lunes, 10 de diciembre de 2018

LA BALADA DE BUSTER SCRUGGS

La balada de Buster Scruggs parte de una serie de relatos que los hermanos Coen habían ido escribiendo a lo largo de su carrera con el Oeste como telón de fondo. A alguien se le ocurrió que la idea podía dar para una serie de televisión, pero tras tantearlo de la mano de Netflix el proyecto terminó derivando en una antología en forma de película.

Con La balada de Buster Scruggs Netflix confirma su apuesta por los largometrajes, siendo cada vez más los grandes autores que recaen en su plataforma (es inminente el estreno de Roma, de Alfonso Cuaron), agradecidos por la libertad que les ofrece y que posiblemente sería complicada conseguir de cara a un estreno comercial en cines.
Podría verse en La balada de Buster Scruggs la propia evolución en la vida de los Coen, de manera que las historias tienen un tono completamente diferente de unas a otras, comenzando por el humor más absurdo hasta concluir en un formalismo ejemplar, más centrados en los diálogos que en las situaciones, pasando, eso sí, por el drama más duro e intimista. Naturalmente, como en todas las películas de antologías, hay altibajos y cada uno podrá apreciar mejor una u otra historia dependiendo de lo que ande buscando, resultando incluso algo extraña esa mezcla de géneros que tienen en el western el único denominador común. Lo que no se le puede negar a los Coen es su pericia como directores, cuidando al máximo la fotografía y consiguiendo un empaque visual excelente.
Es difícil definir la calidad de la película, a habidas cuentas de lo irregular que es, pero hay que calificarla, como mínimo, de interesante. Un arranque musical con un personaje que rompe la cuarta pared para dirigirse directamente al espectador, sirviendo de presentación de la colección de relatos, un vaquero condenado a la horca con el rostro de James Franco (¿una metáfora, quizá, del escarnio público al que fue sometido por ciertas acusaciones tras el estreno de The disaster artist?), la triste y dura historia de un feriante al que da vida Liam Neeson y su mutilado hijo, la aventura de un buscador de oro solitario, la angustiante soledad de una mujer en una caravana acechada por los indios y la conversación entre unos desconocidos a bordo de una diligencia, quizá un guiño a Los Odiosos ocho de Tarantino, conforman este surtido de relatos que tocan casi todos los tópicos de las viejas películas del Oeste a la que rinden un sentido homenaje y que dejan un extraño regusto de insatisfacción tras el visionado, pero que quedan grabadas en el recuerdo y, allí almacenadas, van mejorando con el paso del tiempo. Al final, la sensibilidad termina por vencer al humor, pese a que no sea lo esperado.

Valoración: Siete sobre diez.

EL REY PROSCRITO

Comanchería, dirigida por David Makenzie, fue la película revelación de hace un par de años (yo mismo la catalogué entre lo mejor del año), llegando incluso, pese a ser una película independiente, a colarse en las quinielas de los Oscar. Por ello, mientras su guionista Taylor Sheridan conseguía debutar como director de Wind River y firmar el libreto de Sicario:el día del soldado (él mismo había debutado con la primera Sicario), todas las miradas estaban pendientes el siguiente trabajo de Makenzie, para el cual ha vuelto a confiar en el protagonista de Comanchería, Chis Pine, pero, curiosamente, no en el mismo medio.
Efectivamente, El rey proscrito no se ha podido ver en cines, siendo una producción Netflix y demostrando que la plataforma de streaming está empezando a apostar cada vez más fuete por los largometrajes. Atrás quedan los tiempos en que sus películas eran objeto de burla, y tras títulos tan estimulantes e importantes como Aniquilación, Okja o Mudbound, ahora llega un verdadero desembarco de películas imprescindibles, como Roma, Mowgli, La balada de Buster Scruggs o Cam.
El rey proscrito podría definirse, de manera precipitada, como una especie de secuela de Braveheart. No es eso, ni mucho menos, pero por ahí andan los tiros. De hecho, es la “verdadera” historia de cómo Escocia logró independizarse de Inglaterra allá por 1314.
Dicen los historiadores que casi el ochenta por ciento de lo narrado en Braveheart es pura ficción. En El rey proscrito, cuyo arranque coincide casi con la muerte de William Wallace, lo que se cuenta de Eduard Bruce, que llegó a ser coronado como Eduard I de Escocia es más o menos fiel a la realidad, aunque ennobleciendo bastante al personaje para poderlo convertir, ¿cómo no?, en el héroe de la película. Así, Makenzie logra suavizar el carácter ambicioso y egoísta del rey, profundizando en la historia de amor que decora las escenas de batalla y volviendo a acercarse, de nuevo, más a la leyenda que a la cruda realidad.
Como sea, y aceptando las limitaciones presupuestarias que obligatoriamente deben diferenciar una producción (por lujosa que sea) de Netflix que una superproducción de Hollywood tradicional, la película resulta un entretenido pasatiempo, un buen film de aventuras que Makenzie filma con elegancia y en la que Pine vuelve a derrochar su carisma habitual. Puede que al final El rey proscrito termine siendo más una película de batallas medievales que un fidedigno retrato histórico, aunque no es menos cierto que la historia no puede ser poseedora de una verdad absoluta, ya que siempre dependerá de quién sea el que la cuente. Así, lo mejor es contentarse con el concepto de entretenimiento que se nos ofrece y disfrutar de unas secuencias de acción bien planificadas y de los entresijos inherentes a los temas relacionados con las coronas para, definitivamente, hacer un buen programa doble con el clásico que encumbrara a Mel Gibson hace ya veintitrés años.

