domingo, 7 de octubre de 2018

VENOM

Como cambian las cosas en tan solo unos meses. Hace apenas algunas semanas esperaba con ganas este estreno, más viendo el tráiler que prometía una versión bastante oscura al personaje y con un look mucho más fiel al que se vio en Spider-man 3. Sin embargo, a medida que se acercaba el momento del estreno las sensaciones eran cada vez más agoreras, con cambios en la sala de montaje para suavizar la violencia, críticas vetadas y Tom Hardy, su protagonista, diciendo que lo que más le gustaba del film se había quedado en la sala de montaje. Así que llegado el momento del estreno mis expectativas estaban más bien por los suelos.
Al final, la cosa no ha llegado a ser un desastre, pero casi. No estamos hablando de una completa basura, como Los 4 Fantásticos de Josh Trank, ni siquiera es tan insuficiente como Catwoman o Elektra, pero tampoco se sitúa muy por encima. De hecho, quitando esos tres casos fragantes, creo que habría que considerarla como una de las peores adaptaciones al comic de los últimos años, más si nos centramos en las dos grandes, Marvel y DC. ¿Recuerdan Daredevil o Green lantern? Pues por ahí van los tiros.

Y es que lo que Sony ha hecho con la película es casi un suicidio cinematográfico. De entrada, porque no se concibe un personaje como Venom (y mira que me fastidia esa manía de no traducir los nombres, tal y como sí sucede en el cómic) sin Spiderman. El personaje no tiene sentido sin el arácnido y por ello en esta película nos encontramos con unas motivaciones que no están nunca demasiado claras. Si en Sony no podían contar con el lanzaredes para su película, mejor que no la hubiesen hecho. ¿Cómo se explica, por ejemplo, el look del personaje? Yo les doy la respuesta: no se explica, y punto.
Luego está el tema de la violencia. Veneno es un antihéroe, un ser que transita por la delgada línea entre el villano y el héroe, y por ello necesita un punto de oscuridad en sus acciones. Lo mismo que Deadpool, con quien Fox sí se atrevió a hacer lo que aquí no. O de Lobezno, cuya última película, Logan, la única que apuesta por ello, es la mejor de la saga. ¿Se imaginan un Punisher con censura? ¿O un Motorista Fantasma con tono familiar? Bueno, la verdad es que sí. Ya lo hicieron, y así les quedó. Sumen estos dos personajes a la lista de desastres, por favor...
Lo de Venom es casi más grave, pues muestran un quiero y no puedo. El tipo arranca cabezas de cuajo, pero todas fuera de plano y sin que se vea ni una gota de sangre. Casi se diría que rodaron las escenas y luego se eliminaron de la sala de montaje, y prueba de ello son los momentos incongruentes de guion o las tramas que avanzan a saltos, sin que veamos ciertas explicaciones en pantalla.
Así que desde este punto de vista, Venom es un desastre total, con un guion insuficiente y cobarde, unos personajes planos (solo Eddie Block tiene algo de trasfondo) y un solo actor, Hardy, que merezca ser mínimamente destacado. A su lado hay toda una ganadora del Oscar como Michelle Williams que apenas sirve para hacer bonito. 
A eso, hay que sumarle una dirección muy deficiente, donde la oscuridad no sirve para dar un tono más serio al personaje sino para hacer más confusas las escenas de lucha, con unos antagonistas que no dan la talla y siguiendo el esquema ya muy manido de poner un villano como la contrapartida oscura del héroe (algo que después de verlo en Iron Man contra Iron Monger, Hulk contra Abominación o Ant Man contra Chaqueta Amarilla ya cansa un poquito), algo especialmente absurdo cuando ya el héroe debería ser una contrapartida oscura de Spiderman y que hace que no me interese en absoluto la secuela que aspiran a hacer por prometer más de lo mismo. Y si encima todo se reduce a escenas de lucha por ordenados muy mal filmadas, pues mejor pasar página...
Último detalle: el humor. Venom no tiene humor. No es una película cómica. O no debería serlo. Pero la gente se reía en muchas ocasiones. Y cuando la gente se ríe en una película sin chistes, la cosa no puede ser peor. Todos los diálogos internos entre Eddie Block y Venom son de traca y, para no rasgarse las vestiduras, lo único que se puede hacer el resignarse y apuntarse al coro de risas que entristecen aún más el resultado final.
Para colmo, y esto no es solo culpa de la peli, sino también de su poco sentido de la oportunidad, una de las escenas supuestamente más espectaculares trata sobre una larguísima persecución que los malos, en coche, hacen sobre el prota, que va en moto. ¿Tienen fresca la persecución de Misión Imposible: Fallout? Pues no hay más que hablar.
¿No hay nada entonces que se pueda salvar de Venom? Pues tampoco es eso. Al fin y al cabo estamos hablando de una película con un tipo poderoso arrancando cabezas a los malos. Y aunque sea fuera de plano, eso siempre mola. Además, el pobre de Hardy, ese actor especializado en personajes a los que apenas se les ve el rostro (Bane, Mad Max, el piloto de Dunkerque) se esfuerza por sacar adelante un papel sin mucho a lo que rascar (ya he dicho que las motivaciones nunca están claras, y tanto él como su alter ego simbionte pasan de un lado a otro de la balanza moral de manera caprichosa). Y al fin y al cabo es una película entretenida. Estúpida y mal hecha, pero entretenida. Y resulta impagable que para el diseño del personaje se hayan basado en la caracterización que en su momento llevaron a Veneno a lo más alto del panorama comiquero de finales de los noventa de las manos de Todd McFarlane y Mark Bagley, cuando el personaje apenas acababa de debutar y parecía que podía molar mucho.
Una de las cosas que en Sony se tendrían que preguntar es: ¿se puede hacer una película interesante de Veneno? Si miramos sus apariciones en cómic, las dudas son razonables. Ha tenido muchas miniseries alejado de la sombra de Spiderman, pero la mayoría muy mediocres. Es un caso de esos en los que la leyenda es más grande que el propio personaje. Así que la respuesta, posiblemente, sea que no, lo mismo que no concibo una película en solitario de Kraven, el Cazador (como se rumoreó durante cierto tiempo) o de Morbius, geniales en la galería de villanos pero sin entidad suficiente para protagonizar sus propias películas.
En vista del desastre potencial que es este Venom (que ya tiene unas críticas nefastas y que, al igual que otro título mediocre por su falta de valentía y calidad narrativa como fue Escuadrón Suicida seguramente hará bastante taquilla), mi consejo para Sony está claro: que se dejen de experimentos y, tal y como hicieron ya con Spiderman (y el éxito fue claro), dejen los personajes de Marvel en manos de Marvel. En el MCU, Veneno puede molar mucho. En el Universo Spiderman sin Spiderman, no.
Eso sí, la escena postcréditos es lo mejor del film. Casi una pequeña obra maestra. Por cierto (y no explico más por no caer en el spoiler), ¿he dicho ya que la escena postcréditos de Venom no tiene nada que ver con Venom?
Pues eso. Una lástima. Otra más.

