viernes, 16 de septiembre de 2022

Visto en Amazon Prime: SAMARITAN

Con la imparable ola de cine de superhéroes arrasando en taquilla, parece que todo el mundo quiere conseguir su porción del pastel, siempre que Marvel se lo permita. Para ello hay dos caminos: seguir las normas establecidas o apostar por algo diferente.

Samaritan opta por lo segundo, distanciándose de los uniformes coloridos y la épica rimbombante para presentarnos una historia del bien enfrentado al mal vista desde los suburbios, a pie de calle.

Para ello, nos presenta a un veterano basurero que oculta un pasado superheroico que pretende esconderse entre la gente y enterrar su pasado, pero una banda de matones del tres al cuarto se lo impedirán. Con tal planteamiento, ya pueden ustedes imaginar que no van a haber grandes explosiones ni combates aéreos, más cuando el espectador siente que se ha perdido la mayor parte de la historia para encontrarse ante un epílogo de algo que nunca ha existido.

Ya he dicho que la película no se apoya en los tópicos propios del género, pero ello no significa que no utilice muchos otros, siendo básicamente un film de vengador callejero de cualquier film de videoclub de los ochenta. Además, la relación entre el protagonista y un niño que vive solo con su madre recuerda mucho al de El último gran héroe, y el tono sucio y callejero de la fotografía nos remite a cosillas como Chronical. Por último, toda la gracia gira en torno a un quiero argumental que, al menos en mi caso, se ve venir desde lejos.

Con todo, la película funciona bastante bien, con un Stallone llevando casi todo el peso del film a sus espaldas (con permiso de Javon 'Wanna' Walton, todo un experto en adaptaciones comiqueras tras su paso por The Umbrella Academy y Utopia) y sacándose la espinita de poder entrar en el club de los supermachos, tras el fiasco que supuso su Juez Dreed y sus cameos en Guardianes de la Galaxia, Vol.2 o El Escuadrón Suicida (este último solo mediante su voz).

Samaritan es, pues, una película de bajo corte que se ve con ligereza, algo necesitada de más espectacularidad y, por ende, presupuesto, pero que no aburre en ningún momento y sirve como contrapartida a las propuestas más lujosas de las dos grandes compañías comiqueras. Un entretenimiento que evoca a otra época y aspira a dotar de un tono crepuscular a los nuevos dioses que nos protegen.

 

Valoración: Seis sobre diez.

jueves, 15 de septiembre de 2022

Visto en Netflix: COBRA KAI. T5

Siendo justos, a la hora de ponerme a hablar sobre la quinta temporada de Cobra Kai prácticamente podría hacer un copia y pega de lo que dije referente a la cuarta temporada. Y es que si entre la segunda y la tercera había cierta sensación de que quedaba poco que rascar y ya se estaba estirando demasiado el chicle de la nostalgia ochentera, lo cierto es que en esa temporada anterior, como en esta, las apuestas han subido, consiguiendo que la serie luzca tan bien, sino mejor, que en su arranque, cuando parecía una locura conceptual transformada en serie por caprichos de unos señores que, por aquel entonces, pensaban que iban a arrasar con su propuesta de un YouTube de pago.

Cobra kai sigue adolecido del mismo problema que arrastra desde el principio, la escasa personalidad de sus protagonistas, que cambian de bando con una facilidad pasmosa. Sin embargo, más que ser un error, sus responsables han conseguido convertirlo en virtud, casi hasta riéndose de ello, intercambiando peones y moviendo las piezas hasta que todos quedan repartidos sobre el tablero en alineaciones que parecían imposibles mirando atrás en el tiempo.

Cierto es que, pese a la violencia no explícita, la serie sigue siendo muy light y que las escenas de lucha continúan sin brillar como debería, pero al menos se ha compensado definitivamente ese desequilibrio que había entre los jóvenes y los veteranos, consiguiendo que las tramas de ambas generaciones resulten igual de interesantes.

El gran acierto de la temporada es su ritmo, sabiendo ir de menos a más (al arrancar parecía que la trama del padre de Miguel iba a amenazar con quedarse muchos capítulos con nosotros y luego ha sido liquidada de manera sorprendentemente rápida) y encontrando en la figura de Terry Silver el villano que la serie necesitaba para seguir creciendo.