Valoración: Siete sobre diez.

jueves, 6 de diciembre de 2018

RALPH ROMPE INTERNET

Por más que se quiera promover la igualdad de género desde la infancia, estigmatizando los juguetes que toda la vida han sido “para niños” o “para niñas”, las películas de animación de Disney (y por extensión de Pixar) no se han preocupado demasiado por evitar caer en la trampa, y es fácil reconocer las películas de “princesas” enfocadas a un público principalmente femenino y las de “héroes” (ya sean “supers” como en Los Increíbles o Big hero 6 o de carreras, como la saga Cars) orientadas a los chicarrones de la casa. Rompe Ralph, la película de 2012, empezaba a jugar con el tema, siendo una película de chicos (ambientada en el mundo de los videojuegos, que hasta hace unos años era territorio exclusivamente masculino) pero incorporando a última hora, por sorpresa y casi a traición, a una princesa, nada tradicional ni ortodoxa, eso sí.
En Ralph rompe Internet, su secuela, ese concepto se lleva a sus máximas consecuencias. En ella, amparándose en la fantástica química que los personajes de Ralph y Vanellope transmitían, el escenario cambia del mundo de los videojuegos a las posibilidades infinitas que ofrece Internet, ese concepto tan abstracto que aquí toma forma física de una manera visualmente apabullante y muy efectiva. Aquí ya no hay distinciones de género (Zootrópolis fue, posiblemente, el primer gran paso en ese camino) y Disney se permite incluso ridiculizar a esas princesas algo ñoñas y desfasadas de las que ha vivido durante tanto tiempo.
Aún más, Disney se atreve incluso a burlarse de la propia Pixar (“el otro estudio”, lo llaman en un momento dado de la película), conocedor de que esas diferencias creativas y de diseño que había entre ambas se ha roto definitivamente y que la casa madre es capaz, ahora sí, de situarse por delante de aquella pionera en la animación en 3D.
Ralph rompe internet es una divertida secuela, capaz de superar a la original en muchos momentos del metraje, que hará las delicias de los más pequeños de la casa. Pero, como suele suceder en muchos productos de animación reciente de Disney, contiene suficientes elementos para pensar que en realidad está más enfocada en un público adulto que en los más pequeños, que sin duda disfrutarán con la aparición de personajes Marvel o Star Wars (hay que exprimir las licencias como sea), pero que no terminarán de pillar muchas de las bromas y guiños ocultos de esta recreación llena de claroscuros de Internet que nos presenta la película de Phil Johnson y Rich Moore (ojo a la muestra definitiva de autoparodia presente en la escena postcréditos).
Es cierto que aún saliendo airosos en la difícil tarea de dar forma a la red, no es la primera vez que es posible ver esto en el cine, y hay ciertos momentos que parecen claramente inspirados en la película (infinitamente inferior, pero hasta cierto punto efectiva) de Emoji. Sin embargo, no hay comparación posible entre la calidad de los gráficos actuales, la emotividad del guion y, sobre todo, el desarrollo de unos personajes que, una vez fueron presentados en la primera película, rallan a muy buen nivel, logrando que la película, estupendo y tronchante divertimento, tenga también su valor emocional. Porque al final, pese a todas las maravillas que nos desbordan los sentidos al ver esta película, lo que verdaderamente funciona es su guion, en el que se saca el máximo partido al avance de una relación que en su madurez puede resultar dolorosamente real (en la vida real nada es para siempre, niños, lo siento) a la par que la presencia de los secundarios, perfectamente dibujados con apenas unos minutos en pantalla, son el complemento ideal a una aventura mucho más ambiciosa y emotiva que la de la primera aventura de Ralph.
Esta es, definitivamente, la secuela que sí merece la pena ver. Y, en espera a la llegada de Spiderman: un nuevo universo, la película de animación del año.

