sábado, 6 de octubre de 2018

UN PEQUEÑO FAVOR

Un pequeño favor es una de esas películas que no se esperan hasta que se estrena casi de tapadillo y luego resulta que gusta a todo el mundo. No ha sido como para considerarla un sleeper, un éxito sorpresa, pero sí que ha recibido muy buenas críticas y ha cosechado aplausos por donde se ha estrenado.
Y sin embargo, yo nunca logré entrar en el juego que la película me proponía.
Protagonizada por Anna Kendrick y Blake Lively, el principal mérito del film es lograr que dos actrices tan diferentes (y que interpretan a dos personajes tan diferentes, por cierto) tengan tanta química y consigan que la relación entre las protagonistas resulte verosímil. En cambio, creo que Paul Feig no acierta en encontrar el tono adecuado de la película, un film que aparenta ser una comedia simplona para terminar desembocando en na versión descafeinada de la Perdida de David Fincher. Feig es un gran director de mujeres, como ha demostrado en sus títulos más exitosos (La boda de mi mejor amiga, Cuerpos especiales, Espías y Cazafantasmas), pero siempre con el humor más loco y disparatado de su lado, algo que no se encuentra en Un pequeño favor, que sí tiene un aura de humor negro gran parte del metraje pero que no llega a arrancar como comedia. Pero, a su vez, carece del malrollismo que había en la referida obra maestra que Ben Affleck y Rosamund Pike protagonizaron hace ya cuatro años.
La cosa va de una adorable pero empalagosa madre todoterreno que se hace amiga de una pija estirada que un día le pide un pequeño favor: que recoja a su hijo al salir del colegio. El problema es que la estirada desaparece y la madraza empezará a tirar del hilo de un misterio demasiado grande para ella sola. Un planteamiento interesante que, con la conjugación de elementos mencionada, no tendría porqué no funcionar. Sin embargo, y quizá por culpa de su excesiva duración (dos horas), hay todo un tramo intermedio que me desconectó por completo de la película, todo un proceso de investigación y revelaciones que me introdujo de lleno en el mundo de los telefilmes de sobremesa y me provocaron el bostezo constante. Luego la cosa remonta pero, como suele suceder muchas veces, ya fue demasiado tarde para mí. Había perdido el interés en la trama y todo me importaba ya más bien poco.
Una lástima, porque lo cierto es que las actrices funcionan perfectamente bien y la cosa podría haber dado para más, pero, al menos en mi caso, la cosa no termina de arrancar, no pasando de ser un entretenimiento aceptable pero demasiado inconsistente.

Valoración: cinco sobre diez.

JOHNNY ENGLISH: DE NUEVO EN ACCIÓN

Ha pasado suficiente tiempo desde Johnny English returns como para poder pensar que se trataba de una franquicia agotada, pero hete aquí que Rowan Atkinson está de regreso con su personaje cinematográfico más memorable (Mr. Bean siempre será infinitamente superior en su tratamiento televisivo), quizá propiciado por la moda actual de combinar cine de espionaje con comedia.
Había muchos motivos para que la película fuese un estropicio, sobretodo si uno juega a las comparaciones, teniendo como referencia principal del género la magnífica Kingsman de Matthew Vaughn, de la que se prepara ya la tercera entrega, pero Johnny English juega a otra cosa, y pese a contar con una acción muy bien rodada, no aspira a competir con ella en cuanto a secuencias de acción, por lo que potencia, con acierto, su sentido del humor.
Pasando al otro lado, sería fácil caer en los estereotipos del humos chabacano y de sal gruesa, pero Atkinson siempre ha estado por encima de eso, y con un tono muy blanco y reforzado en el slapstic consigue protagonizar una película muy divertida, quizá la mejor de las tres, sin salirse demasiado del camino establecido.
Como parodia que es del cine de James Bond, cuenta en sus filas a una chica Bond de nivel como es Olga Kurylenko, en un papel que le permite derrochar química con el británico sin forzar las cosas como previsible (e inverosímil) interés romántico. Además, sin perder nunca de vista la amenaza contra la que se lucha, tampoco comete la película el error de olvidar que la comedia debe primar por encima de todo (error que cometió, por ejemplo, El espía que me plantó), consiguiendo que el tono se mantenga en todo momento, sin altibajos en su ritmo ni perder nunca de vista que Atkinson/English es el reclama de la película, por encima de explosiones, persecuciones y tiroteos.
Con algunos secundarios de lujo (magnífica Emma Thompson como Primera ministra y muy acertado el retorno de Ben Miller tras su ausencia en la segunda entrega de la saga), la película no solo parodia a James Bond y sus gadgets, sino que se burla un poco de todo el espionaje moderno con un aroma retro (música incluida) que, lejos de resultar rancio y caduco, da un toque de nostalgia a la película.
No se trata de la obra maestra del cine de espionaje, ni mucho menos, y, algo obligada por sus precedentes, la película no llega a arriesgar en ningún momento, moviéndose por un terreno de sobras conocido que suena a exceso de acomodo, pero siguiendo la máxima de que “cuando algo funciona, mejor no tocarlo”, este Johnny English, de nuevo en acción consigue mantener viva la esencia del personaje e invita a pasar un rato muy divertido, siempre que uno acepte la necesidad de rendir pleitesía al estilo actoral de Atkinson y sus muecas, peaje necesario a pagar para digerir el film.
Como siempre, el punto negativo cabe encontrarlo en el destripamiento que el tráiler hace de sus mejores chistes, pero eso es un tema aparte.
En resumen, que sin innovar demasiado ni ofrecer nada del otro mundo, English y sus meteduras de pata siguen nen forma y demuestran que continúa siendo el mejor peor espía al servicio de su Majestad.

