sábado, 9 de marzo de 2019

4 LATAS

4 latas es uno de esos ejemplos en los que un mal tráiler puede arruinar una buena película.
Efectivamente, una vez visto el avance de la misma solo me apetecía alejarme lo más posible del último trabajo de Gerardo Olivares, un director que, además, me costaba imaginar a los mandos de una comedia, estando más acostumbrado a los dramas, algunos de ellos más cercanos al documental que al cine convencional (me viene a la mente la película El faro de las orcas o el trabajo para Netflix Dos Cataluñas).
Sin embargo, una vez sentado en la butaca del cine, y tras un arranque que parecía más propio de un melodrama amargo que de una comedia, la cosa empieza a funcionar sorprendentemente bien. Siguiendo el formato de una road movie a través del desierto africano, todas las extrañas decisiones tomadas por Olivares parecen adecuadas, desde hacer que Rean Reno hable español hasta mezclar actores tan dispares como Hovik Keuchkerian (un libanés haciendo de vasco), Susana Abaitua (a la que volveremos a ver en la inminente 70 Binladens) o Arturo Valls. Cierto es que el cineasta juega mucho al deus ex machina, dejando que la historia se mueva más por sus propios intereses que por una mínima coherencia, pero donde las situaciones visuales cómicas no pueden llegar unos inteligentes diálogos (así como la voz en off de Enrique San Francisco) consiguen complementarla con eficacia.
La película sigue el periplo de dos amigos que se reencuentran después de décadas que deciden repetir el viaje que los unió en el pasado para legar hasta Mali en un Renault 4, donde se encuentra el tercer componente del grupo, gravemente enfermo, acompañados por la hija de este. No sabemos demasiado del pasado (ni presente) de estos personajes, ni falta que hace. Estamos ante una película bienintencionada, una feel Good en toda regla, una fábula sobre la amistad y la familia con un trasfondo amargo (en el fondo se habla de la soledad y el perdón), que conjuga con habilidad los momentos más sensibleros con el humor más absurdo, completando la receta (como no podía ser de otra manera) con una fotografía maravillosa que convierte el film en un canto de amor hacia África, que luce en pantalla con indiscutible belleza, regada con una banda sonora repleta de canciones cargadas de energía positiva.
No es una película perfecta, pero tanto en su faceta más intimista como en el terreno de la comedia funciona mejor que la mayoría de producciones patrias que nos llegan últimamente y que se limitan a repetir una fórmula ya gastada. Por lo menos intenta ofrecer algo diferente., y durante la mayoría del metraje, lo consigue.


Valoración: Seis sobre diez.

FEEDBACK

Dirigida por el debutante Pedro C. Alonso, con guion del propio Alonso y Alberto Merini y con Jaume Collet Serra como productor, Feedbackes una de esas curiosidades del cine español que parecen empeñarse en no parecerlo.
Filmada en inglés con actores anglosajones (Ivana Baquero queda como principal cara conocida patria) y ambientada en un Londres en pleno debate sobre el Brexit, la película es un relato de intriga psicológica con generosa violencia que juega con la claustrofobia y la limitación de espacios tal y como sucediera, por ejemplo, con títulos como Buried o Grand Piano.
Jarvis Dolan es un popular periodista radiofónico con un programa de gran éxito que acaba de sufrir un traumático episodio de secuestro a causa de su último reportaje, que culmina con la grabación de una conversación que amenaza con sacudir los cimientos gubernamentales y que esa misma noche pretende emitir en directo en su programa. Sin embargo, cuando unos enmascarados irrumpen en la emisora, la noche tomará un nuevo e incierto rumbo.
Con el interior de la emisora de radio como escenario básico y apenas un puñado de actores enfrentados en una carrera contrarreloj, la película sabe manejar muy bien los tiempos para transmitir al espectador la angustia y el desconcierto de los protagonistas, consiguiendo desconcertar con interesantes giros de guion y apostando por la ambigüedad moral a la hora de alcanzar su desenlace final. Con un gran Eddie Marsan, que se echa la película a sus espaldas, la película funciona con corrección, consiguiendo Alonso, además, unos apostes visuales muy interesantes, jugando con inteligencia con los colores y el sonido y consiguiendo hacer realidad ese viejo tópico de que la emisora es casi un personaje más.
Sin embargo, no todo es perfecto, y si bien el guion juega muy bien las cartas del misterio gracias a sus engaños y giros argumentales, parece como si las intenciones de Alonso y Merini estuviesen tan volcadas en ello que se hubiesen olvidado de redondear la historia con un menaje social que sí se apunta en los primeros compases del film. Cuando la situación social política del país desaparece para enfocar todo en una historia de venganza pura y dura la película pierde algunos enteros y se llega a lamentar que no se profundice más en el discurso inicial alrededor de la influencia (ya sea positiva como negativa) de los medios de comunicación en la sociedad actual y la conversión del periodista en una especie de señor situado (por sí mismo, en la mayoría de los casos, por encima del bien y del mal).
Con todo, la película elige libremente los derroteros por los que desea moverse y eso sí lo hace con eficacia, apostando por una dureza visual y una violencia necesaria para impactar lo suficiente, resultando un buen (y por momento incómodo) entretenimiento.