Valoración: Ocho sobre diez.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

VIUDAS

Si nos ponemos estrictos, Viudas debería ser una buena película solo por definición. Repasemos los nombres que se encuentran implicados en ella:
A los mandos se encuentra Steve Mc-Queen, director sobradamente contrastado y que con 12 años de esclavitud se consagró definitivamente. En el guion, junto al propio McQueen, se encuentra Gillian Flynn, la autora de las novelas que dieron pie a la serie Heridas Abiertas y a la magnífica película Perdida, y se trata, además, de una adaptación de una serie de televisión de los ochenta. La historia va sobre las mujeres de unos peligrosos atracadores interpretadas popr  Viola Davis, Michelle Williams, Elizabeth Debicki y Carrie Conn, que tras la muerte de estos en un atraco (interpretados, entre otros, por Liam Neeson y Jon Bernthal) deciden culminar el último plan que tenían en mente para salir del pozo de deudas al que la desaparición de los hombres les ha condenado y empezar una nueva vida. Además, hay de fondo una trama política comandada por el duelo electoral entre el personaje al que da vida Colin Farrell (que es hijo de Robert Duvall) y el de Brian Tyree Henry, cuya mano derecha tiene el rostro de Daniel Kaluuya.
Como pueden ver, solo por los nombres que hay en film ya vale la pena darle una oportunidad, pero es que, además, con todo este cóctel, McQueen no se conforma con hacer una película de atracos al uso, siendo muy fácil caer en la trampa de repetir la jugada de Ocean’s 8 y hacer una peli de atracos femenina sin más. McQueen decide con inteligencia concebir una historia que va mucho más allá del cine policiaco sin más y logra imponer una reflexión social de varias capas, tocando, de pasada, pero con suficiente contundencia, la moralidad de la clase política, el racismo, la dominación machista e incluso la presión provocada por la necesidad de soportar la presión paterna y necesitar de su aprobación.
Para ello, McQueen elabora unos personajes muy bien construidos, con una presentación de los mismos muy lenta, cuidando los detalles y tomándose las cosas con calma. No es esta una película frenética de grandes dosis de acción (aunque también la hay), por lo que reniega del cine de espectáculo al uso. Viudas tiene un guion inteligente y con giros sorprendentes, pero para que estos funcionen es necesario que los personajes resulten creíbles, cosa que solo puede ser posible mediante ese análisis exhaustivo que nos permite conocer hasta el más mínimo pensamiento de cada una de las tres protagonistas y reforzadas con el gran trabajo interpretativo, en especial una Viola Davis que ya suena en las primeras apuestas para la temporada de premios que está a punto de comenzar.
Así, pues, Viudas es una película entretenida, salvaje, emocionante y sorprendente, pero es también una película intimista, dramática y reflexiva. Un film que invita a la reflexión y cuyas escenas no se diluyen en la memoria apenas salir de la sala. Y lo consigue, además, con una serie de mensajes que no resultan para nada moralistas ni provienen de slogans vacíos y adoctrinadores. Es, por ejemplo, una película feminista sin necesidad de recurrir a ese ponderamiento de la mujer que en ocasiones roza el ridículo, y tiene un mensaje racial sin redundar en el drama negro como quizá si lo hiciera la anterior película de su director.
Es, en resumen, una gran película, cuyo único pero puede encontrarlo alguien más acostumbrado a la adrenalina que a la deconstrucción de personajes. Allá cada uno…

Valoración: Ocho sobre diez.