Como comentaba al respecto de la segunda temporada de Solo asesinatos en el edifico, queda la duda de saber si pueden seguir manteniendo la función a este nivel mucho más tiempo, pero al menos hay que reconocerle que las tramas quedan muy bien cerradas y el único hilo que invita a estirar en siguientes temporadas no es tan rotundo como para que no podamos quedarnos más que satisfechos si la cosa acabara aquí.

Sería un final redondo. Ahora, toca esperar si les quedan cosas por contar y si Netflix quiere seguir apostando por ello. Aunque ya les digo yo que sí…

Visto en Disney+: SOLO ASESINATOS EN EL EDIFICIO, T2

Cuando hace apenas un año se estrenó en Disney+ Solo asesinatos en el edificio, casi de tapadillo, esta resultó una de las sorpresas del verano.

Aunque a priori parecía una de esas propuestas que deberían quedar en una sola temporada, el final ya invitaba a esperar a una segunda tanda de episodios que se han recibido como agua de mayo. Y es que si bien se ha perdido el factor sorpresa, la segunda temporada de Solo asesinatos en el edificio consigue superar en casi todo a la primera, en especial en el desarrollo bien hilvanado de una trama de asesinato que se convierte en un verdadero deleite.

Uno de los secretos del éxito cabe encontrarlo en su trío protagonista, unos Martin Short, Steven Martin y Serena Gomez que consiguen, en apenas un puñado de capítulos, que ya los sintamos como de la familia. En esta emporada, en la que conocemos mucho más sobre sus intimidades, esa relación entre personajes y espectadores no hace más que crecer, eclipsando, a cambio, al resto de personajes. Y eso que los directores se esfuerzan por darles su momento a casi todos ellos (algunos, como el personaje de Christine Ko, que se terminan por descomponer), de manera que las nuevas incorporaciones, por estimulantes que puedan parecer (Amy Schumer o Clara Delevigne, sin ir más lejos), no pueden brillar como se merecen, pero poco importa, ya que la luz que desprenden los tres protagonistas es suficiente para iluminarlo todo.

Lo mismo sucede con el guion. Ya he adelantado que, a nivel argumental, las tramas están mejor hiladas que en la primera temporada, pero hay que reconocer que hay que hacer un esfuerzo bastante grande para creerse algo de todo lo que sucede en pantalla. Pero tampoco eso es un inconveniente, ya que solo con los cliffhangers que te dejan ojiplático tras la conclusión de cada episodio (maldiciendo a Disney+ por estrenarla con carácter semanal) ya basta para que estemos devorando la serie sin compasión.

No quiero rendir una pleitesía ciega al programa, y también hay alguna cosilla que me chirrió, como el desenlace final, algo estúpido y forzado, pero poco importa a cambio de lo bien que consiguen hacérnoslo pasar durante diez episodios del todo insuficientes y que saber medir muy bien la mezcla entre comedia e intriga, alcanzando el culmen en una especie epílogo que no solo sirve para anunciar las intenciones de continuar otra emporada más sino que presenta su última sorpresa en forma de cameo fantástico (que, parece ser, será personaje recurrente en esa nueva temporada).

En fin, diversión con mayúsculas, con episodios que enganchan, diálogos ágiles y que mejora todo lo bueno que ya había hasta ahora. Queda preguntarnos por el futuro, pero con el cambio de rumbo que se insinúa (al menos con el hecho de sacar la acción del edificio), parece que tienen las cosas bien pensadas.

Esperaremos con ganas…

martes, 23 de agosto de 2022

Artículo: ENTREVISTA EN RADIO MARCA

Aún no ha llegado septiembre y ya empiezo a ponerle las pilas. Mientras en los supermercados llevan semanas anunciando la vuelta al cole, yo continúo con un verano atípico en el que la baja me da mucho tiempo libre que Noah me absorbe. A punto de empezar mis propias vacaciones, quiero dedicar esta nueva temporada a dar un vuelco a mi carrera literaria, poniéndome más en serio en el tema de la promoción y tratando de averiguar hasta donde puedo llegar realmente.