Valoración: Cuatro sobre diez.

CHRISTOPHER ROBIN

Si miramos los resultados en taquilla de las últimas películas de los Estudios Disney (es decir, dejando de lado las películas Disney que pertenecen a Marvel, Lucasfilm o Pixar), nos encontramos que todas sus producciones originales han sido sonoros fracasos, desde la infravalorada John Carter de Marte que abrió la veda hasta la desastrosa Un pliegue en el tiempo. Por eso quizá la idea de centrarse en actualizar sus clásicos animados en imagen real no sea tan descabellado, y ahí están Maléfica, Cenicienta o La Bella y la Bestia para demostrarlo.
Llega el turno ahora de Christopher Robin, película que recupera a los personajes de A.A.Milner y actualiza al mítico Winnie the Pooh, aunque el protagonismo esté centrado, en esta ocasión, en su amiguito humano, el Christopher Robin del título.
No soy nada conocedor de la mitología de Pooh y sus compañeros, por lo que no analizaré esta película desde el punto de vista de una adaptación, como sí haré con Venom, sino como una película más, dejando de lado la fidelidad con los personajes originales, aunque me consta que ese es uno de los aspectos positivos del film.
Argumentalmente, está claro que Disney no ha querido correr ningún riesgo, y ha repetido con descaro la fórmula que ya usó hace casi tres décadas Steven Spielberg en una jugada parecida al adaptar en imagen real a Peter Pan en Hook. Es decir, el personaje ha crecido, convirtiéndose en un padre de familia que está tan centrado en su trabajo que apenas tiene tiempo para ellos y que, por descontado, ha olvidado el mundo de fantasía de su niñez. Sin embargo, su pasado viene a por él para recordarle quién era y dónde se encuentra el secreto de la felicidad (en la familia, claro, siento haceros el spoiler...)
Christopher Robin es una película muy blanca, que funciona a nivel familiar y que, gracias al buen trabajo de Ewan McGregor y a la comicidad de los muñequetes, sin abusar demasiado con ellos, se hace digerible para adultos y entrañable para los niños. Esto es Christopher Robin y no hay más de dónde sacar. No es que uno se esperara algo de la mala leche de Ted, por descontado, pero siguiendo el ejemplo de otros peluches parlantes no puedo dejar de lamentarme que no siguieran el camino marcado por Paddington y su secuela, que emanaba amor por el cine y un esfuerzo por realizar una película inteligente a la par que infantil. Con Marc Forster a los mandos, en su primer trabajo tras el desastre que le supuso Guerra Mundial Z, la película es correcta y poco más, un producto prefabricado que resume lo mejor y lo peor que puede definir a una compañía como Disney.
Así que, sin pedir peras al olmo, lo mejor que se puede decir de este film es que no aburre, cumple con las expectativas y da, rozando unos mínimos, con lo que promete. Es cine infantil de evasión y ligero adoctrinamiento familiar y poco más.