Valoración: siete sobre diez.

ENAMORADO DE MI MUJER

Enamorado de mi mujer es la nueva película de Daniel Auteuil, en la que repite de nuevo como actor y director, para la que ha contado con Gerard Depardie, con quien ya trabajó como actor en la cínica y ya clásica Salir del armario, y con Sandrine Kiberlain, aunque la única razón para ver esta comedieta insuficiente y algo ridícula es la presencia de nuestra Adriana Ugarte, que consigue gracias a este título abrirse camino en la filmografía francesa, aunque su aportación aquí, por designios del director, sea más la de tener un físico precioso que por sus dotes interpretativas.

Daniel e Isabelle son un matrimonio feliz pero algo aburridos ya uno del otro que se ven obligados a invitar un día a cenar a un amigo de él, Patrick, con la excusa de que les presente a su nueva novia, Emma. Todo apuntaba a que la velada sería tensa, pues Patrick había abandonado a su esposa, una de las mejores amigas de Isabelle, por Emma, pero apenas conocerla Daniel se siente fuertemente atraído por ella y empieza a fantasear con tener una aventura juntos.
La película arranca con un tono algo teatral, con la típica ambientación centrada en un solo escenario que tan bien funcionaba en películas como Un Dios salvaje, The Party o Perfectos desconocidos, pero que sale al mundo exterior gracias a las ensoñaciones de Daniel, que juegan a confundir realidad y ficción, estableciendo por tanto dos líneas temporales que se entremezclan, la real y la imaginaria. Esto es un recurso muy manido en el cine y muy efectivo tomado en su justa medida (¿recuerdan Mentiras Arriesgadas de James Cameron?), pero que aquí se convierte en la razón de ser del film y que termina por saturar, sobretodo por la torpeza de Auteuil en la puesta en escena. Una vez superada la gracia inicial, el recurso agobia, terminando por aburrir y hasta confundir. Hay un momento en que cuesta distinguir se se está viendo la realidad o la fantasía, o incluso se llega a dudar a quién pertenece dicha fantasía, con lo que el experimento resulta un fracaso y se pierde todo el interés en el film. 
Al final, la cosa intenta remontar, con una moralina también previsible y aleccionadora, pero ya es tarde y el público ha perdido definitivamente el interés en la propuesta, debiéndose conformar uno tan solo en esperar las apariciones de Ugarte y poco más.
Simple, muy simple.

Valoración: Cuatro sobre diez.

