domingo, 10 de abril de 2016

EL CAZADOR Y LA REINA DEL HIELO: más de lo mismo pero un poco peor.

Hace cuatro años Blancanieves y la leyenda del Cazador se apuntaba a la moda de adaptar cuentos clásicos a la gran pantalla y, aunque no fue un gran éxito, si supo estar por encima de la otra película de Blancanieves estrenada por las mismas fechas: Mirrow, mirrow, a mayor gloria de la madrastra Julia Roberts. 
Sin entrar a valorar la calidad de una actriz más por su belleza que por su talento, muchos se preguntaban cómo podía el espejito famoso decir que la Blancanieves Kristen Stewart era más hermosa que la malvada Charlize Theron, y esa puede ser una de las claves por la que el personaje de la Stewart haya desaparecido de esta secuela, El Cazador y la Reina del Hielo, a diferencia del de Theron, pese a morir (aparentemente) en aquella. Y es una lástima, porque si bien por aquel entonces la joven actriz californiana arrastraba el sambenito de su insípido papel en la saga Crepúsculo, ahora, con títulos como En la carretera, Siempre Alice y, sobre todo, Viaje a Sils Maria, está comenzando a ganarse un merecido prestigio.
Pero lo importante de aquella película no era en realidad ni Blancanieves ni la reina mala, sino el Cazador, un héroe al que ponía cara (y físico) Chris Hemsworth y que parecía un amalgama entre su propio Thor y algún guerrero salido de la saga de El Señor de los Anillos. Él era el héroe de la historia y sobre él gira esta nueva película que parece pretender formar parte de una larga saga, a juzgar por el antetítulo de la película: Las Crónicas de Blancanieves (en España, en el título original el antetítulo destaca al Cazador), y su escena final.
También ha habido cambio de cromos en la silla del director, sustituyendo Cedris Nicolas-Troyan a Rupert Sanders sin que eso se aprecie apenas en pantalla, careciendo de personalidad fílmica tanto uno como otro. Lo que sí hay son dos incorporaciones de órdago: Emily Blunt y Jessica Chastain, reuniendo así a tres de las mejores actrices del panorama actual.
Con este escenario, algún secundario reconocible como Nick Frost o Sam Claflin, ambos estaban ya en la primera película, y alguno que no tanto, como Sheridan Smith, Sope Dirisu y Sophie Cookson, la película arranca con un epílogo anterior a la “era de Blancanieves” para saltar luego unos años después de lo acontecido en la primera película, siendo así precuela y secuela a la vez, permitiéndonos conocer algo del origen de el Cazador para volver a verlo convertido en el héroe de la historia y con el espejo mágico como objeto del deseo de todos. Sin embargo, la historia es tan simple y los personajes están tan mal desarrollados que cualquier atisbo de complejidad argumental es pura casualidad. Todo es, a la postre, una copia de cosas vistas muchas veces antes, y si en Blancanieves y la leyenda del Cazador no había una gran originalidad aquí se han quitado definitivamente las caretas y han copiado con un descaro exagerado todo lo que han querido y más. De nuevo las influencias de El Señor de los Anillos y Thor están presentes, pero a eso se añade elementos que recuerdan a Las Crónicas de Narnia, Maléfica, Pan, pero sobre todo (y esto es lo más sangrante, ya que se supone que es la baza principal del film y el elemento más novedoso) a Frozen. En efecto, el personaje de Emily Blunt, hermana del de Theron, es un calco casi textual del de esa maravilla de la animación de Disney, aunque con una personalidad mucho más desconcertante, pasando de victima a villana a mártir sin apenas lograr emocionar al espectador.
Entiendo que una película de estas características no pretenda más que ofrecer un buen espectáculo y entretener al respetable, sin poder aspirar a segundas lecturas ni interpretaciones más sesudas, pero resulta absurdo reunir un elenco tan impresionante de estrellas (sobre todo en el apartado femenino) para luego desaprovecharlas así. Es como si todos los esfuerzos para llevar a buen puerto esta película se hubieran consumido en la preproducción y no quedara ya nada que ofrecer una vez comenzado el rodaje. Todo es demasiado simple, demasiado plano y ni siquiera los efectos especiales, que requieren de cierta espectacularidad en ciertos momentos, están a la altura.
Hemsworth derrocha carisma, Theron está más hermosa que nunca (y no es un comentario machista, no crean, es que ciertamente hay muchas escenas que parecen más uno de sus anuncios de Dior que una escena de una película de aventuras) y que su papel sea mucho más plano que en la primera película no impide que su interpretación sea la mejor y eclipse en pantalla a todos sus compañeros de reparto, y los nuevos fichajes, Blunt y Chastain, cumplen sin más, pidiendo a gritos líneas de diálogo más inteligentes o algo de personalidad para sus roles.
Una vez más estamos ante una película entretenida sin más, que aprueba justito más por lo estimulante que es ver a sus protagonistas en acción que por el resultado final, y que ni siquiera mejora la original. Y lo curioso es que, pese a lo innecesaria que era, tenía en su planteamiento elementos que podrían haber dado mucho más de sí. ¿A la tercera será la vencida? Lo dudo, aunque si repiten Hemsworth y Theron yo volveré a caer en la trampa…

Valoración: Cinco sobre diez.

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