El primer paso ha sido gracias a un maestro de la radio. Con más de treinta años en antena y multitud de premios, entre los que se encuentra el premio Sant Jordi de cinematografía, La Claqueta de Radio Marca es uno de mis referentes semanales (en realidad, el único programa de cine que escucho, si nos limitamos a la radio convencional; los podcast son otra cosa). He asistido varias veces al programa como oyente y me he granjeado una buena relación con su presentador y director, el gran Pepe Nieves, mientras que las opiniones y anécdotas de sus colaboradores (Fausto Fernández y Josep Parera son leyendas para mí) me han servido de inspiración para El hombre de trapo mataba por amor (aunque alguna referencia al programa estaba ya en Mundo Muerto).

El caso es que tras la mención que en la diada de Sant Jordi Pepe Nieves hizo de la novela, hace unas semanas contactó conmigo para proponerme una entrevista que se gravó en los estudios de Radio Marca en Barcelona y que fue emitida el pasado domingo, 21 de agosto, en el programa dominical.

No todos los días se tiene la oportunidad de hablar en un programa de carácter nacional y los casi diez minutos que Pepe Nieves le dedicó a El hombre de trapo mataba por amor son oro puro. No sé si esto se traducirá en ventas, pero con el orgullo que me hizo sentir ya me doy por satisfecho.

Como sea, comparto con vosotros el audio del programa. Mi participación llega alrededor del minuto once, pero ya que estáis os recomiendo escucharlo entero. Vale la pena.

Gracias de nuevo a Pepe Nieves por el cariño y aprecio con el que siempre me ha tratado y gracias también por su incansable trabajo al frente de La Claqueta. Los cinéfilos de verdad aprendemos cada día algo nuevo gracias a él, a Marga, a Villalobos, a Alarcón y todos los que ponen su granito de arena para que el cine siga siendo el gran espectáculo que es.

Cine: ¡NOP!

A lo largo de la historia del cine siempre han existido directores con cierto aura de intelectualidad que han mantenido un feliz coqueteo con la crítica y que han despertado sentimientos encontrados entre el público, provocando pasiones irracionales que hacen que los adores o los odies. Hasta hace un tiempo, solían ser autores de prestigio pero con cierta marginalidad, genios difíciles de clasificar, como podrían ser David Lynch o Terence Malik, pero últimamente se está dando el fenómeno en autores de blockbusters, realizadores de productos mainstream, como Christopher Nolan o Denis Villeneuve.

Con ¡Nop! Jordan Peele entra oficialmente en ese selecto grupo, consiguiendo un record impensable (ser el primer director en superar lo cien millones de recaudación en los UA con sus tres primeras películas) y dando un nuevo sentido al cine de suspense. Tras la sorpresa de ¡Déjame salir! y la confirmación de Nosotros, con ¡Nop! deja un poco de lado la reivindicación racial tan presente en sus propuestas (aunque no del todo) para hacer una burla de la búsqueda de la fama rápida y el consumismo del espectáculo de nuestra época, usando como vehículo una entidad extraterrestre que sobrevuela una granja en el valle de Santa Clarita, California.

De nuevo Peele ha satisfecho a la crítica y, parece, al espectador, sumando un nuevo triunfo a su currículo, con una película que se ha definido como una obra maestra del terror y se ha querido comparar con el cine de Spielberg. Algo de esto último hay (aunque no tanto como de la muy superior Señales de Shyamalan), pero ya anticipo que poco he encontrado de lo primero.

No voy a destrozar ¡Nop!, ya que es una de esas películas a las que conviene acceder sin saber nada de ella y el hype que está levantando sin duda puede llegar a transformarse en decepción, como fue mi caso. Lo cierto es que si con Men (Garland es otro que podría sumarse a esta lista de directores de reacciones viscerales) salí descolocado pero satisfecho, ¡Nop! me aburrió en demasiados momentos, no despertando en mi nada del supuesto terror que promete y sintiéndome algo engañado. Es de esas propuestas en las que entiendo lo que me quieren contar pero que no comparto el modo. Por ejemplo, entiendo el viaje emocional del protagonista tras la muerte de su padre, pero no creo que ese viaje esté bien resuelto. Entiendo la crítica al patetismo del espectáculo caduco de generaciones pasadas, pero no apruebo los injertos de la historia de Gordy que, metáforas aparte, poco aportan a la trama más que entorpecer el ritmo, y, pese a la contagiosa alegría del personaje de Keke Palmer, me irrita la desidia de Daniel Kaluuya, que entiendo que hace lo que el director le pide, pero que me daba ganas de abofetearle la cara cada vez que salía en pantalla para hacerle reaccionar.

