta de ser meros fan service (algo de lo que quizá deberían tomar nota en la franquicia Star Wars) y le permiten reinventar al depredador, creándole nuevas motivaciones y haciéndolo evolucionar físicamente para permitirle constituir una amenaza mayor, aunque quizá alguno pueda protestar por perder el sentido romanticismo de la cacería embutida de cierto sentido del honor que insinuaban las dos primeras películas.
Pero lo mejor y lo peor de Predator se resume, curiosamente, con la misma palabra. Fox. La productora, por un lado, ha dado suficiente manga ancha a Black para hacer lo que le ha dado la gana con el estilo visual del film, una apuesta similar a la que hicieran con Tim Miller y su Deadpool, permitiéndole hacer una película de clasificación R brutalmente sangrienta y salvaje, pero por otro, una vez terminado el film, ha querido meter mano para adecuarla a sus gustos con unos recortes y remontajes que afectan en algo al ritmo final del film, dando la sensación de que el resultado final es algo inferior a lo que podría haber sido.
Los depredadores de esta nueva película (no es spoiler avisar de que sale más de uno) molan. Son salvajes en sus acciones pero inteligentes en sus propósitos, pero Black sabe que eso no es suficiente para llenar una película que aspire a estar a la altura de la obra que encumbró a Schwarzenegger como actor, por lo que copiando en parte la jugada de Predators da el mayor protagonismo a los humanos, consiguiendo que ese grupo de soldados, unos inadaptados sociales más parecidos a una especie de Escuadrón Suicida que al comando militar del film original, a los que ha sabido dar un tratamiento y unas personalidades mucho más trabajadas que en la película de Adrien Brody, donde todos los personajes eran puros arquetipos y poco más. Por eso, el efectivo reparto de Predator ayuda a que el tono descaradamente cómico del film no chirríe
 y uno pueda llegar a entender que eso en realidad es más una gamberrada que una obra seria, siendo autoconciente de ello y logrando que el divertimento esté por encima de todo. Hay momentos de terror, desde luego, y de angustia emocional. Y mucha y muy buena acción. Pero en ningún momento pide al espectador que se tome demasiado en serio lo que está pasando en pantalla, ya que de lo contrario se verían demasiado las costuras de un guion tan brillante en su sencillez como incoherente en su lógica interna. Incluso hay escenas, como la que acontece en el interior de un instituto, que podrían recordar al tono de slasher que tuvo Alien versus Predator: Requiem, con la diferencia de que aquí sí funciona la fórmula.
Puede que, de no haber impuesto esos cambios de última hora Fox, a la película solo le faltase la frustrada aparición de Schwarzenegger (me pegunto porqué no intentaron, al menos, contar con Danny Glover), aunque no se descarta su participación en una posible secuela. De hecho, la escena final (ya aviso que no hay escena postcréditos) anticipa el deseo de seguir ampliando la franquicia (aunque que sea un guiño más de Black al cine de finales ambiguos de los ochenta o si de verdad tenga un plan en su cabeza para continuar la saga es algo que por ahora no vamos a saber), aunque mucho me temo que viendo el tono violento y casi gore de esta sumando al hecho de que en el supuesto de haber un nuevo film de Depredador este sería ya bajo la tutela de Disney, me parece poco probable. Al menos en estos términos.
Los personajes humanos, como digo, son mucho más protagonistas que los propios depredadores, por eso es interesante resaltar el elenco de actores que, pese a no contar con grandes estrellas que sirvan como reclamo, si tiene a grandes actores, reconocibles todos ellos. Desde el protagonista principal, Boyd Holbrook, visto en títulos como Logan, Caminando entre las tumbas, Perdida o Morgan, hasta la estrella con más futuro del panorama actual (que consigue que, por una vez, un personaje infantil en una película de acción no sea un lastre): Jacob Tremblay, de Oscar en La Habitación y muy brillante también en Wonder. Junto a ellos dos, otros nombres populares como Olivia Munn (Mariposa Mental en X-Men: Apocalipsis), Trevante Rhodes (de 12 valientes o Moonlight), Keegan-Michael Key (cómico de gran popularidad que ha hecho algún trabajito más serio como el de Tomorrowland), Sterling K. Brown (el N’Jobu de Black Panther), Thomas Jane (olvidable Punisher que se ha revalorizado con 1922, donde, después de La Niebla, repetía en el universo de Stephen King), Alfie Allen (odioso Theon Greyjoy de Juego de Tronos) o Yvonne Strahovski (imprescindible en las series Dexter y El cuento de la criada).
No hay duda de que, pese a todo, Predator es inferior a Depredador, lo cual no debe ser visto como un demérito. Pienso que Depredador nació de una conjugación de elementos irrepetibles que la convirtieron en un amalgama de géneros tan extraño como perfecto y será difícil (por no decir imposible) superarla. Sin embargo, debe ocupar un puesto de honor en la saga, resultando un espectáculo muy estimulante para culminar este verano marcado por Misión Imposible: fallout y Los Increíbles 2 y que debería (esperémoslo) hacer renacer la franquicia tras el frustrado intento de Nimród Antal y Robert Rodriguez que, por acontecer fuera del planeta Tierra, nos tendrán que explicar algún día si sigue en continuidad o no.
Mientras, esperemos poder volver a ver a los depredadores por este u otro planeta. Ahora la pelota está en el tejado del público... y de Disney.

Valoración: Siete sobre diez.