Valoración: siete sobre diez.

domingo, 3 de marzo de 2019

¿PODRÁS PERDONARME ALGÚN DÍA?

Hay actores que han centrado sus carreras tanto en un género concreto que cuesta valorarlos por sus méritos interpretativos, más si su terreno habitual es la comedia. Nombres como los de Eddie Murphy o Jim Carrey difícilmente se asocian a otro tipo de cine, por más que estos hayan intentado salirse del estigma, en ocasiones con buen tino (el caso de la magnífica El show de Truman, por ejemplo). Por otro lado, también es cierto que cualquier intento de hacer cine serio puede ser recompensado con una admiración desmesurada, haciendo que el trato sea tan injusto en un caso como en el otro. Como se dice en el argot futbolístico: “ni ahora somos tan buenos ni antes éramos tan malos”.
Algo así es lo que sucede con Melissa McCarthy, cuyo caso en los Razzie de este año (unos ¿galardones? por otro lado ridículos) es digno de estudio. Ha recibido un premio a la peor actriz por ¿Quién está matando a los moñecos? (película ciertamente horrible y que ya valoré como de lo peor del año) y otro en positivo por su redención con ¿Podrás perdonarme algún día?
Personalmente, más allá de la calidad de sus películas, siempre he considerado a McCarthy como una buena actriz, y su vis cómica está fuera de toda duda, logrando tener química con actores tan dispares como Jason Statham, Jason Baterman o Sandra Bullock y capaz de liderar repartos como el de Cazafantasmas. Por eso, aunque apruebe su nominación al Oscar por la película que nos ocupa, tampoco soy de los que se ha sorprendido de la interpretación de Lee Israel que hace aquí, pues se limita a hacer un trabajo a la altura de sus registros solo que con un papel más interesante con el que trabajar.
Con Marielle Heller como directora (aunque más conocida en su faceta de actriz), la película cuenta la historia real de una escritora en horas bajas que, acuciada por las deudas y el alcohol y en un momento de bloqueo creativo (su especialidad son las biografías de famosas) descubre la manera de conseguir dinero fácil falsificando cartas mecanografiadas de escritores famosos.
Más allá de la fidelidad que pueda tener la película (algo a lo que nos tenemos que acostumbrar en todo biopic que se precie), hay que reconocerle a Nicole Holofcener y Jeff Whitty, firmantes del guion, su buen trabajo en la composición de la historia, sabiendo aunar el humor sarcástico de la pícara estafadora con un relato amargo sobre la soledad, enfocada tanto en ella como en su compañero de correrías, un gay cocainómano al que da vida con gran eficacia Richard E. Grant. Entre ambos, pilares fundamentales de la película, se navega entre la alegría y la tristeza, entre el chiste sutil y la amargura, con una precisión de cirujano al que las gotas de intriga que proporciona el desconocimiento (al menos a nivel mayoritario) de la resolución de la historia real y que coronan a la película como una pieza de gran interés y agradable visionado.
Posiblemente, la principal clave del buen funcionamiento de ¿Podrás perdonarme algún día? es con seguir presentar a dos personajes que, mal conducidos, podrían resultar algo odiosos y conseguir que desprendan una ternura y una comprensión que permite identificarse con ellos y empatizar pese a su condición de “villanos”, para lo cual nunca se cae en el error de minimizar sus hechos ni convertirlos en simpáticos antihéroes al estilo de los “simpáticos pícaros” que, pese a ser delincuentes, cuentan con las simpatías del espectador. Aquí, los protagonistas quebrantan la ley y no se les justifica por ello, simplemente se da la oportunidad de comprenderlos y aceptarlos como son, sintiendo compasión no por el castigo que pudieran recibir sino por los tropiezos que los llevan a tal situación.  Y tiene mucho mérito conseguir hacer una película tan amarga como esta y que la mitad del metraje lo pasemos con una sonrisa en los labios.
En fin, que, aunque no sea necesario el film para descubrir ahora a la McCarthy, hay que rendirse ante su valentía de salir de su zona de confort y agradecer que su esforzado trabajo, junto a de Grant, nos brinde una muy recomendable película con más trasfondo que las simples aventurillas de una estafadora de tres al cuarto.