En resumen, que Peele compone una película que resulta muy interesante vista desde el tráiler pero cuyo ritmo (lo que no debería desmerecer una preciosista fotografía) no conduce a ningún sitio, la ausencia de respuestas es desesperante en lugar de intrigante y el diseño final del ser roza lo patético. Eso sin mencionar que, a poco que se le quiera dar un racionamiento serio a lo que sucede (esto no es una fantasía de superhéroes, es un drama familiar con aspiraciones críticas) la trama hace aguas por todas partes.

En resumen, una obra maestra del terror que, a mi entender, no asusta en ningún momento y que yo, personalmente, voy a suspender. Igual el raro soy yo…

 

Valoración: Cuatro sobre diez.

Visto en Netflix: LOCKE & KEY T3

Después de una segunda temporada que no me terminó de enamorar del todo, Locke & Key se ha propuesto remontar en su tercera y, aparentemente, última temporada y ha sabido, al fin, distanciarse de los cómics, incluso contando con el propio Joe Hill, creador original junto al dibujante Gabriel Rodriguez, firmando alguno de los guiones.

Conscientes de la bajada de interés por parte de la audiencia (de hecho, el estreno de esta tercera temporada a pasado sin pena ni gloria), desde la producción se ha buscado la forma de dar un cierre satisfactoria a la serie, conformando la temporada más breve de las tres y, a la vez, la más intensa.

Es cierto que la gracia original se ha perdido ya, y que los personajes toman decisiones que los convierten, directamente, en tontos perdidos (aunque tampoco es que en las dos temporadas anteriores se mostrasen muy lumbreras). A cambio, los guiones se encargan de que el ritmo impida el aburrimiento, con potentes cliffhangers al final de cada episodio que invitan a ver la última tanda de episodios en plan maratón. El final, aunque algo desangelado, es satisfactorio y se permite tomarse su tiempo para cerrar bien todas las tramas, con epílogos en plan El retorno del Rey, dejando un buen sabor de boca.

En fin, una buena conclusión para una serie que, en realidad, nunca debió pasar de la primera temporada y que no ha llegado a los niveles de originalidad y locura de os comics.

Cine: VOY A PASÁRMELO BIEN

Después del revival que estamos viviendo en el cine de grupos o cantantes míticos de la música internacional, era inevitable que tarde o temprano la moda llegara a nuestro país, y tras la flojita Explota explota, inspirada en la cantante italiana Rafaela Carrà, los siguientes en recibir tal honor no son otros que Los Hombres G.

El musical no es uno de los géneros más prolíficos en España, pese a los éxitos que fueron en su momento Al otro lado de la cama y La llamada, así que habrá que esperar para ver si Voy a pasármelo bien repite tendencia, aunque ya aviso que no es una película tan redonda como las anteriores, por más que esté dirigida por David Serrano, guionista, precisamente, de Al otro lado de la cama.

Voy a pasármelo bien no es un musical sobre Los Hombres G, sino que presenta una historia original (es un decir) inspirada en su obra, tal y como se hiciera con Mamma mía! y su secuela respecto a Abba, con la particularidad de que la existencia del grupo sí es parte de la historia, estando por ello la trama muy atada a una época concreta.

Lo que tenemos, aparte de las refrescantes canciones de David Summers y compañía (unas veces originales, otras en la voz de los actores), es un relato simpático y muy blanco sobre la adolescencia en dos historias paralelas que se sitúan a finales de los ochenta y en el presente. El regresar a la adolescencia de aquella época no es nada novedoso y de hecho, por extraño que parezca, la película que a uno más se le viene a la cabeza mientras ve Voy a pasármelo bien es el It de Andy Muschietti,y es que si nos olvidamos del componente macabro, la construcción de personajes y el retrato de la infancia rememora mucho al estilo de Stephen King.