Valoración: Cinco sobre diez.

OLA DE CRÍMENES

Viendo las primeras críticas negativas de Venom, y ante lo poco que me apetecía el adulcoramiento que esperaba de Christopher Robin, esta era, a priori, la película que esperaba con más ganas de entre los estrenos del viernes, principalmente por la presencia siempre estimulante de Maribel Verdú, ya que me cuesta recordar una película suya de los últimos años que me haya decepcionado (incluso la flojita Fin tenía elementos de interés). 
Sin embargo, una vez vista, Ola de crímenes ha dejado mucho que desear. No porque sea una mala película, sino porque es demasiado simplona y va siempre a lo fácil. Juan Luis Caviaro lo define perfectamente en su comentario para el portal Espinof: es demasiado negra para considerarla una comedia ligera pero demasiado ligera para ser una comedia negra.
Gracia Querejeta vuelve a dirigir a la Verdú tras la interesante experiencia en Felices 140 en una trama desmadrada llena de crímenes y giros de guion imprevisibles, un poco en la estela de títulos como ¿Quién mató a Bambi?, con un reparto espectacular aunque, en la mayoría de los casos, infrautilizado. En el fondo, Maribel Verdú es duela y señora el cotarro y la cámara sólo se centra en ella (quizá en exceso, hasta el punto de que si la película la hubiese dirigido un hombre habría encontrado en ella un evidente toque machista). 
La historia parte del asesinato del exmarido de la protagonista, Leyre (un ejemplo de lo que comentaba del reparto, la presencia de Luis Tosar aquí es casi anecdótica) en manos de su hijo y la cadena de acontecimientos que ello provoca, con policías corruptos, tramas empresariales oscuras (cualquier comparación con el retrato de realidad social de El reino es pura fantasía) y mafiosos e poca monta. Todo es muy delirante, pero a la vez muy tonto, buscando los trucos de prestidigitación en sus trampas de guion que no se molestan en ningún momento en resulta mínimamente verosímiles.
Con ello, el gran trabajo de casting se ve empañado por unos diálogos simples y un guion que no les permite trabajar demasiado sus personajes, con lo que ni siquiera los esfuerzos de Maribel Verdú logran que la película alce el vuelo en ningún momento.
Con todo, dejando las exigencias de lado (si alguien quiere una buena comedia española todavía puede encontrar Yucatán en los cines), la película resulta entretenida, y al menos la puesta en escena de Querejeta es elegante y funcional.
Poco más se puede rascar en una película que posiblemente se olvide rápido y quede como una simple anécdota dentro de la filmografía de sus protagonistas, una broma simpática en una época en que la comedia española merece, por méritos propios, una mayor exigencia.