Valoración: Ocho sobre diez.

sábado, 2 de marzo de 2019

DESTROYER. UNA MUJER HERIDA

Algo curioso sucede con Nicole Kidman, una de las actrices más olvidadas y minusvaloradas de la actualidad. Cada vez que aparece en una película se escucha o lee algún comentario del tipo: “la recuperación de Nikole Kidman”, como si la actriz hubiese estado desaparecida del panorama cinematográfico y el mundo se hubiese olvidado de ella. O hay algún chiste acerca del abuso del Botox que le redujo su expresividad facial (reconocido por ella misma) y siguiese arrastrando esa cruz de por vida. Por eso, su aparición en Aquaman fue una sorpresa para muchos (en un papel pequeño pero que le permite actuar de verdad, no como el esperpento de personaje que le tocó a Michelle Williams en Venom). Así que nadie ha debido ver sus grandes trabajos en Paddington, El sacrificio de un ciervo sagrado o la maravillosa Little big lies (aparte de aparecer en otros títulos recientes tan destacables como El editor de libros, Lion o La seducción).
Ahora, con Destroyer: Una mujer herida, por la que ha sido nominada al Globo de Oro, aunque sin llegar a entrar en la pugna final por los Oscar, Kidman vuelve a estar en boca de todos, aunque sin duda este trabajo ya habrá sido obviado cuando llegue su próximo estreno. ¡Qué fácil es olvidar…!
Y hago esta especie de ensayo tan alargado sobre la Kidman porque, pese al buen trabajo de Karyn Kusama (una de esas directoras esporádicas en cuyo haber apenas tiene la olvidable Æon Flux, la reivindicable Jennifer’s body y la estimable La invitación) y la inteligencia del guion, amén de unos buenos actores secundarios, Nicole Kidman en el cuerpo y alma de la película y todo gira en torno a ella. Y por eso, el que esta sea una gran película es debido, básicamente, a que ella la hace grande.
Y no solo por el tópico de “actriz guapa haciendo de fea”, que de eso hay un rato, sino porque su presencia llena la pantalla hasta límites imposibles y es inútil pensar en Destroyer y no pensar en ella, con ese primer plano de su rostro destrozado y su mirada perdida con que se inicia la película y que te persigue hasta el final de todo.
Una inteligente jugada del film es saber combinar con acierto dos esquemas básicos en su argumento. Por un lado, nos encontramos ante el típico drama de una mujer que, debido a sus errores del pasado, ha tirado por la borda su vida y ahora ve como su relación con su hija (quizá de lo poco bueno que haya en ella) está irremediablemente perdida. Vamos, lo que podría ser el drama social típico de los Oscar que podría recordarnos a productos del tipo The Florida Project, por ejemplo. Por el otro, tenemos un thriller policiaco que arranca con el descubrimiento de un cadáver, contado en dos tiempos sobre una pareja de policías infiltrada en una banda de atracadores y las consecuencias de ello en el futuro.
Así, se puede sufrir con el drama de una mujer maltratada por el alcohol y los fantasmas que la atormentan mientras que nos devanamos los sesos tratando de unir las piezas del puzle y disfrutando de los giros de un guion que nos conduce a su antojo, despistando, pero sin caer en la trampa absurda de o inverosímil.
Hay además, un buen puñado de caras conocidas en el reparto, como Toby Kebbell (quien fuera el Muerte de la malograda Cuatro Fantásticos) o Sebastian Stan (el Soldado de Invierno de Marvel), que acompañan, sin llegar nunca a su altura, a una Kidman por momentos irreconocible cuya intensidad casi podría ser aprovechada en una película de terror, ya que el sufrimiento y la desesperación que logra transmitir con su silencio y sus miradas realmente asusta y pone la carne de gallina.
Destroyer: una mujer herida tiene un ritmo algo lento que quizá pueda incomodar a algunos, pero es que, por encima de todo, es una película de personajes, y conviene conocer bien a la protagonista, que puede resultar odiosa de entrada, para terminar comprendiéndola hasta identificarse con su dolor.
Una película brillante con una interpretación definitivamente devastadora.


Valoración: Ocho sobre diez.

lunes, 25 de febrero de 2019

OSCAR 2019: los ganadores

Un año más la gala de los Oscar ha terminado con emoción. Al final no pudo ser y Roma no se ha coronado como la mejor película del año, lo que sin duda va a irritar a muchos twitteros. Más allá de la polémica que suscitaba el hecho de haber sido producida por una plataforma de streaming, ya dije en su momento que yo personalmente prefería a Green Book, por lo que por un año estoy bastante satisfecho con los premiados (me ha dolido no ver a Vengadores: Infinity War llevarse la estatuilla a los efectos visuales, pero tampoco es que Marvel se pueda quejar mucho). Reconozco que Roma tiene una calidad excelsa de la que carece Green Book, pero a mi la segunda me tocó más. Por eso veo justo que el premio a la dirección si haya sido para Cuarón.
Por un momento, parecía que esta iba a ser la noche de Queen, que han abierto la gala con su música y han conseguido que Bohemian Rhapsody pase a la historia como la película con más premios, con cuatro, entre los que se encuentra uno tan importante como el de mejor actor para Rami Malek. Ya tenía incluso el chiste preparado: la ceremonia sin presentador corona a la película sin director.
Pero no, al final se han cumplido casi todos mis pronósticos, aunque lo de Olivia Coldman desbancando a Glenn Clouse, aunque justo (La Favorita no merecía irse de vacío) sí ha sido una sorpresa.
Lo demás, lo previsto: Ali y King como actores secundarios, Green Book e Infiltrados en el Kkklan ganan los guiones, Roma es la mejor película de habla no inglesa y Spider-man:un nuevo Universo la de animación. Y la mejor canción, la de Lady Gaga, por supuesto.
Una pena que Sorogoyen se haya quedado sin traerse una estatuilla para casa, eso sí.
Sobre la gala, poco que añadir. La ausencia de presentador solo ha servido para restarle algo de humor. Se ha echado en falta algún monólogo ingenioso al comienzo, pero el ritmo ha sido más ágil que otros años, así que puede que en la próxima edición repitan el truco.
Y hasta aquí este breve resumen, que las horas son tardías y el sueño empieza a vencer. Dejo a continuación la lista completa y ya habrá tiempo, si fuese menester, de analizar las cosas con más profundidad.