BOOK CLUB

Aunque no sea catalogado como tal, existe un género cinematográfico que podría denominarse como “cine para mujeres”, que habitualmente suele estar conformado por comedias románticas, aunque nos ea necesariamente así. 
Sin que ello resulte para nada algo negativo (ni excluyente de que pueda gustar también al género masculino, por supuesto), Book Club pertenece claramente a esa categoría, a un cine por y para mujeres en el que Diane Keaton suele ser casi un icono. 
La inefable 50 sombras de Grey es otro ejemplo muy diferente de ese tipo de cine, aunque en este caso con un tono más (se supone) adolescente. Y es curioso que la referencia a la insufrible obra de E.L.James (novela, no película) sea el punto de arranque de esta comedia simpática y divertida, aunque sin demasiadas pretensiones, que tiene en su reparto su mejor baza.
Efectivamente, la película presenta a cuatro amigas que conforman el mencionado club de lectura del título que, tras compartir su afición por las letras con grandes obras universales, deciden dar un salto al vacío y aventurarse en los mundos del famoso Christian Grey y sus “juegos” amorosos. Repudiada al principio por ellas mismas, al elevado tono erótico de la obra terminará afectando a sus vidas personales, influyendo, de manera muy indirecta, eso sí (tampoco es que se trate de una obra que pueda cambiar la vida a alguien por sí misma), en sus decisiones futuras.
Una trama muy simple en la que lo más logrado está en la perfecta diferenciación de personalidades entre sus protagonistas (lo cual deriva también en sus diferentes actitudes ante la vida, desde el punto de vida sexual y sentimental, al principio, pero en general al final), por lo que de nuevo, tal y como sucedía en Todos lo saben (película que juega en otra liga, desde luego), el acierto en su casting es fundamental para el correcto funcionamiento de la película.
Book Club está conformada por grandes actrices, algunas ya viejas glorias, que lo dan todo para hacer más apetecible la película y que, cuanto menos, saben transmitir al público lo bien que ellas mismas se lo han pasado filmándola. La incombustible Jane Fonda, una Diane Keaton haciendo de Diane Keaton, la siempre interesante Mary Steenburgen y la olvidada Candice Bergen (aunque no ha parado de trabajar, ¿alguien la recordaba más allá de Murphy Brown?), a los que hay que añadir unos comparsas de lujo, como Andy García (recién salido de Mamma Mía!), Richard Dreyfuss (otro grande al que le tenía perdida la pista), Craig T. Nelson o, sobre todo, Don Johnson, que sigue teniendo el carisma suficiente para hacer crecer una película con su sola presencia.
Book Club está rodeada por situaciones previsibles y tópicas, desde luego, pero con la suficiente gracia y buen gusto como para permitir un visionado agradable y bastante divertido. Y es que, al final, va a resultar que las dichosas 50 sombras sí van a servir para algo...

Valoración: Seis sobre diez.

TODOS LO SABEN

A priori, cuando uno se enfrenta a una película como esta, no pude pensar más que está ante una marcianada. Pongámonos en situación. Todos lo saben es una película dirigida por Asghar Farhad, director iraní con dos Oscar en su haber que nunca había filmado una película fuera de su país. Lo hace ahora en una producción 100% española rodada en un pueblo de interior, con Penélope cruz hablando con acento argentino y arrancando la acción con los preparativos de una boda en la que aparecen, bajando de un autocar, los padres del novio hablando en catalán. Todo parece muy loco, ¿no?
Una vez aceptada esta curiosa mezcolanza cultural, la película se presenta con un ritmo pausado, con tono costumbrista, que permite hacer una magnífica presentación de personajes que permite a los actores, protagonistas y secundarios, lucir a un magnífico nivel, desde el triángulo protagonista que forman Javier Bardem, Ricardo Darín y la propia Cruz, como la magnífica lista de grandes secundarios que son Bárbara Lennie, Eduard Fernández, Inma Cuesta, Elvira Mínguez, Sara Sálamo, etc. 
La trama mezcla elementos propios del culebrón familiar, con una saga de un clan cargado de secretos en un ambiente rural en que tan difícil resulta, precisamente, guardar secretos y donde todos se conocen muy bien (demasiado, incluso) o el thriller, ya que durante la celebración de la susodicha boda la hija del personaje de Penélope Cruz es secuestrada.
Siempre he comentado que el principal problema de las películas de intriga es que, para el espectador aficionado, es difícil encontrar el equilibrio entre el engaño y la coherencia, lo cual suele derivar o bien en el ridículo o bien en anticiparse al final. Por ello, el gran mérito del film de Farhad, cuyo guion filma él mismo, está en saber derivar la atención en los conflictos personales entre los protagonistas y en la manera en la que cada uno se enfrente a la tragedia y a los fantasmas del pasado que el secuestro pasa, por momentos, a un segundo plano, consiguiendo que el propio espectador se olvide de jugar a ser detective y se pueda sorprender por el desenlace, por más simple que a la postre pueda resultar.
No es esto, por tanto, un film del estilo Agatha Christie ni lo pretende. Y ello propicia que el foco esté siempre encima de los personajes más que en la acción y que el tono dramático, la intensidad de las interpretaciones y la angustia contagiosa entre los protagonistas impere por encima de todo. Decía Farhad que España e Iran tenía mucho más en común que Irán y otras culturas como la irlandesa o la japonesa, por poner algún ejemplo, y algo de razón debe tener, pues su retrato de esa España profunda y rural es impecable, así como su muestrario de la condición humana, del amor, la envidia, la generosidad o el rencor que maneja los hilos de la acción.
Todos lo saben es, en fin, un gran título, una película soberbia, de grandes interpretaciones y con un Farhad que, con el cambo de idioma y cultura, no ha perdido el nervio ni el temple narrativo, aunque para ello nunca podrá estar suficientemente agradecido a la entrega total de unos actores magníficos y completamente entregados a su película.

Valoración: Ocho sobre diez. 