Por lo demás, hay demasiados tópicos y lugares comunes como para que nada resulte sorprendente, más allá del hallazgo que pueda suponer el casting infantil. Esto propicia que la historia del pasado sea mucho más interesante (pese a lo manida que resulta) que la del presente, donde los actores no terminan de casar con sus versiones infantiles y donde la música de Los Hombres G casi pasa a segundo plano y donde el elemento romántico no termina de funcionar como en la etapa adolescente.

Estamos, pues, ante una película muy flojita en cuanto a su argumento, muy plano y demasiado rendido a tres o cuatro hits del grupo (se debería pedir un esfuerzo mayor para lograr una mejor sintonía entre guion y canciones) pero que es tan desenfadada y simpática que se puede disfrutar bastante. Y es que, en el fondo, no da más que lo que promete desde el propio título: ayuda a pasárselo bien.

Puede que Los Hombres G merecieran más (o no, no lo sé, el caso es que ellos mismos están metidos en el proyecto, así que…), pero ya valdrá la pena si sirve para abrir puertas y, cuando menos nos lo esperemos, nos llega una película de Mecano, Duncan Dhu o cualquier otro grande de la época.


Valoración: Seis sobre diez.

Visto en Amazon Prime: PAPER GIRLS

Al ver la sinopsis de Paper girls, recién estrenada (toda la temporada de golpe) en Amazon Prime, la conclusión parece fácil: unas niñas recorriendo su pueblo en bicis, en plena década de los 80’, enfrentándose a fenómenos paranormales invita a pensar en que estamos ante una réplica, en clave totalmente femenina, de Strangers things. Y aunque a primera vista pueda parecerlo, lo cierto es que las diferencias son notables, hasta el punto llegar a ser dos propuestas radicalmente diferentes.

Sin entrar en el pantanoso terreno de los spoilers, la historia nos presenta a cuatro niñas que coinciden como repartidoras de periódicos cuando se embarcan por accidente en un viaje temporal que las llevará hasta 2019. Por lo tanto, esto va de saltos en el tiempo, paradojas y guerras secretas, pero, por encima de todo, va sobre cuatro niñas en esa complicada edad en la que sus vidas comienzan a tomar un rumbo concreto.

Y es que Paper girls rehúye abusar de la nostalgia ochentera de otros productos similares para centrarse más en sus personajes, algo que puede resultar en que el arranque de la misma se le antoje demasiado lento a algún espectador, pero lo cierto es que consigue que nos encariñemos con las protagonistas (perfecto trabajo de casting) desde el primer momento, resultando ser un análisis sobre el paso de la infancia a la madurez mucho más inteligente de lo habitual. La gracia aquí no es que se descubren a sí mismas de manera natural, sino enfrentándose a sus propios futuros, lo que les obligará a aceptar verdades sobre las que no están preparadas, y así lidiar con temas más o menos mundanos, como la primera menstruación, a otros mucho más importantes, como el abandono familiar, el miedo al fracaso o incluso la muerte.

Pero no os asustéis, no estoy diciendo que por ello se deje de lado la parte más fantástica de la trama. Solo que la combinación entre ambas es muy orgánica, consiguiendo así que los personajes importen y tengan una personalidad brillante.

En resumen, una propuesta muy estimulante, con personajes que se dejan querer incluso en sus momentos más odiosos,  un enrevesado juego de bucles temporales que invita a esperar con ganas una segunda temporada y una fidelidad respetuosa con respecto al comic que adapta.

Cine: BULLET TRAIN

Hablaba hace unos días de J,J,Perry y su irregular Turno de día, insinuando que estaba siguiendo los pasos como director de Chad Stahelski y David Leitch. Pues bueno, puestos a comparar (con todo lo negativo que este ejercicio tiene), David Leitch le acaba de dar una lección al bueno de Perry de cómo hacer una película entremezclando acción y comedia y consiguiendo un resultado espectacular y apabullante.