Mejor película: Green Book
Mejor dirección: Alfonso Cuarón - Roma
Mejor actriz protagonista: Olivia Colman - La favorita
Mejor actor protagonista: Rami Malek - Bohemian Rhapsody
Mejor actriz de reparto: Regina King - El blues de Beale Street
Mejor actor de reparto: Mahershala Ali - Green Book
Mejor guion original: Nick Vallelonga, Brian Currie y Peter Farrelly - Green Book
Mejor guion adaptado: Spike Lee, Kevin Willmott, David Rabinowitz y Charlie Wachtel - Infiltrado en el KKKlan (BlacKkKlansman)
Mejor película de habla no inglesa: Roma - México
Mejor película animada: Spider-man: Un nuevo universo
Mejor fotografía: Alfonso Cuarón - Roma
Mejor banda sonora: Ludwig Goransson - Black Panther
Mejor canción: 'Shallow' - Ha nacido una estrella
Mejor montaje: Bohemian Rhapsody
Mejor mezcla de sonido: Bohemian Rhapsody
Mejor montaje de sonido: Bohemian Rhapsody
Mejor documental: Free Solo
Mejor cortometraje documental: Period. End Of Sentence
Mejor cortometraje de ficción, acción real: Skin
Mejor cortometraje animado: Bao
Mejor vestuario: Black Panther
Mejor diseño de producción: Black Panther
Mejor maquillaje y peluquería: El vicio del poder (Vice)
Mejores efectos visuales: First Man: El primer hombre

Por premios, Bohemian Rhapsody ha triunfado con cuatro estatuillas mientras que Black Panther, Roma y Green Book se ha quedado con tres. 

Buenas noches (o días) a todos.

UNA CUESTIÓN DE GÉNERO

El la era del #meetoo, una película como Una cuestión de género parecía inevitable. Dirigida por Mimi Leder, que destacó a finales de los noventa con títulos como Deep Impact o El Pacificador y que lleva años recluida (salvo efímeras excepciones) en la televisión, es casi un vehículo de lucimiento para Felicity jones, dando vida a la abogada Ruth Bader Ginsburg, bien secundada (aunque sin que se atrevan a hacerle sombra, por nombres como Armie Hammer (de quien se rumorea será el nuevo Batman), Justin Theroux, Sam Waterston. Kathy Bates, Cailee Spaeny y una buena colección de caras reconocibles aunque no necesariamente famosas.
Una cuestión de género se engloba en el prototipo de biopic de manual, en el que se detalla cierta parte de la vida y milagros de un personaje real con una puesta en escena poco arriesgada y de corte casi telefilmesco. Esto es, posiblemente, lo peor de la película que, como sucediera en títulos como La buena esposa (esta sin un fondo real detrás), se presenta demasiado plana y falta de riesgo como para ser juzgada con la grandeza que, posiblemente, mereciera la protagonista real.
Más allá de la fidelidad con respecto a la autentica Kiki (como la llamaba su marido y amigos), lo importante de la película (tal y como sucede en muchos alegatos en contra de la discriminación acial) es recordar como hace apenas cuatro días (o en la actualidad, incluso), la mujer era tratada como inferior al hombre, y así lo recogía la propia constitución de los Estados Unidos. Ella misma, una mujer en un mundo de hombres, pese a sus evidentes méritos, no pudo ejercer como abogada hasta muchos años después de sacarse la carrera con honores, teniendo que conformarse con un puesto de profesora hasta que su propio marido, también abogado, le propone un caso de discriminación por sexo que ella decide llevar como bandera en su lucha por la igualdad (curiosamente, representando a un hombre). Esa es la historia que centra la trama de la película y lo que la hace tan importante en este periodo concreto de la historia en la que parece (falsamente) que las diferencias de género sean algo de una era muy lejana y que conviene recordar.
Es por eso que esta película, incluso con los esfuerzos de una muy correcta Jones, tiene más valores sociales que cinematográficos, aunque nada de lo que aparece en pantalla llegue nunca a molestar (si acaso a resultar demasiado conocido ya), funcionando bastante bien como drama judicial y sirviendo para dar a conocer una figura cuyo nombre posiblemente no sea muy identificable fuera de los Estados Unidos pero que ha sido fundamental para cambiar las leyes de su país.