DE NUEVO POR AQUÍ

Queridos amigos, aquí me tenéis de nuevo.
Después de casi tres semanas con el blog parado, regresa la normalidad y me pongo las pilas para tratar de ofreceros, como siempre, la mejor información sobre los estrenos más importantes de cada semana.
Otras obligaciones laborales, proyectos nuevos y, sobre todo, la falta de colaboradores en el blog, han impedido que lo haya podido mantener actualizado como es mi deseo. De hecho, casi ya ni recuerdo la última vez que me pasé por aquí (¡uff, qué lejana me parece ya Predator!) y han pasado muchas cosas en el mundillo del cine desde entonces.
La primera y principal, la llegada de una nueva edición del Festival Internacional de Cine Fantàstic de Catalunya. Vamos, lo que es el Festival de Sitges de toda la vida. Un año más, los que llevan el departamento de comunicación prefieren apostar por los grandes medios (esos mismos que luego le dedican al Festival apenas unos segundos en un telediario) que a los verdaderos amantes del fantástico que nos volcamos cada año con el Festival. Y esto no lo digo como pataleta personal, pues soy consciente de la humildad de este blog, sino porque es una lucha que desde hace años llevan las emisoras de radio locales y podcast que pueden dedicarle al Festival programas de varias horas de duración y luego se las ven y se las desean para conseguir una triste acreditación (que es de pago, por cierto). Ello se traduce en que este año El panda Cinéfilo tampoco ha sido acreditado para cubrir el Festival (ya sin la excusa de que al ser el 50 aniversario las demandas se han disparado, como argumentaban el año pasado), y eso se va a traducir en una menor repercusión informativa en el Blog. De momento, aparte de informaros del palmarés, como no podía ser de otra manera, me pasaré por la maratón final (con una selección de cinco de las -se supone- mejores películas del certamen) y poco más. Año de austeridad, me temo...
En otro orden de las cosas, se ha celebrado una nueva edición de La Festa del Cine. Una edición totalmente desaprovechada por mi parte y, vistos los resultados, por casi todo el mundo. Ha sido la edición más floja desde que se implantó este sistema de ofertas, algo lógico teniendo en cuenta la calidad de las películas en cartelera. ¿De qué sirve estar tres semanas antes con casi quince estrenos cada viernes si cuando llega el momento han desaparecido casi todas de la cartelera y las que quedan están en dos cines mal contados en unos horarios muy concretos?
Cierro con vosotros compartiendo una noticia que me ha entristecido mucho a nivel personal: se ha anunciado el cierre del cine El Punt Vallés de Cerdanyola. Ya os he hablado alguna vez de este cine. Situado a pocos kilómetros de Barcelona, tiene la peculiaridad de saber tratar muy bien al espectador. Fue de los primeros en poner la norma de que, si antes de pasada la primera media hora, no te gusta una película, puedes pedir que te cambien la entrada por otra. También son pioneros en tener una app para poder avisar al momento de cualquier incidencia en la sala (temperatura, imagen, gente molestando) y acostumbraban a solucionar el problema con rapidez y eficacia. Y, por encima de todo, tienen una oferta de tarifa plana mensual ideal para cinéfilos modestos como yo, que pocas opciones tenemos de acudir a pre estrenos gratuitos, y cuya relación calidad precio no he encontrado en ningún cine de la competencia. Parece ser que derribarán el cine para hacer inmuebles, con lo que dudo que haya marcha atrás posible. Y habrá que ver en qué medida el cierre del cine (y de su tarifa plana) afectara al funcionamiento de este blog. Pero bueno, la fecha estimada es en algún momento del 2020, así que a´n queda un año y pico para disfrutarlo y buscar alternativas.
Y tras este comentario en el que sólo quería recordaros que el blog sigue vivo (aunque haya estado yo tan desaparecido), me despido para ponerme manos a la obra con todas las películas pendientes.
Nos seguimos leyendo...