Con bastante menos presupuesto que la propuesta de Netflix, Bullet Train es una locura de película que transcurre mayoritariamente en el interior de un tren bala dirección a Tokio que se impone (con permiso de Nop!, que aún no ha llegado a las carteleras españolas) como la gran triunfadora del verano, y ya veremos si no de todo el año.

No es que la película protagonizada por Brad Pitt (y mil actores reconocibles, cameos aparte, más) sea perfecta, pero en su segmento, y pensando en el tipo de público al que va dirigida, casi lo es. Y es que me cuesta encontrarle peros a un film como este, tan absurdamente disparatado que la evidente inverosimilitud no tiene cabida en una crítica razonable. Es la magia del humor, que permite que no nos tomemos las cosas demasiado en serio, así como el propio Leitch tampoco se las toma. Viendo de las burradas que sobrevive el personaje de Pitt, me vino a la mente cierta escena igual de imposible de su película Guerra Mundial Z. La diferencia es que en la obra de Marc Forster sobrevolaba un aurea de seriedad y trascendencia que el momento en cuestión quedaba ridículo, mientras que aquí todo se recibe con aplausos y ovaciones. Y no porque Leitch rehúya del drama, que los escasos momentos serios son muy contundentes, sino porque todo está diseñado para que el espectáculo prime ante el realismo, chorrones de sangre incluidos, recordando en cierto modo al cine más loco de Tarantino o Richie.

Poco vale la pena desgranar de su argumento, siendo mejor encontrarse con las sorpresas en pantalla. Solo que «Mariquita» es una especie de asesino en plena etapa zen que debe sustituir a un compañero para un encargo aparentemente muy sencillo: sustraer un maletín de un tren. Lo malo es que parece que la mayoría de viajeros de ese tren en concreto tienen sus propias intenciones turbias.

Bullet Train es, pues, dinamita pura, sin dejar un solo respiro para que el aburrimiento amenace con hacer acto de presencia e incitando, tras su conclusión, a verla de nuevo para, una vez atados los cabos de su enrevesada trama, poderla disfrutar de nuevo. No es de esas películas fáciles de olvidar, sino de las que uno podría ver una y otra vez sin cansarse en ningún momento y encontrando alguna excusa para sorprenderse de nuevo.

 

Valoración: Nueve sobre diez.

sábado, 13 de agosto de 2022

CARTA ABIERTA A ADA COLAU (Segunda parte)

Estimada alcaldesa Ada Colau.

De nuevo me pongo en contacto con usted en calidad de barcelonés de a pie, para hacerle llegar un par de reflexiones.

En primer lugar, me gustaría preguntarle si ha tenido un buen día. Espero que sí. El mío no lo ha sido tanto. Permita que se lo resuma. Viviendo, como quizá recuerde de mi misiva anterior, en Bon Pastor, junto al Centro Comercial de la Maquinista, tenía que desplazarme con mi hijo de quince meses al centro de Barcelona para ir, a continuación, a la oficina del Registro Civil, que como sabe está muy cerca de Drassanes. El caso es que decidí ir en tres, usando para ello la estación de Rodalies de Sant Andreu. Una vez allí me encontré con mi primera sorpresa: el ascensor no funcionaba. Por fortuna, en ese momento me acompañaba mi mujer, con lo que entre los dos nos las apañamos para bajar el cochecito de bebé por las escaleras. Más tarde me enteré de que el ascensor del andén opuesto tampoco está en funcionamiento, con lo que debería buscar una alternativa para regresar. Tras realizar los trámites correspondientes en el centro, ya mi bebé y yo solos, caminé hasta el Registro Civil dando un agradable paseo (algo que habría sido más satisfactorio si las calles estuviesen menos sucias, por cierto), pero, apremiado por el calor y algo de prisa, decidí regresar en metro. Mala idea, ya que el metro de Drassanes (y varias estaciones más de la línea tres) están cerradas, tal y como sucede con un tramo de la línea cinco. Por lo visto, los que estamos en Barcelona en agosto no tenemos derecho a usar el metro con normalidad (sí, hay líneas de autobuses alternativas, pero con lo cómodos que son algunos vehículos para ir con un cochecito de bebé (ya ni me quiero imaginar a alguien en silla de ruedas) y eso por no mencionar a los turistas, un sustento importante de la ciudad. La mejor alternativa era caminar hasta Liceu pero, por ahorrarme un transbordo, preferí caminar un poco más y legar hasta Catalunya. Allí me dirigí a la primera entrada con ascensor que vi, situada en el inicio (o el final, según se mire) de Les Rambles. Afortunadamente, antes de validar mi T-Casual me di cuenta de que no había ningún ascensor que comunicara con los andenes al otro lado de los tornos de entrada, así que volví a la calle en busca de otro acceso. Por fortuna, en plaza Catalunya, casi esquina con Ronda Universitat, hay otro ascensor, que además me conduciría directamente a los andenes de la línea uno, ahorrándome una caminata por el subsuelo de Barcelona. Mi ilusión se esfumó de golpe al comprobar que también este ascensor estaba averiado (y no es que sea ninguna sorpresa, su aspecto, aparte de sucio, es bastante vetusto.