Valoración: Seis sobre diez.

COMO ENTRENAR A TU DRAGÓN 3

Dentro del mundo de la animación, una vez escapamos de la dictadura de Disney/Pixar, la película de Dreamworks Como entrenar a tu dragón supuso un soplo de aire fresco, consiguiendo además una secuela que estaba a la altura, una vez los personajes estaban presentados y habían logrado calar hondo entre el público (no necesariamente infantil).
Con Como entrenar a tu dragón 3, el director Dean Deblois consigue subir la apuesta y finiquitar una trilogía por la puerta grande, logrando aumentar la sensación de maravillosa aventura a la vez que enternece al respetable con esa relación de amistad entre Hipo y su dragón Desdentao y las subtramas románticas que suman en lugar de restar.
Personalmente, no estoy tan enamorado de la saga como la mayoría de las voces que escucho por ahí, de manera que ni me emocioné de manera exagerada ante el cierre (aparentemente definitivo) de la saga ni solté una sola lagrimita al contemplar la escena final y empezar a aparecer los títulos de crédito. Nunca me he identificado de manera tan íntima ni con Hipo ni con ninguno de sus amigos vikingos que pululan por ahí, pero he de reconocer que la película presenta un mundo maravilloso, lleno de magia y color, donde la unión entre la amistad de sus protagonista y los peligros a los que se enfrentan están perfectamente medidos y que incluso se atreve a buscar algún tipo de coherencia interna como exa explicación “lógica” de porqué los dragones no existen en la actualidad.
Puede que el punto más flojo de la película sea la presencia de un villano demasiado tópico, que provoca una acción que avanza por terrenos sobradamente conocidos sin dejar demasiado espacio para la sorpresa, pero es que no es de eso de lo que va la cosa, es tan solo una excusa para poder ver esa relación de amistad madurar un poco más y avanzar, como sucede en la vida real, hacia un punto de no retorno tan doloroso como necesario.
Y eso sin dejar de lado un alegre sentido del humor repartido, sobre todo, entre los secundarios que, sin demasiado tiempo para lucir mucho en pantalla, suponen los alivios cómicos justos para disfrutar mejor del film y celebrar que el cierre de la saga sea tan espectacular como se prometía.
Como entrenar a tu dragón 3 es, pues, una de esas piezas de animación que, siendo fundamentalmente infantiles, pueden satisfacer a todo tipo de público, devolviéndonos a nuestro yo más niño y recordándonos cómo era esa época en la que todo nos parecían maravillas asombrosas, y nos permite observar cómo, en alguna ocasión, los personajes de dibujos animados son capaces de crecer igual que los reales.
La saga de Como entrenar a tu dragón, definitivamente, no será de esas que me cambien la vida y a las que regrese una y otra vez con ciega admiración, pero eso no quita para que la califique como un estupendo entretenimiento, suficientemente inteligente y madura como para ser algo más que un batiburrillo de colorido y gags sobre mascotas.

Valoración: Siete sobre diez.