Valoración: Cinco sobre diez.

sábado, 6 de octubre de 2018

EL REINO

Que Dios nos perdone fue uno de los thrillers más efectivos de hace un par de años. Ahora, Rodrigo Sorogoyen y Antonio de la Torre, director y protagonista de aquella, vuelven a reunirse en El reino, un nuevo thriller pero cambiando la intriga policíaca por la intriga política.
El reino no está inspirada en ningún caso real. ¿O sí? Teniendo sumo cuidado de no señalar a un lado o a otro, o mejor, señalando a ambos a la vez, El Reino puede tener como referencia a cualquiera de los últimos escándalos políticos que han azotado a este país.
Con una brillantez absoluta, De la Torre se mete en la piel de un político de éxito, de esos que se codean con las altas esferas, que les ríe las gracias y que tiene pie y medio en las alturas. Hasta que todo salta por los aires. Se destapa un caso de corrupción y pasa de héroe a villano de la noche a la mañana. Sus antaño amigos lo quieren llevar al matadero y es convertido en la cabeza de turco perfecta. Pero él está dispuesto a tirar de la manta si es necesario para salvar su propio pellejo.
La moraleja de la película está clara: nadie está limpio. Sorogoyen no pretende posicionarse políticamente, sino reflejar una realidad tan despreciable como preocupante, y aunque no sea la primera vez que este tema se trata en el cine español si es esta una de las ocasiones en que se hace con mayor eficacia.
El reino no es una simple película de denuncia. Es un retrato de como funcionan las cosas detrás de los despachos y es, también, una historia de intriga donde su elemento más ficcionado (esperemos), que incluye asesinatos y desapariciones, sirve para mantener la tensión y ayudar a empatizar al público con el personaje de De la Torre. Y es que esto es cine, y para que una película funcione necesitamos un protagonista junto al que sufrir.
Esto no significa, sin embargo, que haya un capítulo de redención para el político en cuestión. Eso del perdón corresponde, como rezaba su anterior película, a Dios. Aquí es la justicia la que debe hablar (si es que se puede creer en ella, que tampoco mucho), y por eso pensar que Manuel López-Vidal, que es como se llama el tipejo en cuestión, no es el gran villano del film sino uno más del rebaño tampoco es un gran consuelo. Así, Sorogoyen lo humaniza, recordándonos que es también padre y esposo, pero eso solo sirve para hacernos bajar las defensas. El mal sigue siendo el mal, y ahí está el personaje de Bárbara Lennie, tan fabulosa como es habitual en ella, para recordárnoslo. Pensando en ello, quizá la única lástima sea pensar que no hay demasiados periodistas como ella en la vida real.
El reino es, en fin, una magnifica película que si bien no nos explica nada que no sepamos sí nos muestra los entresijos de esa realidad con solvencia y eficacia, logrando el gran mérito de destripar asuntos políticos sin caer en ningún momento en el aburrimiento y propiciando una magnífica interpretación de Antonio De la Torre, que se supera película a película.

Valoración: Ocho sobre diez.

HELL FEST

Ya he comentado en una entrada anterior que cuando se anuncia La Fiesta del Cine se suele estrenar un montón de películas en espera de encontrar su huequecito en las carteleras, pero aún así hay estrenos que escapan de mi comprensión. Siendo un habitual del Festival de Sitges estoy acostumbrado a descubrir allí muchos títulos interesantes (entre mucha purria, todo hay que decirlo) que luego pasan desapercibidos en su estreno en cines debido a que suelen estar en muy pocas salas y sin apenas publicidad. Es el caso de títulos tan disfrutables del año pasado como Feliz día de tu muerte, Mamá y Papá, Revenge o Brawl in cell 99 (esta última estrenada directamente en plataforma de streaming). Por eso, que algo como Hell Fest se haya estrenado de forma masiva me resulta desconcertante, algo que quizá tendría alguna justificación en caso de haber coincidido con la fiesta de Halloween, pero es que ni eso...
El caso es que Hell Fest es un título muy apropiado para Festivales de Cine, donde los criterios de satisfacción son mucho más bajos y los plausos que una muerte gratuita producen en la grada suelen ser contagiosos, pero ni allí creo que se hubiese podido sostener algo tan flojo e insustancial como es esta película de Gregory Plotkin que ha sido editor de un montón de buenas películas pero solo había dirigido hasta ahora una de las de Paranormal Activity.
La cosa va de un grupo de adolescentes que va a un festival de terror con la intención de pasar una noche de miedo y risas. No es un festival de cine, sino un evento de laberintos y casas encantadas muy similar a lo que se va a inaugurar cerca de la población catalana de Berga, Horrorland, un parque temático de terror con atracciones donde los actores están autorizados a tocar a los visitantes y que exigen que firmes un consentimiento antes de entrar. 
En este percal se encuentran los protagonistas, típicos adolescentes de hormonas alteradas que se empeñan en separarse uno de los otros aunque ya nos advirtió Wes Craven en Scream que era lo último que había que hacer en un lugar extraño, ignorantes de que un perturbado se ha colado en el evento para cometer asesinatos reales.
Sobre el papel suena muy tópico, pero la puesta en escena es más tópica todavía, cometiendo además el mayor error que una película de estas características puede cometer: aburrir.
La clave está en pretender hacer un producto muy heredero del terror de los ochenta, con referencias a Carpenter muy evidentes, sin querer herir sensibilidades. Así, el exceso de hemoglobina está muy medido y carece del salvajismo que provoca carcajadas en sitios como Sitges y que permite que, ante la falta de calidad de la propuesta, uno al menos disfrute de la cutrería gore de la misma.
Esto, en fin, no tiene ni chicha ni limoná, quedando un pastiche a medio camino de nada que apenas cumple con unos mínimos para interesar al respetable. Eso sí, por lo menos la ambientación está muy bien lograda y hay detalles visuales francamente interesantes, aunque no tanto para llegar a salvar la película. Además, como no puede ser de otra manera, desde la primera escena se puede intuir quien va a sobrevivir y quién no, y como va a terminar más o menos la cosa, así que si alguien quiere pasarlo mal de verdad, que se deje de tonterías como estas y se vaya al Horrorland real.
Igual tiene suerte y se encuentra con un asesino en serie y todo...