sábado, 15 de septiembre de 2018

PREDATOR

No cabe ninguna duda de que estamos en una época en la que, ya sea por la nostalgia o por la falta de ideas, el mundo del cine y la televisión mira hacia el pasado más que nunca, ya sea en forma de productos ambientados en los ochenta o haciendo directamente secuelas o reboots de títulos emblemáticos. Así, recientemente, hemos tenido secuelas de Blade Runner o reinvenciones como la de Cazafantasmas y aún está por ver qué va a pasar con el retorno de James Cameron a la franquicia de Terminator tras la poco valorada Terminator: Génesis.
Aunque el caso de Predator no sea exactamente el mismo, ya que de alguna manera la saga siempre ha estado más o menos viva, la unanimidad en destacar que el film original de John McTiernan no ha sido superado hace que esta nueva aproximación a la figura del cazador interestelar sea vista casi como una secuela directa de aquella, aunque es evidente que el film de Stephen Hopkins está en continuidad.
Llegados a tal punto, hay dos maneras de enfrentarse a la recuperación de un personaje tan icónico como difícil de tratar. Se puede hacer dese la admiración por un film y una época que ha influido en muchos realizadores que vivieron esos añorados ochenta como espectadores, como podría ser el caso de la propuesta de Robert Rodriguez que acabó derivando en la divertida aunque irregular Predators, o se puede hacer desde el conocimiento del que ha mamado desde dentro esa época dorada del cine palomitero. Shane Black no solo fue uno de los protagonistas de la Depredador original (el primero en morir, concretamente), sino que por aquel entonces se convirtió en el guionista mejor pagado gracias a sus trabajos en films ahora de culto como Arma Letal, El último boy scout o El último gran héroe. Desaparecido del panorama (no sé si cuenta como intento de resurrección en 2005 su debut en la dirección con Kiss kiss bang bang) hasta que su amigo Robert Downey Jr. lo recuperó para la infravalorada Iron Man 3 y hace unos años escribió y dirigió la genial Dos buenos tipos.
Uno de los desafíos de volver a la saga de Depredador estaba en como enriquecer su Universo sin contradecir el canon establecido, un canon al que ya se sabía que no pertenecían los dos títulos de la subsaga de Alien versus Predator, ya que las alteraciones que introdujo en su momento Paul WS Anderson ya fueron obviados por Ridley Scott y su recuperación del Universo Alien. Black, guionista talentoso donde los haya, ha sabido avanzar en la historia entre depredadores y humanos sin caer en la repetición de esquemas ni abusar de los homenajes. Que los hay, y muchos (solo por recuperar el tema musical de Alan Silvestri ya merece todo mi respeto y admiración), pero son suficientemente sutiles como para eludir la etiqueta de ser meros fan service (algo de lo que quizá deberían tomar nota en la franquicia Star Wars) y le permiten reinventar al depredador, creándole nuevas motivaciones y haciéndolo evolucionar físicamente para permitirle constituir una amenaza mayor, aunque quizá alguno pueda protestar por perder el sentido romanticismo de la cacería embutida de cierto sentido del honor que insinuaban las dos primeras películas.
Pero lo mejor y lo peor de Predator se resume, curiosamente, con la misma palabra. Fox. La productora, por un lado, ha dado suficiente manga ancha a Black para hacer lo que le ha dado la gana con el estilo visual del film, una apuesta similar a la que hicieran con Tim Miller y su Deadpool, permitiéndole hacer una película de clasificación R brutalmente sangrienta y salvaje, pero por otro, una vez terminado el film, ha querido meter mano para adecuarla a sus gustos con unos recortes y remontajes que afectan en algo al ritmo final del film, dando la sensación de que el resultado final es algo inferior a lo que podría haber sido.
Los depredadores de esta nueva película (no es spoiler avisar de que sale más de uno) molan. Son salvajes en sus acciones pero inteligentes en sus propósitos, pero Black sabe que eso no es suficiente para llenar una película que aspire a estar a la altura de la obra que encumbró a Schwarzenegger como actor, por lo que copiando en parte la jugada de Predators da el mayor protagonismo a los humanos, consiguiendo que ese grupo de soldados, unos inadaptados sociales más parecidos a una especie de Escuadrón Suicida que al comando militar del film original, a los que ha sabido dar un tratamiento y unas personalidades mucho más trabajadas que en la película de Adrien Brody, donde todos los personajes eran puros arquetipos y poco más. Por eso, el efectivo reparto de Predator ayuda a que el tono descaradamente cómico del film no chirríe
 y uno pueda llegar a entender que eso en realidad es más una gamberrada que una obra seria, siendo autoconciente de ello y logrando que el divertimento esté por encima de todo. Hay momentos de terror, desde luego, y de angustia emocional. Y mucha y muy buena acción. Pero en ningún momento pide al espectador que se tome demasiado en serio lo que está pasando en pantalla, ya que de lo contrario se verían demasiado las costuras de un guion tan brillante en su sencillez como incoherente en su lógica interna. Incluso hay escenas, como la que acontece en el interior de un instituto, que podrían recordar al tono de slasher que tuvo Alien versus Predator: Requiem, con la diferencia de que aquí sí funciona la fórmula.
Puede que, de no haber impuesto esos cambios de última hora Fox, a la película solo le faltase la frustrada aparición de Schwarzenegger (me pegunto porqué no intentaron, al menos, contar con Danny Glover), aunque no se descarta su participación en una posible secuela. De hecho, la escena final (ya aviso que no hay escena postcréditos) anticipa el deseo de seguir ampliando la franquicia (aunque que sea un guiño más de Black al cine de finales ambiguos de los ochenta o si de verdad tenga un plan en su cabeza para continuar la saga es algo que por ahora no vamos a saber), aunque mucho me temo que viendo el tono violento y casi gore de esta sumando al hecho de que en el supuesto de haber un nuevo film de Depredador este sería ya bajo la tutela de Disney, me parece poco probable. Al menos en estos términos.
Los personajes humanos, como digo, son mucho más protagonistas que los propios depredadores, por eso es interesante resaltar el elenco de actores que, pese a no contar con grandes estrellas que sirvan como reclamo, si tiene a grandes actores, reconocibles todos ellos. Desde el protagonista principal, Boyd Holbrook, visto en títulos como Logan, Caminando entre las tumbas, Perdida o Morgan, hasta la estrella con más futuro del panorama actual (que consigue que, por una vez, un personaje infantil en una película de acción no sea un lastre): Jacob Tremblay, de Oscar en La Habitación y muy brillante también en Wonder. Junto a ellos dos, otros nombres populares como Olivia Munn (Mariposa Mental en X-Men: Apocalipsis), Trevante Rhodes (de 12 valientes o Moonlight), Keegan-Michael Key (cómico de gran popularidad que ha hecho algún trabajito más serio como el de Tomorrowland), Sterling K. Brown (el N’Jobu de Black Panther), Thomas Jane (olvidable Punisher que se ha revalorizado con 1922, donde, después de La Niebla, repetía en el universo de Stephen King), Alfie Allen (odioso Theon Greyjoy de Juego de Tronos) o Yvonne Strahovski (imprescindible en las series Dexter y El cuento de la criada).
No hay duda de que, pese a todo, Predator es inferior a Depredador, lo cual no debe ser visto como un demérito. Pienso que Depredador nació de una conjugación de elementos irrepetibles que la convirtieron en un amalgama de géneros tan extraño como perfecto y será difícil (por no decir imposible) superarla. Sin embargo, debe ocupar un puesto de honor en la saga, resultando un espectáculo muy estimulante para culminar este verano marcado por Misión Imposible: fallout y Los Increíbles 2 y que debería (esperémoslo) hacer renacer la franquicia tras el frustrado intento de Nimród Antal y Robert Rodriguez que, por acontecer fuera del planeta Tierra, nos tendrán que explicar algún día si sigue en continuidad o no.
Mientras, esperemos poder volver a ver a los depredadores por este u otro planeta. Ahora la pelota está en el tejado del público... y de Disney.