ALITA, ÁNGEL DE COMBATE

En ocasiones, cuando el nombre de un famoso director aparece bien resaltado en el cartel de una película ocupando el puesto de productor, cuesta saber si se trata realmente de una pieza fundamental en la concepción de la película o si se ha limitado a poner su nombre (o su dinero) para darle un poco más de empaque. En el caso de Alita, ángel decombate y James Cameron la implicación de este está fuera de toda duda, a habidas cuenta de que firma el guion (a medias con Laeta Kalogridis) y que la adaptación de este manga ha sido una de sus obsesiones desde hace años hasta que Avatar se cruzó en su camino y se dio cuenta de que no tenía tiempo para todo. 
Fue entonces cuando decidió poner el proyecto en manos de otro director, siendo Robert Rodriguez el elegido. Rodriguez, más cómodo en la acción más callejera (es fiel pupilo de Tarantino y entre sus mejores trabajos están Desperado, Abierto hasta el amanecer y Sin City) que en la ciencia ficción futurista (aunque ya había coqueteado con el 3D en su saga infantil de Spy Kids) parecía una elección algo extraña, pero visto el resultado final del producto se podría decir que el canadiense ha acertado poniendo al chicano a los mandos de su criatura.
Lo cierto es que hay mucho de Cameron en Alita, ángel de combate, desde su estilo visual robótico hasta su tratamiento de los personajes femeninos, y que, pese a que la trama es algo simplista (quizá el punto más débil del film), el empaque visual es sencillamente espectacular, un paso más en dirección a un cine cada vez más digital que, al menos ahora, luce mucho mejor que la ya algo maltratada por los años Avatar. Cameron siempre ha sido un pionero en adaptar nuevas tecnologías al mundo del celuloide, y la creación de esta alita es casi un milagro, logrando dar vida a ese ser de CGI que se asoma bajo el rostro de Rosa Salazar y que empequeñece los logros de tipos como Andy Serkins con personajes tan míticos como Gollum o el Cesar de la trilogía de El planeta de los Simios. Siempre se ha dicho que al crear un personaje por CGI los ojos son lo más difícil de dar vida (que le pregunten al Tarkin y a la Leia de Rogue One) y Cameron y Rodriguez, lo que hacen con Alita es hacérselos aún más grandes (con un par), como mágico homenaje al comic. No hay más preguntas, señoría.
Dejando de lado sus evidentes virtudes técnicas, Alita, ángel de combate, es un grandísimo entretenimiento donde quizá solo falte un villano de más presencia para ser una película redonda. Esto se debe, en parte, al hecho de haber sido concebida con la clara intención de ser el inicio de una saga (parece que ya está confirmada la secuela, gracias a Dios), por lo que el verdadero rostro del mal no se ve hasta el último plano, revelando además la sorpresa del actor que le da (dará) vida, en una jugada idéntica a la que ya hicieran con Johnny Deep en Animales fantásticos y dónde encontrarlos. Así, la película es una carta de presentación de Alita, una forma se saber quién es y de donde viene y de permitir que ella misma lo descubra también al mismo tiempo que el espectador, consiguiendo así una empatía total y haciéndonos sufrir por sus inquietudes y miedos (nunca un cgi ha sabido llorar tan bien), despertando una ternura que no todas las actrices de carne y hueso son capaces de crear.
Alita, ángel de combate, podría compararse a muchas distopías futuristas con romance adolescente de por medio de las que tato pululan por ahí últimamente, pero mientras cosas como Mortal Engines (otra con productor ilustre encabezando el proyecto) era un espectáculo visual vacío (incluso Ready Player One estaba más pendiente del homenaje que de la historia), aquí la historia de amor sirve para definir a los personajes en lugar de para entorpecer la acción, logrando ser un complemento ideal a la búsqueda de humanidad por parte de Alita, que lo único que quiere es saber quien es y de lo que es capaz. No busca la película sesudas interpretaciones filosóficas, por lo que tampoco corre el peligro en decepcionar al no hallar el camino adecuado como sucedía en la reciente versión de Ghost in the Shell, sino que todo es una especie de puzle en la que cada pieza encaja con una función concreta, construyendo a la Alita que debe llegar a ser al final de la película y con la que debemos encontrarnos en la esperada secuela.
Aparte de la ciborg adolescente, un buen puñado de grandes actores humanos hacen acto de presencia, y aunque quizá Jennifer Connelly esté algo encartonada en su personaje, tanto Christoph Waltz como Mahershala Ali están al nivel que se espera de ellos, agradeciendo en el caso del primero que al fin interprete a un personaje algo más amable de lo que suele ser habitual en él.
No voy a negar que en ciertos momentos no echara en falta la mano de Cameron tras las cámaras, no pudiendo evitar lo que la película habría llegado a ser si su implicación hubiese sido total, pero poco sele puede reprochar al bueno de Rodriguez que, en escenas como la de la competición deportiva, demuestra su buen temple en las escenas de acción, repartiéndolas alrededor de la película para que el ritmo narrativo no decaiga nunca.
No es una película futurista definitiva, pero sí un muy interesante primer paso hacia un futuro muy ilusionante. Veremos hasta donde nos llevan.

Valoración: Ocho sobre diez.

domingo, 24 de febrero de 2019

OSCAR 2019: CONTANDO LOS MINUTOS...