Valoración: Cuatro sobre diez.

SEARCHING...

Poco o más bien nada me apetecía esta película cuando supe de ella. No estoy en contra de las nuevas tecnologías,. Y siempre es bueno experimentar en el cine y arriesgar por hacer algo diferente, pero me aburría soberanamente eso de ver una película cuya acción se produjera en su totalidad en la pantalla de un ordenador. Precisamente hace unos días había visto un episodio antiguo de la divertida sitcom Modern Family en la que todo se ve desde el iPad de una de las protagonistas y me pareció un tremendo rollazo.
Sin embargo, había que darle una oportunidad, ya que aun sin ser algo tremendamente original, lo precedentes no era malos del todo. Open Windows, de Nacho Villalongo, era tramposa y regulera, pero tampoco estaba mal, mientras que Eliminado conseguía crear una historia de terror mucho más efectiva que las tontadas de turno (sí, me refiero a La Monja y sus compañeros de juego) utilizando para ello simplemente la interfaz de una sala de chat.
Searching..., sin embargo, va más allá y, aun haciendo alguna que otra trampa (hay momentos en que con la excusa de dejar la cámara de skype encendida vemos al protagonista haciendo cosas alejadas del ordenador, como hablar por el móvil), consigue transmitir una historia de suspense empleando para ello todos los recursos visibles desde la pantalla de un ordenador.
La clave de que Searching... sea una gran película, más allá del ingenio de saber dar forma a una historia explicándola únicamente mediante recursos informáticos, está en que cuenta con un guion de verdad, bien elaborado y que, en una historia narrada tradicionalmente, habría funcionado igual de bien.
David Kim es viudo y su hija adolescente es lo único que le queda. Por eso, cuando ella desaparece sin dejar rastro cree enloquecer y, ante los pocos resultados que la investigación policial parece prometer, decide buscarla por su cuenta, siendo el ordenador de su hija su única herramienta para ello. Llegados a este punto, conviene destacar la fabulosa presentación de los personajes y de su historia, en un inesperado homenaje al arranque de Up que consigue ser casi igual de emotivo.
A partir de ahí, el debutante Aneesh Chaganty se las apaña para componer una historia de intriga que, pese a las limitaciones visuales, consigue un buen desarrollo de personajes que ayudan a empatizar con el sufrido padre, siendo la película, por ello, un buen drama. Hay tiempo, incluso, para una mirada critica a los medios de comunicación, que tan pronto convierten al protagonista de héroe a villano o viceversa, aunque, puestos a ser un poco exigentes, se echa en falta algo más de crítica hacia el abuso de las redes sociales. Solo al principio se intuye la soledad de la protagonista pese a los cientos de amigos virtuales que puede tener y a la ausencia de personalidad (de identidad, incluso) que las redes ofrecen, pero el mensaje parece diluirse a medida que avanza la trama.
En resumen, una interesante historia de intriga con una original manera de ser narrada que, en contra de lo esperado, no resulta nada cargante.