Valoración: Siete sobre diez.

jueves, 13 de septiembre de 2018

LA MONJA

James Wan no para, y mientras coquetea cada vez con más determinación con el cine más comercial (tras haber hecho un Fast&Furious está a punto de estrenar Aquaman), continúa expandiendo su “Warrenverso” produciendo películas sobre personajes apuntados brevemente en las películas troncales de la saga.
Y lo hace con una sutileza y un preciosismo magistral, consiguiendo que La monja, dirigida por el excelso Corin Hardy, sea todo un espectáculo cinematográfico regado de cientos de homenajes a cual más disfrutable. Ahí están las aproximaciones a los muertos vivientes de Tom Savini, con el niño Damien y Nosferatu trasvesido de monja, la referencia al Buried de Rodrigo Cortés, las reliquias santas propias de Indiana Jones e incluso el momentazo Apocalipsis Now de la monja emergiendo del agua cual Marlon Brandon con hábitos. Y eso por no hablar de los poderes mutantes de la protagonista o del héroe que aparece siempre al rescate en el último segundo, con un chascarrillo gracioso a punto. De la escena en que la prota se asemeja a un xenomorfo escupiendo ácido por la boca no hablaré por no rozar el tema spoiler.
Lo único que le falta a esta gran película para poder disfrutarla mejor es que antes de ir a verla avisen de que se trata de una comedia. Así las risas (que no faltaron en la sala) sería más jocosas.
Aunque... me temo que me estoy confundiendo, y La monja no es ninguna comedia. Es, en realidad, de la nueva tomadura de pelo del señor Wan que, encima, tiene la caradura de firmar como coautor de la ¿historia? en una película que lo mejor que se puede decir de ella es que quizá no sea tan mala como la primera Annabelle. Quizá.
El caso es que se supone que estamos ante una película de terror, pero la verdad es que el guion es tan malo y la puesta en escena tan pobre que cuesta recordar nada que asuste en esta patochada más allá de los clásicos jumpscares, trucos baratos para hacer saltar al espectador de sus asientos y poco más.
Todo lo que sucede en pantalla es completamente ridículo, desde la construcción de personajes y sus acciones hasta las situaciones supuestamente aterradoras, con una iluminación espantosa (hay más claridad en las escenas nocturnas que en las diurnas) y en la que el único mérito es haber conseguido otorgar un aspecto tan sombrío al bonito castillo de Hunyad. Cierto es que hay momentos en los que se mantiene la tensión (nada más faltaría), que Taissa Farmiga hace lo que puede para sacar adelante su personaje (¿como habrá permitido que su hermana la meta en semejante embrollo?) y que la música de Abel Korzeniowski es magnífica, ayudando a crear una atmósfera muy clásica. Poco de lo que rascar en una propuesta muy mediocre y desfasada (¿a estas alturas seguimos jugando a lo de los crucifijos invertidos?) sobre un personaje que aterroriza mucho más en los dos minutos escasos que aparece en Expediente Warren: El caso Enfield que en la hora y media que dura esta cosa. Y de la forzada aparición de los Warren para dejar claro las vinculaciones con aquella saga, mejor no hablar...
En fin, un aburrimiento plagado de tópicos que más bien parece una autoparodia y que solo se puede llegar a disfrutar algo si no se la toma en ningún momento en serio.
Ya les digo, habría sido una buena comedia.