lunes, 3 de diciembre de 2018

DURANTE LA TORMENTA

Oriol Paulo es un eficaz director que se ha movido siempre en el terreno del thriller más retorcido, siendo El cuerpo y Contratiempo sus dos ejemplos más recientes, a los que hay que sumar otros trabajos como guionista como Los ojos de Julia y la algo inferior Secuestro.  
Durante la tormenta, escrita mano a mano con Lara Sendin (con quien ya trabajó en El cuerpo), sigue en esa línea de misterio y crímenes difíciles de esclarecer, pero metiendo por medio un elemento tan propio de la ciencia ficción como son los viajes en el tiempo. O, más concretamente, las paradojas temporales.
No está Durante la tormenta en la línea de films como Regreso al futuro, ni mucho menos, pero sí guarda muchas similitudes con Frequency, película de Gregory Hoblit que unían a un padre y un hijo (Dennis Quaid y Jin Caviezel) desde diversas líneas temporales a través de un aparato de radio.
En esta ocasión son un viejo televisor y una cámara de vídeo los que, durante la tormenta a la que alude el título, conectan a una mujer y un niño que están veinticinco años separados en el tiempo.
Como gran entusiasta de las historias sobre las alteraciones de la corriente temporal (de hecho estoy trabajando en una novela que sigue esos patrones), estaba especialmente intrigado en cómo se iban a desenvolver Paulo y Sendin para saber jugar con las diversas líneas temporales que se crean durante la película, y aunque algunas decisiones podrían ser discutibles (y desde aquí invito a sus guionistas a un debate que no es posible plantear e este comentario por no caer en el spoiler), lo cierto es que han sabido esquivar con habilidad los errores que el abuso de las paradojas suele provocar.
Así, más allá de que el concepto “casualidad” obligue a un cierto abuso de la suspensión de la credulidad, Durante la tormenta es un interesante puzle en el que todas las piezas terminan por encajar con cierta frescura y que, pese a su claro tono dramático, supone toda una diversión para los amantes del género. Paulo fuerza ciertas situaciones para su conveniencia, eso es cierto, pero nada de lo que sucede es completamente aleatorio y todo tiene una justificación (que sea del agrado de uno o no depende ya de cada espectador en cuestión), que es lo mínimo que se debe exigir a un producto de estas características. Es muy sencillo imaginar historias con varias líneas temporales, pero no lo es tanto evitar los errores de coherencia y abusar de esas paradojas que, por ser productos de la ficción (a menos que alguien demuestre lo contrario) se suelen deformar al antojo de muchos guionistas y escritores.
Bien apoyada en unas solventes interpretaciones de Chino Darín y Álvaro Morte, con la colaboración estelar de Javier Gutiérrez y Belén Rueda, Adriana Ugarte es la gran estrella de la función, soportando con brío el peso dramático de una madre a la que se lo han arrebatado todo. Además, la película es suficientemente sincera para mostrar sus cartas casi desde el inicio y no jugar apenas con la idea de que todo sea producto de la mente enferma de la protagonista, con lo que es más fácil entrar en harina y dejarse arrastrar por la fantasía de la historia, siendo las posibles consecuencias psicológicas de lo sucedido donde encuentro más reparos.
Suficientemente clara para que pueda ser comprendida por los más ajenos a la materia, pero suficientemente enrevesada para mantener la atención en todo momento, Durante la tormenta funciona perfectamente como historia de intriga y misterio, dejando que el tema fantástico quede en muchos momentos en segundo plano y permitiéndose coquetear, en algún momento, con disfrazarse de historia romántica más intimista de lo previsto, pero sin alcanzar el nivel de ñoñería.
Paulo y Sendin han demostrado haberse estudiado bien las consecuencias del efecto mariposa, y Durante la tormenta es una interesante y muy entretenida muestra de ello.

Valoración: Siete sobre diez.

sábado, 1 de diciembre de 2018

CADÁVER

Dirigida por Diederik Van Rooijen, Cadáver, traducción simplista pero mucho más efectiva que el título original The Possession of Hannah Grace, es otra muestra de esas de cine de terror que miedo da más bien poco. Sin embargo, pese a recorrer la mayoría de los tópicos del género, al menos aquí encontramos una atmósfera claustrofóbica bastante bien ambientada y la trama propone algunos derroteros novedosos, como el pretender dotar de cierta personalidad a la protagonista o jugar con la presencia de personajes secundarios que no obliguen a que nos preguntemos todo el rato donde está la gente normal.
Es cierto que hacer una película sobre un cadáver en una morgue durante la noche ya es casi una apuesta segura. A los títulos clásicos como El vigilante nocturno y su remake americano La sombra de la noche hay que añadir ejemplos más recientes como El cadáver de Anna Fritz o La autopsia de Jane Doe. Solo con conseguir que el espectador se imagine en la soledad de un depósito de cadáveres con varios muertos alrededor es suficiente para poner la piel de gallina, y a eso juega el director de Cadáver, que basa su terror más en los silencios y en la oscuridad que en los golpes musicales habituales. Además, dentro del tono sobrenatural de la película el “villano” de la función es alguien suficientemente corporal como para distanciarnos de otras películas de posesiones con espíritus que mueven cosas y apariciones repentinas en espejos y ventanas. Cadáver va más directa y por eso puede ser más sobrecogedora, aunque es cierto que en sus momentos finales termina derivando en más de lo mismo.
Megan es una expolicía que, debido a un trauma, debe abandonar el cuerpo y buscar un nuevo trabajo. El elegido es el de ayudante de forense responsable del turno de noche en la morgue, y aunque pueda resultar poco creíble que vaya a aceptar semejante puesto en su estado, al menos ello permite que el guionista desarrolle un personaje menos plano de lo habitual, con un trasfondo que ayude a empatizar con ella y que sea algo más que simple carnaza y cuyos fantasmas ayuden, en cierto modo, al desarrollo de la trama.
Por otro lado, tenemos el exorcismo fallido de una chica que termina falleciendo, pero cuyo padre no cree que el mal haya terminado con su familia.
La unión de ambos elementos da forma a Cadáver, una película sencilla, con claro objetivo adolescente, a la que le falta algo de fuerza para asustar más y que termina deambulando por terrenos de sobra conocidos, pero que al menos se esfuerza por diferenciarse un poco de los productos típicos de Wan, Blum y compañía, sin fingir, como reclamo, estar basada en hechos reales.