Valoración: siete sobre diez.

MILLA 22

La colaboración entre el director Peter Berg y el actor Mark Wahlberg ha dado ya para cuatro películas: El último superviviente, Marea negra, Día de Patriotas y la que nos ocupa, Milla 22
Después de indagar en las tres anteriores en tres historias basadas en la realidad, Berg opta en esta ocasión para inventar un relato de tensión y derroche de adrenalina sobre un comando de tipos duros nada agradables (la antipatía que puede despertar algunos de los supuestos héroes recuerda en algo al Sabotage de David Ayer con Schwarzenegger) capitaneados por un Wahlberg con más cara de agrio de lo habitual. A su alrededor, alguna que otra cara conocida, como Lauren Cohan (Maggie en The Walking Dead), Ronda Rousey, John Malkovich (el más desaprovechado de todos) y un Iko Uwais que debe estar algo comedido para no robar todas las escenas de acción (baste con recordarlo en The Raid y su secuela).
Lo mejor de la película es su acción desenfrenada, que provoca momentos de verdadera tensión en una carrera contrarreloj con un desenlace a tiempo real y que es heredera de la última película de Richard Donner, 16 calles. Como en aquella, los protagonistas deben recorrer una distancia (las 22 millas del título) con un tipo al que deben proteger y que todo un país (de nombre indeterminado, no vayamos a ofender a alguien) quiere ver muerto.
En el lado negativo, hay que poner el escaso desarrollo de personajes, planos y arquetipos, al que unos diálogos pobres no ayudan tampoco en exceso. La trama, más allá de la idea de partida, tampoco es para tirar cohetes, siendo imposible darle muchas vueltas ni buscar segundas lecturas, ya sean sociales o políticas, aunque al menos se agradece un final que descoloca y huye de lo manido.
Así pues, Milla 22 es une espectáculo visual de acción muy bien filmada y muy trepidante, al que no hay que pedirle mucho más que las correspondientes hora y media de evasión y acción desmedida. Es una lástima que Berg, que no ha terminado de despegar en Hollywood todavía, no arriesguen un poco más. Aunque al menos ofrece algo sincero con lo que poder conformarse.

Valoración: Seis sobre diez.

UN PEQUEÑO FAVOR

Un pequeño favor es una de esas películas que no se esperan hasta que se estrena casi de tapadillo y luego resulta que gusta a todo el mundo. No ha sido como para considerarla un sleeper, un éxito sorpresa, pero sí que ha recibido muy buenas críticas y ha cosechado aplausos por donde se ha estrenado.
Y sin embargo, yo nunca logré entrar en el juego que la película me proponía.
Protagonizada por Anna Kendrick y Blake Lively, el principal mérito del film es lograr que dos actrices tan diferentes (y que interpretan a dos personajes tan diferentes, por cierto) tengan tanta química y consigan que la relación entre las protagonistas resulte verosímil. En cambio, creo que Paul Feig no acierta en encontrar el tono adecuado de la película, un film que aparenta ser una comedia simplona para terminar desembocando en na versión descafeinada de la Perdida de David Fincher. Feig es un gran director de mujeres, como ha demostrado en sus títulos más exitosos (La boda de mi mejor amiga, Cuerpos especiales, Espías y Cazafantasmas), pero siempre con el humor más loco y disparatado de su lado, algo que no se encuentra en Un pequeño favor, que sí tiene un aura de humor negro gran parte del metraje pero que no llega a arrancar como comedia. Pero, a su vez, carece del malrollismo que había en la referida obra maestra que Ben Affleck y Rosamund Pike protagonizaron hace ya cuatro años.
La cosa va de una adorable pero empalagosa madre todoterreno que se hace amiga de una pija estirada que un día le pide un pequeño favor: que recoja a su hijo al salir del colegio. El problema es que la estirada desaparece y la madraza empezará a tirar del hilo de un misterio demasiado grande para ella sola. Un planteamiento interesante que, con la conjugación de elementos mencionada, no tendría porqué no funcionar. Sin embargo, y quizá por culpa de su excesiva duración (dos horas), hay todo un tramo intermedio que me desconectó por completo de la película, todo un proceso de investigación y revelaciones que me introdujo de lleno en el mundo de los telefilmes de sobremesa y me provocaron el bostezo constante. Luego la cosa remonta pero, como suele suceder muchas veces, ya fue demasiado tarde para mí. Había perdido el interés en la trama y todo me importaba ya más bien poco.
Una lástima, porque lo cierto es que las actrices funcionan perfectamente bien y la cosa podría haber dado para más, pero, al menos en mi caso, la cosa no termina de arrancar, no pasando de ser un entretenimiento aceptable pero demasiado inconsistente.