Valoración: Cuatro sobre diez.

viernes, 7 de septiembre de 2018

YUCATÁN

Me pareció sorprendente el giro hacia la comedia del director mallorquín Daniel Monzón después de los buenos frutos que había cosechado con thrillers como Celda 211 o El Niño, aunque saber que seguía contando con el gran Luis Tosar como cabeza de reparto me permitía mantener las expectativas ante este cambio de rumbo.
Y nunca mejo dicho, ya que el rumbo del film lo marca un transatlántico de lujo que hace que, por momentos, uno piense que está ante un publirreportaje de Pullmantur, aunque apenas arranca la acción el ritmo es tan frenético y loco que apenas hay tiempo de reparar en ello.
Yucatán es una película de estafadores muy en la línea de los Ocean de George Clooney aunque con un humor desenfrenado más propio de los Coen que de Soderberg. Por ello, aunque nos encontremos ante una nueva apuesta de comedia española, esta vez la puesta en escena es más propia de un elegante producto hollywoodiense que del estilo autoreferencial de los Apellidos vascos-catalanes, la familia española que se casa en día de partido o ese mejor verano que arranca en un pueblo rural de mala muerte.
La película se centra en el triangulo (amoroso y profesional) que conforman los personajes de Tosar, Rodrigo de la Serna y Stephanie Cayo, todos ellos soberbios, aunque la guinda del pastel se encuentra de la mano del único personaje que huye del divertimento, un magistral Joan Pera que es la verdadera alma de Yucatán al componer un personaje tierno, dolorosamente solitario (pese a ser el único de todos acompañado por su familia) y muy humano.
Como todo buen crucero vacacional, Yucatán cuenta con una serie de compañeros de viaje que entran y salen de escena, transitando por los pasillos y reforzando la trama principal, unos, o ayudando a rellenar el contexto argumental, otros. Y en este caso tampoco hay una mala decisión de casting, con la participación del monologuista Agustín Jiménez, tremendamente divertido, o la omnipresente Toni Acosta.
Con el gran Jorge Guerricaechevarría y el propio Monzón firmando el guion, la película está plagada de giros sorprendentes, sabiendo moverse con ingenio y efectividad entre la comedia romántica, las grandes estafas y la intriga, pero es en su apartado más sensible donde más consigue transmitir, ofreciendo un mensaje sobre la codicia y el amor por el dinero y brillando especialmente en el apartado musical, tanto en la composición de Roque Baños como en la elección de las canciones que decoran el film. También aquí, con las actuaciones musicales que se ofrecen en el escenario del crucero (maravillosa Cayo), Monzón muestra su dominio total.
Es difícil saber conjugar tantos géneros diferentes y no flaquear en el ritmo. Ese es el mérito principal de Monzón y el motivo por el que Yucatán es una película tan meritoria. Todo está calculado milimétricamente y funciona de maravilla, incluso cuando se recurre a momentos de slapstic algo manidos o el guion amenaza con dirigirse hacia aguas demasiado reconocibles.
Se mire por donde se mire, con sus posibles errores o carencias, Yucatán es una gran película, emocionante, divertida y tierna, y el binomio Monzón-Tosar una apuesta segura.

Valoración: Ocho sobre diez.

TEENS TITANS GO!