Al fin ha llegado la noche más esperada por Hollywood y por todos aquellos que amamos el cine, más allá de si damos más o menos credibilidad a los premios por excelencia del séptimo arte. Tras la pataleta inicial por los ausentes en las nominaciones (o la incredulidad hacia algunos de los presentes), mañana tocará rasgarse las vestiduras aplaudiendo o protestando por los que finalmente los hayan ganado. El pan de cada año, vamos…
Y por no faltar a la tradición, es este el momento ideal para repasar como están las apuestas y hacer mi porra personal sobre lo que me huelo que vaya a suceder esta madrugada en Los Angeles.
Primero, como es menester, cabe recordar quienes son los que llevan más premios cosechados hasta la fecha. Dejando de lado las categorías técnicas y centrándonos en los “premios gordos”, una candidatura parece estar ya entregada de antemano. Me refiero a la de mejor actriz para Glenn Close por su trabajo en La buena esposa, que le ha reportado el Globo de Oro (de drama), el premio del sindicato de actores (SAG) y el Choise Awards (ex-arqueo, eso sí, con lady Gaga). El único hueco para la sorpresa viene de la mano de Olivia Coldman que, por sorpresa, se ha alzado con el Bafta (había ganado ya el Globo de Oro, pero en comedia). En lo que respecta a las actrices de reparto, creo que el hecho de que Emma Stone y Rachel Weisz compitan por la misma película les puede restar puntos. En los Bafta ganó Weisz, pero en los Globos de Oro y en los Choise Awards el triunfo fue para Regina King por El blues de Beale Street. En los SAG (otro sorpresón) ganó Emily Blunt por Un lugar tranquilo, que ni siquiera está nominada al Oscar.
Las cosas parecen más complicadas en el apartado masculino. Christian Bale, por El vicio del poder, ha ganado el Globo de Oro en comedia y el premio de la crítica, pero Rami Malek ganó el Globo de Oro en drama y el SAG por Bohemian Rhapsody, consiguiendo desempatar gracias a su triunfo en los Bafta, lo que le posiciona ligeramente como favorito. El apartado de secundarios parece más claro: Mahershala Ali, por Green Book, ha ganado los cuatro grandes premios del año, así que parece muy improbable que no haga un repóquer.
En los guiones, incertidumbre total, pues no hay ninguna película que haya ganado más de un premio importante. El reverendo se ha llevado el Choise Adwards como guion original, mientras que El blues de Beale Street ganó el adaptado. En los Globos de Oro, que no distingue entre las dos categorías, Green Book fue el libreto que más gustó. Los Bafta premiaron a La favorita (Original) y a Infiltrado en el Kkklan (adaptado) y en los premios del sindicato (WGA) se decidió que el mejor guion original era para Eight grade y el adaptado para ¿Podrás perdonarme algún día? De todas estas películas, Eight grade es la única que no se ha estrenado aun en España. De hecho, no tiene fecha de estreno prevista siquiera.
Terminamos el repaso, antes de llegar a las dos candidaturas estrellas, con dos premios cantados. Pese a la innegable calidad de Cold War, nadie duda que Roma ganará el Oscar a la mejor película de habla no inglesa mientras que Spider-man, un nuevo universo hará lo propio en la categoría de animación. Ambas han ganado los tres grandes premios (Globos de oro, Choise Adwards y Bafta), culminando su paso triunfal por ceremonias la última arrasando en los premios Annie (siete premios, ni más ni menos).
Y con esto llegaos a los minutos finales de la gala. Muy sorprendente seria que Cuarón no ganase su segundo Oscar (y cuarto Oscar para un director latino en los últimos cinco años), pues lleva ya un póker de premios (el sindicato de directores también se le ha rendido), pero con el Oscar a la mejor película la cosa no está tan clara. Por un lado, Roma ha ganado el Choise Adwards y el Bafta, aunque estos últimos tienen una categoría especial a la mejor película británica donde la triunfadora fue La favorita. En los Globos de Oro no podía competir, al no estar hablada en inglés, y las premiadas fueron Bohemian Rhapsody (drama) y Green Book (comedia), y precisamente Green Book fue la elegida por el gremio de productores, lo cual, si añadimos el hecho de que últimamente película y director no suelen coincidir, deja las cosas muy en el aire.
Personalmente, esta es mi quiniela:

  • Mejor película: Green Book
  • Mejor director: Alfonso Cuarón
  • Mejor actor: Rami Malek
  • Mejor actriz: Glenn Close
  • Mejor actor secundario:  Mahershala Ali
  • Mejor actriz secundaria: Regina King
  • Mejor guion original: Green Book
  • Mejor guion adaptado: Infiltrados en el Kkklan
  • Mejor película de habla no inglesa: Roma
  • Mejor película de animación: Spider-man, un nuevo universo.
Por más que muchos vean exageradas todas las nominaciones cosechadas por Black Panther, espero que logre un buen puñado de premios técnicos, aunque los efectos visuales deberían ser para Vengadores: Infinity War. Y ya veremos que pasa con los diseños de La favorita (que partía con muchas nominaciones, pero pocos apuestan por ella en los grandes premios) o María, reina de Escocia, con la música (la canción parece que será claramente para lady Gaga) y demás…
El tirón de orejas, como siempre, para las distribuidoras españolas. Este año, con el adelanto de fechas de los Oscar, les ha pillado el tren. Ya he comentado que Eight Grade no tiene fecha de estreno, pero este mismo viernes (junto a títulos como Una cuestión de género y Cómo entrenar a tu dragón 3) se han estrenado ¿Podrás perdonarme algún día? y Destroyer: una mujer herida, ambas con nominaciones importantes y que tendré que ver pasada ya la ceremonia. Y a la espera estoy de que se estrene Van Gogh, a las puertas de la eternidad o La sombra del pasado (Never look away), mientras que películas como El reverendo, Border o RBG han pasado por nuestras carteleras casi de tapadillo.
¡Ah, se me olvidaba! Y mucha suerte para Sorogoyen y su corto Madre.
En unas horas, se resolverá el misterio de los ganadores. Y minutos después, toda la información aquí, como no podría ser menos…