Valoración: Cinco sobre diez.

viernes, 30 de noviembre de 2018

COLETTE

Amparándose en un gran trabajo interpretativo de Keira Knightley (por otra parte, algo habitual en ella), Colette es la narración, algo convencional y carente de riesgo, de la vida de la escritora Sidonie-Gabrielle Colette, una de las autoras más importantes de la literatura francesa.
Wash Westmoreland es un director correcto aunque sin una personalidad demasiado marcada, como ya se vio en su último trabajo, Siempre Alice, donde de nuevo todo el peso de la película recaía sobre el trabajo de su protagonista, en esa ocasión la oscarizada Julianne Moore. En Colette, Westmoreland realiza un biopic al uso, muy propio de los dramas británicos de época, en el que quizá se da más importancia a la vida sentimental de la protagonista que a su propia obra.
El punto de partida es tan interesante como prolífico en el cine más reciente, donde el ponderamiento femenino se está convirtiendo en una causa a defender: una artista que, por el mero hecho de ser mujer, ve relegado su mérito en favor al de su marido, un impostor deseoso de la fama que su falta de talento no le puede otorgar. Algo de lo que se habla en la reciente La buena esposa con la apariencia de Glenn Close o Big Eyes, con Amy Adams, aunque también comparte ciertas similitudes con otras películas en las que se quiere destacar la presencia de la mujer en el mundo de la literatura (ahí están las agradables Su mejor historia o La sociedad literaria y el pastel de piel de patata). Por último, tiene ese toque siempre interesante de descubrir las interioridades del mundo editorial y de los propios escritores, como sucediera con El editor de libros, Paterson o El autor. Sin embargo, Westmoreland desaprovecha estos tres elementos para insistir en exceso en la historia de un matrimonio infeliz debido al carácter libertino de él y al descubrimiento de la bisexualidad de ella.
Con todo, Colette es una agradable película que se ve con gusto y es fiel reflejo de la locura y los excesos del Paris de principios del siglo XX, aunque da la sensación de que se desaprovecha la ocasión de hablar más de la Colette escritora (de hecho, la película bien podría haberse titulado Claudine, ya que la saga que supuso sus comienzos literarios ocupa gran parte del interés del film) en lugar de hacer tanto hincapié en la Colette mujer, pues si bien las interioridades de su vida sentimental pudieron ser claves en su obra, la película lo refleja más como excusa para liberarse del yugo de un marido opresor y una sociedad machista que como cimientos a una larga carrera literaria, hasta el punto de que, quien no conozca a la autora, sabrá de su grandeza porque la película lo dice, no porque lo muestre, ya que en ese aspecto el gran protagonismo recae más en la figura de su esposo, “Willy”, que desde un punto de vista histórico no merecería una película por sí mismo.
De manera que, por un lado, oportunidad perdida. Por otro, una historia típica y tópica pero que se deja ver con corrección, si llegar a aburrir pese a su ritmo algo irregular, que tiene en Knightley y en Dominic West sus mejores armas y que, al menos, ponen en relevancia a una figura literaria que no todo el mundo conoce como debe. Menos es nada.

Valoración: Seis sobre diez.

TU HIJO

El título de la nueva película de Miguel Ángel Vivas, Tu hijo, es toda una declaración de intenciones. A priori, la película puede parecer la típica historia del padre vengador que quiere hacer justicia por el brutal ataque que sufre un miembro de su familia. Incluso es médico, lo cual, sobre el papel, podría acercarlo más a la versión de Bruce Willis de El justiciero, de Eli Roth. No es, sin embargo, un ángel vengador. Muchas de las acciones que desencadena su desesperada búsqueda de respuestas tiene repercusiones tan terribles o más que los hechos que lo desencadenan todo, haciendo que nos planteemos si el papel de este sufrido padre, al cruzar cierta línea, es el de héroe o el de villano.
Es por eso que esta no es la historia de un padre y su hijo, es una pregunta que se hace directamente al espectador. ¿Qué harías si fuese tu hijo? Ese dilema moral, que no pertenece solo al protagonista, es el quid de la película y, junto a la poderosa interpretación de José Coronado, es lo mejor de un film angustiante y ligeramente enfermizo que demuestra que a veces, la búsqueda de la verdad puede traer terribles consecuencias.
Al otro lado de la balanza, al menos para mí, se encuentra el trabajo como realizador de Vivas. Con la intención de hacer un film cercano e intimista toma una serie de riesgos con la cámara que, si bien son elogiables por su intento de rechazar ciertos convencionalismos, no me parecen acertados del todo. O quizá es que encuentro el planteamiento del film suficientemente interesante para poder sentirme a gusto en esos convencionalismos que se llegan a echar de menos. Así, la propuesta visual de Vivas se puede dividir en tres decisiones: Constantes movimientos de Coronado caminando entre pasillos, por la calle, en el coche… con la cámara pegada a su cogote, conversaciones en las que gran parte de lo que aparece en pantalla (en ocasiones incluso todo) aparece desenfocado o difuminado y, finalmente, una tercera parte en la que la cámara actúa de manera más o menos normal y se puede apreciar bien lo que sucede en pantalla. Entiendo que esto se debe al deseo de transmitir al espectador la desorientación que sufre el propio protagonista, ampliando así la identificación entre ambos, pero se corre el peligro de que, ante los pocos estímulos visuales que nos ofrece la película (y teniendo en cuenta de que, al final, no es nuestro hijo el que sufre lo que está pasando en pantalla) terminemos por perder interés en lo que nos quieren contar. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, pero en este caso la historia es suficientemente atractiva como para no ser necesarias estas piruetas visuales que, ciertamente, dan personalidad a la película, pero quizá no la personalidad adecuada.
Esto la convierte en un film irregular, en el que el trabajo interpretativo se ve en ocasiones torpedeado por el propio director y que haga bajar muchos enteros a lo que podría ser una gran película. Una gran película comercial, al menos. Y es que, a veces, la obsesión por huir de lo comercial (quizá después del pobre regusto que dejó su último film, Inside) no tiene porqué implicar mejorar en la calidad.

Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 24 de noviembre de 2018

EL VEREDICTO (LA LEY DEL MENOR)

Basada en una novela de Ian McEwan que el mismo guioniza y dirigida por Richard Eyre, El veredicto (la ley del menor) narra la historia de la jueza de la corte Fiona Maye, que debe implantar justicia sobre un delicado caso en el que un menor puede morir de leucemia por su negativa (y la de sus padres) de aceptar una transfusión de sangre por ser Testigo de Jehová mientras trata de lidiar con un complicado bache de su matrimonio.
Apoyada sobre todo en el trabajo interpretativo de Emma Thompson (bien arropada por nombres como Stanley Tucci o Ben Chaplin), la película plantea un dilema moral relacionado con la dificultad entre saber elegir entre la entrega a la Fe y la propia supervivencia, agravando el caso al tratarse de un menor, reflexionando además con el planteamiento alrededor de como la vida personal de un juez puede llegar a influir en sus decisiones. Sin embargo, más allá de este interesante planteamiento, la película amenaza en numerosos momentos en diluirse ante una pretenciosa carga de trascendencia de la que su director no logra salir bien parado.
Lo que a priori parece un ejercicio bien planificado y ejecutado con la precisión de un mecanismo de relojería cae en ciertas ínfulas de pretenciosidad que derivan su drama en algo gélido que se termina por apreciar desde la distancia.
Es todo tan señorial y formal en esos pasillos de la Corte Suprema, con sus togas y pelucas, que a la película termina por sucederle exactamente lo mismo que al matrimonio de la jueza, que le falta pasión para mantenerla con vida. Por eso, pese al esfuerzo de la Thompson, resulta todo demasiado artificial, desde la naturalidad con la que su marido le anuncia que va a serle infiel hasta la posibilidad de que ella misma se vea con la posibilidad de pagarle con la misma moneda, sin acabar de quedar claro si lo que Eyre y McEwan pretenden con esta historia es presentarnos la deconstrucción de un matrimonio, denunciar el fanatismo mortal de ciertos cultos o reflexionar sobre los límites del poder, comparando el poder superior de Dios con el poder superior de un Juez de la Corte. Y lo peor de todo es que todos estos planteamientos se hacen sin invitar al espectador a tomar partido en el debate, dando la sensación de que lo que se pretende no es invitar a la reflexión, sino mostrar unas posiciones preestablecidas.
Así, aunque no niego el atractivo de una historia que mantiene su interés hasta su resurrección final, permitiendo incluso obviar algún momento ligeramente ridículo, tampoco consigue dejar el poso que posiblemente pretendían sus autores, resultando ser finalmente un drama judicial del montón, solo mantenido por el talento de sus protagonistas, y sin la absorbente pasión que desprenden, por ejemplo, las adaptaciones de Grisham.

Valoración: Cinco sobre diez.