Esperando que el dicho de que «a la tercera va la vencida» sea cierto me encaminé hacia el último ascensor que tenía a la vista, poco esperanzado. Me refiero al que está, más o menos, frente a la tienda Apple que, paradojas de la vida, parece casi un objeto de anticuario. Para mi sorpresa, este sí funcionaba, aunque con cierta mala gana, ya que las puertas se abrieron y cerraron varias veces antes de que la cabina se decidiera a descender.

Para completarel chiste, al dirigirme a validarmi billete en los accesos de entrada, descubro que no hay ninguno ancho, de esos adaptados para sillas de ruedas, carritos de bebés, etc. Un vigilante me informa que debo ir hasta la otra punta, ya que por lo visto, esa no era la entrada principal. Me pareció muy curioso saber que, en cuestión de accesos al metro, también existen las clases sociales, ya que hasta ahora yo pensaba que la diferencia entre una entrada y otra era simplemente el extremo del andén al que te conducía. Entiendo perfectamente que basta con un ascensor por parada (si funciona, claro), pero negar el acceso directamente… No quiero ni imaginar a alguien que baje del metro en esa parada, se suba todas las escaleras cargando un cochecito de bebé y luego descubra que no puede salir de la estación.

En fin, señora alcaldesa, esta es solo una pincelada de mi mañana, para que sepa como se puede sentir cualquier ciudadano en un día cualquiera. No pretendo que tome ninguna medida al respecto, pues ya me encargaré yo de tomarla. Le aseguro que no volveré a sufrir un día como este. La próxima vez, iré en coche.

Y esto me lleva a mi segunda reflexión, promovida a lo que me aconteció esta misma tarde.

Pretendiendo tanto ahorrar como ayudar a preservar el planeta, hace un par de años me compré un coche de gas natural, la opción más viable, a mi entender, de reducir la contaminación, ya que las infraestructuras y los costes energéticos hacen que, ahora mismo, el coche eléctrico sea solo una quimera. El caso es que, como le digo, me compré dicho coche pese a que en Barcelona, corríjame si me equivoco, hay tan solo dos estaciones de servicio de gas natural. Afortunadamente, una de ellas está en mi propio barrio. El caso es que cuando me disponía hace un rato a llenar el depósito me encuentro con un cartel que indica que la gasinería está inoperativa hasta el quince de agosto, por lo que me he visto obligado a desplazarme hasta la que se encuentra  cerca de la Barceloneta ha hacer cola entre taxistas ya que no tenemos ninguna otra alternativa dentro de la ciudad. Entiendo que parte de esto no es responsabilidad suya sino de Gas Natural, pero es usted la que me insta a usar vehículos ecológicos que, al menos en mi caso, no tienen ningún tipo de ventaja a la hora de aparcar en zona verde o azul, no cuenta con respaldo institucional para ampliar la red de gasineras y no contamos con ningún beneficio más allá de una ligera reducción en el Impuesto de circulación que ya veremos lo que nos dura (y es que los híbridos somos como los apestados de los ecologistas). En fin, que tampoco debe sufrir por esto, no pretendo hacerle perder el sueño. La solución, de nuevo, la pondré yo. En cuanto pueda, me cambiaré el coche. Por uno de combustible, por supuesto. Si puede ser, diésel. Sí, ya sé lo que me va a decir, que me estoy cargando el planeta, que hay que mirar por el futuro y sandeces así, pero le aseguro que mi conciencia está muy tranquila. Yo estoy dispuesto a aportar mi granito de arena diario, pero mientras las instituciones como la que usted lidera no hagan lo mismo y se limiten a palabrería políticamente correcta y a la construcción de carriles bici que lo único que pretenden es convertir a la ciudad en una localidad inviable, yo voy a preocuparme de mi comodidad y de la de mi familia.