jueves, 21 de febrero de 2019

PERDIENDO EL ESTE

Hace unos pocos años, siguiendo la estela de comedias españolas que arrasaban en taquilla, Atresmedia presentó Perdiendo el norte, una nueva vuelta de tuerca al uso y abuso de los tópicos, tanto patrios como foráneos (en este caso, alemanes), que no estaba del todo mal. La gracia de aquella película, más allá de sus chascarrillos y gracietas, es que utilizaba con inteligencia el ambiente de precariedad laboral del país para hacer una comparativa con los emigrantes que se fueron a buscarse las castañas fuera de España durante el franquismo, a la vez que sirve como espejo para poder identificarse con os propios inmigrantes que llegan ahora a nuestro país en busca de una vida mejor.
Todo eso se perdió en la fallida serie de televisión que pretendía seguir el espíritu de la película de Nacho G. Velilla y se diluye ya por completo es esta innecesaria secuela con la que han echado a los leones al debutante Paco Caballero que poco puede hacer para impregnar de algo de vida a la patochada que es Perdiendo el este.
El argumento es nimio. Más de lo mismo, pero ahora en China. Y para ello, por aquello de perder caché, los protagonistas son los que en la primera película eran simples secundarios. Con Yon González, Blanca Suarez y José Sacristán fuera de la producción, la evidencia de que estamos ante un producto de segunda es evidente, y Julián López, ahora máxima estrella del invento, poco puede hacer con un guion pobre que se limita a acumular chistes uno tras otro con la esperanza de que alguno caiga en gracia.
Tampoco los actores ayudan mucho, pues estamos ante uno de los peores trabajos del habitualmente solvente Miki Esparbé, a Carmen Machi y Leo Harlem se les nota desganados, Javier cámara es un visto y no visto (nunca el concepto “pasaba por ahí” ha sido más apropiado) y Edu Soto está simplemente espantoso. Solo la parte femenina se salva algo de la quema, pues tanto Chacha Huang como Silvia Alonso se esfuerzan por sacar adelante sus personajes mientras que Malena Alterio, con el poco papel que tiene, cumple como es habitual en ella (ya era de lo mejor de la también deficiente Bajo el mismo techo.
Al final, con lo que nos encontramos es una comedia romántica muy prototípica, que sigue los esquemas del género con tanta fidelidad que no hay hueco para la sorpresa, con un abuso de chistes locales que rozan la incorrección política (y no en el sentido positivo, de gamberrismo, sino en el ofensivo) y que solo quiere estirar más el chiste de un subgénero folklórico que funcionó muy bien en Ocho apellidos vascos pero que debe empezar a poner ya el freno para no resultar totalmente cansino. 
Sí, ver chinos corriendo en los Sanfermines puede tener su gracia, pero no tanto.


Valoración: Tres sobre diez.

sábado, 16 de febrero de 2019

FELIZ DÍA DE TU MUERTE 2

Feliz día de tu muerte fue una de las sorpresas de Sitges 2017, y aunque en su paso por las carteleras españolas no llamó toda la atención que merecía, su éxito (basado también, como casi todas las producciones de Jason Blum, en su reducido presupuesto) ha propiciado la existencia de esta secuela (y que podría no ser la última).
Dejo claro de antemano el pequeño problema que puede tener Feliz día de tu muerte 2, y es la total dependencia que tiene con respecto a su antecesora. Es decir, para que funciona todo correctamente, no solo es obligatorio haber visto Feliz día de tu muerte, sino que incluso es aconsejable tenerla bien fresca en la memoria. De hecho, la acción de esta secuela arranca casi a continuación del final de la anterior, y muchos de los chistes son herederos de la misma.
En el lado de los méritos, hay que destacar la imaginación de los guionistas para conseguir dar una vuelta de tuerca a la historia, que después de fotocopiar (en el buen sentido) a Atrapado en el tiempo, de Harold Ramis, aquí homenajea a Regreso al Futuro (y más concretamente a la parte II) de Robert Zemeckis. Eso hace que estemos disfrutando de más de lo mismo (con Tess reviviendo el mismo día una y otra vez) pero presentando, a la vez, una situación completamente nueva (esta vez toca jugar con los multiversos) que resulta igual de divertida o más que en su primera película.
Cierto es que el apartado del terror se deja más de lado (tampoco es que aquella tuviera demasiado), lo que puede llegar a decepcionar a alguien, pero esto es, ante todo, una comedia, y como tal funciona a la perfección, manteniendo, eso sí, al villano de la máscara de bebé, al que se le da un nuevo y enrevesado giro que termina perfectamente explicado.
Todo funciona muy bien en esta secuela que se presenta como un divertimento (y uno puede llegar a imaginarse lo mucho que se divirtieron los protagonistas retorciendo las historias) y en el que Jessica Rothe vuelve a lucir como la perfecta protagonista, ampliando el grupo de secundarios y rizando el rizo hasta lo imposible (que no inverosímil).
Estamos, sin duda, ante una película refrescante y un ejemplo perfecto de lo que debe ser una secuela, manteniendo el espíritu original y las premisas básicas pero aportando ideas nuevas, logrando girar alrededor de lo mismo sin dar sensación de repetición.

Valoración: Siete sobre diez.