Valoración: cinco sobre diez.

JOHNNY ENGLISH: DE NUEVO EN ACCIÓN

Ha pasado suficiente tiempo desde Johnny English returns como para poder pensar que se trataba de una franquicia agotada, pero hete aquí que Rowan Atkinson está de regreso con su personaje cinematográfico más memorable (Mr. Bean siempre será infinitamente superior en su tratamiento televisivo), quizá propiciado por la moda actual de combinar cine de espionaje con comedia.
Había muchos motivos para que la película fuese un estropicio, sobretodo si uno juega a las comparaciones, teniendo como referencia principal del género la magnífica Kingsman de Matthew Vaughn, de la que se prepara ya la tercera entrega, pero Johnny English juega a otra cosa, y pese a contar con una acción muy bien rodada, no aspira a competir con ella en cuanto a secuencias de acción, por lo que potencia, con acierto, su sentido del humor.
Pasando al otro lado, sería fácil caer en los estereotipos del humos chabacano y de sal gruesa, pero Atkinson siempre ha estado por encima de eso, y con un tono muy blanco y reforzado en el slapstic consigue protagonizar una película muy divertida, quizá la mejor de las tres, sin salirse demasiado del camino establecido.
Como parodia que es del cine de James Bond, cuenta en sus filas a una chica Bond de nivel como es Olga Kurylenko, en un papel que le permite derrochar química con el británico sin forzar las cosas como previsible (e inverosímil) interés romántico. Además, sin perder nunca de vista la amenaza contra la que se lucha, tampoco comete la película el error de olvidar que la comedia debe primar por encima de todo (error que cometió, por ejemplo, El espía que me plantó), consiguiendo que el tono se mantenga en todo momento, sin altibajos en su ritmo ni perder nunca de vista que Atkinson/English es el reclama de la película, por encima de explosiones, persecuciones y tiroteos.
Con algunos secundarios de lujo (magnífica Emma Thompson como Primera ministra y muy acertado el retorno de Ben Miller tras su ausencia en la segunda entrega de la saga), la película no solo parodia a James Bond y sus gadgets, sino que se burla un poco de todo el espionaje moderno con un aroma retro (música incluida) que, lejos de resultar rancio y caduco, da un toque de nostalgia a la película.
No se trata de la obra maestra del cine de espionaje, ni mucho menos, y, algo obligada por sus precedentes, la película no llega a arriesgar en ningún momento, moviéndose por un terreno de sobras conocido que suena a exceso de acomodo, pero siguiendo la máxima de que “cuando algo funciona, mejor no tocarlo”, este Johnny English, de nuevo en acción consigue mantener viva la esencia del personaje e invita a pasar un rato muy divertido, siempre que uno acepte la necesidad de rendir pleitesía al estilo actoral de Atkinson y sus muecas, peaje necesario a pagar para digerir el film.
Como siempre, el punto negativo cabe encontrarlo en el destripamiento que el tráiler hace de sus mejores chistes, pero eso es un tema aparte.
En resumen, que sin innovar demasiado ni ofrecer nada del otro mundo, English y sus meteduras de pata siguen nen forma y demuestran que continúa siendo el mejor peor espía al servicio de su Majestad.

Valoración: siete sobre diez.

ENAMORADO DE MI MUJER

Enamorado de mi mujer es la nueva película de Daniel Auteuil, en la que repite de nuevo como actor y director, para la que ha contado con Gerard Depardie, con quien ya trabajó como actor en la cínica y ya clásica Salir del armario, y con Sandrine Kiberlain, aunque la única razón para ver esta comedieta insuficiente y algo ridícula es la presencia de nuestra Adriana Ugarte, que consigue gracias a este título abrirse camino en la filmografía francesa, aunque su aportación aquí, por designios del director, sea más la de tener un físico precioso que por sus dotes interpretativas.