Hace algunos años existía una gran diferencia entre el cine de superhéroes de personajes de DC y de los de Marvel. Eran los tiempos de Nolan y, tras el fracaso de Green lantern, parecía que todo lo relacionado con DC tuviese que tener un halo de oscuridad y transcendentalismo vital, mientras que en Marvel todo era jiji y jaja. No era algo exacto, por supuesto, pero los tópicos suelen cimentarse sobre realidades y la confrontación entre ambos universos cinematográficos terminaron por definirse por esos estigmas.
En la actualidad, Marvel ha ido apostando por la seriedad de sus propuestas, principalmente de la mano de los hermanos Russo, mientras que en DC se han ido decantando por la comedia, aunque el fracaso de Liga de la Justicia les ha hecho volver a dudar del camino a seguir.
En medio de esa guerra, Deadpool, un personaje Marvel pero en manos de Fox, lo revolucionó todo, con un humor mucho más descarado que el de ningún otro personaje de comic, gamberro, deslenguado y solo para adultos. ¿Sería quizá un nuevo camino a seguir?
Tras el éxito de taquilla y crítica de La Legopelícula, siendo el personaje de Batman el más aplaudido, se podría pensar que en DC iban a apostar por la autoparodia y muchos teníamos grandes esperanzas puestas en la versión en solitario del Batman de Lego, pero no dejó de ser una nueva decepción. En Warner no terminaban de atreverse a arriesgar lo suficiente y parecían condenados a mirar a su competencia siempre por encima del hombro, con cierto complejo.
Teen Titans go! es la película que ha venido a cambiarlo todo. Heredera de la serie de televisión de Cartoon Network, estamos ante la puesta de largo de un grupo de superhéroes adolescente que, muy al estilo Deadpool, viene a reírse de todo el que se cruce en su camino. Aplaudo, por ello, la valentía que esta vez han tenido en DC de olvidarse de viejos traumas y atreverse a mirar a sus vecinos a los ojos y hacer referencias directas, desde el inevitable cameo de Stan Lee hasta las múltiples referencias y comparaciones entre el mencionado Deadpool y Slade (Deathstroke), el villano de la función.
Además, los Teen Titans, con Robin a la cabeza, desean que Hollywood se fije en ellos para una película, y esto permite a los guionistas, Michael Jelenic y Aaron Horvath, tirar piedras contra su propio tejado y burlarse sin compasión del fracaso de Green Lantern, de la escena más parodiada de Batman V. Superman o del abuso que en cine se hace de la figura del murciélago, prácticamente el único icono rentable (aparte de Wonder Woman) de la compañía en los últimos tiempos.
Teen Titans go! con un estilo muy próximo al anime, es una película desenfrenada y muy loca, dirigida al público infantil pero con suficiente mala baba como para provocar las carcajadas de todos, aunque su público objetivo es claramente el fandom del mundo del cómic.
Momentos musicales, de ligera ternura y acción desenfrenada son los ingredientes que acompañan a una aventura que apuesta sobretodo por el humor más loco y desenfrenado y que supone un rayo de luz en el sombrío panorama de Warner/DC. Teen Titans go! es, a todas luces, la película que necesitaban para demostrar que pueden hacer algo diferente y arriesgado. Y el resultado ha sido casi inmejorable, siendo la mejor película de superhéroes de DC en mucho tiempo.

Valoración: Ocho sobre diez.

ALPHA

Dirigida por Albert Hughes, que vuelve a ponerse tras las cámaras ocho años después de presentar El libro de Eli, Alpha es un relato de supervivencia ambientada hace 20.000 años, cuando un joven es dado por muerto por su tribu y debe recorrer un camino de dolor y sacrificio para poder regresar a su aldea.
Hasta hace bien poco, los perros eran considerados una especie diferente de la del lobo, pero las últimas investigaciones concluyen que ambas razas forman parte de una única especie, el canis lupus. Quizá influenciada por esos estudios, la película presenta la hipotética historia de como el lobo, un depredador salvaje, pasa a convertirse en el mejor amigo del hombre. Un cuento de hadas que, a poco que se reflexione, resulta del todo inverosímil y hasta ridículo, pero que durante la proyección puede llegar a convencer gracias a la puesta en escena de Hughes, que consigue realmente emocionar en su plasmación de imágenes de fantasía prehistórica.
Así, da la sensación de que más allá del planteamiento argumental, Hughes está más interesado en componer una bonita sucesión de imágenes que de contar una historia. Su película parece casi un remiendo de El viaje de Arlo y el periplo del protagonista (un deficiente Kodi Smit-McPhee) no llega a ser nunca suficientemente duro y peligroso como para atrapar el espectador con su sufrimiento, tal y como sí sucedía con el personaje de Leonardo DiCaprio en El renacido. Es precisamente Kodi Smit-McPhee una de las aportaciones más flojas del film, resultando su personaje mucho menos creíble que el del propio lobo-perro.
De manera que es preferible quedarse con la idea de que vamos a ver una película vacía pero muy bonita, donde hay quizá algún exceso digital y en la que se alternan escenas de increíble realismo (la recreación de los paisajes de la época es espectacular) con otras de irreal colorido (el plano que cierra el film, muy a lo Zack Snyder, es un buen ejemplo de ello), que insinúan un poco de postureo visual por parte del director pero que al menos hacen muy agradable el visionado de la película.

Valoración: Seis sobre diez.