SUPERLÓPEZ

Cuando se confirmó que el proyecto eternamente postergado de llevar las aventuras de SuperLópez a la gran pantalla se iba a hacer realidad, me llevé una gran alegría. Luego vinieron las primeras noticias sobre fichajes, el primer tráiler y alguna imagen promocional y de la ilusión pasé al espanto a pasos agigantados. Solo faltaba leer unas declaraciones del creador de SuperLópez, Jan, confirmando que este no era “su” SuperLópez.
Al final, lo único que me mantenía con un hilo de esperanza era el director, Javier Ruiz Caldera, quien estuvo tras las cámaras de Spanish movie, Promoción Fantasma, Tres bodas de más y, sobre todo, otra apuesta comiquera de nuestro cine, Anacleto, agente secreto. Además, yo soy de los que disfruté mucho con su Anacleto, y aunque no se pareciera demasiado al personaje creado por Vázquez, lo podía justificar en el hecho de que este no tenía aventuras largas que poder adaptar, cosa que sí sucede con SuperLópez.
Al final, precedida por algunas críticas nefastas de los que ya la habían visto en algún festival, me acerqué a la película con el convencimiento de que estábamos ante uno de los estropicios del año, un despropósito que no haría más que traicionar a uno de mis personajes de cómic preferidos y que marcó mi infancia más incluso que otros más icónicos como Mortadelo y Filemón o Zipi y Zape.
Una vez vista, hay que decir que parte de mis temores se vieron confirmados y que la observación de Jan era muy acertada. Este no es SuperLópez. Se parece a él como un huevo a una castaña. Sí, tiene muchos guiños, como la escena del café con leche y cruasán, los bolsazos de Luisa y los petisos, pero no comparte el mismo espíritu que el antihéroe de Jan. Hay cosas que se pueden justificar como una modernización del personaje, pero otras que no hay por donde agarrarlas. Así que, definitivamente, esta no es una buena adaptación del comic. Casi podría decir, incluso, que es nefasta.
Pero luego está su vertiente como producto de entretenimiento. En este sentido, debo confesar que las críticas eran exageradas y que Ruiz Caldera sale bastante airoso del proyecto. Es cierto que se le pueden poner muchos peros (y no me vale la excusa del ajustado presupuesto: SuperLópez tiene un montón de historietas que podrían haber adaptado mucho más “callejeras” que esta epopeya que requiere de robots gigantescos y naves espaciales) y que quizá el villano no esté a la altura del talento de Maribel Verdú, pero lo cierto es que olvidando los orígenes del personaje y tomándose la película como una simple parodia de Superman, la cosa funciona bastante bien.
De hecho, hay homenajes bastante directos al Superman de Donner, aunque también al de Snyder, aunque este es solo uno de los muchos guiños que tiene el film, que se mira también en el espejo (paródico) del Spiderman de Raimi, en Star Wars o incluso en El gran héroe americano que popularizó a William Katt allá por los ochenta.
Sorprende que, con el material de base y el currículo del director (y de los guionistas, los autores de Ocho apellidos vascos y Ocho apellidos catalanes), el humor no esté mucho más presente, siendo el Jaime González al que da vida Julián López el elemento más humorístico del guion, aunque la relación (no demasiado fraternal) entre Juan López y su padre terrestre también dé bastante juego. Por lo demás, es una película con tintes románticos, con conflictos por la doble personalidad del héroe (algo muy de comic, por cierto), de villanos megalómanos que solo quieren destruir el mundo e incluso se permite analizar (muy a su manera) la necesidad de aprobación por parte de un hijo desde dos ángulos diferentes, pero, sobre todo, es una película sobre un tipo extraordinario que toda la vida ha querido ser corriente y que, ahora que o ha conseguido, se ve obligado a hacer algo extraordinario.
Sin inspirarse en ninguna aventura escrita, la historia de SuperLópez se encuentra maniatada por las exigencias de una película “de orígenes”, teniendo que perder su tiempo en explicar una infancia del protagonista y el descubrimiento de sus poderes (por lo menos descubre que puede volar en menos tiempo que el Clark Kent de Smallville), pero no por ello pierde su ritmo narrativo, que en este sentido es algo más dinámico que en el caso de Anacleto. Ruiz Caldera sabe lo que tiene entre manos y, aunque no sea todo lo fiel que a uno le habría gustado al espíritu del personaje, consigue que su lavado de cara sea muy efectivo. Para que me entiendan, lo que hace está más cerca de la interesante Zipi y Zape y el club de la canica (nada que vez con los tebeos) que de La gran aventura de Mortadelo y Filemón, que por buscar una identificación tan fiel al original termina cayendo en el ridículo.
Tampoco Dani Rovira, que es un tipo que me cae francamente bien, aunque todavía no llega a deslumbrarme en su faceta como actor, desentona dando vida al protagonista, mientras que la presencia de Alexandra Jiménez (que ya fuera pareja de Rovira en 100 metros) es siempre jugar con una carta ganadora.
Resumiendo, que este no es “mi” SuperLópez, pero ello no impide que sea una muy disfrutable película, un divertimento muy bien filmado con escenas muy emocionantes, alguna cámara lenta un poco cargante y un tono castizo muy propio de sus guionistas. Y con unos efectos especiales que solo rechinan en las escenas de vuelo (y eso que en España tenemos experiencia en ello, recuerden el clásico Supersonic man que fue imitado por los creadores del vuelo del Superman II de Lester) Y que, como todo buen film de superhéroes que se precie (aunque sea parodiándolos) tiene su correspondiente escena postcréditos (bastante irrelevante, eso sí), aunque el verdadero epílogo, el que va justo antes de la genial canción de Alejo Stivel, es uno de esos que los apócrifos necesitaran que les expliquen y que los verdaderos fans aplaudirán con la esperanza de que la hipotética secuela sí sea un fiel retrato a los guiones de Jan.

Valoración: Seis sobre diez.