Daniel e Isabelle son un matrimonio feliz pero algo aburridos ya uno del otro que se ven obligados a invitar un día a cenar a un amigo de él, Patrick, con la excusa de que les presente a su nueva novia, Emma. Todo apuntaba a que la velada sería tensa, pues Patrick había abandonado a su esposa, una de las mejores amigas de Isabelle, por Emma, pero apenas conocerla Daniel se siente fuertemente atraído por ella y empieza a fantasear con tener una aventura juntos.
La película arranca con un tono algo teatral, con la típica ambientación centrada en un solo escenario que tan bien funcionaba en películas como Un Dios salvaje, The Party o Perfectos desconocidos, pero que sale al mundo exterior gracias a las ensoñaciones de Daniel, que juegan a confundir realidad y ficción, estableciendo por tanto dos líneas temporales que se entremezclan, la real y la imaginaria. Esto es un recurso muy manido en el cine y muy efectivo tomado en su justa medida (¿recuerdan Mentiras Arriesgadas de James Cameron?), pero que aquí se convierte en la razón de ser del film y que termina por saturar, sobretodo por la torpeza de Auteuil en la puesta en escena. Una vez superada la gracia inicial, el recurso agobia, terminando por aburrir y hasta confundir. Hay un momento en que cuesta distinguir se se está viendo la realidad o la fantasía, o incluso se llega a dudar a quién pertenece dicha fantasía, con lo que el experimento resulta un fracaso y se pierde todo el interés en el film. 
Al final, la cosa intenta remontar, con una moralina también previsible y aleccionadora, pero ya es tarde y el público ha perdido definitivamente el interés en la propuesta, debiéndose conformar uno tan solo en esperar las apariciones de Ugarte y poco más.
Simple, muy simple.

Valoración: Cuatro sobre diez.

BOOK CLUB

Aunque no sea catalogado como tal, existe un género cinematográfico que podría denominarse como “cine para mujeres”, que habitualmente suele estar conformado por comedias románticas, aunque nos ea necesariamente así. 
Sin que ello resulte para nada algo negativo (ni excluyente de que pueda gustar también al género masculino, por supuesto), Book Club pertenece claramente a esa categoría, a un cine por y para mujeres en el que Diane Keaton suele ser casi un icono. 
La inefable 50 sombras de Grey es otro ejemplo muy diferente de ese tipo de cine, aunque en este caso con un tono más (se supone) adolescente. Y es curioso que la referencia a la insufrible obra de E.L.James (novela, no película) sea el punto de arranque de esta comedia simpática y divertida, aunque sin demasiadas pretensiones, que tiene en su reparto su mejor baza.
Efectivamente, la película presenta a cuatro amigas que conforman el mencionado club de lectura del título que, tras compartir su afición por las letras con grandes obras universales, deciden dar un salto al vacío y aventurarse en los mundos del famoso Christian Grey y sus “juegos” amorosos. Repudiada al principio por ellas mismas, al elevado tono erótico de la obra terminará afectando a sus vidas personales, influyendo, de manera muy indirecta, eso sí (tampoco es que se trate de una obra que pueda cambiar la vida a alguien por sí misma), en sus decisiones futuras.
Una trama muy simple en la que lo más logrado está en la perfecta diferenciación de personalidades entre sus protagonistas (lo cual deriva también en sus diferentes actitudes ante la vida, desde el punto de vida sexual y sentimental, al principio, pero en general al final), por lo que de nuevo, tal y como sucedía en Todos lo saben (película que juega en otra liga, desde luego), el acierto en su casting es fundamental para el correcto funcionamiento de la película.
Book Club está conformada por grandes actrices, algunas ya viejas glorias, que lo dan todo para hacer más apetecible la película y que, cuanto menos, saben transmitir al público lo bien que ellas mismas se lo han pasado filmándola. La incombustible Jane Fonda, una Diane Keaton haciendo de Diane Keaton, la siempre interesante Mary Steenburgen y la olvidada Candice Bergen (aunque no ha parado de trabajar, ¿alguien la recordaba más allá de Murphy Brown?), a los que hay que añadir unos comparsas de lujo, como Andy García (recién salido de Mamma Mía!), Richard Dreyfuss (otro grande al que le tenía perdida la pista), Craig T. Nelson o, sobre todo, Don Johnson, que sigue teniendo el carisma suficiente para hacer crecer una película con su sola presencia.
Book Club está rodeada por situaciones previsibles y tópicas, desde luego, pero con la suficiente gracia y buen gusto como para permitir un visionado agradable y bastante divertido. Y es que, al final, va a resultar que las dichosas 50 sombras sí van a servir para algo...

Valoración: Seis sobre diez.