Egoísta, puede. Tonto, no.


Atentamente:

Un humilde barcelonés más.

Visto en Netflix: TURNO DE DÍA

En 2014, Chad Stahelski y David Leitch, conocidos, entre otras cosas, por ser dobles de acción de keanu Reeves en la saga Matrix, dieron el salto a la silla de dirección con John Wick, forjando sus propias leyendas. Mientras el primero sigue unido a la saga, a punto de estrenar la cuarta entrega, el segundo se ha encargado de ha encargado de joyitas como Atómica, Deadpool 2 o la reciente Bullet Train.

Con Turno de día, J.J. Perry, que ha sido doble de acción del propio Reeves en las películas de John Wick, parece querer tomar el testigo, pero si bien su pulso a la hora de dirigir el firme y muy efectivo, me temo que su película queda muy lejos del aura de culto que lograron sus antecesores al inaugurar la saga de Wick.

Netflix sigue buscando desesperadamente una franquicia con la que liderar las producciones de largometrajes para streaming, pero sigue sin encontrar la tecla. Y no será por falta de medios o artistas de talento involucrados. La clave, creo, está en la chispa. Por algún motivo, sus películas carecen de esa chispa necesaria para pasar de ser buenas películas a clásicos eternos. Ya sucedía con La vieja guardia, Alerta Roja, Proyecto Power, El proyecto Adam, Enola Holmes, etc. Quizá la que más posibilidades de conseguirlo sea Ejército de los muertos, película que, curiosamente, comparte guionistas con Turno de día.

El título de Perry, protagonizada por Jamie Foxx y con Dave Franco y Snoop Dogg en el reparto, mezcla de forma irregular el terror y la comedia para contarnos la historia de un cazavampiros que necesita dinero urgente para pagar la escuela de su hija o se arriesga a perder a su familia para siempre. Toques superfluos de drama familiar muy en la línea del Deadshot de Will Smith en Escuadrón Suicida y que, a la hora de la verdad, tampoco es que vaya a ningún lado.

La película nunca pretende tomarse en serio a sí misma, con momentos que rozan el absurdo (lo de las cabezas parlantes nunca me ha hecho gracia), casi como si se quisiera mirar en el espejo de Abierto hasta el amanecer (el personaje de Dogg podría haber salido directamente de ese universo), pero sin la presencia de Rodríguez y Tarantino la cosa no pasa de simple reflejo.

La película, con todo, es muy entretenida, dejando claro que el humor prima siempre por encima del terror y que la acción es desenfrenada y muy efectiva, pero tengo demasiados problemas con su guion como para poder aplaudirla. Más allá de esas excentricidades que ya he mencionado, ciertas decisiones argumentales me sacan de la película (quizá el problema es mío, por ser un fan del género vampírico y tomármelo todo demasiado en serio), como el hecho de que el protagonista, al principio, se las ve y se las desea para derrotar a una vampira anciana y luego se enfrente con facilidad a un nido entero, que nos muestren unos vampiros muy modernos que usan motos y quieren dominar el mercado inmobiliario pero luego se escondan al final de túneles iluminados por antorchas o que la villana se presente como un ser extremadamente poderoso y en el clímax final esté escondida como una rata. Detalles que pueden parecer insignificantes pero para mí resumen lo poco formal que pretende ser esto.

En resumen, entretenimiento eficaz aunque algo burdo que se disfruta pero que, como tantas, no permanecerá en nuestras memorias.

 

Valoración: Cinco sobre diez.