ANIMALES FANTÁSTICOS: LOS CRÍMENES DE GRINDELWALD

Parecía claro que tras el impresionante éxito que supuso la saga de Harry Potter a Warner no le iba a hacer mucha gracia desprenderse de su gallina de los huevos de oro (más viendo que la franquicia comiquera de DC no termina de cuajar), así que era inevitable que tarde o temprano iban a regresar al mundo de magia creado por J.K. Rowling. 
Ello sucedió hace un par de años, cuando con la excusa del libro de estilo enciclopédico de Animales fantásticos y dónde encontrarlos, que Rowling escribió (cediendo la supuesta autoría al mago Newt Scamander) con fines benéficos, se estrenó el primer capítulo de una nueva saga que suponía una especie de precuela para la historia de Harry Potter y en la que se exploraría la juventud de Dumbledore, Grindelwald, imagino que en un futuro Tom Marvolo Riddle (nombre real de Lord Voldemort), con el supuesto protagonismo de Scamander y sus amigos.
El problema principal de aquella película, demasiado cómica y falta de épica para mi gusto, fue que, ya sin novelas en las que inspirarse, decidieron contratar a la propia Rowling para escribir el guion. Existen muchas diferencias entre escribir una novela y escribir un guion, y no todos los autores son capaces de saber apreciar las sutiles diferencias entre ambos medios (que le pregunten, si no, a Stephen King). Animales fantásticos y dónde encontrarlos fue una película muy inferior a cualquiera de las pertenecientes a la saga de Harry Potter, pero recaudó mucho dinero, haciendo pensar que los “potterhead” tenían ganas de más historias del niño mago, pese al polémico u odiado epílogo de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte.
¿Puede funcionar una película de Star Wars sin los Skywalker? Rogue One padeció demostrar que sí (aunque con ciertos condicionantes). Han Solo pareció demostrar que no. En esa misma línea, podríamos decir que el mundo de Harry Potter sin Harry Potter no es el mismo, y Animales Fantásticos: los crímenes de Grindelwald es la prueba de ello.
Aunque Rowling se cansó en asegurar una y otra vez que esto no es una precuela de Harry Potter, sino otra historia ambientada en ese mismo universo, ya en esta película se ha tenido que recurrir a Hogwarts y a la famosa sintonía de John Williams para recurrir a la nostalgia, y ni por esas la película logra alcanzar aquello a lo que aspira.
Y es una lástima, porque a priori tenía mimbres para conseguirlo. No solo es más oscura y seria que su predecesora, sino que cuenta con un villano de empaque interpretado por un Johnny Deep que consigue una de las mejores interpretaciones de los últimos años (lo cual, cierto es, tampoco es muy difícil). Hay, además, ciertas lecturas políticas de fondo que animan un poco el cotarro, como ese discurso de Grindelwald que podría recordar un poco al de Donald Trump, asó como la valentía en insinuar con bastante claridad (dicen que en próximas entregas quedara definitivamente confirmado) la homosexualidad de Dumbledore. Y el aspecto visual del film, de nuevo con David Yates a los mandos (es su sexta incursión en los mundos de Rowling) es impecable, con una fotografía y una puesta en escena muy meritoria.
¿Qué es lo que fracasa, pues, en el film? Dejando aparte la ineptitud del insoportable Eddie Redmayne (posiblemente el peor actor de su generación), todos los males de la película recaen en el guion. Animales fantásticos: los crímenes de Grindelwald no solo es aburrida, sino que adolece de un ritmo adecuado, limitándose a llevar a sus personajes de un lado para otro sin que llegue a suceder nada relevante. Al final, todo se reduce a una larguísima presentación de personajes (y recordemos que este es ya el segundo capítulo de esta nueva saga), prometiendo que lo que está por llegar va a ser muy gordo (aunque tampoco tanto, al fin y al cabo ya sabemos dónde va a desembocar todo esto).
Por ello, la pregunta que uno debe hacerse al analizar esta película va más allá de sus propios valores cinematográficos y analizarla como una máquina (o el intento de ello) de hacer dinero. ¿Da para más el universo de Potter? En vista de lo que hay, parece que no, y no descarto que en la siguiente película se introduzca ya a Riddle para contarnos, al más puro estilo Anakin/Darth Vader o Erik Lehnsherr/Magneto, su reconversión en Lord Voldemort. Y no se extrañen si más pronto que tarde entran en escena también James y Lily Potter, los padres e Harry, y todo ello se reduzca a empalmar con la saga original.
Y por el camino, lo único que nos queda es soportar a un puñado de personajes no demasiado carismáticos, a la necesidad de recurrir a bichejos digitales que justifiquen la excusa del título y los toques que nos recuerden porqué, hace ya casi dos décadas, toda una generación se enamoró de las aventuras de un mago en edad escolar y sus dos mejores amigos.
Así que, por culpa de su propia creadora, la Rowling, esto es un compendio de la nada más absoluta, que agoniza a causa de su propio éxito, que al menos se presenta en forma de un bonito papel de regalo.

Valoración: Cinco sobre diez.